Lc 8, 1-3 – 22 de septiembre – XXIV Viernes durante el año

 

 

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes

Palabra del Señor

Comentario

¿Te acordás del salmo que citamos esta semana?

“Tus preceptos son para mí canciones mientras vivo en el destierro”.

En estos días nos animamos a preguntarnos: ¿Son para nosotros los preceptos, las Palabras de Dios como canciones? Porque te habrás dado cuenta, que las canciones en nuestra vida, tienen como esa capacidad de transportarnos a lugares, a situaciones, a esos momentos, esas vivencias que nunca olvidamos. Cuando algo fue importante para nosotros en la vida, no lo olvidamos jamás y cuando una canción nos marca es porque pasó algo junto con ella; o sea, las canciones se vinculan a una vivencia que nos marcó en la vida.

Bueno, lo mismo queremos y pedimos que nos pase hoy con las palabras de Dios, con las palabras de Jesús; que al decirnos algo, que al tocar algo de nuestra interioridad, de nuestra vida concreta, de lo que hacés cada día, de tu trabajo, de tus afectos, de tu familia, de tu apostolado, de lo que te gusta y lo que no te gusta tanto; que al tocar esa realidad que Dios quiere tocar con la Palabra, esta Palabra se transforme en una canción inolvidable para nosotros mientras vivimos en este destierro; mientras vivimos entre tantas cosas, tanto ruido y sonidos que no tienen a Dios. Me animo a contarte algo que alguien que escucha los audios me contó, me dijo algo así: “Quería decirte lo que me produjo la palabra del evangelio del lunes, primero se me quedaron grabadas tus palabras en la intención de volver al Evangelio, y cuando lo hice….guau no sabes el efecto que tuvo. Es como si de pronto se clavaran las palabras en mi corazón y realmente me lastimaran, me detuve ahí, en eso que no hubiese pensado jamás… En ese detalle… Y fue como espada de dos filos… Dios se reveló ante mí en su palabra. ¡Y ahora, por fin entiendo porque Él es LA PALABRA, entiendo por qué no nos dejó solos, se quedó en el evangelio en la eucaristía, padre está VIVO! Está con nosotros de manera presente y real” Una maravilla… ¿Se necesita agregar algo más?

Hoy escuchamos en algo del Evangelio a un Jesús “movedizo”, un Jesús que no se queda quieto, un Jesús que va de acá para allá, recorre pueblos y ciudades.     Hay algo muy claro en el Evangelio de hoy –en todo el Evangelio–, cuando Jesús empezó a evangelizar, cuando Jesús se decidió a salir; se lo tomó en serio, no paró, no se quedó quieto, fue en busca de las personas. Las fue a buscar en sus dolores, en sus necesidades, en sus enfermedades, fue a donde estaban las personas. No se quedó detrás de un escritorio esperando que la gente llegue, Jesús no fue un vago a la espera de la gente, hasta que a la gente se le ocurriera acercarse a Él.

¿Cuánto nos enseña esto hoy a todos, no? Desde el Papa, los obispos, sacerdotes, hasta todo el pueblo de Dios.

Otra cosa es que Jesús no va solo, podría haberlo hecho solo pero no quiso hacerlo solo. Sí, Jesús siendo Dios no eligió andar solo como un ermitaño, o como diríamos hoy como un francotirador –tirando tiros al aire–, Jesús anduvo con los doce que Él había elegido y también  con muchas mujeres que le ayudaron, muchas mujeres sanadas por Él.

O sea Jesús rompió todos los esquemas de la época al tener discípulas mujeres; no era propio de la época hacer eso, al revés, era escandaloso.

Ya sabemos que Jesús eligió a los doce que serán los primeros sacerdotes, los elegidos para celebrar después los sacramentos, para guiar a las futuras comunidades.

Pero ¿y las mujeres?, son mayoría; en realidad –decía el Papa Francisco–, los laicos son la inmensa mayoría del pueblo de Dios.

Mujeres que están escuchando este audio: ustedes tienen una gran tarea en la Iglesia; ustedes estuvieron cerca de Jesús, están cerca de Jesús, ustedes tienen una tarea en la Iglesia como la tuvieron en vida de Jesús; el rol de ustedes es indispensable en la Iglesia porque ustedes aportan cosas distintas a la familia, a la Iglesia, a la sociedad, que no podemos dar por ejemplo los sacerdotes, los varones.

Imagino a las mujeres amigas de Jesús aportando infinidad de detalles, además de sus bienes como dice el Evangelio de hoy, que aunque no están escritas seguro que fueron así.

Decía el Papa también que de hecho una mujer; María, es más importante que los apóstoles –que los mismos obispos–, así que esto es para pensar; no para contraponer, ni para desunir; sino para unir, para sumar, para crear más, entre tantos miembros de la Iglesia.

Y en este Evangelio entonces podemos contemplar el comienzo de lo que será, es y debe ser la Iglesia: una gran familia formada por hombres y mujeres con diferentes funciones, pero iguales en dignidad, siguiendo a Jesús.

Y como seguimos a Jesús no podemos estar quietos, si nos quedamos quietos; si esperamos a la gente, nos vamos a cansar de vernos las caras, nos aburriremos entre nosotros.

Si tu parroquia, tu grupo de oración, si tu movimiento; se quedan encerrados, no corren, no salen a buscar a las personas que están destrozadas por la vida, ¿de qué tipo de Iglesia estamos hablando? Nos vamos a enfermar de egocentrismo. Hay que salir, ser movedizos. No puede haber una comunidad cristiana que no salga, que se quede quieta.

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