Lc 10, 13-16 – 6 de octubre – XXVI Viernes durante el año

 

 

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió.

Palabra del Señor

Comentario

Hay muchos cristianos que no les gusta escuchar que “los publicanos – los corruptos – y las prostitutas llegan antes al Reino de los Cielos” No es fácil digerir esa posibilidad, de que alguien totalmente desviado del camino, alguien despreciado por su forma de actuar, pueda arrepentirse y andar a la par de alguien que se esfuerza día a día por ser mejor. No es fácil abrirse a la bondad de Dios, a la bondad de un Dios que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda. Uno a veces da por sentado y se cree que entiende y ama a Dios, como Él es, pero no te creas que es tan fácil. Muchos cristianos dicen amar a Dios, pero aman al Dios de sus pensamientos y no aman lo que Dios ama, que es muy distinto.

Gran parte de nuestra conversión del corazón es la conversión del pensamiento, aunque te suene raro lo que te digo. Quiero decir, que nuestro corazón se ablanda en la medida que vamos cambiando el pensamiento y adecuándolo a lo que Dios piensa, y lo que Dios piensa es lo que Jesús pensó y lo que Jesús pensó es lo que dijo mientras estuvo entre nosotros. De sus labios salieron pensamientos y sentimientos. En realidad, es difícil distinguir claramente en nosotros los pensamientos de los sentimientos, es complicado diferenciar una cosa de otra, pero en la medida que escuchamos lo que la palabra de Dios nos dice día a día, lo que pensamos y sentimos va confrontándose con la verdad y nos va ayudando a iluminar esos rincones de la vida que no queremos que les llegue la luz.

Estas palabras de Jesús que venimos reflexionando estos días, no deben chocarnos si nosotros mismos hemos experimentado el perdón, si nosotros mismos hemos caído tan “bajo” que solo Dios con su amor pudo sacarnos. Solo es compasivo el que recibió compasión. Solo es misericordioso el que fue misericordiado. Solo comprende a Dios aquel que se sintió comprendido. Y al revés, estas palabras pueden chocarte y hasta molestarte si de alguna manera te crees salvado; si te crees pulcro, si te crees superior a otros, si te crees “religioso” y mirás a los otros desde tu “caballito”. Sea donde estemos, no las escuchemos como algo más, son palabras que nos enseñan y nos llenan de esperanza para saber que siempre seremos perdonados por más “embarrados” que estemos, son palabras que nos tiene que ayudar a mirar siempre con amor a todas las personas, por más alejadas que estén.

Algo del evangelio de hoy quiero relacionarlo con lo que hablamos ayer. La Palabra de Dios escuchada, leída y meditada todos los días, nos ayuda a ver los milagros diarios del amor de Dios en nuestra vida a pesar de tanto mal, de tanta injusticia, de tanto pecado, de tanto odio, de tanta ambición, de tanta superficialidad y consumismo, de tanta sensualidad y olvido de lo esencial. Dios está presente en medio y a pesar de todo esto. Dios está presente en lo humano, en lo de cada día, no busques y esperes otra cosa. Cuando andamos todo el día pretendiendo cosas “que superan nuestra capacidad”, en el fondo, no tenemos capacidad para encontrarnos con Dios y por eso no damos frutos, por eso nuestra fe es vacía o nuestra fe se pierde en “intenciones” pero no en realidades concretas.

De eso se queja hoy Jesús en el evangelio, de que, en las ciudades, en los corazones donde mayor bien había hecho, fue en donde menos se lo valoró y comprendió. ¿Cuántas veces nosotros obramos así? ¿Cuántas veces nos olvidamos de los dones se Dios por andar en chiquitajes, por andar volando bajo sin darnos cuenta de todo lo que recibimos?

¿Por qué será? A los que menos se les dio será a los que menos se les exigirá. A los que más se les dio – Cafarnaún, Betsaida – vos y yo – será a los que más se les exigirá. ¿Nosotros en qué grupo de corazones estaremos? ¿Seremos a los que se les reproche su falta de fe y entrega o a los que se los elogie por haberse convertido, por haber cambiado? No lo sé, ni lo sabemos. Pero sí sabemos que, si estamos escuchando su palabra todos los días, tenemos un privilegio que pocos tienen. Sabemos que recibimos un gran don que tenemos que aprender a aprovechar.

Los milagros están siempre, lo que pasa es que no los vemos por falta de fe o nos acostumbramos, por exceso de amor propio. Pidamos hoy ver más de lo que vemos. Pidamos ver los milagros de cada día que muchas veces quedan ocultos a nuestros ojos y necesitamos volver a ver. ¿Qué milagro nos dejará ver hoy Jesús? O mejor dicho ¿Qué milagros podremos ver, gracias a nuestra humildad y capacidad de dejarnos sorprender?

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