Juan 16, 23b-28 – VI Sábado de Pascua

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.

Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre.»

Palabra del Señor

Comentario

Ya a las puertas de la gran Solemnidad que celebramos mañana: la Ascensión del Señor a los cielos, con la cual celebraremos el triunfo definitivo de Jesús, el triunfo que también nos incluye a nosotros porque también de alguna manera nos ha llevado al cielo junto con Él; escuchamos este lindo Evangelio para terminar la semana: «Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, Él se los concederá en mi nombre».

Jesús es nuestro abogado  ante el Padre; Jesús habiendo venido al mundo para estar con nosotros, habiéndonos amado hasta el extremo, habiéndonos abierto su corazón para que conozcamos el amor del Padre, para que conozcamos la intimidad de Dios, la comunión profunda de amor infinito y eterno entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; no sólo nos ha compartido ese amor y nos lo ha derramado en nuestros corazones, sino también que nos concede que todo aquello que pidamos en su Nombre; Él nos lo dará.

¿Y qué es lo mejor que podemos pedir al Señor en consonancia con lo que venimos meditando con los evangelios de esta semana? «Pidan y recibirán y tendrán una alegría que será perfecta».

Lo mejor que podemos pedir al Señor es la alegría de saber que Él está presente en nuestra vida; porque la peor tristeza –esa tristeza de la cual nos hablaba Jesús en esta semana–, de la cual Jesús les hablaba a sus discípulos anticipándoles que con su ausencia iban a estar tristes, es la tristeza de no tener a Dios. La peor tristeza en nuestra vida, la peor tristeza de los que conocés y ves que andan por la vida como muertos vivos porque no comprenden para qué viven; o la tristeza de aquellos que tienen todo pero no pueden terminar de encontrar la verdadera felicidad; es la tristeza de no tener a Dios, de no encontrar a Dios, de buscarlo de mil maneras equivocadas sin encontrarlo. Es la tristeza del hombre que vive para sí mismo, es la tristeza del hombre que vive volcado hacia afuera, hacia su trabajo, hacia sus proyectos, hacia sus ambiciones, hacia sus egoísmos; pero no hacia Dios que se ha hecho Hombre por nosotros.

Esa es la peor tristeza de nuestra vida. Y esa es la tristeza que a veces vos y yo tenemos y no nos damos cuenta, y es porque estamos buscando mal; no estamos teniendo a Jesús como Camino, Verdad y Vida, como eje central de nuestra vida, con un deseo profundo de seguir buscándolo en cada cosa que hacemos.

Por eso lo mejor que podemos pedir es que esa tristeza se convierta en alegría; lo mejor que podemos pedir es que la tristeza se convierta en la certeza de que Él está con nosotros, que Él nos sostiene y que a pesar de todo Él siempre está a nuestro lado. En definitiva: en tener la certeza de que nuestra fe consiste en creer en un Dios vivo y resucitado, que sigue actuando en la vida de cada uno de nosotros.

“Pedí, pedí y recibirás”…

Pedí lo mejor que puede pedir un cristiano; pedí no cosas sino el amor de Jesús, poder experimentar el amor de Jesús, y que ese amor lo puedas derramar hacia otras personas. Pedí el amor de Jesús para aquellos que viven tristes, pedí lo mejor que se puede pedir…

Ojalá que este fin de semana puedas experimentar esa verdadera alegría que proviene de sentir la presencia de un Jesús que está vivo, que sigue actuando, que nos ama, que nos llena de sus dones, que nos llena de bendiciones.

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