Lc 10, 17-24 – 7 de octubre – XXVI Sábado durante el año

 

 

 

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre.»

El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.»

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

Palabra del Señor

Resumen

Llegar al final de la semana con deseos de seguir escuchando, es lo mejor que nos puede pasar, y puede pasarnos. Nos pasa cuando algo de lo escuchado atravesó alguna fibra del corazón, cuando lo que escuchamos pasó y dejó huella. Por eso siempre lo mejor es recordar lo escuchado, como para que no quede en la nada. Nunca te olvides que Dios habla de muchas maneras, no solo en su palabra escrita, sino también por medio de palabras y gestos de los otros.

Ayer Dios me dijo algo, una vez más, como me lo dice siempre, pero como siempre me olvido. Me llamó Alejandra. Alejandra la conocí viviendo en la calle con sus dos hijos hace ya muchos años. Pudo salir de su adicción y pudo tener su casita, pero si te contara como y donde vive no lo creerías. Siempre me busca, siempre de alguna manera me recuerda que jamás me puedo olvidar de los que sufren en serio, pero no siempre me agarra atento, con buen corazón. Ayer me llamó, me necesitaba. Me dio culpa no haber sido atento la última vez con ella. Por eso le dije: “Ale, todavía me querés a pesar de que no te recibí bien la última vez, que buena que sos. Sí, padre, yo lo quiero igual. Ah, entonces vos sos como Dios, como la Virgen, que a pesar de que nos olvidamos de ellos y no nos portamos bien a veces, siempre nos quieren. ¡Si, padre, yo lo quiero igual!” La verdad es que me dejó sin palabras y sin más palabras, te dejo con el resumen de esta semana.

El lunes en algo del Evangelio de los ángeles custodios, veíamos como los discípulos van en otra sintonía; preocupándose de grandezas humanas. Jesús sintoniza –digamos así– la “radio” del Padre, de ser Hijo, de ser Hijo de Él, de ser Hijo amado, de ser un Hijo obediente, que no busca ocupar el lugar del Padre porque sabe ubicarse. Un Hijo que no quiere independizarse por “capricho” –como nos pasa a nosotros–, un Hijo que se siente siempre comprendido, un Hijo que no siempre comprende lo que Dios le pide, pero elige obedecer hasta el final, un Hijo pequeño que depende y se siente sostenido por su Padre.

El martes Jesús era rechazado por los samaritanos e incomprendido por Juan y Santiago, sus propios amigos, tanto que Él mismo los tuvo que reprender, los tuvo que retar, porque no entendían nada. “Se dio vuelta y los reprendió” Jesús estaba decidido a ir a Jerusalén a entregar su vida y sus discípulos le hablan de “mandar fuego” sobre otros. Jesús estaba siendo rechazado por muchos, el respondía con amor y sus amigos querían guerra, querían muerte. ¿Qué raro no? Queriendo liquidar a los que piensan distinto.

El miércoles veíamos que siempre habrá una “cuota” de incomprensión en nuestra vida, para con nosotros, para con los demás y por supuesto para con los planes de Dios. Cuota que hará, que no todos nos comprendan bien y cuota de incomprensión que hará que no comprendamos todo lo que Jesús es y a lo que nos invita. ¿Pretendés comprenderlo todo? Te estás poniendo en el lugar de Dios. ¿Querés que todos te comprendan? No te estás poniendo en el lugar de los otros. Ni vos, ni yo, ni los demás somos perfectos. Solo Dios comprende todo y solo Dios elige a quién quiere ayudarle a comprender.

El jueves, no había que olvidarse de lo que dijo Jesús: “los trabajadores son pocos…”; es verdad que se refiere especialmente al sacerdocio, pero quiero hoy extenderlo a todos; a vos y a mí, a los sacerdotes, a los consagrados y a los laicos. Vos sos la Iglesia, yo soy la Iglesia. Vos sos un puente, todos somos puente. Vos sos trabajador, también trabajadora; por eso dedicá hoy con sencillez, con simpleza, a ayudar a otros y ser puente. A llevar a otros y que se den cuenta que el Reino de Dios está cerca, entre nosotros; porque donde hay amor ahí está Dios, eso es el Reino de los hijos y de los hermanos.

El viernes, Jesús se quejaba de que, en las ciudades, en los corazones donde mayor bien había hecho, fue en donde menos se lo valoró y comprendió. ¿Cuántas veces nosotros obramos así? ¿Cuántas veces nos olvidamos de los dones de Dios por andar en chiquitajes, por andar volando bajo sin darnos cuenta de todo lo que recibimos?

¿Por qué será? A los que menos se les dio será a los que menos se les exigirá. A los que más se les dio – Cafarnaún, Betsaida – vos y yo – será a los que más se les exigirá.

Share
Etiquetas: