Book: Lucas

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

By administrador on 8 diciembre, 2022

Lucas 1, 26-38

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»

María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»

Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor

Comentario

Feliz día de la Santísima Virgen María de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, es un día para celebrar porque para Dios nada es imposible. Para El fue posible elegir una mujer desde toda la eternidad para ser la Madre de Jesús y para ser la Madre del más Santo de los Santos. No podía hacerlo de otra manera que manteniedola pura, sin pecado,naciendo sin el pecado original, naciendo sin esa tendencia con la cual nacemos todos los simples mortales de este mundo, y con la cual tendremos y tenemos que luchar toda la vida.

Feliz dia del día en que celebramos que para Dios, todo es posible. Recuerdo en este momento que me he encontrado muchas veces con personas, incluso católicos, que les cuesta muchísimo la figura de María, no se porque, será por sus historias, será porque también a veces en la propia iglesia, sin querer, la ponemos por encima de Jesús, no por maldad si no porque Ella es pura ternura. Y hay muchos católicos que sí, que le hablan más a María que al mismo Dios. Hay muchos católicos que les cuesta escuchar, que la Virgen es Virgen y que fue Pura, y todos los dogmas que nosotros celebramos como milagros de Dios en su vida. La palabra dogma asusta muchísimo en estos tiempos, parece que un dogma es simplemente una verdad que se tira por la cabeza y no se puede ni pensar. Pero porque es tan difícil creer que para Dios todo es posible, porque a veces nos cuesta tanto, a los católicos o algunos, no quiero generalizar que para Dios todo es posible. A veces creemos en cada cosa, o confiamos en cada cosa y sin embargo nos cuesta creer, que María es la Purísima, la toda Santa, la preservada de todo pecado, del pecado original, que nos inclina a todos hacia el mal, y nos dificulta el bien y fue preservada de todo acto pecaminoso.

María nunca pecó ni pensó en pecar, porque para Dios todo es posible. Toda su vida fue un Sí total y completo a cada deseo de Dios Padre. El la eligió y la predestinó para ser la Madre de nuestro Salvador, y por eso debía ser totalmente Pura. Predestinar no quiere decir, que le quitó la libertad, si no que la predispuesto, que ella pudiera elegir y ella siempre eligió lo mejor,siempre eligió el bien, nunca pecó.

Este dogma que hoy celebramos, no es una verdad fría ni abstracta de nuestra fe, es una verdad que toca lo más profundo de nuestro ser y nos da esperanza y consuelo para seguir, así son los dogmas, verdades vivas que nos dan luz para el camino. En realidad no celebramos un dogma, si no que celebramos la Obra de Dios en la Virgen Santísima, porque para Dios nada es imposible. Celebramos que para Dios no hay imposibles cuando El desea algo, para el bien de la humanidad, y que si El lo desea, puede hacer su obra más allá del pecado, que reina muchas veces en el mundo, o que parece que reina.

La Virgen fue pura para recibir al Hijo de Dios y para darnos al mismo Jesús, y esa fue su misión y sigue siéndola. En ese momento en el que el Angel se le apareció a la Virgen, Dios ingresó al mundo, vino a poner su carpa entre nosotros, su morada. La Virgen anticipó con su vida lo que el Padre quiere, para cada uno de nosotros, la santificación, la progresiva purificación de nuestra vida, para poder un día llegar verlo cara a cara. También que nosotros seamos morada del Espíritu Santo, morada de Jesús en nuestro corazón. En María sucedió milagrosamente al nacer y en nosotros se va dando paso a paso lentamente, a lo largo de nuestra vida, en la medida que como María escuchamos la voz de Dios y le obedecemos.

Sí, obedecer, aunque no esté muy de moda esta palabra. Obedecer para ir haciéndonos santos, obedecer escuchando a Dios en todo para hacer siempre su voluntad. Escuchar su Palabra debería ser nuestro mayor anhelo, cada mañana, cada día. Callar nuestras voces interiores, para escuchar al Padre en nosotros y en los demás. Dios no cesa jamás de hablarnos, El nos habla siempre. María dijo, Hágase en mí según tu Palabra, no dijo haré tu voluntad, su respuesta es humilde.

Debemos dejar que Él sea el que haga en nosotros lo que quiera, y no ser tanto nosotros los que decidamos, lo que tenemos que hacer. Que difícil, pero que paz encuentra en su vida quién descubre este camino. Que se haga en nosotros tu voluntad, Virgen Santísima enseñanos el camino de la escucha obediente.

Que tengamos un lindo y un gran día, sabiendo que para Dios, nada es imposible si hacemos su voluntad. Que la bendición de Dios que es Padre Misericordioso, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

II Lunes de Adviento

II Lunes de Adviento

By administrador on 5 diciembre, 2022

Lucas 5, 17-26

Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar. Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús. Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.

Al ver su fe, Jesús le dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados.»

Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: « ¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: « ¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados están perdonados”, o “Levántate y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa.»

Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios. Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: «Hoy hemos visto cosas maravillosas.»

Palabra del Señor

Comentario

Algo del Evangelio de hoy nos muestra que Jesús tiene el poder y la posibilidad de curar, sanar y salvar. Y para mostrar que su salvación se dirige fundamentalmente al corazón herido del hombre, de cada uno de nosotros, al corazón que quedó dañado para siempre a raíz de la desobediencia de nuestros primeros padres, hace este milagro tan maravilloso. En un principio, sana al paralítico de su enfermedad interior, le perdona los pecados para que viva en paz, para que se sienta aliviado por el perdón que lo liberó. Pero por la cerrazón de los que ven y no creen, de los que ven lo que quieren ver, finalmente permite y da la orden de que el paralítico pueda irse caminando y en paz (las dos cosas). ¿Qué más podía pretender ese hombre? Su alma en paz y su cuerpo en movimiento, lo que todos deseamos cada día.

Algo lindo también de hoy es que la fe de los que llevan la camilla conmueve a Jesús; la fe de los que son capaces de «romper un techo» con tal de poner al enfermo enfrente de Jesús para que sane al paralítico; la fe de los que no se dejan vencer por obstáculos que se interponen en el camino para llegar a Dios de alguna manera. Otra vez, en la Palabra, aparece la fe de los que no buscan su propio interés, sino el interés del que está sufriendo más. Siempre hay alguien que sufre más que vos y que yo. Siempre hay alguien que necesita más que yo la gracia de Dios. Siempre hay alguien que incluso estando mal es capaz de ocuparse de otros. Si nos paramos así frente a la vida, nos transformaremos –como dije tantas veces– en «camilleros» de los demás, como fue el papá de Cristian para Cristian, fue camillero, como fue su hermana, como fui yo de alguna manera, acercando la Palabra, como lo es él también para otros hoy.

Así como alguien alguna vez fue el que llevó la camilla mía hacía Jesús, y me puso ante él, y Jesús me perdonó y me curó; así también podés hacer vos con otros. No renunciamos a este vocación de acercar a otros a Jesús. No nos vamos a arrepentir. Es verdad, a veces experimentamos sin sabores, pero Jesús transforma, salva, perdona. Todos podemos vivir así, siendo camilleros de los demás o dejando que también otros nos lleven hacia él.

¡Qué lindo que es escuchar la Palabra de Dios y dejarse transformar, dejarse curar y sanar, dejarse perdonar!

I Martes de Adviento

I Martes de Adviento

By administrador on 29 noviembre, 2022

Lucas 10, 21-24

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos:

«¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

Palabra del Señor

Comentario

¿Cómo estás hoy, cómo estamos? ¿Tristes, alegres, optimistas, pesimistas, deprimidos, eufóricos, desalentados? No lo sé, cada uno puede hacer su examen sobre cómo está. Pero más allá de eso, de cómo esté cada uno, es una alegría poder empezar el día escuchando palabras de esperanza, caminemos hacia la esperanza. La esperanza es la hermana mayor o la madre de la alegría. Con esperanza siempre hay alegría, de la mano de la alegría verdadera, la que viene de Dios, también siempre viene la paz del corazón. Empecemos este adviento pidiendo al Espíritu Santo la alegría de tener verdadera esperanza para poder tener paz. «Espíritu Santo danos esperanza, la esperanza con mayúscula, la esperanza de creer en la palabra de Dios». Como decíamos ayer caminaremos estos días hasta el nacimiento de nuestro Salvador junto a la esperanza. Algo importantísimo para aclarar desde el principio. ¿Qué decimos cuando decimos esperanza, cuando hablamos de esperanza? Eso trataremos de ir esclareciendo. Según la fe cristiana, la salvación que nos trajo Jesús no es simplemente algo que pasó, allá de hace mucho, un hecho del pasado (pensarlo así solo, sería un grave error, es solo historia) sino que, además, esa salvación se nos ofrece hoy, quiere decir que eso del pasado hoy nos da algo.

¿Qué nos ofrece? Una esperanza, una esperanza confiable gracias a la cual podemos enfrentar el presente. El pasado se hace presente para el que cree en Jesús. Aunque el presente sea difícil, aunque nos cueste muchísimo, aunque estemos pasando un momento difícil, de dolor, de incredulidad, de dudas, de cansancio, de hartazgo por muchas cosas, podemos vivirlo y aceptarlo si tenemos una meta segura, una meta grande que justifique el esfuerzo de caminar en esta vida.

A veces la palabra esperanza se usa muy mal. La usan hasta los políticos para prometer un país mejor (casi como si fueran salvadores) nosotros la usamos muchas veces para dar ánimo, para decir que hay que ser optimista, en el fondo. Esto no está mal, pero está vacía de su contenido esencial. Abusamos de una palabra que es bien cristiana, bien nuestra y muy de la Palabra de Dios, hasta el punto que la palabra esperanza en muchos pasajes, de la Palabra, es intercambiable con la fe, tener fe es tener esperanza. El que cree espera algo más grande y solo tiene esperanza el que tiene fe, el que cree en las cosas que no ve. De poquito iremos avanzando en esto.

Algo del Evangelio de hoy es una linda invitación a la felicidad, a la alegría que viene de lo alto. Jesús se estremece de gozo movido por el Espíritu Santo. Jesús se alegra porque Dios Padre elije a los sencillos y humildes para darse a conocer. Así como Dios eligió el camino de la humildad para estar en el mundo y sigue estando presente humildemente entre nosotros, de la misma manera hoy no se nos va a «revelar» a mostrarse, a manifestarse al corazón, si nosotros no recorremos ese camino, el camino de la humildad.

Si no podemos experimentar el gozo del Espíritu Santo, no es culpa de Dios, es culpa nuestra que no terminamos de hacer el camino de la entrega, de la confianza, del no querer manejarlo todo, incluso nuestras experiencias de Dios. Porque muchas veces somos así, pretendemos tanto que incluso casi que tenemos que decirle a Dios lo que tiene y como lo que tiene que hacer. Este no es el camino hacia la navidad, hacia la esperanza. Sino todo lo contrario. El Hijo se nos revelará si dejamos que la humildad y sencillez de Dios invada nuestra vida, si dejamos de hacer de la fe en Jesús solo una doctrina, una idea o solo un sentimiento, si dejamos de pretender una fe a nuestra medida y dejamos a Dios, ser lo que es, ser Dios. Nosotros hoy podríamos ser felices por haber escuchado la Palabra. Miles y miles que andan por ahí en este mundo, no tienen este don de poder escuchar algo mejor, algo distinto, algo que de fuerza para seguir. Intentá hoy compartir esta felicidad, esta alegría.

La Palabra de Dios no puede ser algo que se encierre en lo privado, para tu corazón, tiene que ser algo que se expanda por todos lados, que se «viralice» por más corazones. Es tiempo de esperanza, de alegría que venga de lo alto, que el Espíritu Santo nos estremezca de gozo al revelarnos lo que Jesús quiere para cada uno, muchos querrían escuchar lo que estamos escuchando, muchos querrían tener un mensaje de esperanza cada día, nosotros lo tenemos. ¿No es motivo para estar alegres? ¿No es motivo para compartirlo?

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXXIV Sábado durante el año

XXXIV Sábado durante el año

By administrador on 26 noviembre, 2022

Lucas 21, 34-36

Jesús dijo a sus discípulos:

«Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

Comentario

Mientras, como cada fin de año, una especie de «fiebre consumista» – o «epidemia de deseos» de comprar y comprar– quiere invadirnos por un lado y por el otro, a medida que se acerca la fiesta más tierna de nuestra fe, la Navidad. Mientras millones de personas en este mundo, incluso vos y yo, nos deshilachamos en cansancio para ver cómo compramos cosas más baratas y ofertas creyendo que necesitamos todo lo que compramos. Mientras salen fotos en los diarios de gente que se pelea por llevarse algo más barato y mejor que lo que tenía; no sabiendo bien qué va a hacer con lo anterior, que en realidad ya no es tan viejo. Mientras al mismo tiempo hay mucho sufrimiento en el mundo, pero se olvida, y los medios de comunicación nos bombardean con ofertas y descuentos de todo tipo y color para endulzarnos el oído consumista y convencernos de que teniendo esto o lo otro estaremos mejor. Este sábado en Algo del Evangelio, casi como una ironía de la providencia divina que quiere «salvarnos» pero en serio de tanta anestesia mundana, aparecen estas palabras de Jesús como un anillo al dedo, «al corazón» de los creyentes; pero que finalmente se lo pondrá quien quiere ponérselo, quien sabe escuchar.

Te animo y me animo, como siempre, a que nos examinemos, a que de algún modo nos «midamos» la fiebre del consumismo y que nos animemos a ponernos el «termómetro» de la fe para ver hasta dónde nos llega la temperatura consumista y si nos estamos adecuando a esta realidad que nos invade. Muchas veces movidos por una enfermedad oculta que nos engaña y nos hace creer que necesitamos siempre algo distinto para poder subsistir y para poder estar mejor. Sé que lo que estoy diciendo no es políticamente correcto, pero al mismo tiempo sé que Jesús no siempre fue políticamente correcto. Y si quiero transmitir la Palabra de Dios, a veces me toca la parte más fea, la parte que menos amigos produce.

Porque así es la Palabra de Dios: espada de doble filo (corta para ambos lados). Y aunque a veces nos obstinemos en ocultar algunas cosas que nos dice, ella nos sigue hablando y nos sigue diciendo siempre lo mismo. Ella sigue insistiendo en «no dejar pasar» las cosas que no deben pasar de moda jamás. ¿Te acordás lo de ayer: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán»?

En general, si nos cerramos, siempre encontraremos excusas para que Dios no nos diga lo que no queremos que nos diga, o bien para decir que Dios en realidad no dice lo que en realidad sí dice. Somos así de débiles, todos. Así somos de escurridizos los hijos de Dios. Y por eso podemos andar por la vida diciendo que escuchamos a Dios, que lo amamos, que tenemos fe, pero no haciendo nunca lo que él nos recomienda. «Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes”». Él nos dice a nosotros, a los que nos consideramos sus seguidores, a los que lo amamos y deseamos su amor: «Tengan cuidado». Siempre, para todos es un peligro. Imaginate si hace dos mil años Jesús tuvo que advertir sobre los excesos, sobre la embriaguez y las preocupaciones de la vida –que las había. Pero hoy qué podríamos decir sobre lo que vivimos, porque hoy sobreabundan estas cosas. ¿Qué nos queda para hoy? ¿No crees que estas palabras son más actuales que nunca? ¿No habría que escucharlas con más corazón que nunca?

Los excesos nos aturden, no nos dejan oír y escuchar la dulce voz de Jesús que nos dice: «Tengan cuidado». La embriaguez de todo tipo, las del alcohol y drogas, pero también de todo aquello que nos hace perder la capacidad de razonar, de pensar bien, de ser sensatos y mirar un poco más allá; de encontrar tanta bondad dando vueltas y de ocuparnos de cosas que nos harían mucho mejor de lo que a veces elegimos; las preocupaciones por esto y por aquello, por tener más y más, por darle algo material a nuestros hijos, olvidándonos de lo que más necesitan, que es nuestro amor; por no haber solucionado esto o aquello; preocupaciones legítimas incluso, pero que en definitiva cuando nos sacan más energía de la necesaria o de la que corresponde, nos impiden estar con el «corazón preparado» y darnos cuenta que lo esencial pasa por otro lado.


«Tengan cuidado». Tengamos cuidado. Que no tenga que pasarnos algo duro para que nos demos cuenta que la vida va por otro lado y no el tener esto o lo otro.

Dios quiera que no lleguemos un día a tener que decir: «Uy, qué manera de perder tiempo en mi vida. Si me hubiera dado cuenta antes». Gracias a Dios Padre. Como sacerdote, Jesús siempre se encarga a veces en la semana de enfrentarnos con el dolor y la muerte. De una manera u otra nos despierta de esta «fiebre consumista» que también nos quiere atacar a nosotros y porqué no decir que ya nos invadió el corazón. Es un regalo poder estar siempre cerca del dolor, aunque duela. Una vez –me acuerdo– estando en un momento así, en un responso de una niña muy pequeña, mientras rezaba por ella y especialmente por sus padres, le pedí también a Dios que me dé la gracia de conmoverme, de que el dolor no me pase por encima sin hacerme nada, para saber estar al lado del que sufre y dejar de pensar un poco en mis cosas y en lo que tengo que hacer. La madre y el padre de esa niña me conmovieron solo por verlos. Aun sufriendo de una manera indescriptible, la madre tuvo corazón para decirles a todos los que estaban acompañando en ese momento: «¡Gracias por venir!»

Mientras este «mundo» se regocija de tener su pequeño mundo de ofertas, millones de personas se esfuerzan día a día por tener por lo menos un lindo día, un día con menos sufrimientos. Nosotros los discípulos de Jesús… ¿qué nos mueve el corazón?, ¿qué nos conmueve?

Que tengamos un buen sábado y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXXIV Viernes durante el año

XXXIV Viernes durante el año

By administrador on 25 noviembre, 2022

Lucas 21, 29-33

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:

«Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor

Comentario

Siempre es más fácil «salvarse a uno mismo», es muchísimo más tentador tomar «atajos» rápidos que los caminos más seguros y lentos, el Camino más lindo que es Jesús mismo. Siempre es más fácil «bajarse de la cruz» que seguir «soportando» la burla, la tentación de un mundo que no entiende, que en definitiva lo único que nos salva es el Amor, pero el amor verdadero, no el amor barato que se compra y se vende por cualquier cosa. Ahí encontramos uno de los mayores problemas de nuestro tiempo; le llamamos amor a cualquier cosa o usamos la palabra amor para cualquier cosa y no todo lo que hacemos y pensamos es amor verdadero, ese que nos propone Jesús. No nos bajemos de la cruz, no pretendamos salvarnos de otra manera, Jesús quiso salvarnos así, permaneciendo en el amor, no dejándose llevar por la «moda» del mundo que quiere salvarse por sí mismo. Esto cuesta muchísimo, es a veces demasiado «contracorriente», pero es lo que nos dará la paz, la verdadera paz, es lo que nos permitirá ser fecundos; no exitosos, sino fecundos, algo muy distinto. Jesús no fue exitoso, sino que fue fecundo.

El cielo y la tierra pasarán… dice la palabra de hoy.

Todo lo que tenemos a nuestro alrededor si miramos ahora, todo va a pasar, todo va cambiando, todo tiene su principio y su final; nuestra propia vida también, aunque sabemos que nuestra alma es inmortal. Y como todo lo que tenemos a nuestro alrededor pasará; tenemos que aprender a ponerlo en su lugar.
En estos días –como es el final del año litúrgico– venimos meditando los tiempos finales, cuando Jesús anunció su segunda venida; pero hoy te propongo que traslademos este anuncio de Jesús de que “hay que estar atentos a su venida”, de que “hay que aprender a distinguir”, así como distinguimos en la naturaleza a través de signos y manifestaciones que hay algo que vendrá después; así mismo, te propongo y me propongo que hoy pensemos esto llevado a nuestra vida espiritual, pero concretamente en nuestro día a día, no tanto que pensemos en la “segunda venida” de Jesús; sino en las venidas continuas de Jesús a nuestra vida cotidiana, a la presencia del Reino de Dios en nuestra vida, en cada cosa que hacemos.

Y para eso tenemos que escuchar estas palabras de Jesús que nos invita justamente a estar atentos; en realidad nos invita a saber interpretar, porque ahí es en donde fallamos muchas veces: nos cuesta muchísimo interpretar que detrás de lo que vemos y hacemos, de lo que nos pasa, de lo que se nos manifiesta, de las personas, de las situaciones, de todo, tanto de lo bueno como de lo malo; tenemos que aprender a ver ahí, detrás de todo eso, la bondad de las cosas, la manifestación de Dios a través de los acontecimientos.
Así como a través de la Cruz de Jesús nosotros aprendemos a ver el amor que Él nos tiene; también tenemos que aprender a ver incluso en las situaciones difíciles de nuestra vida la presencia de Dios.

Porque tenemos una gran capacidad para ver lo malo, tenemos una gran capacidad para juzgar las cosas malas, incluso para etiquetar situaciones y personas, juzgar, prejuzgar y sacar conclusiones de cosas que vemos, de situaciones que nos han pasado, y muchas veces somos muy implacables en mostrar las cosas malas de los demás.

Pero… ¿Por qué no aprendemos a ver lo bueno? ¿Por qué no aprendemos a ver –por ejemplo– que detrás del enojo de una persona hacia nosotros, podemos darnos cuenta que puede ser una corrección para nuestra manera de ser? ¿Por qué no aprendemos a ver que detrás del enojo de tu marido, de tu mujer, de tus hijos; en el fondo lo que te están manifestando es el amor? Sí es verdad, no lo están manifestando bien; pero se puede decir que te están pidiendo, te están reclamando amor. Aprendamos a ver la bondad de las cosas que hay detrás de lo que nos pasa y de lo que pasa en este mundo.

Aprendamos a ver –como decimos a veces– la parte llena del vaso y no quedarnos con la parte vacía. Si te pones a pensar en este día que empezás, en tu trabajo, mientras estás viajando, mientras estás haciendo las cosas de la casa; podrías empezar por levantar la mirada y darte cuenta que hay un montón de situaciones que si las aprendés a leer mirando más allá lo que ves; siempre podés sacar algo bueno, siempre. Siempre, incluso del pecado; el pecado inaugura en nuestra vida el tiempo de la misericordia, el tiempo del perdón, el tiempo del nuevo acercamiento a Jesús. Bueno, ojalá que en este día todo lo que nos pase lo podamos interpretar con la bondad de fondo que Jesús nos pide, sin dejar de ser realistas, ni ser ingenuos.

Que este día sea una oportunidad para darnos cuenta que se acerca el verano espiritual, que se acerca algo mejor; que siempre podrá venir algo mejor si aprendemos a ver las cosas con fe. Acordate que tener fe no es creer en Dios solamente; sino creerle a Él. Hoy creámosle a Él: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXXIV Jueves durante el año

XXXIV Jueves durante el año

By administrador on 24 noviembre, 2022

Lucas 21, 20-28

Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima. Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella. Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.

¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.

Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación.»

Palabra del Señor

Comentario

Continuamos rumeando la frase del evangelio del domingo, esas burlas que sufrió Jesús crucificado por parte de los jefes judíos, los soldados romanos y el malhechor no arrepentido: “Sálvate a ti mismo”. Esta expresión, no fue muy distinta a las tentaciones que había sufrido en el desierto, cuando estuvo cuarenta días y cuarenta noches ayunando y el demonio se le presentó para mostrarle un camino alternativo, distinto al de la cruz que el Padre del Cielo le proponía. ¿Qué hizo Jesús en ese momento? Contestó con la palabra de Dios. ¿Qué hizo desde la cruz? No contestó, solo fue fiel. ¿Qué actitud debemos tomar ante este tipo de pruebas, ante los deseos de bajarnos de la cruz, de abandonar el camino del amor? A veces contestar al tentador con la palabra de Dios, otras veces como en la cruz, callar. Simplemente callar. Jesús en la cruz no contestó, no dio explicaciones, no hizo nada, solo permaneció en silencio seguro de lo que tenía que hacer. Lo más difícil.

No hacer nada significa mucho esfuerzo y muchas veces implica hacer mucho, pero algo que no se ve. Pensemos si nosotros no estamos viviendo este tipo de pruebas, de tentaciones internas o externas: “Salvate a vos mismo”, “cortate solo”, “hacé la tuya”, “olvidate de los demás, ya tenés demasiados problemas”, “dejá de esforzarte, no vale la pena”, “no la luches más, no hables más con ese, no va a cambiar más” “abandoná tú matrimonio, lo hacen muchos” “dejá tu consagración, al final da todo lo mismo” y así, mil frases más que nos pueden resonar en el corazón o algunas personas nos las están diciendo. Para ir rezando y pensando.

Algo del Evangelio de hoy claramente tiene dos partes. La primera se refiere al anuncio que hace Jesús sobre la destrucción de Jerusalén en el año 70 – algo que hablamos el martes – la segunda parte tiene que ver con la necesidad de prepararse para la segunda venida de Jesús que no tiene fecha, o mejor dicho no la sabemos, ni la sabremos nunca. ¿Cuándo será te habrás preguntado alguna vez? ¿Cuándo será se han preguntado muchos? ¿Cómo será ese día? Creo que ya hablamos de esto en algún audio y me parece que lo importante en realidad pasa por otro lado, el centro Jesús lo pone en otro lado, el acento es otra cosa. Justamente Jesús quiere corregirnos de ese deseo a veces incontenible de saber lo que vendrá y cómo vendrá. Lo que nos enseña es a la actitud que tendremos que tener cuando esto pase, si es que nos toca. Habla de tres cosas muy concretas: Ánimo, levantar la cabeza y liberación. Alcanza el tiempo para que meditemos en la primera. Con las otras las podés rezar y pensar vos.

Jesús a veces es bastante pretensioso, desea mucho de nosotros con cosas que a nosotros, a primera vista nos causan un poco de rechazo. Después de decir todo lo malo que puede llegar a venir, nos termina hablando del ánimo. ¿Es posible? Tener ánimo ante lo que parece desastroso – ya sea el fin del mundo o el fin de nuestra vida, o la vida de un ser querido – es la actitud del que tiene las cosas claras (ese la tiene clara decimos) y tiene su corazón anclado en la vida que vendrá. Es la actitud del que tiene un pie en la tierra y el otro subiendo el escalón al cielo, es la actitud del que tiene los pies en la tierra, pero los ojos en el cielo. Es el ánimo del que cree, del que tiene fe, pero no me refiero al que solo cree que Dios existe, sino el que le cree a ese Dios que existe, le cree a ese Dios que se hizo hombre, a Jesús, y como le cree a Jesús sabe y tiene la certeza de que sus palabras son verdad y no miente.

¿Entendemos la diferencia entre decir que creemos y creerle a Jesús? El ánimo ante estas situaciones es un indicador de nuestra fe. ¿Decimos que creemos, pero nos desesperamos ante la muerte o ante lo que pueda pasar el día de mañana? Entonces nuestra fe está con alfileres, nuestra fe se la puede llevar cualquier sufrimiento, la puede voltear cualquier ventarrón. Si ante la posibilidad del fin perdemos la esperanza es porque nuestras certezas “están atadas con alambre”. Muchos de nosotros tenemos la fe atada con alambre, nadie la tiene “tan clara” como para creerse inmune en estas cosas y por eso tenemos que pedir más fe, tenemos que pedir con fe más fe, aunque parezca tonto. No hay que dar por sentado que tenemos la fe suficiente.

A veces somos medios soberbios y decimos todos muy sueltos y convencidos: “Yo tengo mucha fe” Sí, es verdad, muchas veces tenemos fe, pero hasta que llega la prueba, ahí es donde se comprueba verdaderamente la fe, como Jesús que no se bajó de la cruz. Pidamos siempre la fe, porque es un don y una respuesta que tenemos que dar. Hoy tengamos ánimo, el alma alegre para estar dispuestos y preparados a lo que venga, sabiendo que nada se escapa de las manos de nuestro Padre del cielo, “ni siquiera un cabello se nos caerá de la cabeza”. Tengamos ánimo, pidamos más fe y confianza.

XXXIV Miércoles durante el año

XXXIV Miércoles durante el año

By administrador on 23 noviembre, 2022

Lucas 21, 12-19

Jesús dijo a sus discípulos:

«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.

Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas».

Palabra del Señor

Comentario

Jesús no quiso «salvarse a sí mismo» no vivió para sí mismo, vivió para nosotros y por nosotros, por eso, habría sido incoherente que, en el momento más importante de su vida, se «baje de la cruz», dejando de amar, creyendo en un camino distinto al que su Padre le pedía. Si Jesús ese día se decía así mismo: «Me salvo», y bajaba de la cruz para mostrar que era Dios, no hubiese reconciliado al mundo por el amor, no hubiese mostrado que la única respuesta posible al odio, a la burla, al insulto, a la crítica, a la injusticia… es el amor, no el salir corriendo para salvarse uno mismo.

Dejemos que hoy Jesús nos diga a todos al oído del corazón, ese corazón que debe escuchar las palabras de verdad que Él nos dice: «No te bajes de la cruz… no abandones ese camino de amor que elegiste… no te desanimes por las burlas de los que no creen y te señalan… Hermano mío, hermana mía, no te bajes de la cruz, no te dejes engañar por el camino ancho, ese que todos proponen como solución…, es solo una ilusión. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y mis enseñanzas son el consuelo para tu sufrimiento y tus problemas, no la solución definitiva, pero sí el alivio que necesitás. No abandones tu matrimonio, no abandones tu consagración, no te engañes… No abandones tu servicio, tu compromiso, no dejes de amar, perseverá hasta el fin, que solo ahí verás la recompensa, experimentarás la resurrección».

A veces nos parecen muy lejanas estas palabras de Jesús en Algo del Evangelio de hoy sobre la persecución, esto de que nos van a detener, a entregar, encarcelar. La mayoría de nosotros no vivimos una persecución de sangre, pero si vivimos persecuciones interiores, tribulaciones, tentaciones y burlas, de un mundo que en el fondo nos dice lo mismo que a Jesús: «Salvate a vos mismo, que los demás se arreglen por su cuenta, ya tengo bastantes problemas con mi vida, lo mejor es pensar que se «salve quien pueda».

Es verdad que, antes que nada, Jesús les hablaba a sus discípulos, a los más cercanos, a los que finalmente después de la Resurrección, salieron encendidos por el Espíritu Santo a anunciarle a todo el mundo que Jesús estaba vivo y que había muerto por todos. Eso generó la primera persecución de la Iglesia naciente y todos los apóstoles, menos Juan, terminaron dando la vida por el que amaban, así como Él la había dado por ellos. Pero también es verdad que a lo largo de la historia de la Iglesia ha habido, hay y habrá persecuciones contra los cristianos. Los mártires en la historia de la Iglesia son incontables y siempre fueron y serán semillas de nuevos cristianos. Hoy, aunque no parezca, sabemos que diariamente hay cristianos que son perseguidos y mueren por dar testimonio de Jesús, ¡¡son muchísimos!! Últimamente los Papas dijeron que hay más mártires en estos tiempos, que en los primeros siglos de la Iglesia.

Y¿ nosotros? ¿Nosotros que hacemos? ¿Nosotros rezamos por nuestros hermanos que mueren diariamente, por ejemplo, en Siria, en Irak? Y nosotros ¿Damos testimonio con nuestra vida de que Jesús es todo para nosotros? Mientras algunos dan su sangre por su amor a Jesús, vos y yo, ¿Qué damos? Como en el evangelio del lunes, ¿Damos lo que nos sobra como los ricos o damos todo lo que tenemos como la viuda? Los mártires de hoy dan, como los de siempre, todo lo que tienen para vivir, su propia vida, sabiendo que la vida no se pierde, la vida se gana para siempre, sabiendo que «nada podrá separarlos del amor a Cristo», nada podrá separarlos de aquel que dio su vida por nosotros.

Mientras algunos cristianos no pueden celebrar su fe con libertad, no pueden asistir a Misa, nosotros por ahí nos damos el lujo de no ir a misa o desaprovecharla, o participar sin el corazón, sin amor. Mientras algunos hermanos nuestros casi que no pueden confesarse por falta de sacerdotes, nosotros a veces no valoramos este sacramento o lo recibimos mal, o no hacemos nada para cambiar. Mientras algunas familias están separadas y viven sufriendo por ser cristianos, nosotros en nuestros ambientes nos da miedo muchas veces decir que somos católicos por miedo a que se nos burlen, por miedo a no saber qué decir, por vergüenza. ¡Qué triste! Que falta de amor tenemos a veces.

Mientras algún cristianos ahora está dando la vida sabiendo que su vida no se pierde, nosotros por ahí estamos perdiendo la vida en superficialidades o estamos viviendo con incoherencia nuestra fe mientras decimos que somos católicos, estamos borrando con el codo lo que decimos con la boca y alejamos a los demás de Dios. ¿Cómo es posible que ese crea en Jesús si vive, siente y piensa igual que todo el mundo? Nuestras incoherencias con la fe, nuestro vivir la fe a nuestra medida, debería ser un llamado de atención para pensar si realmente amamos a Dios como a veces decimos que lo amamos.

Que Jesús nos ayude hoy a no tener miedo a amarlo con toda la vida. Si realmente lo amamos, jamás tendremos miedo al qué dirán y a lo que tendremos que decir.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXXIV Martes durante el año

XXXIV Martes durante el año

By administrador on 22 noviembre, 2022

Lucas 21, 5-11

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?»

Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca.” No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».

Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo».

Palabra del Señor

Comentario

“Salvarse a sí mismo” La gran tentación, la gran prueba que sufrió Jesús y nosotros también. La tentación de salvarnos a nosotros mismos, con la fantasía de que así salvaremos a más. En cambio, la lógica de Jesús es contraria, entregando su vida no solo salvó a más, sino que salvó a todos. Ahora… no todos quieren aceptar esa salvación, no todos quieren ser salvados por Jesús, pero bueno, ese es otro tema. Por lo pronto, es bueno tener en claro que esta prueba de Jesús se sigue repitiendo, de mil formas distintas, incluso en nosotros, cuando pensamos que no es “necesaria” la cruz del amor para alcanzar la salvación, en el fondo no es necesario el amor hasta el final. Un lindo engaño, que al final, no nos conduce a nada, sino todo lo contrario, a un mayor sufrimiento.

“Señor, quiero mirarte en la cruz una vez más… decidiendo estar ahí hasta el final por mí. Todavía no tomo conciencia de que, por mí, no te bajaste de la cruz, de que quisiste ser mi Rey desde el amor, y no desde la imposición. Todavía sigo olvidándome de que, aun siendo bueno, aun sin haber hecho nada malo, fuiste humillado hasta el final por todos. Señor, no quiero bajarme de la cruz, no quiero bajarme de esa decisión de amor que me hizo elegirte, que me hizo elegir el servicio y el amor antes que la comodidad y el egoísmo… sin embargo, te confieso que a veces mi corazón se deja endulzar el oído por los que me gritan y me invitan a bajarme de la cruz para elegir lo más fácil… No dejes que me venza la tentación… no lo permitas, no quiero bajarme”.

De Algo del Evangelio de hoy Jesús nos advierte sobre tres actitudes: No poner nuestra confianza en lo que pasa, no curiosear sobre lo que vendrá y, por último, no confiar en los que se presenten en su nombre y nos pueden engañar.  Dicho en positivo, sería algo así: Poner la confianza absoluta en el Señor, tener puesta nuestra esperanza solo en Él y saber distinguir a los adivinos del fin o de catástrofes, porque nos pueden engañar.

Ante la admiración por la majestuosidad del templo de Jerusalén, Jesús advierte que de lo que ven no quedará piedra sobre piedra. Estaba prediciendo lo que finalmente pasó en el año 70, la del templo de Jerusalén, pero al mismo tiempo es una enseñanza para que no pongamos nuestro corazón en lo material, para que no nos creamos que todo lo que vemos es eterno. Todo pasará, todo, incluso lo mejor de este mundo y por eso no vale la pena hacer de las cosas que vemos especie de “minidioses” creados por nosotros y admirados por nosotros también. Jesús relativiza el valor de las cosas materiales, incluso del mismísimo templo de Jerusalén. Los judíos se quedaron sin templo y se quedaron sin culto a Dios, por eso siguen teniendo su muro, el muro de los lamentos donde van a pedir y lamentarse por no poder rendir culto. Nosotros los cristianos tenemos templos, para manifestar la presencia de Dios en medio del mundo, pero el verdadero templo de Dios es Jesús mismo, con su cuerpo que somos nosotros.

Y por eso, aunque haya hoy una catástrofe y todos nuestros templos se vengan abajo, aunque nos quemen todos los templos los que nos odian, jamás nos quedaremos sin acceso a Dios, sin contacto con nuestro Padre, porque nosotros mismos somos las piedras vivas del nuevo templo que es Jesús. ¿Qué distinto no? Que distinto es saber que podemos encontrarnos con Dios en primer lugar, en lo más íntimo de nosotros mismos, porque ahí habita Él siempre y más que nunca cuando le dejamos estar.

Lo segundo se entiende mejor sabiendo lo primero. ¿Para qué curiosear? ¿Para qué andar queriendo saber cuándo será el fin y cómo será? No vale la pena. Si estamos convencidos de que todo es pasajero y de que pase lo que pase Él está y es el dueño y Rey de la historia, ¿Qué sentido tiene saber y esperar con temor el fin total? Los que andan queriendo saber el fututo son los que en realidad no están sabiendo vivir el presente y no confían en la presencia y poder de Dios en este mundo. Todos los predicadores y adivinos que andan por ahí, los que tiran las cartas, los que supuestamente saben lo que nos pasará, son engañadores y manipuladores de la necesidad que tenemos muchas veces, de saber lo que pasará. Confiar en Él y en sus palabras, es lo difícil, pero al mismo tiempo lo que consuela y da paz.

Por último, tener cuidado de los falsos profetas y saber distinguirlos. Son miles lo que ya predijeron lo que va a pasar y cuando será el fin de los tiempos. Muchas veces algunos católicos pierden el tiempo en eso, pierden energía y se preguntan estas cosas, y no es por maldad, es por ignorancia, es por no haber escuchado a Jesús que lo dice claramente. “No los sigan”. No sigamos a nadie que no sea Jesús, todo lo demás es pasajero y hay que saber distinguir. ¡Cuántas ansiedades nos ahorraríamos si confiáramos en las palabras de Jesús y nos dedicáramos a vivir el presente con paz, entregando el pasado a su misericordia y perdón, y confiando lo que vendrá a su Providencia!

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

XXXIV Lunes durante el año

XXXIV Lunes durante el año

By administrador on 21 noviembre, 2022

Lucas 21, 1-4

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

Comentario

Comenzamos una nueva semana acompañados de las palabras que no pasan, que permanecen para siempre, aun cuando todo pase. Palabras de Dios, palabras que quedaron grabadas para siempre en la Sagrada Escritura y en cada corazón que las cree y las lleva a la vida. Hay palabras o frases de la Palabra de Dios que es bueno no dejarlas pasar fácilmente, que es lindo intentar seguir pasándolas por el corazón, porque son claves, son importantes, son palabras que engendran otras palabras, son palabras que hacen nacer actitudes distintas en nosotros, son palabras que nos ayudan a cambiar de pensamiento, son palabras que no pasan jamás, pero que hay que hacerlas revivir una y otra vez. ¿Cómo hacer para hacerlas revivir? Viviéndolas nosotros, llevándolas a la práctica, no dejando que caigan en corazones agujereados, sino en corazones dispuestos a hacerlas carne.

Por eso muchas veces te propongo repasar algo del evangelio de cada domingo durante la semana que sigue. Creo que es una ayudita más, un paso más que podemos dar. Si hay algo que me sorprendió del evangelio del ayer, del domingo, fue esta frase que se repitió tres veces de distinto modo: “Sálvate a ti mismo” Impresiona esa escena y todo lo que significa. Distintos personajes, sin saber bien a quién le hablaban, increpando a Dios, diciéndole que se “Salve así mismo”. La historia se repite. Los hombres siguen a veces burlándose de Dios y nosotros seguimos sufriendo la tentación de “bajarnos de la cruz” y salvarnos a nosotros mismos. Es una frase muy dura pero muy profunda, que de apoco iremos intentando rumiar en estos días, como hacen las vacas, que vuelven a masticar una y otra vez el pasto para poder digerirlo. Con algunas frases de la palabra hay que hacer lo mismo, masticar y masticar.

Todo el evangelio es como un drama entre los que necesitan ser salvados y los que no necesitan salvación, lo tienen todo y no necesitan de nadie. Te diría que toda la historia de la humanidad es historia de los que se creen salvados por sí mismos, por el poder, por el dinero, por el prestigio, por la fama, por una religiosidad del cumplimiento, por sus propios planes y miles de cosas más… y de los que nunca se consideran salvados por algo humano, sino los que siempre manifiestan que la salvación es un regalo, que la salvación viene de lo alto y no de este mundo. Y Jesús en el medio de la historia, en todo sentido. Queriendo mostrarnos con su amor que la verdadera salvación no viene de los poderes de este mundo, sino que viene de su amor misericordioso, de su corazón que ama hasta el final y que desde la cruz nos sigue diciendo que no vale la pena “bajarse de la cruz”, que vale la pena amar hasta el fin.

La pobre viuda de algo evangelio de hoy dio más que nadie. La pobre viuda no quiso “salvarse a sí misma”, sino que con lo poco que tenía quiso ayudar a que otros se puedan salvar. No se miró a sí misma y cuidó lo poco que tenía, sino que confió en que dando con el corazón nunca sería abandonada por Dios. Esa es la lógica del generoso. Dar sabiendo que nunca será abandonado, dar sabiendo que todo lo que se da se multiplica y que, así como yo pude ser generoso, siempre habrá alguien generoso conmigo.La más pobre dio más que todos los ricos. Evidentemente Jesús no sabe mucho de matemática. ¿Cómo es posible que alguien que dio menos en cantidad sea en realidad el que más dio? Jesús no sabe mucho de matemática o por ahí lo que él mide y calcula pasa por otro lado, pasa por el corazón. Me inclino a pensar que, Él mira lo que a nosotros nos cuesta ver. Para Jesús dar mucho no es directamente proporcional a dar con el corazón y dar poco puede ser compatible con dar todo.

Una cosa extraña para nuestra mentalidad que todo lo calcula, que todo lo mide y lo cuenta pensando que la vida del corazón es matemática pura, donde siempre 1+1 es 2. Menos mal que las cosas de Dios no son así, sino estaríamos todos muy complicados todos. La vida del corazón no es ciencia exacta, es ciencia, pero del corazón, va por otros carriles. Y mientras nosotros queremos encasillar y encajonar todo en cálculos y números, incluso la salvación, Jesús se encarga de “patear el tablero” y enseñarnos un modo nuevo de ver las cosas, de entender la realidad.

Intentemos hoy vivir y pensar que la “salvación” de nuestra vida, de nuestra familia, no pasa por la cantidad de bienes que tengamos y acumulemos, sino que pasa, en el fondo, por la generosidad con la que vivamos, sea mucho o poco lo que demos, no importa, el cálculo mejor dejémoslo en manos de Jesús, que no sabe tanto de matemática. Aprendemos de la viuda, que supo dar todo, aunque nadie se había dado cuenta, solo Jesús.

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

By administrador on 20 noviembre, 2022

Lucas 23, 35-43

Después de que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!»

También los soldados se burlaban de Él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!»

Sobre su cabeza había una inscripción: «Éste es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que Él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo».

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Palabra del Señor

Comentario

Ultimo domingo del año de la Iglesia, hoy celebramos la Solemnidad de Jesús como Rey del Universo. Último domingo del año en el que la Iglesia quiere meditar, revivir y volver a pasar por nuestros corazones, los misterios de la vida de nuestro Salvador Jesucristo. Sabemos que no coincide con el año civil pero igualmente, siempre es bueno volver recordarlo. La semana que viene ya comenzaremos el adviento, tiempo que dedicaremos especialmente a reflexionar sobre la venida del Señor preparándonos, fundamentalmente para la Navidad.

Sin embargo, estarás sorprendido por algo del evangelio de hoy, con el que terminamos el año. ¿Por qué aparece hoy, en esta fiesta, esta escena de Jesús crucificado, burlado, basureado por todos, incluso por un malhechor? ¿Por qué la figura de Cristo Rey está simbolizada desde un trono totalmente distinto al del mundo, un trono de madera, pero que es en realidad una cruz? Este Jesús burlado, también es defendido por un “buen malhechor” o “buen ladrón” aunque parezca contradictorio. Terminamos el año contemplando a Jesús como rey de todo y todos, pero colgado en una cruz, provocado por los jefes de los judíos, por los soldados y por un ladrón malvado.

Podemos preguntarnos esto: ¿Es posible que ese sea mi rey? ¿Ese es el rey que nosotros amamos? ¿El que no fue capaz de salvarse a sí mismo cuando tenía la posibilidad de hacerlo? Antes que yo te responda esta pregunta, me gustaría que vos mismo con sinceridad puedas responderla en el silencio de tu corazón, en este momento de oración. Si tenés una cruz a mano, si podés mirar ahora una cruz en donde esté también Jesús, miralo a los ojos, miralo con el corazón y preguntale: ¿Realmente sos mi rey? ¿Realmente seguís reinando en este mundo tan lleno de maldad e injusticia por todos lados? ¿Por qué no te bajaste de la cruz ese día y les mostraste a todos quién eras verdaderamente?

Hagamos estas preguntas y en silencio imaginemos que es Jesús quien nos contesta, que Jesús nos quiere contestar a cada uno de nosotros los que le acabamos de preguntar.

“Si amigo, sí amiga mía, soy tu rey, soy rey tuyo y de todos, aunque a veces no te des cuenta por andar en la tuya, aunque muchos no lo puedan reconocer, aunque muchos me rechacen y sigan insistiendo que lo mejor ese día hubiese sido bajarme de la cruz y salvarme a mí mismo, sin salvar a todos. Muchos creen que lo mejor es mostrar mi poder bajando de la cruz, dejando de amar, pero en realidad hoy puedo decirte que soy Rey porque no dejé de amar, no me bajé de la cruz, me quedé hasta el final. ¿Crees que ese día mi corazón no deseo bajar de la cruz? ¿Crees que ese día la tentación no invadió mi corazón? Sí, si porque era el camino más fácil salvarme a mí mismo que salvar a todos, era más atractivo hacerlo de ese modo.

¿Sabés por qué no me baje de la cruz y me salvé a mi mismo? Por vos. Lo hice por vos, lo hice por todos. No me salvé a mí mismo para salvar a todos y para que hoy vos te des cuenta que te amo, hasta el fin. ¿Cómo me hubieses reconocido hoy como rey si yo no hubiese entregado mi vida por vos? Soy el único rey que entregó la vida por todos. Soy el único rey que tiene seguidores aún después de no estar presente físicamente en este mundo. Soy el único rey que no te extorsiona para que lo ames, simplemente amo, te amo. Soy el único rey que prometo todo, pero a cambio de todo. No prometo riquezas y fama en este mundo, sino que prometo entrega y vida eterna. Soy el único rey que no te engaña y te dice la verdad, y la verdad, es que tenés que hacer lo mismo que Yo. No intentes salvarte a vos mismo. Eso es puro “espejismo”. No intentes salvar tu vida continuamente a costa de los demás. Yo te hice para que entregues tu vida y salves la de otros. No intentes “salvarte” en el trabajo buscando poder y siendo deshonesto tantas veces. Nos busques “salvarte” a vos mismo, criticando a los otros y juzgando a todo lo que no es como vos querés que sea. No insistas en “salvarte” a vos mismo acumulando riquezas y cosas en esta vida mientras otros la pasan mal en serio.

No quieras salvarte a vos mismo permaneciendo en tu pecado, en esa tibieza, en esa avaricia desgastante, en esa lujuria que te ciega, en esa soberbia que te enloquece, en esa ira que te aleja de todos, eso no es salvación, es perdición. No te dejes vencer por las voces de este mundo que te dicen: “Salvate a vos mismo, los otros no importan, que los demás se las arreglen, es la vida de ellos, no es mi vida, son voces tentadoras, pero no es mi voz. Yo te enseño otra cosa, salvate… salvando, salvate amando, permanecé en el amor, eso es no bajarse de la cruz, permanecé amando hasta el final, aunque muchos te digan que no vale la pena, eso es reinar, eso es atraer, por eso Yo soy tu Rey, porque ame hasta el final, aun teniendo motivos para no hacerlo, hoy quiero ser Rey otra vez, en tu corazón y en el de miles de personas, dejame reinar, pero para eso tenés que dejarte salvar, tenés que dejar de pretender  salvarte a vos mismo”.