Lc 21, 34-36 – 2 de diciembre – XXXIV Sábado durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Terminar esta semana, terminar este año litúrgico reviviendo algo de lo que escuchamos, nos hace muy bien a todos. De alguna manera, todos los días intentamos revivir lo del domingo, Jesús rey, y por supuesto el evangelio de cada día. Mañana empezamos el tiempo de adviento, mañana empezamos a transitar el tiempo de preparación para la navidad. Por eso, es lindo terminar este día poniendo a Jesús en el centro, dejando que Jesús sea ese rey bueno, tierno y misericordioso que quiere gobernar nuestro corazón a fuerza de amor. Qué lindo que es saber y experimentar que Él nos atrae, no nos fuerza, no nos obliga. Alguien me decía el otro día: “Padre, Jesús ya no me atrae” Nos puede pasar, puede pasar que el primer amor se nos apagó. Pero debemos volver siempre, debemos pedirle con el corazón que nos vuelva a atraer, que nos vuelva a enamorar, a entusiasmar estar con Él, dejar que sea nuestro rey. Empecemos a repasar.

El lunes, veíamos con Jesús que la viuda pobre dio más que nadie. Increíble la manera de “contar” de Jesús. Esta mujer dio siendo necesitada. Prefirió no acordarse de su hambre, de su sed, de su desnudez, de su enfermedad, de sus esclavitudes, quiso ser ovejita y no cabrito. No se miró a sí misma y cuidó lo poco que tenía, sino confió en que dando con el corazón nunca sería abandona por Dios. Esa es la lógica del generoso. Así piensa el que es generoso en serio. Piensa primero en el otro, y no tanto en lo que necesita él. El generoso da sabiendo que nunca será abandonado, da sabiendo que todo lo que se da se multiplica y que, así como pudo ser generoso, siempre habrá alguien generoso con él. Esa es la dinámica del amor. Eso hizo Jesús con nosotros. Eso es lo que quiere de nosotros.

El martes decíamos que nosotros los cristianos tenemos templos, para manifestar la presencia de Dios en medio del mundo, pero el verdadero templo de Dios es Jesús mismo, con su cuerpo que somos nosotros. Y por eso, aunque haya hoy una catástrofe y todos nuestros templos se vengan abajo, jamás nos quedaremos sin vínculo con nuestro Padre Dios, porque nosotros mismos somos las piedras vivas del nuevo templo que es Jesús. ¿Qué distinto no? Que distinto es saber que podemos encontrarnos con Dios en primer lugar en lo más íntimo de nosotros mismos porque ahí habita Él siempre y más que nunca cuando le dejamos estar, cuando lo dejamos reinar.

El miércoles decíamos que mientras algunos cristianos no pueden celebrar su fe con libertad, no pueden asistir a los sacramentos, nosotros por ahí nos damos el lujo de no aprovecharlos, o participar sin el corazón, sin amor. Mientras algunas familias están separadas y viven sufriendo por ser cristianos, nosotros en nuestros ambientes nos da miedo muchas veces decir que somos católicos por miedo a que se nos burlen, por miedo a no saber qué decir, por vergüenza. ¡Qué triste! ¡Qué falta de amor tenemos a veces! Mientras algún cristiano ahora está dando la vida sabiendo que su vida no se pierde, nosotros por ahí estamos perdiendo la vida en superficialidades o estamos viviendo con incoherencia nuestra fe mientras decimos que somos católicos, estamos borrando con el codo lo que decimos con los labios y alejamos a los demás de Dios Padre.

El jueves en la fiesta de San Andrés, aunque no lo decía el evangelio explícitamente, nos animábamos a decir que Andrés y los demás personajes, son capaces de dejarlo todo, inmediatamente (porque en ambos casos dice esa palabra), porque ya lo estaban esperando en su corazón. Nadie puede dejar todo si antes no está esperando algo mejor. Nadie puede cambiar de vida de esa manera, tan repentina, si en realidad en el fondo de su corazón no está deseando encontrarse con algo más grande. Si no lo pensamos así, esta escena termina siendo demasiado idealista, pero poco real, y por eso muy lejana a nuestras posibilidades. Es bien real. Fue así. Andrés dejó todo porque de hace rato andaba esperando al todo. Él y su hermano, Juan y Santiago, eran hombres muy comunes, pero que esperaban al salvador y solo por eso son capaces de dejar sus cosas y sus familias, por seguir a Jesús.

El viernes nos preguntábamos ¿Por qué no aprendemos a ver lo bueno? ¿Por qué no aprendemos a ver –por ejemplo– que detrás del enojo de una persona hacia nosotros, podemos darnos cuenta que puede ser una corrección para nuestra manera de ser? ¿Por qué no aprendemos a ver que detrás del enojo de tu marido, de tu mujer, de tus hijos; en el fondo lo que te están manifestando es amor? Sí, es verdad, no lo están manifestando bien; pero se puede decir que te están pidiendo, te están reclamando amor. Aprendamos a ver la bondad de las cosas que hay detrás de lo que nos pasa.

Share
Etiquetas: