Lc 19, 45-48 – 24 de noviembre – XXXIII Viernes durante el año

 

 

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»

Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Palabra del Señor

Comentario

Hay frases de la palabra de Dios que a simple vista parecen un poco enigmáticas, o incomprensibles, diríamos nosotros en términos alimenticios, duras de masticar y difíciles de digerir. Son palabras que se tienen que entender en el contexto de todo el relato, incluso en el contexto de toda la palabra de Dios para evitar confusiones. Lo mismo nos pasa entre nosotros, no todo lo que decimos y hacemos se entiende bien si no se tiene en cuenta el contexto y las circunstancias en las que fue dicho o hecho. Teniendo en cuenta esto, te recuerdo una frase del evangelio del domingo: “porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene” Parece una frase un poco injusta, o de alguna manera dura. ¿Cómo es eso que se le dará al que tiene más y se le quitará al que no tiene? Bueno, esto se entiende bien si entendemos la parábola en su conjunto. Si entendimos que Dios Padre nos da sus dones para que los hagamos fructificar. Si entendimos que los talentos que nos da Dios son como “semillas”, y que si se las siembra dan frutos y si no se las siembra solo sirven para alimentarse uno mismo, o a unos pocos. Esta frase se entiende pensando en el futuro, en el encuentro definitivo con Dios, en el momento de nuestra partida. No se entiende si se piensa en el hoy, creyendo que Dios nos quita lo que nos dio. Se refiere a cuando veamos cara a cara a Dios, en donde Él querrá que le mostremos todo lo que con su gracia hemos podido hacer crecer y multiplicar. El que se presente frente a Dios solo con lo que Dios le dio, se le quitará aun lo que se le dio. En cambio, el que se presente frente a su Padre con más de lo que le dio, se le dará mucho más. Quien tiene de más, quien fue generoso, Dios será más generoso todavía. Quien fue mezquino, ya no tendrá tiempo de ser generoso. Hoy es el tiempo de la generosidad, no mañana, aprovechemos para ser generosos ahora.

En algo del evangelio de hoy, vemos que Jesús siente indignación al ver convertida la casa de su Padre en una casa de comercio. Ayer Jesús lloraba, hoy se indigna. ¿Ves que Jesús siente la vida, tiene sentimientos y no los esquiva? Esto no es sentimentalismo, es realidad, es la palabra de Dios. Jesús sintió como hombre, vivió como hombre, sineescaparle a nada, excepto al pecado.  Pasaron por su corazón sentimientos que lo hicieron reaccionar ante diferentes situaciones, a veces llorando, otras indignado y seguro, imagino que muchas veces riendo (aunque el evangelio no lo dice explícitamente). Pero su corazón siempre estuvo ordenado, sintió, pero no fue esclavo de sus sentimientos, sino que sus sentimientos eran auténticos, mostraban perfectamente lo que su corazón vivía y pensaba y supo siempre conducirlos a un bien. No tenía el corazón dividido como nos pasa a nosotros que a veces ni sabemos por qué sentimos lo que sentimos, ni entendemos porque muchas veces pensamos lo que pensamos.

Al expulsar los vendedores del templo, se enojó cuando se tenía que enojar y en la medida justa en la que lo tenía que hacer, pero siempre manteniendo dominio de sí mismo. A nosotros nos cuesta muchísimo, a veces nos enojamos cuando no nos tenemos que enojar o nos enojamos demasiado para lo que realmente pasó o bien no nos enojamos cuando nos deberíamos enojar. El sentimiento de enojo no es malo en sí mismo, no hay que tener miedo al enojo, hay que aprender a escuchar el corazón y equilibrar. Un sacerdote amigo siempre me dice “no mates un mosquito con un cañón”, como diciendo no gastes demasiadas energías, ira, cólera en cosas que en realidad no son para tanto, son un mosquito, no las agrandes. ¿Cuánta energía y tiempo perdido en enojos sin sentido que en el fondo provienen de nuestro orgullo herido, nuestra soberbia y nuestro dolor por no ser tan queridos? Y al contrario ¿cuánta pasividad y pusilanimidad ante las cosas que nos deberían mover un poco el corazón, que nos deberían hacer enojar en serio?

Esto te lo dejo para que lo pienses. En el fondo, realmente en el fondo, nos enoja lo que nos interesa y nos resbala lo que no nos interesa. Esto es obvio. Ahora, nos podríamos preguntar ¿no será que lo que más nos interesa muchas veces somos nosotros mismos y por eso nos enojamos demasiado cuando en realidad deberíamos relativizar un poco las cosas? ¿No será que a veces nos importa poco el dolor de los demás, o la defensa de la verdad, de nuestra fe y por eso dejamos que las cosas se destruyan a nuestro alrededor? Dios nos habla por medio de los sentimientos, nos muestra cuan iracundos o apáticos estamos. Nos muestra en realidad por donde está nuestro corazón. Tenemos que aprender a leer que hay detrás de cada sentimiento que nos sobreviene a cada momento. Podemos aprovechar la noche para cerrar el día pensando qué sentimos y qué hicimos con esos sentimientos.

Sentir, sentiremos siempre, lo importante es saber interpretarlos, tanto para moderarlos, como para despertarlos. Podríamos decir tomando algo de la palabra de hoy, “dime que te enoja y te diré qué le importa a tu corazón” ¿Dónde está tu corazón? ¿Qué es lo que te indigna?

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