Lc 9, 22-25 – 2 de marzo – VIII Jueves durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué alegría más grande es empezar esta cuaresma con libertad, con decisión, no por ritualismo vacío! ¡Qué lindo es empezarla con amor, con un amor no viciado por el “qué dirán”, por la obligación impuesta desde afuera o incluso por una religiosidad vacía, de pura cáscara! Ayer cuando tuve la gracia de celebrar la Misa del miércoles de ceniza y me encontré con la Iglesia llena, de bote a bote, como se dice, con ancianos, adultos y niños de todos los tamaños… le di gracias a Dios de corazón. Todavía hay fe pura y sencilla en el pueblo de Dios, aún cuando no era obligación por el precepto, se acercaron muchísimos a escuchar la Palabra, a recibir la imposición de las cenizas y a recibir la Eucaristía.

La Iglesia debe volver a la sencillez y a la pureza de la fe. A la fe no impuesta, sino asimilada, a la fe no fabricada, sino vivida, a la fe no de las masas, sino de las comunidades pequeñas y fervorosas. Todos debemos experimentar alguna vez que la fe no es “tener” que hacer cosas, como ayunar, rezar y dar limosna”, sino que la fe es creer en Jesús, vivo y presente en una comunidad concreta, en la Eucaristía, en los más pobres. Que el Padre nos conceda esta gracia en este camino cuaresmal.  

Yendo a algo del evangelio, podemos decir que es verdad que no es bueno ser drástico, o sea pensar que en la vida todo es blanco o negro, de esta vereda o de la otra, porque eso nos lleva a enfrentarnos y a mirar de reojo todo lo que no es como nosotros pensamos que debe ser. Pero también es verdad que en la vida es bueno ser sinceros, con la vida, pero fundamentalmente con nosotros mismos y con Dios. No se puede andar en serio por la vida sin una profunda sinceridad. Y la cuaresma, vamos a ir viendo, es de alguna manera un lindo camino de sinceridad interior que redundará en nuestra relación con Dios y los demás.

Porqué digo esto…porque hoy Jesús en sus palabras es de medio drástico a simple vista. En realidad muchas veces lo es. Pero drástico, contundente, fuerte,  para una mirada superficial y para corazones que no quieren meterse dentro. O bien podemos pensar que no siempre el ser drástico, contundente y fuerte es algo malo, al contrario, es necesario. Pero imagino que si estás escuchando este audio querés ser sincero con Él y con vos mismo. ¿Cuáles son las definiciones contundentes? El que quiera ir detrás de él tiene que cargar su cruz. El que quiera salvar su vida la perderá, el que la pierda por Él la salvará. No parece haber mucho término medio. Por eso en esto tenemos que ser sinceros con nosotros y Él, sino hacemos de nuestra fe hacia Él una especie de ensalada de frutas en donde no terminamos de distinguir bien cada cosa.

Seguirlo cargando nuestra cruz es, seguirlo, seguirlo sin cargar ninguna cruz es mirarlo de lejos. Es como poner “me gusta” a una página y enterarse cada tanto cuales son las novedades. Es como hacerse miembro de un club y recibir novedades por correo, es como decir que somos estudiantes y solo vamos a cursar.

Seguirlo y buscar nuestro propio provecho, queriendo salvarnos a nosotros mismos no es seguirlo, sino que es hacernos la idea de que lo seguimos. Seguirlo es empezar un camino de aceptación de que la salvación viene de Él y que solo perdiendo la vida de apoco, entregándonos de a poco vamos encontrando la plenitud linda de la vida.

¿Ves? en este sentido, Jesús no fue con medias tintas, no dijo una frase marquetinera para que lo sigan sin hablarnos de la letra chica del contrato, al contrario, fue más sincero que cualquiera. Ahora, por otro lado es verdad que una vez que lo seguimos, que tomamos esa decisión, empezamos un camino, estamos en camino y en el camino hay de todo, hay varios carriles, por decir así, rápidos, lentos incluso hay colectora, hay caídas, cansancios, ayudas, reproches, hay… podríamos decir, algunos grises, pero eso es otra cosa.

Hoy busquemos un shock de sinceridad, que puede transformarse en un sincericidio que nos haga bien. ¿Queremos seguir a Jesús así, con cruz y dando la vida o queremos un cristianismo del vale todo y todo está bien siempre según mis gustos y caprichos? ¿Somos libres de seguir a Jesús, es una decisión nuestra, o lo seguimos casi por inercia como quien no quiere la cosa? ¿Lo seguimos dando la vida o pretendiendo que todos la den por mi? ¿Lo seguimos de lejos, casi virtualmente, sin compromiso como quien pone “me gusta” en Face para quedar bien con el otro o lo seguimos siendo responsables con cada obra del día, sabiendo que sin diálogo con Él, sin amor concreto al prójimo y sin privaciones voluntarias de nosotros mismos no podemos amar en serio? Pensemos y rezamos.

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