Juan 15, 9-17 – Fiesta de San Matías

 

 

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Palabra del Señor

Comentario

Estando ya cerca de la fiesta de Pentecostés con la cual terminaremos este tiempo Pascual, celebramos la fiesta del apóstol Matías. En este gran tiempo de 50 días en el cual intentamos a través de la Palabra de Dios, de los relatos de las apariciones de Jesús Resucitado, experimentar en nosotros y en nuestra vida concreta de fe, la presencia de Jesús Resucitado, para poder decir sí, es verdad, es verdad lo que leemos, es verdad lo que nos dijeron, es verdad lo que nosotros alguna vez vimos, es verdad que Jesús sigue haciéndose presente en nuestra vida y en la vida de miles de personas que creen en Él a lo largo y ancho de este mundo. Es lindo ir terminando este tiempo tan fecundo dándonos cuenta todo lo que Él hizo por nosotros, todo lo que pudimos experimentar escuchando las palabras de Jesús día a día. Muchas veces te digo que no te canses de escuchar. Hace algunas semanas, una persona que escucha cada día los audios con mucha atención me dijo algo así: “Padre, vos no te canses, no te canses de predicar la palabra de Dios, y cuando te canses, acordate de mi cara para que veas que vale la pena”. Qué lindo, que bien me hizo eso y me cuánto me hace, cuando me canso realmente, como te debe pasar a vos también. Cuando nos cansamos lo mejor es pensar en lo que no debemos olvidar nunca y lo hacemos, que la “obra es de Dios”. Cuando nos cansamos, creo, es porque nos olvidamos de esto, de que Él nos eligió, Él permanece en nosotros, y Él es el que nos ayuda a dar frutos.

San Matías, fue el último de los apóstoles, el elegido para reemplazar a Judas el traidor que después de muerto, dejó su lugar vacío y se tuvo que completar el número de los doce; y creo que siempre la fiesta de un apóstol nos ayuda para refrescar en nosotros esta verdad fundamental que no podemos olvidar y es con lo único que quiero que nos quedemos de algo del evangelio de hoy: no somos nosotros los que elegimos el Señor sino que Él nos eligió a nosotros, así lo dice hoy, le dice a todos sus discípulos en la última cena y a todos nosotros hoy: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los eligí a ustedes”.No podemos olvidar jamás esto, porque cuando olvidamos esto somos nosotros los que nos ponemos por delante de Él, cuando nos olvidamos de esto en vez de seguir nosotros al Señor, nosotros nos seguimos a nosotros mismos o pretendemos que los demás nos sigan o incluso peor, pretendemos que Dios nos siga el ritmo a nosotros. Y en esto caemos cuando caemos en el activismo en nuestras cosas de cada día, cuando caemos en el hacer cosas incluso por el Señor, pero nos olvidamos de escucharlo y entonces, olvidamos esta verdad, es Él quien nos eligió a nosotros y por eso, por habernos elegido, Él nos da la capacidad de dar frutos y que esos frutos sean duraderos.

Cuando nos desprendemos de esta verdad, cuando caemos en el personalismo, en el yoísmo, en pensar que somos nosotros los autores de nuestra salvación y de la salvación de los demás, es cuando cometemos este error y no damos fruto o nuestros frutos no son duraderos; todos nuestros cansancios a veces en el servicio tanto de la Iglesia como de las cosas que elegimos para dar a los demás, tienen que ver con esto de olvidarnos, nos desgajamos de esta gran verdad.

Si frenamos hoy para terminar este tiempo Pascual, nos serenamos y volvemos a escuchar de Jesús que nos dice: “No son ustedes los que me eligieron a mí sino yo el que los elegí a ustedes”, eso seguramente nos dará serenidad y paz, nos va a poner en el lugar donde nos tenemos que poner y nos va a hacer recordar que el que nos eligió a nosotros, ese mismo, dio la vida por cada uno de nosotros y al mismo tiempo, por eso nos pide que nos amemos los unos a los otros, como Él nos amó.

Matías fue elegido así por puro amor, por pura gratuidad. Nosotros también en nuestro bautismo fuimos elegidos gratuitamente sin que nos pregunten, recibimos la fe como don, recibimos el conocer a Jesús gracias a nuestra familia a tantas situaciones que se nos fueron presentando en la vida. No desaprovechemos esta oportunidad, porque conocer a Jesús da todo y no quita nada, seguirlo da todo y no quita nada, aunque muchas veces cueste, aunque cueste sudor y lágrimas siempre es mejor seguir a Jesús que andar perdido en este mundo o caminar a la deriva pensando que somos nosotros los artífices de nuestra felicidad.

Demos gracias al Señor porque nos eligió, demos gracias porque nos dio la fe, demos gracias porque nos dio la vida y porque la dio por nosotros, y pidámosle que complete en nosotros la obra que Él mismo comenzó.

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