Juan 1, 1-18 – Día 7° de la octava de Navidad

 

 

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.  La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día… llegamos al fin de un año más, un año más de la mano del Señor. Y llegamos como llegamos, a veces muy cansados. Más de dos mil años desde que nació el Salvador del mundo, desde que nació ese niño que cambió la historia para siempre, la tuya y la mía. El niño que nació, no para pasar desapercibido, sino para santificar todo lo que tocó, todo lo que vivió, todo lo que amó.

Solo Dios puede cambiar la historia para siempre, hacer que todo tome un rumbo distinto. Para Él todo es posible. Nada fue igual desde ese día, nada es igual desde esa noche buena que celebramos en estos días, desde esa noche de paz. Nada es igual para los que creen en Él, para los que creen que ese pequeño niño era el Dios con nosotros. Nada es igual para los que ponen su esperanza en su corazón lleno de misericordia y de paciencia para con todos los hombres. Nada es igual para los que no creen, no importa, Él cambió la historia y la seguirá cambiando silenciosa y amorosamente.

La Palabra de Dios de hoy, justamente habla de la Palabra. Juan llama Palabra, a la segunda Persona de la Santísima Trinidad, al Hijo que no fue creado, al Hijo del Padre que existió desde siempre, que no tuvo ni tenía tiempo. Juan lo llama en realidad Logos, que puede ser traducido como Razón, Verbo o Palabra. Quiere decir que el Hijo, es la razón de ser de todas las cosas, es lo que le da sentido a todo lo que existe, así como las palabras hacen cobrar sentido a nuestros pensamientos y sentimientos que solo pueden ser totalmente comprendidos por los otros, si los expresamos. Las palabras que salen de nuestros labios se hacen carne, hacen material lo que nos pasa por el corazón y la cabeza. El Hijo es Palabra porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas, lo invisible y lo visible. Dios crea cuando habla porque sus Palabras hacen lo que dicen, son efectivas, son creadoras, de la misma manera que fueron efectivas y creadoras en nuestros corazones durante este año que está terminando.

A simple vista parece, algo del evangelio de hoy demasiado difícil, no “bajable a la tierra” es verdad, cuesta interpretarlo, pero se puede si hacemos el esfuerzo. Siempre con la ayuda del Espíritu Santo y nuestra entrega podemos encontrar algo concreto para cada uno de nosotros. Podríamos decir, que justamente Juan está mostrándonos como Dios se hizo “accesible a nosotros”, nos quiere mostrar cómo siendo inaccesible y eterno, se hizo cercano metiéndose en el tiempo, para que lo recibiéramos, para estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Por eso termina diciendo: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Así como las palabras iluminan las acciones, Dios al hacerse hombre entre nosotros, vino a iluminar la ceguera de este mundo, a dar sentido a las cosas, concretamente a dar sentido a tu vida y a la mía, por eso Jesús es Palabra, por eso escuchamos la Palabra cada día, porque la Palabra es guía, es luz, es camino, es fuerza para todo el que la escucha con amor. ¿Te pasó algo de esto este año?

Por eso para terminar el año, te propongo que veas como la Palabra, como Jesús estuvo presente en tu vida, todo el año. Haciendo como un paralelismo con la palabra de hoy, podemos decir que Jesús este año estuvo siempre, desde siempre, porque Él es Dios. Él estuvo siempre, en los mejores momentos, pero fundamentalmente en los peores, sino no estaríamos escuchando su Palabra. Qué lindo mirar hoy para atrás y decirle con confianza y verdad: Gracias por ser Dios y estar siempre, gracias por permanecer, aunque todo cambie, gracias por darme la vida y sostenerme día a día, gracias por la vida de mis padres y de mis hijos, gracias por la vida de mis hermanos, de mi mujer y mi marido, gracias por la vida de los que no están en este fin de año. Gracias por darle sentido a cada cosa que hago, gracias por darle sentido al comienzo de este día, gracias por ser la razón de ser de mi trabajo diario, de mi amor a los míos y a los más pobres, gracias por ayudarme a terminar el día en paz sin enojos ni rencores, gracia por ayudarme a perdonar, gracias por poner en mis labios la palabra gracias, palabra que dio sentido e iluminó todo este año. Por todo te damos gracias Señor. Te propongo que hagas tu acción de gracias. Podemos terminar el año dando gracias.

Aprovechemos hoy para dar un gran abrazo a los más cercanos y decirle gracias, gracias por todo. Que Dios te bendiga y buen fin de año, un año más en la compañía de Jesús, que es Palabra que ilumina y da vida. Gracias a todos los que ayudan a que la Palabra de Dios siga difundiéndose, gracias a todos los que escuchan y evangelizan intentando que otros escuchen la Palabra de cada día. Gracias

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Una respuesta

  1. Antonio Aversano 31/12/2018

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