Lc 17, 20-25 – 16 de noviembre – XXXII Jueves durante el año

 

 

Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: «El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: “Está aquí” o “Está allí.” Porque el Reino de Dios está entre ustedes.»

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: “Está aquí” o “Está allí”, pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.

Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.»

Palabra del Señor

Comentario

No suena muy lindo que Jesús nos diga que podemos vivir esta vida como necios o como prudentes, como tontos o inteligentes. La parábola del domingo nos presentaba esas dos posibilidades, esos dos caminos, no había intermedios. Las jóvenes necias y las prudentes, mitad y mitad. Nosotros podríamos decir, cristianos necios o prudentes, discípulos tontos o inteligentes. Nos guste o no, nos guste escucharlo o no, la cuestión es así, después podremos o no escucharlo, pero es así. Son muchísimos los simbolismos de esa parábola y el sentido que se le puede dar a cada detalle, sobre qué significa cada cosa: las necias y las prudentes, sobré lo que simbolizan las lámparas, el aceite, el hecho de llevar o no el aceite necesario, el quedarse dormidas, el salir a pedir aceite de emergencia, el no querer compartir el aceite propio, la espera del esposo, la llegada y el llamado repentino, el hecho de que se cierre la puerta y desconozca a las necias y así muchas cosas más. Como verás, la riqueza de la palabra de Dios es inagotable y nunca se acabará.

Pero solo me animo a agregarte algo más y es el hecho de que Jesús nos muestra dos posibilidades o dos modos de vivir la vida de fe, porque en definitiva dormirnos en la espera es normal, es parte de la vida, de hecho, se duermen las diez, pero la diferencia está en haberse provisto del aceite, en guardarse “luz” para el encuentro, en valorar la venida del esposo, en saber que será un encuentro con Jesús y no cualquier otra cosa. Sería en tomarse en serio la vida o solo esperar que pase. Tomarse en serio la vida eterna, sabiendo que todo lo que hacemos acá vale la pena y se tendrá en cuenta. No tiene sentido desaprovechar todo lo que podemos hacer hoy pensando que después podremos “avivarnos” al final para zafar. Una cosa es la misericordia, y otra es ser necio y hacerse pasar por inteligente.

De algo del evangelio de hoy Jesús nos deja una enseñanza profunda que muchas veces dejamos de lado y que se relaciona con lo que venimos meditando. El Reino de Dios ya está, ya llegó, pero también por la fe sabemos que llegará algún día a ser pleno. La Resurrección ya se dio y se da en cada uno de nosotros, pero se dará plenamente al final de los tiempos.

No solo hay que esperarlo, no solo hay que saber esperar, sino que hay que saber mirar el hoy, el ahora. Solo podrá percibir su llegada cuando venga el final de los tiempos aquel que ha sabido encontrarlo ahora, entre nosotros. Aquel que está atento siempre, lel prudente, y se empieza a dar cuenta de que el Reino no está allá o más allá, sino que está acá entre nosotros. Por ejemplo, ahora mientras hacemos el esfuerzo por escuchar la Palabra de Dios, ahora mientras estás viajando y estás rezando interiormente para ver un mundo mejor, mientras estás viendo alguien necesitado y tenés ganas de ayudarlo, mientras llevás a tus hijos al colegio o la escuela, mientras entrás a trabajar y tenés la oportunidad de arrancar con una sonrisa. Miles de maneras de hacer presente el Reino de Dios. Porque en definitiva el Reinado de Dios está cuando hay un Rey y alguien que lo escucha, lo ama y lo sigue. Dios Padre Reina cuando alguien lo deja reinar y ese alguien hoy tenemos que ser vos y yo. No esperemos que sea otro. No vale la pena estar esperando que sean otros los que escuchen y amen a Dios. Somos nosotros, somos muchos los que escuchamos a Dios todos los días, somos muchos los que decidimos creer y seguir a Jesús. Todo un desafío, toda una oportunidad.

Dice Jesús que el Reino no vendrá ostensiblemente, no vendrá espectacularmente, no vendrá a lo Hollywood. No esperes la llegada del Reino como las películas apocalípticas de EEUU. Esa aclaración de Jesús vale tanto para la venida definitiva de Jesús (lo que a veces se llama terriblemente como el fin del mundo, pero para nosotros sería el inicio de la Vida con mayúscula) como para la experiencia del Reino que tenemos cada día. El que busca encontrar a Dios y su Reinado en lo ostensible, mejor que se dedique a otra cosa, porque le va a ir muy mal. Así como Jesús pasó casi desapercibido en este mundo e incluso cuando resucitó solo se dejó ver por algunos, de la misma manera hoy Jesús está, pero cuesta verlo. No le gusta el show, no le gusta lo espectacular. No le gustó estando acá, menos le gusta ahora. Sin embargo, nosotros a veces seguimos buscando lo ostensible.   También a Jesús le pasó estando con nosotros en la tierra, que muchos pretendían que se muestre a lo “grande”. Herodes le pedía que le haga milagros, y muchos le pidieron milagros para creer, aun cuando sabían que había hecho muchos. Lo mismo se repite hoy, lo mismo puede pretender hoy nuestro pobre corazón. No nos dejemos llevar por eso, aprendamos a seguir el estilo de Jesús.

Está siempre, pero no ostensiblemente. Está en la Eucaristía, en cada sagrario y en cada misa, está en cada uno de nosotros y especialmente en los pobres. Está, pero no corras a buscarlo, mejor frenate y aprende a encontrarlo en tu lugar.

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