Jn 15, 18-21 – 20 de Mayo – V Sábado de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»

Palabra del Señor

Comentario

En este sábado, nos ayudan las palabras de Jesús de algo del evangelio de hoy: “Acuérdense de los que les dije”. Acordémonos de lo que nos dijo en estos días. Alguna palabra que escuchaste seguro que te ayudo, alguna frase la escuchaste por primera vez, alguna la habías escuchado muchas veces pero te vino bien escucharla devuelta. La clave es no olvidarse, la clave es no perder la memoria. Si te olvidás todo queda en el pasado. Si recordás todo se hace presente otra vez. Por eso vamos a recordar algunas cosas y aprovechá para quedarte con la más profunda y necesaria para tu vida. Intentá empezar este día con deseos de escuchar más y mejor. Intentá aprovechar este día para volver a agarrar el evangelio, tu biblia y poder buscar vos mismo el texto que querés meditar. Acordate de algo de lo que te dijo Jesús.

Tampoco olvidemos el tema del cielo que nos acompañó toda esta semana. ¡No nos olvidemos del cielo, esta vida es camino a la vida eterna. Por estos días, alguien que cree en Dios, pero que no es tan cercana a la Iglesia y reconoce que tampoco con Jesús, me dijo: “No entiendo porque la humanidad la dio a la muerte una connotación tan negativa, si supuestamente es el paso al más allá y el paso a un lugar tan divino y el famoso encuentro con Jesús, nunca entendí porque la muerte es tan patética y tan triste, tan todo si se debería tomar como un paso más en la vida” Me pregunto y también me cuestiono el porqué los cristianos a veces enfrentamos la muerte con tanto pánico o tanta angustia y me sorprende que alguien que supuestamente no cree tanto, la tenga tan clara. Para pensar.

El lunes: Jesús nos proponía traernos el cielo al corazón, quedarse en nuestro corazón hasta que nos llegue el día de poder gozar de su presencia. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» El que ama empieza a vivir el cielo en la tierra, en el corazón, porque el que ama “le hace un lugar” en el corazón al mismísimo Dios, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. ¿Te das cuenta de semejante verdad? ¿Nos damos cuenta de que cuando amamos en realidad estamos siendo lo que debemos ser, estamos abriéndole las puertas al que nos creó para que encuentre un buen lugar

El martes: Decíamos que  tenemos que amar lo que viene, amar el cielo, es amar la vida, es amar todo lo creado, pero amar esta vida es también reconocer que acá no está lo definitivo, es darse cuenta que acá se juega nuestra vida, pero lo que vendrá será algo inimaginable, será una paz eterna. Mientras tanto, Jesús nos dejó su paz, nos da su paz, nos quiere en paz, pero no como la paz que nos da este mundo que muchas veces vive en “su mundo”.

El miércoles: Lo que nos une vitalmente a Jesús es el amor que él nos da y nos permite amar como Él. La clave es… no el hacer muchas cosas buenas, sino hacerlas como Él las haría, con el amor de Él, solo así daremos frutos de santidad. Todo lo demás, todo lo demás, aunque todos lo reconozcan, queda en la nada, no me sirve para nada. Cuando nos toque partir de este mundo, nos guste o no, tengamos ganas o no, no nos preguntará Jesús cuántas cosas hicimos; cuánto nos aplaudieron; cuánta plata juntamos; cuantos títulos acumulamos; cuánto nos quisieron, cuánto nos amaron, sino cuánto amamos, cómo amamos… Si amamos.

El jueves: Jesús nos ayuda a descubrir que podemos amar porque en realidad somos amados por Él y por el Padre. Esa es la clave. Podemos amar porque somos amados, podemos amar si “permanecemos” en esto, si reconocemos esto. No se puede amar bien si no se acepta semejante misterio y regalo. No se puede vivir este mandamiento que brota desde adentro si no se reconoce también desde adentro, que amar y ser amados, entregarse y dejar que los otros nos amen, no es una obligación, sino que es una necesidad del alma, del corazón. Necesitamos amar, necesitamos un motivo para vivir, necesitamos experimentar amor de Dios por medio de gestos humanos. Necesitamos darnos cuenta que el amor es cosa seria, que Dios se tomó en serio el amor y por eso nos amó hasta el extremo para que ese amor nos despierte nuestras ganas de amar.

Ayer: Amar con el amor de Jesús es “para empezar”, no considerar a nadie como enemigo, porque Jesús no tiene enemigos y los “amigos de mi Amigo son mis amigos o por lo menos nunca enemigos”. ¿Por qué nos empeñamos a veces en hacer bandos si para Jesús todos son amigos? Terminemos con esta linda oración de San Felipe: “¿Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado a amarte, por qué me diste tan solo un corazón y este tan pequeño?” 

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