Lc 12, 54-59 – 27 de octubre – XXVIII Viernes durante el año

 

 

Jesús dijo a la multitud:

«Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?

¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

Palabra del Señor

Comentario

Cuanto tiempo perdemos, cuanta energía gastamos, cuantas frustraciones nos ganamos, cuanto nos perdemos de ganar… cuando vivimos casi exclusivamente para darle al “César lo que es del César” y nos vamos olvidando de “darle a Dios lo que es de Dios”. Por un lado, Jesús nunca nos enseñó a ir en contra de los poderes legítimos de este mundo. Al contrario, nos enseñó a respetarlo y a darle lo que le corresponde. Leyó otro evangelio o se armó su propio evangelio quien quiere hacer quedar a Jesús como, un especie de revolucionario anarquista de estos tiempos sin más régimen que el propio. Es verdad, Jesús fue un revolucionario, pero un revolucionario en serio, el que trajo fuego a la tierra, pero el fuego del amor, porque solo por el amor se revoluciona verdaderamente nuestra vida y la de este mundo. Pero, por otro lado, nos enseñó con estas palabras, que el verdadero rey de este mundo es Dios, es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y es por eso que perdemos el tiempo, gastamos energías de más, nos llenamos de frustraciones y nos perdemos de ganar… cuando pensamos que lo temporal, lo material, lo que proviene de la organización, del progreso, lo que proviene del Estado, lo económico, las estadísticas, por decir solo algunas cosas, son las que traerán bienestar a nuestra sociedad y a nuestros corazones. Por más que vivamos en un mundo cuasi perfecto, en un país super organizado, en cuanto a su justicia social, a sus instituciones, a sus leyes, y todo lo que podamos imaginar, siempre será necesario, siempre hará falta la caridad, el amor, siempre será necesario que esté Dios. A este mundo solo lo salva la caridad, solo lo salva el amor que proviene de Dios y desciende a tu corazón y al mío, ese amor que siempre se necesita y se necesitará, porque siempre habrá una carencia para sanar, siempre. Siempre habrá algún corazón que necesita amor, por más bienes materiales y cosas solucionadas que tenga. Por eso la Iglesia, debe dedicarse a amar como ama Dios, y no solo a hacer tareas sociales vacías de amor por muy organizadas y lindas que parezcan. Por eso la Iglesia, vos y yo, debemos darle al “César lo que es del César”, cumpliendo como cualquier hijo de vecino con nuestras obligaciones como ciudadanos, pero principalmente darle a “Dios lo que es de Dios”, darle a los demás a Dios que es lo mejor que podemos darle. Cuidado con la caridad super-organizada, pero cuidadosa del contacto con el necesitado, esa caridad de guantes y mucha papelería que llenar. Alguien me contó que para salir a estar con las personas que viven en la calle, les pedían que se pongan guantes, por las dudas. ¡Qué cosa rara terminar así! Cuidado con la caridad burocrática llena de miedos y barreras para poner, que más que buscar el bien del que se acerca, busca salvarse de posibles juicios. Cuidado de la evangelización llena de “cosas de este mundo” pero vacía de contenido. Cuidado con la evangelización de “elite” donde solo pueden llegar los que tienen “con qué” o los que pagan más. Cuidado con la evangelización de “selección” que elige quienes son dignos de recibir el mensaje. Cuidado con no darle a “Dios lo que es de Dios”, nos hace muy mal a todos, a los que decimos que amamos a Dios, y a los que pretendemos que amen a Dios.

Sé que me excedí un poco con este tema, pero creo que tiene que ver con algo del evangelio de hoy, en donde Jesús les reprocha la hipocresía por saber discernir con tanta claridad lo que ven con sus ojos, el tiempo meteorológico y no el tiempo presente, y no lo que es justo. Todos andamos muchas veces por este mundo reclamando justicia, o nos enojamos por las injusticias, y es bueno, es necesario. Muchos reclaman sus derechos, y está bien. Pero cuidado, porque ¿quién de nosotros reconoce los deberes que no siempre cumple? “Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel” El primero que merece justicia es nuestro Padre del cielo, que desea que todos sus hijos lo amen y vivan en paz. Y por eso, es bueno y necesario que le reclamemos a este mundo, a los demás que sean justos, que le reclamemos a los gobernantes que sean justos, pero al mismo tiempo o antes, debemos ser justos nosotros mismos, en cada detalle, en cada momento, en cada relación humana, porque sino estaremos reclamando algo que ni siquiera nosotros mismos vivimos ni cumplimos.

Sepamos discernir que Dios se merece ser amado siempre y no “de a ratos”, es justo que lo amemos y le entreguemos nuestro corazón. Solo es feliz el que pone su confianza en el Señor, el que no lucha tanto porque los demás sean justos con él mismo, sino, el que se desvive por ser justo con los demás y con su Padre del cielo, como lo hizo Jesús, que cuando tuvo que darle al César lo que era del César lo hizo, pagando su impuesto, pero principalmente le dio a su Padre lo que era de su Padre, entregando su propia vida en la cruz por nosotros y por amor. Jesús mismo es la síntesis del que supo discernir y supo darle a cada uno lo que le correspondía. Sigamos ese mismo camino.

Share
Etiquetas: