Jn 6, 51-58 – 18 de junio – Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor

 

 

Jesús dijo a los judíos:

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»

Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»

Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.»

Palabra del Señor

Comentario

“¿Por qué creen que Jesús eligió esta forma tan particular de quedarse con nosotros? ¿Por qué creen que Jesús eligió quedarse como una “comida”, de una forma tan sencilla? Nuestro Dios es un poco loco…” Algo así pregunté en el sermón de la misa de ayer, intentando que reflexionemos sobre este misterio tan maravilloso de la Eucaristía. Como no podía ser de otra manera, Johnny tomó la palabra y empezó diciendo: “Bueno, hablo yo porque sino acá no habla nadie…” Es muy gracioso, muy ocurrente, pero extremadamente perceptivo, intuitivo y espiritual. Estar con Johnny es un disfrutar continuo, porque uno entiende claramente lo que quiere decir Jesús cuando nos pide que “nos hagamos como niños”. Él contesta gesticulando, explicando con sus manos y sus gestos lo que dice con sus palabras, pero bueno, ¿que dijo finalmente este niño?, dijo algo así: Se quedó así, por lo menos eso pienso yo, porque quiere que agradezcamos lo que nos da. Cuando estoy en casa y mi mamá me trae la comida, yo junto las manos, miro al cielo y le digo a diosito… Gracias por lo que me das, gracias por tener comida… Y bueno, con Jesús tenemos que hacer lo mismo, tenemos que agradecerle que se nos da como alimento” Es difícil que pueda decirte literalmente lo que dijo, pero fue algo así. No sé si es necesario agregar algo más. Un niño que se da cuenta que en la sencillez del pan y el vino, Jesús se nos queda como alimento y necesita que le demos gracias. Quien no da gracias por los alimentos, no sabe vivir, no vive bien. Quien no da gracias por el don de la Eucaristía es porque todavía no se dio cuenta algo de lo que significa.

Algo del evangelio de hoy no es apto para tibios. La fiesta que celebramos hoy no es apta para cristianos que no están convencidos de semejante misterio, o dicho en positivo nos ayuda a que tomemos conciencia que finalmente todo encuentra sentido en la Eucaristía, que aunque Johnny no lo sabe, quiere decir Acción de Gracias.

¿Qué sería de nosotros, sin la Eucaristía?…Sin la Eucaristía, sin el Cuerpo y la Sangre del Señor presente realmente en nuestra vida; no habría Iglesia, no seríamos nada, no podríamos nada, seríamos pura palabrería, sin amor concreto y visible. ¿Para qué nos reuniríamos un domingo? ¿Para vernos las caras entre nosotros solamente?; sólo nos puede convocar y reunir: Él. Nos reunimos por Él y en Él. Él hace la Iglesia día a día, con su amor, entregándose siempre, sin condiciones. Aunque vos y yo no nos demos cuenta, aunque a veces lo tenga en mis manos y aún así no me dé cuenta. Incluso sabiendo que muchas veces no lo valoramos ni los fieles, ni nosotros los sacerdotes; no terminamos de comprender…

Si supiéramos, si comprendiéramos realmente con el corazón, que Él está ahí en la Eucaristía; ¡cómo nos emocionaríamos! ¡Cómo correríamos a buscarlo!

Sin embargo, a veces lo traicionamos, lo cambiamos por cualquier cosa; queremos “comprar” todo y nos olvidamos de agradecer; cambiamos a veces a Jesús por tan poco…

¡Cuánto amor nos falta Señor!, ¡Perdónanos Señor, en este día, nuestra falta de amor hacia vos en la Eucaristía! Tenemos que reconocerlo; a veces sin darnos cuenta, nos pusimos en el centro, pusimos excusas de todo tipo: “si lo sentimos o no”, “no siento ir a Misa”, “no me gustó”, “no me gusta esto o lo otro” ¿No será que incluso en la Iglesia nos miramos demasiado el ombligo y no miramos al verdadero centro del mundo que es Jesús Resucitado en la Eucaristía? Pienso que no terminamos de comprender… Somos muy ignorantes.

Danos Señor la gracia de proclamar con firmeza y alegría, que sos el centro, sos el centro de la vida de la Iglesia y sos el centro del mundo; en ese pedacito de Pan, escondido, humilde y silencioso.

Y por eso, nos sacás a las calles en procesión; para alabarte, para adorarte, para reconocerte vivo y presente, y para decirte: Señor: vivimos por Vos, gracias a Vos y queremos vivir por Vos, para Vos y para los demás.

Queremos descubrir, que ese vacío que a veces sentimos, es por no saber dar gracias, es por no saber reconocerte y solamente esto puede saciarse arrodillándonos frente a tu Presencia real, y también “arrodillándonos”, por decirlo así; ante el amor de los demás. Que no nos olvidemos amarte en los demás, Señor, porque también estás ahí; te adoramos en la Eucaristía, para poder amarte en los otros.

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