Juan 15, 9-17 – VI Domingo de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

Palabra del Señor

Comentario

“¿Es posible amar como ama Dios? ¿Es posible amar como nos ama Jesús? ¿Es posible amar así?” Éstas fueron algunas de las preguntas que me animé a hacer en el sermón de la misa de ayer, casi al final. Era poca la gente que había, día lluvioso, y además habíamos peregrinado durante el día a la Basílica de Luján, por lo cual, muchos no fueron. Sin embargo, estaba Johnny, ahí, atento como siempre. Nadie respondía, todos me miraban y nadie se animaba, no sé por qué. Puede ser que todos esperan la respuesta de Johnny. No lo sé, pero se hizo un silencio y nuestro amigo levantó la cabeza y dijo: ¡Sí! Lo dijo con mucha convicción, sin gritar, pero firme. Y siguió diciendo algo así: “Claro que se puede, si yo a mi vecino que no lo conozco lo saludo diciéndole “papu”, como le digo a ellos” y mientras hablaba hizo un gesto con su cabeza señalando a sus compañeros de catequesis. Con ese gesto, Johnny estaba queriendo decir que a su vecino lo trataba igual que a sus amigos. ¿Hace falta explicar? Un niño puede amar como Jesús ama, un niño que no tiene maldad en su corazón, que está lleno de inocencia, puede tratar a los demás como los trataría Jesús. Pero… ¿nosotros podemos? Voy y yo, que ya no somos tan inocentes, que ya vivimos tantas cosas, que ya cometimos tantos errores, que a nuestro corazón le gusta endurecerse, que a veces nos hicieron tanto mal gratuitamente, nosotros… ¿podemos?

Una primera respuesta superficial puede llevarnos a responder que no, que nosotros ya no podemos por lo que hicimos, por lo que somos, porque ya arruinamos todo, que Jesús pide imposibles, o que eso es para algunos santos por ahí, que nosotros, vos y yo, ya no podemos ser santos. Pero te invito a pensar todo esto desde otro lado, con una anécdota de la vida de Santa Teresa de Calcuta.

Cuentan que una vez un periodista norteamericano, espeluznado al contemplar como Madre Teresa abrazaba y besaba cuerpos llagados y labios putrefactos, le dijo a la pequeña monja: “Yo no haría esto ni por un millón de dólares”… Madre Teresa musitó en vos baja, humilde pero audible: “Yo tampoco…” Es entendible, la Madre Teresa lo hacía por caridad. Es entendible lo del periodista, nadie puede hacer eso por iniciativa personal. Nadie ama por plata y si lo hiciera en realidad, no sería amor, sería un negocio. El amor no se compra, se da y se recibe como regalo. Se recibe de lo alto, viene de Dios, porque “Dios es amor”.

Ésta es la mejor noticia de algo del evangelio de hoy y de las lecturas. ¿Cuál? que “Dios no hace acepción de personas”, que “este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero” que “no son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”. Dios nos manifestó su amor, su caridad, en Jesús y Jesús nos amó de la misma manera que el Padre lo ama a Él. “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes”.

Te propongo imaginar las palabras que siguen como un diálogo, entre Jesús y nosotros, entre Jesús y vos. Empezamos nosotros.

  • No puedo Jesús, en serio que no puedo. Siento que pedís demasiado, parece como que no te das cuenta que soy de “carne y hueso”, débil, frágil, pecador. ¿Cómo es posible que pueda amar como vos? ¿Cómo es posible amar al modo de Dios?
  • Jesús nos responde: No podés amar así porque seguís sin entender. No podés porque pensás que vas a poder por tus fuerzas, seguís pensando que esto es “cosa tuya”. ¿Y si te lo digo de otra manera? Amá porque Yo te amo, no solo porque te lo pido. Si querés amar solo porque te lo pido seguirás intentando amar como “cosa tuya”. Y esto no es “cosa tuya”, es mía. “El amor procede de Dios”

El amor de Jesús no es “cosa nuestra”, es “cosa de él”, en realidad no es otra cosa que Él mismo que se nos da. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”.En cada sacramento, especialmente en cada Eucaristía Jesús se nos da por amor y para que podamos amar. Nos da el amor que después nos pide que demos, para que los demás vean que es posible amar de una manera distinta y en ese amor ver a Dios.

¿No es distinto pensarlo así? Esto quiere decir que en verdad Jesús nos pide algo que en realidad nos lo da antes. Él pide que amemos porque su amor está en nosotros. Sólo podemos amar como él porque él nos amó, nos ama y nos amará siempre. “Señor, dame lo que me pides y pídeme lo que quieras” decía San Agustín. Los santos pudieron, ¿por qué nosotros no?

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