Lc 18, 1-8 – 18 de noviembre – XXXII Sábado durante el año

 

 

Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:

«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: “Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario.”

Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: “Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme.”»

Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.

Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

“Dios pone casi todo, vos ponés casi nada… pero Dios no pone su casi todo, si vos no ponés tu casi nada” Me gustó mucho esta frase que escuché en estos días. Sería para profundizar muchísimo porque habla del misterio de la gracia, de los dones y regalos que nos llegan de Dios, entre tantos medios, a través de la oración, pero al mismo tiempo, y no menos importante, la cooperación humana que debemos tener en cuenta para recibir aquello que pedimos y Dios quiere darnos. Alguna vez la podremos retomar en algún audio, pero no quería dejar de decirla así no me la olvido. Pero trasladémoslo a esto de escuchar día a día la palabra de Dios. La palabra es casi todo, nuestro oído y corazón casi nada. En la palabra de Dios está casi todo, lo que digo como sacerdote es casi nada. Dios pone casi todo y todos los días. Ahora… si vos y yo no ponemos nuestro casi nada, no pasará nada. Si los sacerdotes no predicamos todos los días, algo que es casi nada, si vos no escuchás todos los días y hacés un esfuerzo por comprender, por más que Dios ponga todo, no pasará nada en nuestro corazón. Hacer los audios con la palabra de cada día, es casi nada, Dios pone casi todo. Que vos escuches y hagas un clic para enviarlo es casi nada Dios pone todo lo demás. Este sábado vamos juntos a poner nuestro… casi nada.

El lunes decíamos que, si vos o yo pecamos, algo que nos pasa seguido a todos, tenemos que aprender a reconocerlo cuando alguien nos corrige y una vez corregidos nuestro deber es pedir perdón a quien sea necesario. “Si tuviéramos la fe de un grano de mostaza” viviríamos siempre preparados, esperando al Señor en cada cosa, con un corazón alerta y siempre dispuesto a perdonar.

El martes era fuerte lo que nos planteaba Jesús: Por eso, si estás realizando algún servicio de amor, en la Iglesia, o en alguna institución, y estás esperando que te agradezcan, todavía no entendiste todo el evangelio. Si querés empezar a servir en algún lado, tené en cuenta esto del evangelio. Somos simples servidores, y por gracia de Dios, ¿qué más necesitamos? Si amás a tu mujer, a tu marido, a tus hijos, esperando que agradezcan “todo tu amor” tan generoso y gratuito, es porque todavía estás aprendiendo a amar, estás en camino, como lo estamos todos en realidad.

El miércoles me gustaba remarcarte esa pregunta de Jesús: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? ¿Los otros nueve dónde están?». ¿Dónde está la gente que es curada por Jesús, que le ha pedido a Jesús insistentemente algo y después desaparece…? podríamos preguntarnos nosotros. ¿Dónde estamos nosotros los que alguna vez fuimos curados? ¿Tenemos esta vivencia de la fe del samaritano?  Y te proponía que pensemos en tres características de la fe, que nos pueden ayudar a ver si tenemos una fe madura, completa, una fe plena, una fe que salva; no solamente una fe que cura, sino una fe que nos hace levantarnos y nos hace vivir salvados. Las características eran, la confianza, el agradecimiento, y ponerse en camino.

El jueves decíamos que no solo hay que esperarlo, no solo hay que saber esperar el Reino, sino que hay que saber mirar el hoy, el ahora. Solo podrá percibir su llegada cuando venga el final de los tiempos aquel que ha sabido encontrarlo ahora, entre nosotros. Aquel que está atento siempre, el prudente, y se empieza a dar cuenta de que el Reino no está allá o más allá, sino que está acá entre nosotros. Por ejemplo, ahora mientras hacemos el esfuerzo por escuchar la Palabra de Dios, ahora mientras estás viajando y estás rezando interiormente para ver un mundo mejor, mientras estás viendo alguien necesitado y tenés ganas de ayudarlo, mientras llevás a tus hijos al colegio o la escuela, mientras entrás a trabajar y tenés la oportunidad de arrancar con una sonrisa.

Y ayer, viernes, te proponía que te imagines qué harías si hoy llegara el momento del fin del mundo, o dicho de mejor modo y más lindo, el momento de la llegada de Jesús, no ya humilde y escondido, sino glorioso y triunfante, a reinar definitivamente en el universo. ¿Qué harías? Empezamos a ver signos, empezamos a darnos cuenta que se termina todo, ¿Qué hacés? ¿Salís corriendo? ¿Para dónde? ¿Qué vas a buscar? ¿Qué buscarías que no querés perder? Todo un ejercicio personal de pensar y detectar en nosotros mismos que idea tenemos del final, de nuestra vida y del mundo, todo un desafío de reflexionar si cuando venga Jesús vamos a escapar a buscar “cosas” y personas o vamos a mirar al cielo de rodillas abriendo los brazos para dejarnos abrazar por Aquel que esperamos y amamos, sabiendo que nuestros seres queridos también serán abrazados por Él.

Share
Etiquetas: