Lc 4, 31-37 – 5 de septiembre – XXII Martes durante el año

 

 

Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!»

Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

Palabra del Señor

Comentario

“Soy el más despierto de esta Iglesia”, me dijo Johny el otro día, despues de haber dicho muy suelto de cuerpo que “lamentablemente tenemos que sufrir en esta vida”. Muy gracioso, todos nos reímos, pero también muy realista. Obviamente, la cuestión no es quedarnos con el sufrimiento, como resignadonos a que lo unico que nos queda en esta vida es sufrir. No, eso no es crisitiano. Jesús no quiere eso. Jesús quiere que amemos y que nos demos cuenta que el amor necesita entrega y renuncia, y que  muchas veces por esquivar la cruz, len el fondo lo que hacemos es esquivar el amor, o bien querer amar egoístamente, que en realidad no es amar.

Lo que escuchábamos ayer en algo del evangelio al comenzar el ministerio público de Jesús, y ese anuncio de venir a liberar a los oprimidos; hoy se pone de manifiesto en este episodio en el que Jesús actúa realmente y expulsa al demonio de esta persona.

¿Cómo lo vence? Con su palabra: «Cállate y sal de este hombre».

El diablo es el que busca dividir y mentir, el diablo es el que divide tus pensamientos, los confunde y los mezcla; divide también tus sentimientos, tu corazón; intenta que no distingas, que mezcles todo, que no sepas discernir. Acordate que la Palabra es viva y eficaz y discierne los pensamientos, del corazón y ayuda a distinguir; el diablo al contrario, busca confundir, divide tus relaciones humanas, divide a tu familia, busca que estés enemistado, que te mantengas en tu posición, en tus pensamientos, en tu lógica, en tus sentimientos, que no cambies, y aunque sean viejísimos que sigas con rencores, con broncas,  que no olvides, busca que te pelees con el de a lado, con el que estás viajando, con tu jefe, con tu compañero de trabajo, con tus hermanos, con tu marido, con tu mujer, con tu vecino; él busca eso, y te engaña y te miente para que vivas engañado y fuera de la verdad de Dios, te inclina a que pienses siempre en lo malo, que veas siempre la parte mala de la vida y no veas nada bueno.

Divide también a la sociedad, genera “mentiras nacionales”, genera pensamientos y formas de vivir que no buscan el bien de todos… genera las ideologías que producen las grietas..

Para evitar caer en sus engaños, tenemos que conocer cómo actúa y qué ha venido a vencer Jesús; y para eso es mejor no centrarse en las posesiones –como en el caso de hoy– que son pocas en realidad, sino más bien en la cotidianidad, es decir como actúa el diablo normal o cotidianamente.

Para eso y como un paréntesis, te recomiendo un libro genial de un autor que se llama Lewis, el libro se llama “Cartas del diablo a su sobrino”, donde genialmente va describiendo cómo hace el diablo para engañarnos; pero te dejo tres consejos de un gran santo, san Ignacio de Loyola, que nos enseña a poder distinguir el actuar del demonio en nuestra vida:

Primero dice que el demonio actúa como una mujer, en que se vuelve débil ante la fuerza y se hace fuerte ante la debilidad ajena; por eso ante la tentaciones y en las pruebas tenés que enfrentarlo, no tenés que tenerle miedo, tenés que rezar, tenés que enfrentarlo también con tus pensamientos, no dejarte ganar. El diablo se hace débil cuando vos te haces fuerte; por supuesto con la ayuda de Jesús, con la gracia, con la oración, con la Virgen.

Segundo: dice San Ignacio que se hace como alguien que quiere enamorar a escondidas, entonces como quiere enamorar a una persona que es prohibida busca que no se sepa ese engaño; entonces ¿el demonio también que hace?; busca que vos no hables, que te calles, que no cuentes lo que te pasa, que ocultes las cosas. ¿Cuál es la solución? Abrir el alma a alguien, abrir tu corazón, compartir esos pensamientos o dudas que te vienen, a un sacerdote, a alguien espiritual, alguien que te conozca de verdad.

Y tercero: dice que el diablo actúa como alguien que quiere conquistar una ciudad –así dice san Ignacio–, ¿y por dónde va entrar?; por el lugar más débil, es astuto no va a entrar por el lugar más fuerte. Por eso ¿por dónde te va a querer debilitar el demonio? Por tu lugar más débil, por tu lugar más flaco, por tu gran debildiad, siempre se filtrará por ahí. Como el agua, que entre por donde hay agujeros.

¿Cuál es la solución entonces? Prestá atención a tu debilidad más grande, fortalecé tu debilidad y ahí te tenés que hacer fuerte; porque si no entra por tu debilidad no va a poder entrar por ningún lado.

No hay que tener miedo; Jesús es más fuerte, Jesús hoy nos muestra su poder, hay que vencer al demonio con la palabra: “Callate y salí de acá, no molestes” Como decía san Bernardo: “Por vos no empecé esto, por vos no lo voy a dejar”.

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