XIV Jueves durante el año

Jueves 9 de julio - Mateo 10, 7-15 - XIV Jueves durante el año
Cita: Mt 10, 7
Proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Evangelio según San Mateo
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 7-15
Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.
Palabra del Señor
Comentario a: Mateo 10, 7-15
Los agobios y los cansancios de la vida, esos que muchas veces nos ayudan a llegar a Jesús porque son más las veces que nos acercamos a él justamente porque nos falta algo, porque nos pasa algo, porque estamos sufriendo, muchas más que las veces que nos acercamos porque estamos bien. Son, en definitiva, producto de nuestra falta de humildad, por algo Jesús lo dice, por algo nos invitó a que aprendamos de él, porque cuando vivimos con soberbia, con orgullo, creyéndonos artífices de nuestra vida, cuando el yugo que cargamos, cuando el yugo que cargamos no es el de Jesús, finalmente andamos cansados y agobiados por la vida, pero bueno, en definitiva es un modo de que experimentemos nuestra fragilidad. Cuando estamos cansados y agobiados nos damos cuenta finalmente, aunque nos cuesta aceptarlo, que sin él no podemos nada, que sin Jesús no podemos nada, que sin Dios en definitiva muchos dicen que se puede, pero tarde o temprano de una manera u otra terminamos dándonos cuenta que necesitamos de su amor. Por eso si estás en este momento cansado, agobiado, afligido u afligida porque te alejaste de él tranquilo, tranquila, volvé a él. «Vengan a mí los que están afligidos y agobiados». Bajémonos del caballo, dejemos el ego de lado y acerquémonos a Jesús y empecemos a disfrutar de su presencia, de su amor, que siempre nos perdona, que siempre nos renueva, que siempre nos dice: «Tranquilo, tranquila, que podés empezar de nuevo, pero tenés que empezar de otra manera, empezar humildemente, con sencillez del corazón». Sigamos por ese camino, vayamos a Jesús que nos hace tanto bien.
En Algo del Evangelio de hoy él nos dice diciéndole a los discípulos: «Den gratuitamente porque han recibido gratuitamente». Si recibimos gratuitamente el don de la fe, el don de creer en él, y creyendo podemos mirar y vivir las cosas de otra manera, recibimos no solo el don de la fe, sino también recibimos tantas cosas, tantos bienes, nuestra familia y tantas personas que nos han ayudado a ser lo que somos. Por eso escuchando esto tenemos que darnos cuenta que hemos recibimos gratuitamente y tenemos que empezar a dar gratuitamente. Por eso el que se siente apóstol, llamado por Jesús, se siente agradecido. El que se siente apóstol no se siente «especial» ni distinto a los demás por algo que consiguió por sus propios méritos. El que se siente apóstol es un hombre llamado y agradecido y un hombre generoso. Por eso, para evangelizar no es necesario llevar nada material, porque lo mejor se lleva dentro. Lo mejor se lleva en el corazón, lo único importante. ¡Qué triste es cuando en la Iglesia vos y yo no comprendemos esta verdad, si pensamos que la evangelización está dada más por los medios que por el fin! Cuando nos olvidamos que el corazón de la evangelización no son los instrumentos que utilizamos, aunque son necesarios, sino el mensaje, el corazón. ¡Qué triste es cuando en la Iglesia vos y yo también podemos opacar el verdadero mensaje, por hacer tantas cosas que supuestamente pueden atraer o divertir, pero nos olvidamos de lo esencial!
La evangelización se da por derrame, por generosidad, no por obligación. No vamos a predicar y a llevar el Evangelio a los demás en nuestro trabajo, en nuestra familia, en la parroquia, en la comunidad, en el grupo, por una obligación moral, solo por un mandato de Jesús, sino porque nos reconocemos «agraciados», gratificados por él. Nos reconocemos «mirados» y amados por nuestro buen Dios y eso hace que desborde nuestro corazón y tengamos ganas de decirle a los demás: «Mira, yo recibí esto y como lo recibí te lo quiero dar también, tengo para darte a Jesús, que es lo mejor que tengo en la vida». ¡Qué lindo que es sentirse apóstol, sentirse amado y agraciado, sentirse elegido porque él nos amó primero y por eso tenemos ganas de mirar a los demás a los ojos y decirles: «Esto tengo para darte»!
Que hoy sea un día en el que demos gratuitamente, con amor, tantas cosas buenas que recibimos por gracia de Dios. Nada de lo que tenemos es real o estrictamente nuestro.
Todo lo recibimos, lo recibimos gracias a la gracia de Dios.
Ojalá que hoy nos sintamos agradecidos y esto nos permita no aferrarnos a nada. Por eso Jesús nos envía sin nada, nos envía a la «casa», a los corazones de las personas, para que ahí podamos volcar todo lo nuestro, todo lo mejor que tenemos… su amor.
Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.
padre Rodrigo
