XIV Martes durante el año

Martes 7 de julio - Mateo 9, 32-38 - XIV Martes durante el año

Cita: Mt 9, 37

La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.

Evangelio según San Mateo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 32-38

En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a Jesús un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel.»

Pero los fariseos decían: «El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios.»

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»

Palabra del Señor

Comentario a: Mateo 9, 32-38

Cuando nos alegramos de que Dios Padre, de que Jesús por medio de su Espíritu se revele en la sencillez, en la humildad, en la mansedumbre, cuando no gozamos como Jesús de este maravilloso misterio de Dios que se revela de esta manera, cuando aceptamos esta realidad, es cuando podemos experimentar de nuestro corazón la alabanza. ¿Qué es en definitiva alabar? ¿Qué es la alabanza? Es alegrarse de que Dios sea Dios, de que sea como sea. No es alabarlo por lo que nos da, no es simplemente dar gracias por lo que nos da. Porque esa forma de oración, aunque por supuesto es válida, la tenemos que tener siempre. Se centra básicamente en lo que recibimos de Dios, en lo que percibimos lo que recibimos de él. Por lo tanto, siempre tiene algo de nosotros y de nuestra capacidad de percibir el amor de Dios. Sin embargo, la alabanza es, de alguna manera, el grado más alto de oración y es simplemente alegrarse porque Dios exista. ¿Viste cuando a veces decimos o cuando alguien le dice a otro: «Gracias por existir, gracias por ser como sos»?

Bueno, en definitiva, alabar es algo parecido, es decir: «¡Qué gozo me da que Dios sea Dios, que sea como sea!». Entonces el acento, el corazón no está puesto tanto en el propio, sino en la maravilla de que Dios sea lo que es, de que Dios nos ame tanto y que incluso elija este modo de revelarse. Por eso, el Evangelio del domingo nos ayuda tanto. Jesús se gozaba y dejaba brotar de corazón esa alegría inmensa de que el Padre elija esa manera de revelarse. Cuando empezamos a vivir así, todo se transforma en alabanza, incluso aquello que no nos gusta tanto, aquello que para nosotros puede ser un signo de que Dios no está; sin embargo, él está siempre, siempre obrando. De una manera u otro, él siempre está obrando. Sigamos esta semana en alabanza, reconociendo que Dios es todo para nosotros y que su presencia es inconmensurable, es maravillosa y siempre nos sorprenderemos cuando estamos atentos y somos humildes.

En Algo del Evangelio de hoy Jesús hace de todo un poco, expulsa demonios, es criticado de alguna manera recorre todas las ciudades y los pueblos enseñando, proclamando la Buena Noticia, curando enfermedades, tiene compasión porque veía a todos fatigados y abatidos como ovejas que no tenían pastor e invita a los discípulos a rezar, a rogar al dueño de los sembrados para que siempre envíe trabajadores. Bueno, tantas cosas lindas que se pueden decir de este Evangelio, que en definitiva es lo que Jesús sigue haciendo nuestro tiempo, sigue expulsando demonios, demostrando su poder, que él es el dueño de todo, de nuestro corazón, del universo, que es amo y Señor y que nunca el demonio puede tener más poder que él. Nunca dudemos de que Jesús es el que tiene la fuerza para expulsar cualquier mal que nos esté aquejando, que él es el único que puede curarnos de las enfermedades y dolencias de nuestra vida, de las enfermedades físicas, pero fundamentalmente de las enfermedades espirituales, de los agobios y de las dolencias, de las fatigas que a veces sufrimos. Jesús nos sigue enseñando a través de su Palabra, nos está enseñando ahora, en este momento. Tenemos que aprender a escuchar. Él sigue proclamando la Buena Noticia del Reino de Dios, él está entre nosotros cuando incluso no lo podemos percibir, él está siempre, proclamando que Dios es más fuerte que todo lo que podamos imaginar y por eso quiere que sigamos rogando para que seamos más trabajadores para levantar la cosecha. Levantar la cosecha es una de las alegrías más grandes para el sembrador. «El sembrador sale llorando, esparciendo las semillas, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas», dice el Salmo. Por eso, fíjate que el Señor nos invita a cosechar, nos invita a cosechar porque él es el que, en definitiva, siembra, él es el que hace crecer y a nosotros nos envía a darnos cuenta que los frutos que se producen son gracias a él. Eso nos tiene que animar a ser cosechadores. No es necesario ser sacerdote o religiosa o religioso para ser trabajadores, para cosechar.

Vos u yo podemos ser en todo momento cosechadores en esta maravillosa tarea que el Señor nos encomendó. Sigamos rogando para que haya más personas para que se comprometan a cosechar lo que el Señor hace crecer. La Palabra es la semilla, Jesús es el sembrador y nosotros podemos ser cosechadoras. Pidámosle al Señor que nos dé esa fuerza y esos deseos profundos de trabajar siempre para él.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

padre Rodrigo