Jn 17, 20-26 – 1 de Junio – VII Jueves de Pascua

 

 

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:

«Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.

Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos.»

Palabra del Señor

Comentario

Es lindo meterse en la escena, hace bien meterse en las escenas del evangelio. Es difícil, es verdad,  se necesita tiempo  y esfuerzo, constancia y paciencia, pero hace bien. Vale la pena que lo intentes alguna vez. Es como grabar la imagen en el corazón. No se borra más, es indeleble. Como pasaba con las fotos viejas, que al sacarlas quedaban en los rollos como escondidas y después tenían que ir a revelarse. ¿Te acordás? Te acordarás si sos del siglo pasado. Bueno, de alguna manera cuando rezamos en serio con el evangelio, si hacemos el esfuerzo de pensar y sentir que estamos en ese lugar, en ese momento, escuchando esas palabras, viendo lo que se veía, tocando lo que había, gustando y oliendo todo, es de alguna manera como revivirlo, es de alguna manera como sacar una foto de antes. Ayuda a archivar la imagen, las palabras, y poder revivirlas en algún momento y al revivirlo es como que se “revelara”, se nos muestra algo nuevo que no estábamos viendo hasta ese momento. Eso pasa con el evangelio, es palabra viva, es palabra que se “revela” a cada instante en miles y miles de corazones oyentes dispersos a lo largo de esta bendita tierra. Por eso hay que hacer el esfuerzo de “meterse” en la escena, no ser un espectador, no mirarla de afuera, no solo leerla, sino imaginarla, es un paso más que puede darse.

¿Pensaste en eso alguna vez? ¿Pensaste que en este momento somos miles y miles que estamos intentando escuchar a Jesús? Da ánimo pensar en eso. Saber que no estamos solos y que Jesús piensa en nosotros y pide por nosotros, como se ve claro en el evangelio de hoy. Saber que somos uno con Él, con el Padre y que eso desea Jesús, que seamos uno con Él. Que el amor con que sea aman el Padre y el Hijo sea el mismo amor con el que nos amemos entre nosotros. No tomamos conciencia de esta maravilla.

Hoy las comunicaciones permiten, entre tantas cosas, que palpemos esto más claramente si estamos con el corazón despierto y no solo conectado a un celular, permite que nos sintamos uno. Ayer me pasó algo que me hizo experimentar algo del evangelio de hoy. Me llegó un mensaje de un número desconocido, un número extranjero. Era un mensaje de un sacerdote de Irak, que está en Bagdad, yo no lo conocía, pero me llenó de alegría. Es un sacerdote que está en medio oriente viviendo en carne propia las persecuciones hacia tantos hermanos nuestros cristianos, que son uno con nosotros. Me agradecía por los audios, por este apostolado, y por otro lado me pedía un favor. Me pidió que si podía, le grabe un mensaje de audio o de video, si era posible con mi comunidad parroquial, para los cristianos perseguidos en medio oriente. Fue algo tan providencial, tan increíble que no dude ni medio minuto. Justo en mi parroquia estábamos de misión, terminando 5 días de misión, justo era el día de la visitación de María, era todo justo, todo “calculado”. Después de la misa de cierre de la misión, pudimos grabarles, junto con muchos fieles de mi parroquia y varios misioneros, un mensaje de esperanza y la salve Regina a nuestros hermanos de medio oriente que sufren el odio y la crueldad por el solo hecho de amar a Jesús, de ser cristianos. Todo un testimonio para nosotros, para vos y para mí, que muchas veces tenemos miedo y vergüenza de decir lo que somos.

Fue un regalo del Padre, del padre del cielo para todos. Fue un volver a sentir que somos “uno” y que cada día más, tenemos que ser “uno”, con Jesús y entre nosotros. Fue un revivir en carne propia esta escena del evangelio de hoy, en la que Jesús rezó por nosotros, por los que creemos gracias al testimonio de los apóstoles. ¿Te imaginás a Jesús rezando por nosotros, para que seamos uno, para que dejemos tanta división, para que nos amemos como Él nos amó, para que gracias al mensaje de unidad ayudemos a que otros crean también en Él? ¿Te imaginás ahora a miles de cristianos perseguidos que necesitan de nuestra oración pero que al mismo tiempo seguramente rezan también por nosotros? ¿Te das cuenta que la oración une y nos hace sentir uno, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?

Intentemos hoy “meternos” en esta maravillosa escena del evangelio, imaginemos a Jesús rezando por cada uno de nosotros, para que seamos uno. Hoy imaginemos que ahora hay miles de hermanos que necesitan de nuestra fuerza, de nuestra oración, de que nos sintamos uno, para que el mundo crea.

Share
Etiquetas: