Lc 9, 57-62 – 4 de octubre – XXVI Miércoles durante el año

 

 

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»

Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»

Y dijo a otro: «Sígueme.» El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre.» Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos.» Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.»

Palabra del Señor

Comentario

La gran pregunta del evangelio del domingo que pasó y seguimos meditando, era esta: “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?» «El primero», le respondieron.” Los que hacen la voluntad de Dios, no son los primeros en responder que la harán, sino los que finalmente la hacen. Así de sencillo. Por eso, esto nos ayuda también a comprender esa otra sentencia de Jesús sobre que “muchos de los primeros serán los últimos y que muchos de los últimos serán los primeros” Hay muchísimas personas que hoy no están haciendo lo que Dios pretende y desea de ellos, sin embargo, pueden y están siempre a tiempo de comportarse como hijos, de sentirse hijos amados del Padre. Y por el contrario, muchísimas personas que se dicen y creen muy religiosas, por ahí hoy no están viviendo fielmente aquello que Dios les pide o que dicen vivir. ¡Qué lindo es que nos sintamos todos posibilitados a decir siempre sí y a hacer lo que ese sí significa! ¿Te das cuenta de que decirle que sí a Dios puede cambiar muchas cosas en tu vida y en la de los demás? ¿Nos damos cuenta de que hacer o no hacer la voluntad de Dios es determinante, es realmente importante? ¿Nos damos cuenta de que en definitiva estamos en esta vida para hacer lo que sentimos y pensamos que Dios nos pide? Vamos para ese lado, te invito hoy a ir para ese lado, a tomar ese camino.

Algo del evangelio de hoy me hace pensar algunas cosas. Podríamos preguntarnos si estos hombres habrán comprendido al acercarse a Jesús con tanto entusiasmo para seguirlo, lo que les quiso decir ¿Qué habrán hecho después de estas palabras, lo habrán seguido o no? No sabemos. Lo que sí sabemos, es lo que les respondió Jesús. 

Y ¿los peros de las respuestas?… los “peros” de las respuestas de estos hombres son evidencia de que no comprendían todavía muy bien a quien seguían o a quién querían seguir. Cuando uno sabe lo que quiere, cuando uno tiene claro el fin y sus deseos, no hay “pero” que valga, todo es superado por el anhelo de alcanzar ese deseo. Seguir a Jesús o querer seguirlo poniendo “peros”, es signo de que todavía no se lo conoce bien y que, por eso, no nos animamos a dar el paso definitivo.

Jesús hoy otra vez es incomprendido. Lo quieren, pero no lo quieren completamente. Quieren seguirlo, pero a su manera. Nosotros también, muchas veces ponemos muchos “peros”, conscientes o inconscientes, pero finalmente son “peros”.

Jesús no siempre fue comprendido y no siempre se hizo comprender perfectamente, dejó la puerta abierta al misterio, Él lo hizo bien conscientemente. Hay que animarse a no comprender todo para empezar a comprender algo. Solo cuando damos el paso, cuando nos animamos a largarnos sin tantos “peros”, cuando nos arriesgamos en serio, es cuando empezamos a comprender. En cambio, cuando miramos la vida desde un balcón y no nos animamos a dar el paso, a tirarnos, en el fondo no comprendemos nada, y esperamos lo mágico para empezar a comprender.

Siempre habrá una “cuota” de incomprensión en nuestra vida, para con nosotros, para con los demás y por supuesto para con los planes de Dios. Cuota que hará, que no todos nos comprendan bien y cuota de incomprensión que hará que no comprendamos todo lo que Jesús es y a lo que nos invita. ¿Pretendés comprenderlo todo? Te estás poniendo en el lugar de Dios. ¿Querés que todos te comprendan? No te estás poniendo en el lugar de los otros. Ni vos, ni yo, ni los demás somos perfectos. Solo Dios comprende todo y solo Dios elige a quién quiere ayudarle a comprender.

Jesús invitó a estos hombres y nos invita hoy a todos, a no mirar para atrás, a lanzarnos al futuro sin arrastrar el pasado; a no anteponer nada ante su amor, ni siquiera la propia familia; a no esperar el momento ideal para amar, sino a empezar a amar desde ahora, hoy, sin esperas, sin pereza. Jesús nos anima a no buscar en Él comodidades humanas, sino entrega, amor, acompañados a veces de dolores e incomprensiones. Pero para encontrar la felicidad, la buena, la verdadera.

No se puede tener todo calculado, nos seamos “ingenieros de la fe”, no se puede esperar a resolver todo para entregarse, la fe no es matemática pura. Lo bueno es entregarse sabiendo que el camino se va aclarando en la medida que avanzamos, pero sabiendo que con Jesús nunca nos vamos a perder, aunque a veces nos cueste comprender.

Share
Etiquetas: