Jn 16, 16-20 – 25 de Mayo – VI Jueves de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver.» Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: « ¿Qué significa esto que nos dice: “Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Yo me voy al Padre”?» Decían: « ¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir.»

Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: “Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver”.

Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.»

Palabra del Señor

Comentario

Si empezamos el día intentando no pensar tanto en lo que tenemos que hacer, sino en lo que podemos contemplar frenando un poco, para hacer silencio, te aseguro que todo va a ser mucho mejor, vas a tener otra mirada de lo que ves y vivís. Pero si empezamos el día escuchando las “malas noticias”, escuchando los problemas de tránsito, los problemas del mundo y del país, escuchando otras voces que no son la de Jesús, por ahí no es malo, pero nos perdemos de algo, de algo mucho mejor. Nos perdemos de la serenidad de la mañana. Por algo los monjes empiezan su día diciendo: “Señor, abre mis labios… y mi boca proclamará tu alabanza” Empiezan sus días pidiendo a Dios que les abra los labios solo para alabar. Vos dirás, bueno pero son monjes. Si es verdad, pero podemos tomar lo esencial. Nosotros empezamos el día levantando a nuestros hijos, haciendo desayuno, empezando a manejar y lidiar con el tránsito, llevando los hijos al colegio, amontonándonos en un medio de transporte. Sí, es verdad, todo esto es complicado. Pero se puede intentar dejar que el primer silencio de la mañana no se rompa por lo menos por culpa nuestra. Intentá escuchar solo la Palabra de Dios al principio, intentá no prender ninguna radio, ninguna televisión.

La soledad mal vivida, o la soledad como ese sentimiento que molesta, es la ausencia de alegría, de gozo. La soledad es falta de amor, ya sea por no recibirlo o por no buscarlo, pero en definitiva es no es estar experimentando amor. Y muchas veces buscamos el remedio de la soledad en falsas alegrías o gozos que en el fondo nos pueden dejan más solos todavía. Por eso si estás molesto por estar solo, si estás quejoso por estar solo, fijate si en realidad no estás “haciendo la tuya”, creyéndote el artífice de tu felicidad.     Una persona quejosa, en el fondo se siente sola y todo lo reclama. Una persona quejosa afea los ambientes en los que está y colabora ella misma para quedarse sola, porque es molesto estar con alguien que se queja y es pesimista. No es raro encontrar personas solas, pero que en realidad sin querer, hicieron todo lo posible para quedarse solas. Es triste, pero pasa.

Pero lo lindo de algo del evangelio de hoy es que Jesús les asegura a los discípulos y a nosotros, de que la “tristeza se convertirá en gozo”. La tristeza para el cristiano debe ser siempre pasajera, jamás puede llegar para instalarse, para echar raíz en el  corazón. No pienses que esa tristeza que tenés va a durar siempre, sabé mirar más allá, sabé esperar, sabé confiar en que Jesús te convertirá ese sentimiento en un gozo imborrable. Seguro que ya te pasó alguna vez, seguro que lo viviste. Por eso no te olvides que la tristeza es pasajera y que salir de la tristeza también depende de tus deseos de salir de ese aislamiento que puede convertirse en soledad instalada y hace tanto mal, a nosotros y a la Iglesia. Es triste ver cristianos tristes, no estamos hechos par a la tristeza.

Por otro lado, lo lindo del gozo es que jamás puede ser pleno si no es compartido y eso ayuda a otros a salir de sus encierros. Todos vivimos esa experiencia de alguna manera. Todos hemos alegrado a otros y todos hemos sido alegrados por otros. Todos necesitamos compartir la alegría, es esencial a la alegría que se derrame, que se comparta. Hace unos días unos novios con fecha de casamiento, me contaron que por algunas dificultades de distancia de sus familias, no podían avisar a todos juntos la fecha de su casamiento, y eso hacía que no pudieran disfrutar semejante noticia. La alegría del casamiento no era solo para ellos. Es así, las alegrías son para contarlas, los gozos son para compartirlos. Las alegrías espantan las tristezas y los gozos quitan las soledades.

Si andás alegre, contalo, compartilo, hace bien. Si andás triste pensá de donde viene esa tristeza, qué fue lo que la originó, para poder combatirla, pero mientras tanto andá y quedate un rato con Jesús, mientras tanto andá y buscá la compañía de alguien que esté alegre, eso te va ayudar.

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