Juan 6, 16-21 – II Sábado de Pascua

 

 

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.

Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: «Soy yo, no teman.»

Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

Palabra del Señor

Resumen II semana de Pascua

No te olvides en esta semana que la Pascua es “volver a nacer”, y estamos en tiempo de Pascua. Siempre se puede volver a nacer en lo espiritual. Nunca pienses que estás “muerto”, nunca pienses que aunque tengas muchos años o estés enfermo y tu cuerpo no pueda más; no pienses que no podés volver a nacer. Todos nosotros podemos volver a renacer de lo alto, podemos creer más, tener más vida y ser más felices. Y hay que volver a maravillarse siempre, una vez más de que Dios nos haya amado tanto; nos haya amado primero y nos haya enviado a su Hijo para enseñarnos a vivir como hijos amados por Él; para perdonarnos los pecados y ayudarnos a dejar el pecado que nos sigue atormentando.

Hoy también como hicimos en la semana intentemos hablarle a Jesús como lo que es: como nuestro Salvador, nuestro hermano mayor; aquel que vino a darnos vida y no a condenarnos, aquel que nos vino a dar luz para poder ver bien. Todo lo que pidamos en su Nombre al Padre; Él nos lo concederá. Pidamos creer en esto, pidamos creer en Él, pidamos renacer  una vez más, pidamos seguir creyendo para que la vida no se haga tan pesada, para que la muerte no apague el sentido de nuestra vida, para que el sufrimiento no sea la ultima palabra, para que el amor sea el motor de cada cosa que hacemos; para que Jesús sea el centro de nuestra vida, para poder animar al triste y consolar al afligido, para seguir amando aunque a veces nos cansemos…

“Jesús, que nos pase de todo; pero que no nos cansemos” —le decíamos el miércoles al Señor.

Y el jueves nos preguntábamos si nos damos cuenta porqué es tan importante escuchar; oír hablar a Jesús y oír hablar de Jesús? ¿Nos damos cuenta de por qué creer en Jesús nos hace veraces, de por qué creer en sus palabras nos da Vida Eterna? Porque no hay otra palabra de Dios Padre para nosotros que no sea una palabra de amor, de verdad, de consuelo, de ánimo, de corrección, de perdón, de reproche cariñoso. Todo para nuestro bien; todo para andar en la verdad y para amar.

​Por eso no nos cansemos de escuchar. No nos cansemos de oír. Si escuchamos con constancia la Palabra de Dios; cuando menos nos demos cuenta tendremos más Vida. No nos cansemos de escuchar –decíamos muchas veces esta semana–; porque es feliz el que cree sin haber visto, el que sigue insistiendo, el que sigue escuchando. Y la fe nos viene por los oídos.

Nuestro Pan del alma –decíamos ayer– nuestro Pan que alimenta el espíritu no puede ser sino el mismo Dios; porque nada nos puede saciar sino sólo Dios. Somos “insaciables” sólo nos sacia lo superabundante y eso sólo puede venir de Dios.

¿Y dónde encontramos a Dios? En Jesús. Inevitablemente tenemos que ir hacia Él, porque Él es el enviado del Padre para que creamos; Él es el Pan del mundo, el alimento que nos da la Vida eterna, el alimento de todos los hambrientos.

Ahora… ¿cómo podemos alimentarnos de Jesús, vivir de tal manera que Él mismo se convierta en nuestro verdadero Pan? Aceptando y creyendo estas palabras; meditando todos los días la Palabra de Dios, viviéndola, haciéndola carne, amando en tu metro cuadrado cotidiano, encontrando lo grande en lo sencillo.

Que esta semana hayamos encontrado un poco más de fe en Jesús, que es el Pan de nuestra vida, el que nos da la Vida eterna, el que nos señala el camino; creyendo en Jesús, creyendo que Él está en cada cosa que hacemos, creyendo que Él está en cada Eucaristía, en cada persona que necesita nuestro amor.

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