Jn 14, 1-6 – 12 de Mayo – IV Viernes de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.»

Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?» Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Palabra del Señor

Comentario

Sin saber de qué les estaba hablando, Tomás hizo la pregunta que muchos quisieran poder hacer y que muchos hubiesen querido encontrar la respuesta. ¿Cuál es el camino? ¿Cómo conocerlo? ¿Cómo saber cuál es el camino para cada uno?

Bueno, en algo del evangelio de hoy, Jesús responde mostrando no solo cuál es el camino, sino cual es la verdad y qué es la vida. Todo lo que el hombre quiere saber en una sola respuesta, en una sola frase. Todo lo que el hombre necesita, condensado en una Persona, no en una idea, no en una ilusión, no en un proyecto.

El Camino no es un lugar, la Verdad no es una idea abstracta, y la Vida no es la tuya o la mía. El Camino empieza y no termina, la Verdad nunca termina de comprenderse y la Vida nunca termina de vivirse. Eso es lo más lindo. ¿No te parece?

Por eso Jesús nos anima a no inquietarnos, a tener fe en el Padre y en Él. Como lo venimos viendo en todos estos días. Creer en Jesús nos inserta en un camino nuevo, nos muestra una verdad que no deja de ser un misterio, algo que se percibe, se vislumbra pero no se “agarra” y nos da una Vida nueva, distinta, mejor, apasionante.

Fijate si creer en Jesús no te ayudó a que tu vida cambie de rumbo, a que tu vida encuentra una luz, una verdad diferente, a que descubras verdades que antes no veías, a que tengas mas vida que antes, más ganas de vivir, más ganar de amar, de ampliar tu corazón.

Fijate si desde que crees en Jesús, si desde que lo seguís y escuchás en serio, no empezaste a caminar como quien no quiere detenerse nunca, como quien sabe que pase lo que pase nada lo puede frenar, como quien sabe que a pesar de la caídas siempre puede levantarse una y otra vez, como quien sabe que ese camino siempre va a terminar bien, el final siempre va a ser el mejor. Si lo comparamos con una película, como la película de la vida, siempre tendrá el mejor final, siempre será un final feliz.

Pensá que sería de tu vida si no fuera porque tenés fe, algo de fe, no importa cuánto, sino por lo menos un poco de fe. Pensá que sería de tu familia sin el sostén de Jesús, el de saber que tenemos un camino, una verdad y una vida que no se terminan jamás. Pensá y rezá con esto. Tenemos un camino seguro y firme, tenemos una verdad que no engaña nunca y tenemos una vida que da vida todo lo que toca y rodea. Todo esto es una Persona, todo lo que necesitamos está en una Persona que vino a señalarnos el rumbo de la vida, que vino a lanzarnos como un “disparo a la eternidad”. Nuestra vida, como decía San Alberto Hurtado, es un disparo a la eternidad. La vida de tus seres queridos también, de los que partieron o están por partir, la de todos.

¿Qué más podemos pedir? Lo tenemos todo. Estando con Jesús vamos caminando en el mejor camino, porque Él es el Camino. Estando con Él nunca podemos salirnos del camino por Él es el que nos lleva. Estando con Él por más que nos cansemos y no tengamos ganas de seguir siempre tendremos una mano que nos levantará.

Estando con Jesús aprendemos la verdad de la vida, que no es un conjunto de enseñanzas sino que es su propia vida, su amor, su entrega hacia nosotros. Estando con Él aprendemos a vivir mejor porque todo lo que hizo Él es verdad que ilumina nuestros pasos. Estando en su camino y viviendo su verdad, toda la vida es distinta porque dan ganas de vivir y dan ganas de vivir para siempre, pero no solo esta vida que es pasajera, sino la vida que continuará a esta que será mucho mejor. Estando con Él la vida de los demás, la de los que más queremos jamás nos parecerá que terminará porque sabemos que pase lo que pase, Él tiene “habitaciones” reservadas para todos los que están en el camino con Él.

Entonces… ¿Por qué nos inquietamos tanto por las cosas de esta vida que no podemos resolver? ¿Por qué hacemos un mundo, de lo que no es? ¿Por qué hacemos de las tristezas algo eterno, cuando no estamos hechos para las tristezas? ¿Por qué dejamos que el sufrimiento de la vida nos nuble el verdadero fin de nuestro corazón? ¿Por qué dejamos que la partida de un ser querido nos angustie tanto? No se inquieten, no nos dejemos inquietar por las cosas que pasan y que nos pasan. Acudamos a Él, pidamos más fe, pidamos más amor, pidamos más esperanza.

Share
Etiquetas: