Jn 11, 1-7. 20-27. 33b-45 – 2 de abril – V Domingo de Cuaresma

 

 

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.» Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.» Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.» Jesús, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?» Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.» Y Jesús lloró.

Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!» Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?» Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.» Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.» Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!» El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.» Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.

Palabra del Señor

Comentario

“Había unos hombres enfermos, vos y yo, y tantos más que andan por ahí, vos en tu lugar y yo en el mío” Hombres y mujeres enfermas, enfermos de tantas cosas, de tantas cosas que nos van matando y que a veces no percibimos, porque del polvo venimos y al polvo volveremos, somos de carne y hueso y seguiremos siéndolo hasta el final, aunque a veces creamos que somos inmortales. No somos inmortales, a todos algún día nos tocará pasar por lo mismo que Lázaro, eso ya lo sabemos, por la muerte. Sin embargo, en este domingo nos toca alegrarnos con la Vida, con la vida que viene de Jesús y que ninguna muerte podrá “matar”. Con la Vida que viene de la fe, de creer en las palabras de Jesús.

Algo del evangelio de hoy, que es para deleitarse, nos enseña que lo que nos “hace revivir” o volver a vivir, es el amor. El amor de Jesús que se manifiesta en el amor de nuestros prójimos. “¡Cómo lo amaba!” dijeron los que vieron llorar a Jesús. Lo amaba tanto que su amor lo despertó. Lo amaba tanto que de “un grito” lo hizo salir de su sepulcro. “¿Crees esto?”. ¿Crees que Jesús es capaz de amar tanto como para hacer resucitar, para hacernos revivir y salir del encierro? ¿Crees que el amor tiene tanto poder? ¡Cómo ama Jesús! Ama tanto a cada hombre que llora por cada uno. Llora cuando morimos, llora cuando nos dejamos vencer. En realidad, Jesús lo deja morir a su amigo para manifestar su poder. Jesús a veces nos deja morir, nos deja enfermarnos para después enseñarnos que su amor es más fuerte, que la gracia es más fuerte. Nos dejó que empecemos a “oler mal” para enseñarnos que el buen olor viene solo de Él.

¿Qué te hace pensar que somos distintos a Lázaro? Vos y yo somos Lázaro. Algún día moriremos para resucitar a la vida nueva. Si estamos escuchando todavía no hemos muerto, pero si nos han hecho revivir muchas veces, porque muchas veces andamos como “muertos vivos” o como “momias”. Estamos vivos, pero a veces andamos un poco muertos. Estamos vivos pero a veces con olor a muerto. ¿Muertos? ¿Qué es la muerte en vida? Antes que nada el pecado que nos aleja de la comunión con Jesús, el egoísmo que nos hace solitarios, la superficialidad que no nos deja ver la profundidad, la ideología que no nos deja ver el todo, todo lo que no nos deja tener a Jesús como centro de nuestra vida. A veces la muerte en vida es tan sutil que pocos la ven, pocos se dan cuenta. Creen que la vida pasa por el bienestar. Hay muchos enfermos que están muy vivos, por ahí sos vos que estás escuchando y estás enfermo pero tenés mucha vida en el corazón, y al mismo tiempo hay muchos “sanitos” que en realidad están muy muertos, como vos que por ahí estas escuchando y necesitás volver a vivir, como todos necesitamos otra vez que Jesús nos grite y nos diga: ¡Vení afuera!  Salí de “la cueva” Salí de tu estado de muerte. Dejá que te resucite, dejá que haga revivir eso que pensás que ya no sirve, eso que ya no tiene vida. Dejá el pecado, dejá de mirarte tanto, dejá de quejarte como si todo estuviera tan mal, dejá el sepulcro, dejá ese lugar oscuro, quiero que veas, que camines, que te desaten lo que no te deja andar.

Hoy Jesús quiere resucitar algo muerto de tu corazón, del mío. Hoy Jesús quiere que empieces la semana un poco “más vivo” para que ayudes a salir del sepulcro a tanta gente muerta en vida. Mirá a tu alrededor. Hay muchos hombres y mujeres por “desatar”. O por ahí nosotros necesitamos que nos “desaten”, que nos saquen las vendas. Si Jesús te abrió los ojos, vas a ver que muchos están un poco muertos aunque parezcan vivos. Alguien tiene que quitar la piedra de esos sepulcros, alguien tiene que desatarles esas vendas que no los deja caminar. Ese sos vos o yo. Pero solo Jesús, que ama tanto, puede gritar con amor y hacer salir. Solo hay que creer, pero en serio. “Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

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