Lc 5, 27-32 – 4 de marzo – VIII Sábado durante el año

 

 

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»

Palabra del Señor

Comentario

Un llamado, una crítica y una respuesta eterna de Jesús. Creo que estos tres momentos son un breve resumen del evangelio de hoy que nos puede ayudar a rezar a todos los que escuchamos diariamente la palabra de Dios.

Primero Jesús llama a un recaudador de impuestos, a un reconocido traicionero del pueblo judío. Lo llama no por ser bueno justamente, sino porque seguro vio en él algo que nadie vio. Vio el núcleo de bondad de su corazón. Nunca hay que descartar a nadie, todo hombre por más malo que parezca tiene en su interior algo que nadie ve, incluso el mismo. El único que puede ver eso y apostar a lo que nadie ve, es Jesús. Eso se ve en el Evangelio de hoy. Solo Dios se juega por nosotros cuando a veces parece que nadie lo hace. Esto es algo que no tenemos que olvidarnos nunca. Para pensarlo en nosotros y para pensarlo en los demás. No descartar nunca jamás a nadie, por más perdido que parezca.         

Después de esto Jesús termina comiendo y festejando con Leví y sus amigos pecadores. Obviamente, ¿Qué clase de amigos podía tener Leví? Parecido al refrán que dice: “Dios los cría y el viento los amontona” Bueno a Jesús no le molesta encontrar pecadores amontonados, al contrario, se mete ahí donde nadie quiere meterse. Se mete con sus discípulos. Nosotros también a veces tenemos esos prejuicios y pensamos: Mirá con quien anda ese, mirá con quien se junta. Bueno puede ser, pero depende. Es verdad que si no voy como medico a un hospital y no tengo cuidado, puedo terminar enfermándome también yo, ahora también es verdad, que puedo ir al hospital como medico a ayudar a curar a los enfermos. Los fariseos no entendían esto y por eso critican, pero al criticarlo lo elogian. Siempre la crítica proviene de una cierta ignorancia. Critican porque no saben creyendo que saben. Como vos y yo cuando criticamos. Criticamos convencidos que es justa y necesaria la crítica, pero en el fondo ignoramos algo básico y profundo, no sabemos lo que hay en el interior de cada hombre. No lo sabemos y si no lo sabemos no podemos, ni tenemos el derecho a hablar como si supiéramos. Estos fariseos no conocían el corazón de Jesús. El mundo no conoce el corazón de Dios y por eso lo critica. Nosotros no conocemos el corazón de los demás como para opinar tan libremente.

Por eso la respuesta de Jesús pinta como es el corazón de un Dios que generalmente es criticado por ser bueno. Para este mundo ser bueno se convierte en motivo de crítica, en un problema. “No seas tan bueno” nos dicen algunos o algunos padres les enseñan a sus hijos. Dios vino a mostrar que es bueno, que puede sentarse a la mesa con todos y que viene como médico de nosotros que estamos enfermos y a veces andamos como si no lo estuviéramos. Tanto Leví, como sus amigos, como los fariseos, todos están enfermos. Unos con enfermedades visibles y otros con enfermedades ocultas. Todos sufrimos enfermedades y por eso en vez de ver las enfermedades de los demás olvidándonos las nuestras, en vez de enojarnos porque Jesús cura a los que parece que no lo merecen, en vez de creernos que no necesitamos médico, aprovechemos que Jesús se sienta a la mesa con cualquiera, con todos para estar con Él.

Esta es la conversión que todos necesitamos, cercanos y alejados. Porque en definitiva algún día todos terminaremos comiendo en la misma mesa, si de verdad aprendimos a dejarnos curar por Dios. Mientras tanto no señalemos a nadie, no vaya ser que Dios lo llame y yo me quede mirando de lejos como disfrutan algo que me estoy perdiendo. Mientras tanto, vivamos esta cuaresma convencidos de que necesitamos del mejor médico del mundo que anda recorriendo el hospital de la vida buscando a quien curar. Hoy levantemos la mano para decirle: Yo tengo necesidad de medico. Yo tengo la necesidad de ser curado.

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