Juan 3, 13-17 – Fiesta de la Exaltación de la Cruz

Jesús dijo a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

Palabra del Señor

Comentario

“Tus preceptos son para mí canciones mientras vivo en el destierro” dice el salmo 118. Otro versículo que quiero dejarte para saborear, para profundizar y poder apropiarse de estas palabras.

Una forma de empezar podría ser leerlo en forma interrogativa: ¿Tus preceptos son para mí canciones mientras vivo en el destierro? ¿Nos pasa esto con la Palabra de Dios? ¿Son para nosotros las palabras que salen de la boca de Dios como lindas canciones? ¿O son como un canto más?

Los preceptos de Dios son sus palabras, que de mil maneras quieren hacernos vibrar como vibramos con la mejor canción, con esa canción que más nos gusta. Las Palabras de Dios son la mejor canción mientras vivimos en este mundo; tienen que ser nuestra mejor canción.

Lo que pasa es que el canto de Dios es a varias voces, y hay que saber escucharlo. La Palabra de Dios es como una gran sinfonía que hay que ir aprendiendo a escuchar y disfrutar.

Hoy se nos propone esto: que la Palabra de Dios sea la mejor canción de toda tu vida. Tratá de escuchar canciones que te enriquezcan y te alimenten.

Y hoy celebramos en toda la Iglesia una fiesta muy especial la de la exaltación de la Cruz, y en nuestro país, especialmente en Salta; la fiesta del Señor del Milagro; una verdadera fiesta popular de fe de todo un pueblo y también de muchas partes de nuestro país.

¿Y qué significa esto de exaltar la Cruz? Antes que nada, te propongo algo –y también me lo propongo a mí– seguro que tenés ahí a mano alguna cruz, estamos llenos de cruces en nuestra vida, pero no me refiero a los sufrimientos de nuestra vida sino a la cruz que alguna vez te regalaron, esa cruz que llevás colgada en el pecho, esa cruz que también te la colgaste y muchas veces te olvidás, o la cruz que cuelga de tu Rosario. Agarrala fuerte. También puedes mirar la cruz que tenés colgada en la pared de tu habitación, de tu cocina, del comedor; mirala ahora fijamente y si podés bajarla para abrazarla, hacelo. Si estás viajando en el auto por ahí tenés una cruz, agarrala también; si vas viajando en algún medio de transporte mirá para todos lados, en algún lugar vas a encontrar una cruz. La cruz está presente en todos lados y si no la ves imaginala. Si estás con tus hijos escuchando esto, animalos a hacer este ejercicio.

La cruz es el signo más amado por los que amamos a Cristo. Y cuantas veces nos olvidamos de esta verdad tan linda. Mientras tenés ahora la cruz en tus manos, o mientras la estás mirando; pensá en estas palabras de algo de Evangelio de hoy.

“Sí; Dios amó tanto al mundo que entregó a su hijo único” “…era necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto”, era necesario que esté en la cruz.

Sí; la cruz la exaltamos para no olvidar, para no olvidarnos de tanto amor, no es para recordar tanto dolor –como nos critican a veces a los católicos– aunque en realidad son dos cosas inseparables; tanto dolor, pero por un amor más inmenso todavía.

¿Y cómo vamos a esconder algo tan grande? Es imposible. Imagínate que la persona que más amás en este mundo y la que más te ama muere por vos, da su vida a cambio de la tuya, para salvarte, ¿qué harías?

¿No estarías orgulloso de esa demostración de amor tan grande? ¿Esconderías lo que hizo ese amigo tuyo, o lo contarías? Sería imposible de ocultar la alegría y el orgullo de tener un amigo así, o una amiga de esa manera.

Algo así –pero mucho más todavía– es lo que vivimos los cristianos con la cruz.

Esa cruz que tenés en la mano, representa el dolor, el sufrimiento por tanta maldad; pero el hombre crucificado, Cristo, es la expresión del amor más grande que podés imaginar. ¿Se puede ocultar?

Hoy no sueltes la cruz, no dejes de mirarla, mirala distinto, mirala con más profundidad, mirala con cariño, porque si crees en ese amor no vas a morir; vas a vivir en la vida eterna, una vida distinta, una vida más plena.

Que hoy cada una de las cruces que te encuentres a lo largo del día te ayuden a profundizar estas palabras del Evangelio de hoy.

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