Lc 21, 29-33 – 1 de diciembre – XXXIV Viernes durante el año

 

 

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:

«Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

Palabra del Señor

Comentario

Muchas veces nos podemos preguntar o te habrás preguntado ¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida? ¿Qué es lo que Dios quiere de nosotros? ¿Qué tengo que hacer concretamente para servir? Y así, podemos pasarnos la vida intentando descifrar la voluntad de Dios, rompiéndonos la cabeza y el corazón para saber casi “matemáticamente” en donde nos quiere Dios, en donde quiere que lo sirvamos, como si fuera que su voluntad es una especie de camino ya trazado que tenemos que descubrir. ¿Te pasó alguna vez? Muchas personas, y también lo hice alguna vez yo también, vienen al sacerdote y le preguntan: ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Cómo puedo saber lo que Dios quiere de mí? Como si fuera que nosotros tenemos esa “bola mágica” de las películas en donde podemos ver el futuro y saber lo que Dios pensó para cada uno.

Es un tema muy complejo, y no podemos agotarlo en un audio, pero creo que el evangelio del domingo, y todos los evangelios, nos ayudan mucho a descifrar ese supuesto “enigma” que todos pretendemos conocer y que en realidad, ya está mil veces dicho y es más simple de lo que imaginamos. “…porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed…” ¿Qué es lo que Dios quiere de vos y de mí? Que no seamos indiferentes al sufrimiento de los demás y que al amar a los que más sufren – que puede ser tu propia familia – tenemos la posibilidad de amar al mismo Jesús. Por eso no importa tanto el qué hacemos, sino el cómo lo hacemos. Amar a los otros por amor a Jesús y con el amor de Jesús. Por eso, en el fondo no están complicado saber cuál es la voluntad de Dios, sino el cumplirla.

Todo lo que tenemos a nuestro alrededor, todo va a pasar, todo va cambiando, todo tiene su principio y su final; nuestra propia vida también, aunque sabemos que nuestra alma es inmortal. Y como todo lo que tenemos a nuestro alrededor pasara; tenemos que ponerlo en su lugar, en donde le corresponde.

Con algo del evangelio de hoy te propongo que traslademos este anuncio de Jesús de que “hay que estar atentos a su venida”, de que “hay que aprender a distinguir”, así como distinguimos en la naturaleza a través de signos y manifestaciones que hay algo que vendrá después; así mismo, te propongo y me propongo que hoy pensemos esto llevado a nuestra vida espiritual, pero concretamente en nuestro día a día, no tanto que pensemos en la “segunda venida” de Jesús; sino en las venidas continuas de Jesús a nuestra vida, a la presencia del Reino de Dios en nuestra vida, en cada cosa que hacemos.

Jesús nos invita a saber interpretar, porque ahí es en donde fallamos muchas veces: nos cuesta muchísimo interpretar que detrás de lo que vemos y hacemos, de lo que nos pasa, de lo que se nos manifiesta, de las personas, de las situaciones, de todo, tanto de lo bueno como de lo malo- detrás de todo eso, siempre está Dios, siempre hay algo bueno para aprender.

Así como a través de la Cruz de Jesús nosotros aprendemos a ver el amor que Él nos tiene; también tenemos que aprender a ver incluso en las situaciones difíciles de nuestra vida la presencia de Dios. Porque tenemos una gran capacidad para ver lo malo, tenemos una gran capacidad para juzgar las cosas malas, incluso para etiquetar situaciones y personas, juzgar, prejuzgar y sacar conclusiones de cosas que vemos, de situaciones que nos han pasado, y muchas veces somos muy implacables en mostrar las cosas malas de los demás.

¿Por qué no aprendemos a ver lo bueno? ¿Por qué no aprendemos a ver –por ejemplo– que detrás del enojo de una persona hacia nosotros, podemos darnos cuenta que puede ser una corrección para nuestra manera de ser? ¿Por qué no aprendemos a ver que detrás del enojo de tu marido, de tu mujer, de tus hijos; en el fondo lo que te están manifestando es amor? Sí, es verdad, no lo están manifestando bien; pero se puede decir que te están pidiendo, te están reclamando amor. Aprendamos a ver la bondad de las cosas que hay detrás de lo que nos pasa.

Si te pones a pensar en este día que empezás, en tu trabajo, mientras estás viajando, mientras estás haciendo las cosas de la casa; podrías empezar por levantar la mirada y darte cuenta que hay un montón de situaciones que, si las aprendés a leer mirando más allá lo que vendrá, siempre podés sacar algo bueno, siempre. Siempre, incluso del pecado; el pecado inaugura en nuestra vida el tiempo de la misericordia, el tiempo del perdón, el tiempo del nuevo acercamiento a Jesús. Por eso “hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve que no necesitan perdón”.

Y esto no es para caer en un optimismo ingenuo; sino para realmente ver la presencia de Dios en nuestra vida. Porque si no; reducimos la presencia de Dios y la experiencia de Dios a las cosas buenas y a las cosas que nosotros consideramos que son buenas. Dios está siempre, Dios está en todas partes. Solo hace falta saber descubrirlo.

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