Jn 6, 60-69 – 6 de Mayo – III Sábado de Pascua

 

 

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»

Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»

Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?» Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.»

Palabra del Señor

Comentario

Llegamos al final de esta semana; en este sábado llegamos al final del discurso del Pan de Vida en el que Jesús después de ir rodeando el tema –por decirlo así–, de presentarse como el Pan, como el alimento del mundo; finalmente terminó diciéndolo directamente, sin vueltas: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. «Les aseguro que me quedaré con ustedes para siempre, hasta el fin de los tiempos. Me quedaré realmente para que se puedan alimentar de Mí, para que me encuentren resucitado en cada Misa, en cada sagrario, en cada lugar donde se adore la Eucaristía. Me quedaré especialmente ahí; pero para que también me encuentren en todos lados, en cada lugar donde haya amor, ahí estaré Yo. Estaré también en cada persona, estaré también en vos, en cada corazón que crea en Mí»

Como cada sábado la propuesta es la de repasar algún evangelio de la semana que te haya parecido más significativo, que te haya gustado más o bien meditar el de hoy; que de alguna manera es el cierre de toda la semana y ayuda a comprender todo lo que venimos escuchando.

Después de oír a Jesús toda esta semana diciendo que Él es el Pan de Vida, diciendo que para dejar de tener hambre hay que alimentarse de Él, que para dejar de tener sed en esta vida hay que ir hacia Él, hay que creer en Él. También diciendo explícitamente que hay que alimentarse de su Cuerpo y de su Sangre; ¿qué pensás? ¿Qué te sale decir? Te sale decir lo que dijeron los que no creyeron ¿Es duro este lenguaje? o te sale decir lo de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.»​​

Escuchar a Jesús que dice sin ningún problema: «¿También ustedes quieren irse?» También nos tiene que llevar a nosotros a sincerarnos, como dijimos al comienzo de la semana, a purificar nuestra fe de todo lo contaminada que pueda estar. ¿Creemos o no creemos en esto? No hay muchos caminos ante esto; o creer en sus palabras, creer en que Él quiso quedarse como alimento en cada Eucaristía o no creer y pensar que es simbólico; pensar que no es para tanto, pensar que es una exageración, que es un invento de la Iglesia.

​Jesús no presiona a nadie, pero si invita a que nos decidamos. «¿También ustedes quieren irse?» ¿Qué querés hacer? ¿Creer y seguir caminando? o dudar y quedarte quieto esperando más milagros. El continuo gran milagro de Jesús en esta tierra actualmente, es la Eucaristía. Es su presencia silenciosa en cada templo, en cada sagrario, en cada corazón que lo recibe. ¿Por qué esperamos algo más? ¿No será que nos falta fe y no lo reconocemos? Muchas veces me dicen: “Padre, yo no voy a Misa, o no voy mucho a la Iglesia, pero tengo fe”. Ahora… me pregunto: ¿Si realmente tuviéramos fe en que Jesús se quedó en la Eucaristía y que está realmente ahí, no iríamos corriendo a estar con Él o recibirlo? Seamos sinceros. A todos nos falta fe, nos falta purificar nuestra fe y poder decirle a Jesús con sinceridad: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.” Quiero creer, quiero sincerarme y decirte que no quiero ir a otro lado, pero al mismo tiempo, necesito fuerza para seguir.

Hay que pedir que Él nos lo conceda, no te olvides lo que nos dijo: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»

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