Jn 8, 1-11 – 3 de abril – V Lunes de Cuaresma

 

 

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»

Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.» E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.

Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?» Ella le respondió: «Nadie, Señor.» «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»

Palabra del Señor

Comentario

Está bueno empezar este lunes “queriendo resucitar, revivir” como Lázaro en el evangelio de ayer. Queriendo que alguien nos “desate” las vendas que nos tiene como “momias” por la vida, como “muertos vivos” sin aportar nada de amor a nuestro alrededor. Queriendo que Jesús nos grite: “Fulano, fulana, salí afuera” “Empezá otra vez; arrancá como si nada hubiese pasado; volvé a creer; no escuches las voces de muerte de los muertos que tenés alrededor; no mires tanto el pasado, el exceso de memoria no siempre es bueno, sentite perdonado y perdoná. Y así miles de frases más que tienen que ver con el “volver a vivir” con el vivir la Vida con mayúscula que viene de Dios. Cada uno puede encontrar la frase y palabra necesaria para empezar un lunes distinto, con cara de “resucitado”, con cara de cristiano, con cara de alegría, con cara de creer realmente en esto.

¿Sabés cual es unas de esas cosas que nos van quitando vida interior? ¿Sabés cual es una de las razones por las cuales andamos como muertos vivos, haciéndole creer a los otros que estamos vivos pero en realidad no podemos caminar? El ser acusadores de los demás y no mirarnos a nosotros mismos. El ser acusados por otros mientras ellos mismos no son capaces de ver sus pecados. Todo duele, tanto lo uno como lo otro, pero no hay nada peor que ser acusador.

Ese es uno de los grandes males de nuestro mundo, de nuestro corazón. El andar acusando a los otros, con o sin razón. Acá el tema no es “tener razón”, sino el acusar, el condenar de alguna manera, el ser lapidarios, el andar con piedras en la mano, mientras Jesús escribe en el piso y espera quedarse solo con la pecadora, para llamarla mujer. Si prestás atención, de una manera u otra, muchas de las conversaciones que escuchamos a lo largo del día; en el tren, en nuestros trabajos, en nuestros ambientes, incluso en nuestras familias, son más o menos camufladas, acusaciones hacia los otros. Muchas personas andan así por la vida, con piedras en la mano, acorralando a los “débiles” pecadores, olvidándose que en realidad si fuese por los pecados, todos mereceríamos ser apedreados. Hay gente que vive con piedras en el corazón, “agazapados” para tirarlas a cuanta persona que no le “caiga bien” se les cruce por su camino. ¡Qué triste es andar así! ¡Qué triste es ver a cristianos muy religiosos pero con los bolsillos cargados de piedras para tirarles a las personas que no son tan buenos como ellos! Es terrible, pero hay. Ese es en realidad el peor de los pecados, que muchos a veces no pueden ver. Espero que ninguno de los que escucha la Palabra de Dios cada día sea uno de esos, y si lo somos, tiremos nuestras piedras al piso y  vayámonos “silbando bajito” a pedir perdón, a Jesús y a aquel a quien  hemos querido apedrear.

Mientras tanto, Jesús se queda hasta el final. Algo del evangelio de hoy nos muestra cuál es la actitud de Jesús con nuestros pecados, con nosotros los pecadores. ¿Cuál es? La de la no condena. «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.» le dijo Jesús. Si alguna vez te quisieron “apedrear” por pecador o incluso ahora te están amenazando con piedras en la mano por el error que cometiste, no desesperes, Jesús está con vos en este momento y es el único que no te condena, que te perdona, que olvida y mira para adelante. No condena el pasado y apuesta al futuro. No revuelve lo que hiciste y confía en lo que viene. No te refriegas tus errores y cree que podrás salir adelante. ¡Qué linda imagen, pero qué linda realidad! Jesús se queda hasta el final, cuando todos se fueron porque se avergonzaron de haber sido tan desvergonzados. Jesús trata el pecado cara a cara, corazón a corazón, sin piedras, sin palos, sin insultos, sin señalar, simplemente con amor. Solo con amor, porque es el único remedio al pecado propio y ajeno.

¡Cuánto para aprender y agradecer! Tiremos las piedras si las tenemos en las manos. Vaciemos los bolsillos si las tenemos guardadas. No seamos acusadores. Levantemos la mirada si estamos tirados. Miremos a Jesús que nos está mirando, no para condenarnos, sino para perdonarnos y ayudanos a dejar lo que nos hace mal, el pecado.

Share
Etiquetas: