Jn 13, 16-20 – 11 de Mayo – IV Jueves de Pascua

 

 

Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo: «Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.

No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí.

Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió.»

Palabra del Señor

Comentario

Dios quiera que hoy tengamos un buen día, un día en el que podamos descubrirlo a Él en todas las cosas y que todas las cosas nos hablen de Él. Y para eso es necesario empezar el día escuchando lo mejor que podemos escuchar, la música que hace bien a los oídos del corazón, la música de la Palabra de Dios.

Retomemos algo de lo de ayer: ¡Si tomáramos dimensión de que al escuchar a Jesús estamos escuchando al Padre, que distinto sería por ejemplo, nuestra relación con Él, o nuestra manera de rezar! Muchas veces no sabemos rezar porque no sabemos escuchar. No sabemos detenernos y frenar un poco. En realidad no sabemos con quien estamos hablando y tomar conciencia de que estamos hablando con el Padre, nos ayuda a rezar con el corazón.

Preguntando también se aprende: ¿A quién escuchamos cuando escuchamos a los demás? ¿A quién escuchamos cuando escuchamos a Jesús? ¿A quién recibimos cuando recibimos a los demás? ¿A quién recibimos cuando recibimos a Jesús? Escuchar a los demás con amor es escuchar a Jesús en los otros y escuchando a Jesús en los otros escuchamos al Padre. Escuchar es recibir y recibir es servir. Esta es un poco la lógica del evangelio de hoy continuando con la de ayer.

Un poco hablando vulgarmente es como una especie de cadena de favores. El Padre que envía a su Hijo para servirnos, para lavarnos los pies, para amarnos y dar su vida por nosotros y nosotros que si nos dejamos servir por Jesús tenemos que experimentar que es Dios Padre quien nos sirve y al mismo tiempo, eso nos tiene que mover y ayudar a poder hacer lo mismo con los demás, porque “el servidor no es más grande que su señor”.

La lógica de Dios invierte la lógica del hombre que piensa que por ser más grande, por estar más acomodado, por estar en un nivel de poder más alto, puede llegar a pensar que los demás tienen que servirlo, o que tiene algún derecho sobre los otros. Casi que naturalmente pensamos que a medida que crecemos tenemos que ser servidos. Y por eso un jefe a veces se cree que tiene derecho a ser servido por sus empleados, y por eso a veces un sacerdote no entiende esta parte del evangelio y pretende que su pueblo y los fieles deben rendirse a sus pies, y por eso un padre de familia puede confundirse y pensar que sus hijos son para servirlo. Nada de esto está en el  mensaje de Jesús, porque nada de esto hizo Jesús. Todo lo contrario. Jesús vino a servir siendo el más grande. Jesús vino a lavar los pies siendo el maestro. Jesús vino a perdonar siendo que no tenía pecado. Jesús vino a morir siendo el inmortal. Seguro que a medida que escuchás esto que voy diciendo pensás interiormente: “esto ya lo sé, esto ya lo escuché muchas veces”.

Bueno… pero con saberlo no alcanza, sino escuchemos a Jesús otra vez: “Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. No somos felices por saber cosas buenas, no somos felices por acumular sabiduría para nuestro orgullo y regocijo; no somos felices por aprender nuestra fe y saber explicarla; no seremos felices por tener muchos títulos; no seremos felices por ganar un premio nobel; sino que seremos felices si descubrimos que la felicidad está en practicar concretamente y cada día, lo que Jesús hizo concretamente por nosotros y lo que hace cada día por nosotros. Jesús sigue lavándonos los pies, sigue sirviendo al hombre, sigue sirviéndote a vos, a mí, y a fuerza de amarnos y servirnos nos quiere despertar la conciencia para que de una vez por todas nos demos cuenta que “tenemos que devolverle el favor, al amor” amando y sirviendo a los demás. Hoy, sin esperar, sin soñar grandes cosas, en donde te toque, ahora, en tu familia, en tu trabajo, en tu vida concreta.

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