Lc 1, 39-45 – 21 de diciembre – Feria de adviento

 

 

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

Palabra del Señor

Comentario

Hoy te hago una propuesta, algo así como un ejercicio que nos ayude a profundizar este evangelio de hoy, aunque al principio te parezca que no tiene nada que ver. Van algunas preguntas: ¿Quiénes son las personas más importantes de tu vida? Pensalo unos segundos, pueden ser varias, pero pensá en ellas y si tenés un poco de tiempo escribí en un papel sus nombres. Pero no pienses en las que fueron importantes alguna vez, no es un ejercicio para caer en la tristeza, sino pensá en las que hoy están presentes. Después de tener claro quiénes son, pensá y si querés anotá, qué les regalarías en esta navidad con tus ingresos habituales, con el dinero que realmente tenés y podés gastar. Ahora… sigue otra pregunta: ¿Qué les regalarías si te ganas la lotería y tenés toda la plata del mundo, sino tenés restricciones para elegir? Si podés anotá el súper-regalo que le harías para que te deleites un poco soñando. Y la última es un poco más fuerte: ¿Qué les regalarías si te dicen que será la última navidad que los veas, la última navidad que pasen juntos? Me imagino como cambió tu cara, y espero que haya cambiado tu estilo de regalo en el que estás pensando.

Ahora… ¿Vale la pena que le regales algo material si será la última navidad juntos? Hagamos este ejercicio, es lindo, es interesante para que reflexionemos. No sé qué estarás pensando. Creo que no quiere decir que no nos regalemos nada, pero si me parece que quiere decir que pensemos un poco en lo que hacemos. ¿Para qué regalamos y qué regalamos cuando regalamos? Mientras en estos días en la mayor parte de los lugares del mundo la gente corre para ver qué va a comprar, se desvive pensando qué le vendrá bien al otro para regalarle, mientras tanto… hay miles de personas que realmente necesitan un regalo que no “cuesta plata”, que es gratis, pero cuesta mucho más, mucho más corazón, porque cuesta amor, cuesta corazón. Hay millones de personas, entre las que estamos también vos y yo, que lo que necesitan no es algo material, sino que necesitan amor.

En estos días, vamos a celebrar la fiesta del mayor regalo que pudo haber recibido este mundo, la fiesta del “Dios con nosotros”. La historia de la salvación nos enseña que llegó un momento en el que Dios ya no quiso enviar más mensajeros, no quiso enviar más profetas, un anuncio traído por otro, ni siquiera regalos materiales ni mucho menos. Quiso venir Él mismo, quiso hacerse hombre para que nos demos cuenta que lo que vale finalmente en la vida, es su “Presencia” y todo lo que ella trae y no tanto lo que llevamos en las manos. ¿Podremos entenderlo en esta navidad? ¿Podremos transmitir esto a nuestros hijos, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros grupos, en nuestros ambientes? Qué difícil que es, que complicado es desterrar todo lo que nos invadió en estas últimas décadas. Nos robaron todo, hasta el nombre de la navidad. Le pusieron “las fiestas”. Nos robaron a Jesús y lo reemplazaron por un gordito vestido de rojo, nos robaron la misa a la medianoche y la reemplazaron por un brindis vacío de contenido… Mejor dicho… ¿nos robaron o nos dejamos robar?

En estos días, especialmente, hay personas que más que regalos necesitan “presencias”, presencias que traigan amor y no cosas. El amor no es una cosa, y la prueba está que en momentos límites de la vida, lo único que nos interesa si tenemos un poco de corazón es amar y ser amados. Como hizo María en algo del evangelio de hoy. Caminó 120 km para a visitar a su prima que necesitaba de la presencia de ella y de Jesús, aunque todavía no había nacido. Porque cuando salimos de nosotros mismos, para ir a estar con otros y no llevamos nada en las manos, reluce lo mejor que podemos llevar, a Jesús, al amor. Si María hubiese llevado algo en sus manos, difícilmente se hubiese percibido la presencia de Jesús en su vientre. María va con las manos vacías, pero el corazón lleno de Jesús. Cuantas más cosas llevamos en las manos, cuantas más cosas materiales pensamos que tenemos que dar para demostrar el amor, en el fondo lo que estamos haciendo es “opacar” el amor. El amor es gratuito, no se compra ni se vende. Se da y se recibe gratuitamente. El amor lo llevamos en nosotros, no en las cosas. Cuando lo único que llevamos en nosotros es “cosas en las manos y la billetera”, el que nos recibe espera lo de nuestras manos, lo distraemos de lo esencial. En cambio, cuando no solo llevamos “cosas en las manos” y las “cosas en las manos” que podemos llevar son solo una excusa para acercarnos, sino que además llevamos corazón, llevamos amor y amor de Jesús, la persona no solo recibe cosas, sino que recibe lo mejor que puede recibir y lo mejor que podemos darle. A Jesús. Eso hizo María. Le llevó el mejor regalo que podía llevarle a su prima y a Juan Bautista, a Jesús.

Terminemos hoy rezando juntos, como nos salga, pidiendo lo esencial a nuestra Madre y Madre del Amor.

«María: rogá por nosotros que a veces nos confundimos y queremos regalar solo “cosas” sin darnos a nosotros mismos. María rogá por nosotros, para que nos demos cuenta que siempre puede ser nuestra última navidad y los demás no quieren cosas nuestras, sino nuestro amor. María rogá por los que están abandonados y nadie les regala su presencia, nadie les regala amor, para que algún hijo de Dios tenga compasión y se acerque a él»

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