Juan 16, 20-23a – VI Viernes de Pascua

 

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.

También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.»

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué lindo que es escuchar que Jesús nos da una alegría que nadie nos podrá quitar! ¡Qué lindo que es ir terminando la semana escuchando esto! Por eso no estés triste, o por lo menos no dejes que la tristeza cope tu corazón, como decía un poeta: “Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa, échala de tu casa, pero sin altivez.” Cuando ando triste y no sé bien porqué, le pido a Jesús que me la quite, que me dé la alegría verdadera, esa que les gana siempre a las tristezas de esta vida.

Ayer dando un retiro espiritual a jóvenes, uno me preguntó si se podía ser feliz sin Jesús, porque él ya era feliz, como diciendo que no necesitaba de él para ser feliz. Me pareció muy sincero de su parte, y muy profunda su pregunta. Y bueno… depende qué pensemos sobre qué es la felicidad. Le dije que, si entendía por felicidad un cierto bienestar humano, un lograr alcanzar lo que uno quiere, amar y ser amado por los más cercanos, podríamos decir que sí… que hay personas que pueden ser felices de esa manera. Sin embargo, sin Jesús nos perdemos de algo, no perdemos de un “plus”, le dije, no perdemos de amar mejor y más, nos perdemos de que nuestro corazón no solo sea feliz, sino que explote de alegría. El verdadero gozo viene de Jesús, la felicidad plena no puede alcanzarse con cosas de la tierra únicamente, sino con el gozo que viene de Dios, como nos decía el domingo: «Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.» Cuando vos y yo descubrimos el amor de Jesús, el sabernos sus amigos, el escucharlo siempre, la felicidad de este mundo queda chiquita en comparación con la alegría que nos regala amar como Él nos ama.

Sin embargo, como dice algo del evangelio de hoy, nuestra vida tiene algo de un parto, a veces decimos así, por lo menos en Argentina: “Esto fue un parto”, como expresando el dolor que vivimos, la dificultad experimentada; pero pensémoslo positivamente, viendo el otro lado del parto, en realidad la vida es “dar a luz”, es un conjunto de situaciones en la que damos y se nos da luz continuamente. Así es nuestra vida espiritual, nuestra vida cristiana, nuestra vida cotidiana; porque la vida cristiana no es ajena a lo que vivimos, el mensaje cristiano no está ajeno a la realidad que nos rodea, a los problemas y alegrísa de este mundo.

El que quiere escaparle a esto; el que pretende una vida sin partos, sin dolores, sin traumas, sin crisis, sin ausencias… el que quiere buscar otro camino, el que quiere pensar que la vida no es de alguna manera un paso, un continuo paso de aquello que no se ve a aquello que se empieza a ver, de un dolor hacía algo mejor, del sufrimiento hacia algo más lindo, de la tristeza hacía lo que se puede transformar en gozo, de la muerte a la vida; el que piensa que la vida no es así, todavía no entendió la vida y le escapa a lo mejor de la vida. Porque a esto no se le puede escapar; la vida es también esto, parto y vida, tristeza y gozo.

Jesús con su Pascua nos quiere enseñar eso: la vida es “pasar”, hay que pasar y por eso la imagen de “dar a luz” es algo tan lindo y que nos puede ayudar. Hay que “pasar” por la tristeza para encontrar el gozo que nadie nos puede quitar. Hay que pasar por el pecado para saber lo que es la misericordia. Hay que pasar por el dolor para darnos cuenta cuanto amábamos a esa persona. Hay perder un amor para valorarlo verdaderamente. Hay que esforzarse para encontrar la alegría de lo anhelado. Hay que empezar desde abajo para llegar arriba. Hay que estirar la mano para dar la mano. Hay que pasar, hay que pasar. Pero para eso, tenemos que aprender a vivir en paciencia, hay que aprender a soportar y esperar para dar a luz. Eso vive una madre cuando lleva en su vientre a su hijo, eso vive una madre cuando tiene que dar a luz; pero miremos lo positivo: es para dar luz, es para dar un nuevo nacimiento, es para dar vida, para transformar el mundo. Una vida transforma al mundo; la vida de tus hijos transformó tu propia familia, transformó tantas cosas… Acordate de la primera vez que tuviste a tu hijo en tus brazos. ¿Importó algo más? Acordate del olorcito a bebe de tus hijos. ¿Hay algo más lindo que eso? El dolor desaparece cuando se da a luz, cuando se tiene la vida entre manos.

Bueno; en esta vida, este viernes en tu vida concreta de hoy hay que aprender a vivir partos, hay que aprender a veces a sufrir cosas para encontrar algo mejor; hay que aprender a morir a nuestros caprichos para encontrar el amor; hay que aprender a morir al pecado para encontrar lo lindo que es la gracia y la vida; hay que aprender a callar para encontrar lo lindo que es el hablar en el momento justo; hay que aprender a vivir la soledad para disfrutar lo lindo de una buena compañía; hay que aprender tantas cosas y a veces solamente se aprende pasando por ciertos momentos para poder “dar a luz”. Si sos padre, si sos madre; no le prives a tus hijos de vivir “partos” en sus vidas; no hay que tenerle miedo a los momentos difíciles porque a través de los momentos difíciles aprendemos lo linda que es la alegría de encontrar luz cuando todo parece oscuro, cuando todo parece difícil.

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