Book: Lucas

I Domingo de Adviento

I Domingo de Adviento

By administrador on 28 noviembre, 2021

Lucas 21, 25-28. 34-36

Jesús dijo a sus discípulos:

«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.

Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación.»

Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante del Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Comentario

Aturdidos por todos lados, muchas veces desde nuestro interior y muchas otras desde afuera, empezamos este domingo en toda la Iglesia, el tiempo o momento, podríamos decir, de Adviento, tiempo en el que justamente intentaremos lentamente salir un poco del aturdimiento generalizado en el que vivimos, para poder percibir la presencia de Jesús en nuestras vidas. Porque Él ya vino, porque Él está y además el vendrá algún día lleno de poder y de gloria.

Domingo a domingo y también durante los días de la semana, iremos paso a paso dejándonos llevar por la Palabra de Dios que buscará que estemos vigilantes, que estemos atentos, que tengamos ánimo, que levantemos la cabeza para que podamos ver todo lo que nos perdemos por andar aturdidos, por estar caminando con la cabeza gacha mientras lo mejor de la vida nos pasa por al lado y no nos damos cuenta.

Por eso no te olvides que es bueno armar en tu casa la corona de adviento que simboliza esta preparación espiritual, que simboliza como la luz de Cristo, que está presente, quiere también ir prendiéndose en nuestros corazones para nacer otra vez en la navidad que se acerca. Por eso no te olvides en estos días ir sacando el pesebre que tenés guardado, para armarlo con tus hijos el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción.

Claramente Algo del Evangelio de hoy hace referencia a la segunda venida de Jesús, que incluso ya estuvimos meditando la semana anterior. Pero los consejos que Jesús da a sus discípulos sobre la actitud que deben tener para que ese día no los encuentres desprevenidos – nosotros diríamos en cualquiera cosa – también son especiales para nosotros, para estos días previos a la Navidad, para que no nos agarre con el corazón en cualquier cosa, aferrado a mil actividades, a mil regalos que tenemos que hacer y tantas cosas más.

Hoy me quedo con un consejo de Jesús, “no dejarnos aturdir”, será porque también yo como sacerdote muchas veces ando aturdido. Nosotros los sacerdotes también muchas veces predicamos de lo que andamos necesitando. Todos andamos a veces medios “aturdidos” y creo que en este tiempo más que hacer muchas cosas, lo que deberíamos intentar hacer es dejar de hacer muchas cosas. Como si fuera que está nublado y necesitamos ver el sol o que el sol nos dé su calor y lo que hace falta en realidad es que las nubes se corran y no tratar de inventar el sol. En estos días creo la propuesta es dejar cosas que nos aturden y no nos dejan escuchar, percibir, detectar que Jesús ya vino a nuestra vida, que está y que además puede venir en cualquier momento. Pensemos en las miles de cosas que nos aturden, como dijimos al principio, desde dentro y desde afuera.

Nos aturden nuestros propios pecados, egoísmos, individualismos, nuestra pereza, nuestra sensualidad y superficialidad, nuestras broncas, rencores e incluso el odio, la crítica, la soberbia, el orgullo, la falta de perdón y de misericordia. Nos aturde un dolor profundo por la pérdida de alguien, una enfermedad. Y así podríamos seguir. Seguí vos haciendo tu lista. Pero también nos aturden desde afuera. El cansancio y agobio por el fin de año, nos aturden nuestros hijos, sus reclamos y necesidades, nuestro marido con sus problemas, nuestra mujer con su impaciencia, lo que sea, por decir algo. Nos aturde nuestro jefe y compañeros de trabajo, la gente con la que trato diariamente, los problemas económicos, los problemas del país, el colegio, la facultad, la parroquia, del grupo y así la lista podría seguir. También podés terminarla vos y hacerla a tu medida. Pero lo importante es no quedarse en eso, en lo que nos aturde, sino en lo que Jesús nos propone, en tener ánimo y levantar la cabeza, porque el estar aturdidos nos quita el ánimo y nos hace bajar la cabeza, todo un símbolo de cuando el cansancio nos gana el corazón.

Empecemos este adviento levantando la cabeza, pidiendo ánimo, pidiendo fuerzas para correr los problemas que nos aturden o bien dejar que pasen como las nubes. Hay algunos que tendrás que hacer un esfuerzo para no darle la trascendencia que no se merecen y otros, que tendrás que dejar que pasen, será cuestión de tiempo.

Sería bueno que, en estos días, pensemos realmente, que nos aturde y que deberíamos dejar de hacer para andar un poco más tranquilos, que deberíamos proponernos para tener la cabeza un poco más levantada y el corazón más animado. Seguramente tener algún tiempo más de oración, para estar atentos a la presencia de Jesús en nuestras vidas, seguramente dar un poco de tiempo a los demás, seguramente animarnos a acercarnos a alguien que lo necesita, seguramente no esperar “tan” desde afuera, tan “comercialmente como decimos, sino esperarla desde adentro, esperarla desde nuestro corazón, esperar el nuevo nacimiento y cotidiano de Jesús en nuestras vidas.

XXXIV Sábado durante el año

XXXIV Sábado durante el año

By administrador on 27 noviembre, 2021

Lucas 21, 34-36

Jesús dijo a sus discípulos:

«Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Comentario

Mientras, como cada fin de año, una especie de «fiebre consumista» – o «epidemia de deseos» de comprar y comprar– quiere invadirnos por un lado y por el otro, a medida que se acerca la fiesta más tierna de nuestra fe, la Navidad. Mientras millones de personas en este mundo, incluso vos y yo, nos deshilachamos en cansancio para ver cómo compramos cosas más baratas y ofertas creyendo que necesitamos todo lo que compramos. Mientras salen fotos en los diarios de gente que se pelea por llevarse algo más barato y mejor que lo que tenía; no sabiendo bien qué va a hacer con lo anterior, que en realidad ya no es tan viejo. Mientras al mismo tiempo hay mucho sufrimiento en el mundo, pero se olvida, y los medios de comunicación nos bombardean con ofertas y descuentos de todo tipo y color para endulzarnos el oído consumista y convencernos de que teniendo esto o lo otro estaremos mejor. Este sábado en Algo del Evangelio, casi como una ironía de la providencia divina que quiere «salvarnos» pero en serio de tanta anestesia mundana, aparecen estas palabras de Jesús como un anillo al dedo, «al corazón» de los creyentes; pero que finalmente se lo pondrá quien quiere ponérselo, quien sabe escuchar.

Te ánimo y me animo, como siempre, a que nos examinemos, a que de algún modo nos «midamos» la fiebre del consumismo y que nos animemos a ponernos el «termómetro» de la fe para ver hasta dónde nos llega la temperatura consumista y si nos estamos adecuando a esta realidad que nos invade. Muchas veces movidos por una enfermedad oculta que nos engaña y nos hace creer que necesitamos siempre algo distinto para poder subsistir y para poder estar mejor. Sé que lo que estoy diciendo no es políticamente correcto, pero al mismo tiempo sé que Jesús no siempre fue políticamente correcto. Y si quiero transmitir la Palabra de Dios, a veces me toca la parte más fea, la parte que menos amigos produce.

Porque así es la Palabra de Dios: espada de doble filo (corta para ambos lados). Y aunque a veces nos obstinemos en ocultar algunas cosas que nos dice, ella nos sigue hablando y nos sigue diciendo siempre lo mismo. Ella sigue insistiendo en «no dejar pasar» las cosas que no deben pasar de moda jamás. ¿Te acordás lo de ayer: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán»?

En general, si nos cerramos, siempre encontraremos excusas para que Dios no nos diga lo que no queremos que nos diga, o bien para decir que Dios en realidad no dice lo que en realidad sí dice. Somos así de débiles, todos. Así somos de escurridizos los hijos de Dios. Y por eso podemos andar por la vida diciendo que escuchamos a Dios, que lo amamos, que tenemos fe, pero no haciendo nunca lo que él nos recomienda. «Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes”». Él nos dice a nosotros, a los que nos consideramos sus seguidores, a los que lo amamos y deseamos su amor: «Tengan cuidado». Siempre, para todos es un peligro. Imaginate si hace dos mil años Jesús tuvo que advertir sobre los excesos, sobre la embriaguez y las preocupaciones de la vida –que las había. Pero hoy qué podríamos decir sobre lo que vivimos, porque hoy sobreabundan estas cosas. ¿Qué nos queda para hoy? ¿No crees que estas palabras son más actuales que nunca? ¿No habría que escucharlas con más corazón que nunca?

Los excesos nos aturden, no nos dejan oír y escuchar la dulce voz de Jesús que nos dice: «Tengan cuidado».

La embriaguez de todo tipo, las del alcohol y drogas, pero también de todo aquello que nos hace perder la capacidad de razonar, de pensar bien, de ser sensatos y mirar un poco más allá; de encontrar tanta bondad dando vueltas y de ocuparnos de cosas que nos harían mucho mejor de lo que a veces elegimos; las preocupaciones por esto y por aquello, por tener más y más, por darle algo material a nuestros hijos, olvidándonos de lo que más necesitan, que es nuestro amor; por no haber solucionado esto o aquello; preocupaciones legítimas incluso, pero que en definitiva cuando nos sacan más energía de la necesaria o de la que corresponde, nos impiden estar con el «corazón preparado» y darnos cuenta que lo esencial pasa por otro lado.

«Tengan cuidado». Tengamos cuidado. Que no tenga que pasarnos algo duro para que nos demos cuenta que la vida va por otro lado y no el tener esto o lo otro.

Dios quiera que no lleguemos un día a tener que decir: «Uy, qué manera de perder tiempo en mi vida. Si me hubiera dado cuenta antes». Gracias a Dios Padre. Como sacerdote, Jesús siempre se encarga a veces en la semana de enfrentarnos con el dolor y la muerte. De una manera u otra nos despierta de esta «fiebre consumista» que también nos quiere atacar a nosotros y porqué no decir que ya nos invadió el corazón. Es un regalo poder estar siempre cerca del dolor, aunque duela. Una vez –me acuerdo– estando en un momento así, en un responso de una niña muy pequeña, mientras rezaba por ella y especialmente por sus padres, le pedí también a Dios que me dé la gracia de conmoverme, de que el dolor no me pase por encima sin hacerme nada, para saber estar al lado del que sufre y dejar de pensar un poco en mis cosas y en lo que tengo que hacer. La madre y el padre de esa niña me conmovieron solo por verlos. Aun sufriendo de una manera indescriptible, la madre tuvo corazón para decirles a todos los que estaban acompañando en ese momento: «¡Gracias por venir!»

Mientras este «mundo» se regocija de tener su pequeño mundo de ofertas, millones de personas se esfuerzan día a día por tener por lo menos un lindo día, un día con menos sufrimientos. Nosotros los discípulos de Jesús… ¿qué nos mueve el corazón?, ¿qué nos conmueve?

XXXIV Viernes durante el año

XXXIV Viernes durante el año

By administrador on 26 noviembre, 2021

Lucas 21, 29-33

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:

«Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

Palabra del Señor

Comentario

Al final, al final de nuestra vida y de la historia, solo importará una cosa, o pocas cosas, pero entre ellas, importará la más importante, valga la redundancia; si reconocemos o no a Jesús como nuestro rey. ¿De qué servirá todo lo demás? ¿Qué importará si tuvimos esto o lo otro, si alcanzamos nuestros sueños terrenales, si logramos tener más o menos bienes? ¿Qué sentido tendrá haber gastado tantas energías en miles de cuestiones, si al final de cuentas en ese instante tan crucial no le decimos a Jesús: “mi rey”, mi “amor”, mi maestro, mi Señor, mi todo? Solo eso importará, solo eso nos debería importar, reconocer que la vida y la historia recobran sentido solo en Él. Hacia allá vamos, hacia Vos vamos Jesús.El cielo y la tierra pasarán… Todo lo que tenemos a nuestro alrededor si miramos ahora, todo va a pasar, todo va cambiando, todo tiene su principio y su final; nuestra propia vida también, aunque sabemos que nuestra alma es inmortal. Y como todo lo que tenemos a nuestro alrededor pasara; tenemos que ponerlo en su lugar.

En estos días –como es el final del año litúrgico– venimos meditando los tiempos finales, cuando Jesús anuncia su segunda venida; pero hoy te propongo que traslademos este anuncio de Jesús de que “hay que estar atentos a su venida”, de que “hay que aprender a distinguir”, así como distinguimos en la naturaleza a través de signos y manifestaciones que hay algo que vendrá después; así mismo, te propongo y me propongo que hoy pensemos esto llevado a nuestra vida espiritual, pero concretamente en nuestro día a día, no tanto que pensemos en la “segunda venida” de Jesús; sino en las venidas continuas de Él a nuestra vida, a la presencia del Reino de Dios en nuestra vida, en cada cosa que hacemos.

Y para eso tenemos que escuchar estas palabras de Jesús que nos invita justamente a estar atentos; en realidad nos invita a saber interpretar, porque ahí es en donde fallamos muchas veces: nos cuesta muchísimo interpretar que detrás de lo que vemos y hacemos, de lo que nos pasa, de lo que se nos manifiesta, de las personas, de las situaciones, de todo, tanto de lo bueno como de lo malo; tenemos que aprender a ver ahí detrás de esto la bondad de las cosas, la manifestación de Dios a través de los acontecimientos.Así como a través de la Cruz de Jesús nosotros aprendemos a ver el amor que Él nos tiene; también tenemos que aprender a ver incluso en las situaciones difíciles de nuestra vida la presencia de Dios. Porque tenemos una gran capacidad para ver lo malo, tenemos una gran capacidad para juzgar las cosas malas, incluso para etiquetar situaciones y personas, juzgar, prejuzgar y sacar conclusiones de cosas que vemos, de situaciones que nos han pasado, y muchas veces somos muy implacables en mostrar las cosas malas de los demás.

¿Por qué no aprendemos a ver lo bueno? ¿Por qué no aprendemos a ver –por ejemplo– que detrás del enojo de una persona hacia nosotros, podemos darnos cuenta que puede ser una corrección para nuestra manera de ser? ¿Por qué no aprendemos a ver que detrás del enojo de tu marido, de tu mujer, de tus hijos; en el fondo lo que te están manifestando es el amor? Sí es verdad, no lo están manifestando bien; pero se puede decir que te están pidiendo, te están reclamando amor. Aprendamos a ver la bondad de las cosas que hay detrás de lo que nos pasa.

Aprendamos a ver –como decimos a veces– la parte llena del vaso y no quedarnos con la parte vacía. Si te pones a pensar en este día que empezás, en tu trabajo, mientras estás viajando, mientras estás haciendo las cosas de la casa; podrías empezar por levantar la mirada y darte cuenta que hay un montón de situaciones que si las aprendés a leer mirando más allá, lo que vendrá; siempre podés sacar algo bueno, siempre. Siempre, incluso del pecado; el pecado inaugura en nuestra vida el tiempo de la misericordia, el tiempo del perdón, el tiempo del nuevo acercamiento a Jesús. Por eso “hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve que no necesitan perdón”.

Bueno, ojalá que en este día todo lo que nos pasa podamos interpretarlo con la bondad que Jesús nos pide.

Y esto no es para caer en un optimismo ingenuo; sino para realmente ver la presencia de Dios en nuestra vida. Porque si no; reducimos la presencia de Dios y la experiencia de Dios a las cosas buenas y a las cosas que nosotros consideramos que son buenas. Qué pobre es nuestra experiencia de Dios cuando la reducimos a eso; al contrario, que distinto es cuando decimos: “¡En esto que me pasó tiene que estar Dios!”, en esta situación “mala” que incluso me hizo sufrir, tengo que encontrar a Dios, en este compañero de trabajo, en mi marido, en mi mujer, en mis hijos, en mis sobrinos; bueno, en todo lo que pasa cada día.

Que este día sea una oportunidad para darnos cuenta que se acerca el verano, que se acerca algo mejor; que siempre podrá venir algo mejor si aprendemos a ver las cosas con fe. Acordate que tener fe no es creer en Dios solamente; sino creerle a Él. Hoy creámosle a Él: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

XXXIV Jueves durante el año

XXXIV Jueves durante el año

By administrador on 25 noviembre, 2021

Lucas 21, 20-28

Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima. Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella. Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.

¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.

Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación.»

Palabra del Señor

Comentario

El reinado de nuestro rey de reyes no tenemos que buscarlo fuera del corazón, no tenemos que pretender que provenga de la organización de este mundo contradictorio, tampoco podemos ambicionar, incluso, que lo hagan presente en la Iglesia solo aquellos que les toca ocupar un puesto especial, aunque deban hacerlo, sino, que el reinado de Jesús comienza por casa, por tu corazón y el mío, solo desde ahí comienza a nacer y se hace presente. Ese rey silencioso que se dejó juzgar por los poderes injustos de este mundo, también está cada día queriendo reinar por el amor en nuestros corazones, como si fueran su trono. Solo Jesús puede desterrar el ego de nuestras vidas, ese pequeño pero gran gigante que quiere ser siempre el dueño de nuestro corazón. Solo Jesús puede destronar a ese rey ruidoso que es nuestro propio yo, ese que siempre quiere sobresalir.

Parte de Algo del Evangelio que acabamos de escuchar, el final especialmente, será el evangelio que escucharemos el domingo que viene, que, dicho sea de paso, te recuerdo que será el primer domingo de adviento, el tiempo especial de preparación para la Navidad, por eso quería aprovechar para que nos centremos en esta parte compartida y el domingo podemos continuar el comentario con lo que sigue.

Claramente el texto de hoy tiene dos partes. La primera se refiere al anuncio que hace Jesús sobre el sitio y la destrucción de Jerusalén en el año 70 – algo que hablamos el martes – la segunda parte tiene que ver con la necesidad de prepararse para la segunda venida de Jesús que no tiene fecha, o mejor dicho no la sabemos. ¿Cuándo será te habrás preguntado alguna vez? ¿Cuándo será se preguntan muchos? ¿Cómo será ese día? Creo que ya hablamos de esto en algún audio la semana pasada y me parece que lo importante en realidad pasa por otro lado, el centro Jesús lo pone en otro lado, el acento es otra cosa, no vale la pena quedarse con lo accesorio. Justamente Jesús quiere corregirnos de ese deseo, a veces insaciable, de saber lo que vendrá y cómo será. Lo que Jesús nos enseña o nos quiere remarcar, es la actitud que tendremos que tener cuando esto pase, si nos toca vivirlo, porque además no lo sabemos. Habla de tres cosas muy concretas: Ánimo, levantar la cabeza y liberación. Alcanza el tiempo para que meditemos en la primera, con las otras podés rezar y pensar vos.

Podríamos decir que a veces Jesús parece ser bastante pretensioso, por decirlo de alguna manera, desea mucho de nosotros con cuestiones que, a nosotros a primera vista, nos causan un poco de rechazo, o por lo menos nos cuestan mucho. Después de decir todo lo malo que puede llegar a venir, de todo lo que puede pasar, parece irónico que termine diciendo que debemos tener ánimo. ¿Cómo es posible? ¿Es posible? Tener ánimo ante lo que pinta como desastroso, catastrófico – ya sea el fin del mundo o incluso el fin de nuestra vida, o la vida de un ser querido – es una actitud que solo puede tener aquel que tiene los pies bien puestos sobre la tierra, pero al mismo tiempo, los ojos y el corazón en el cielo, simbólicamente, solo el que tiene su corazón anclado en la vida que vendrá, pero con esperanza. Es el ánimo que proviene de la fe, solo el que cree puede pensar y sentir así, pero no me refiero al que solo cree que Dios existe, sino el que le cree a ese Dios que existe, le cree a ese Dios que se hizo hombre, a Jesús, y como le cree a Jesús sabe y tiene la certeza de que sus palabras son verdad y jamás pueden engañarnos. ¿Se entiende la diferencia entre decir que crees y creer como Dios pretende que creamos? El ánimo ante estas situaciones es de alguna manera un indicador de la fe.

¿Decimos que creemos, pero nos desesperamos, perdemos la esperanza ante la muerte o ante lo que pueda pasar? Entonces nuestra fe está enganchada con alfileres, nuestra fe se la puede llevar cualquier sufrimiento, cualquier dolor inevitable de nuestra vida. Si ante la posibilidad del fin perdemos la esperanza es porque nuestras certezas están atadas con criterios demasiado humanos. Muchos de nosotros tenemos la fe atada con alambre, y por eso tenemos que pedir más fe, tenemos que pedir con fe, mucha más fe de la que tenemos, aunque parezca tonto decirlo. No hay que dar por sentado que tenemos la fe suficiente como para tener ese ánimo en los momentos más difíciles. A veces somos un poco ingenuos y decimos todos sueltos y convencidos: “Tengo fe” Muchas veces tenemos fe hasta que llega la prueba, ahí es donde se comprueba verdaderamente la fe, donde pasa por el verdadero tamiz, a todos nos pasará, tarde o temprano.

Pidamos siempre la fe, porque es un don y una respuesta que tenemos que dar todos los días. Hoy pidamos ese ánimo, un alma alegre para estar dispuestos y preparados a lo que venga, sabiendo que nada se escapa de las manos de nuestro Padre del cielo.

XXXIV Miércoles durante el año

XXXIV Miércoles durante el año

By administrador on 24 noviembre, 2021

Lucas 21, 12-19

Jesús dijo a sus discípulos:

«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.

Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Palabra del Señor

Comentario

Es relativamente fácil comprender que el camino para alcanzar la paz, es el camino de la “no violencia”, el de Jesús, eso mismo que vivió y practicó hasta el final, hasta el último suspiro, en la cruz, dando la vida. Digo que es fácil entenderlo, porque es lógico que la violencia engendra violencia, es como echar alcohol al fuego, pero sabemos que es difícil vivirlo cotidianamente y especialmente en situaciones límites, en esos momentos donde podemos sentir que “el mundo entero” parece estar en contra nuestro. Hay muchas personas, incluso podés ser vos, que son pacíficas por naturaleza, nacieron con una mansedumbre del corazón admirable, pero hay otras que no, se les hace más difícil, o bien son pacíficas en ciertas situaciones y en otras pierden la paz fácilmente. Eso depende de muchas cosas, de nuestro carácter, de nuestras debilidades naturales, de las adquiridas, del contexto en el que vivimos, de la educación que recibimos.

Bueno, pero tenemos que decir que solo la mansedumbre de nuestro rey de reyes, de Jesús, es la que nos permite reinar en nuestro propio corazón, ser dueños de nosotros mismos, dejar que Él reine en nuestras vidas para llevar la paz a los demás. Sin esa paz del corazón, que se aprende mirando a Jesús, buscando imitarlo, amarlo, es imposible decirle a este mundo que vale la pena no responder al mal con el mal. “El que es de la verdad, escucha mi voz” decía Jesús, escucha que el único camino posible y consolador es ese, todo lo demás es de “este mundo”, es muy terrenal.

A veces nos parecen muy lejanas estas palabras de Jesús sobre la persecución, como de esto de que nos van a detener, a entregar, encarcelar. Creo yo que es porque nosotros vivimos la fe en un contexto donde no hay violencia, de camuflada tolerancia, de supuesta libertad de expresión y eso hace que pensemos que lo que dijo Jesús es de otros tiempos.

Es verdad que, antes que nada, Jesús les hablaba a sus discípulos, a los más cercanos, a los que finalmente después de la Resurrección, salieron encendidos por el Espíritu Santo a anunciarle a todo el mundo que Jesús estaba vivo y que había muerto por todos. Eso generó la primera persecución de la Iglesia naciente, y por eso todos los apóstoles, menos Juan, terminaron dando la vida por el que amaban, así como Él las había dado por ellos. Pero también es verdad que a lo largo de la historia de la Iglesia ddwd, hay y habrá persecuciones contra los cristianos. Los mártires en la historia de la Iglesia son incontables y siempre fueron y serán semillas de nuevos cristianos. Hoy, aunque no parezca, sabemos que diariamente hay cristianos que son perseguidos y mueren por dar testimonio de Jesús, ¡¡son muchísimos!! El Papa Francisco decía que hay más mártires ahora que en los primeros siglos de la Iglesia. También San Juan Pablo II y Benedicto XVI hablaron mucho sobre el silencio de la actual persecución a la Iglesia de Cristo.

¿Y nosotros? ¿Nosotros que hacemos? ¿Nosotros rezamos por nuestros hermanos que mueren diariamente, por ejemplo, en Siria, en Irak? Y nosotros ¿damos testimonio con nuestra vida de que Jesús es todo para nosotros? Mientras algunos dan su sangre por su amor a Jesús, vos y yo, ¿Qué damos? Como en el evangelio del lunes, ¿damos lo que nos sobra como los ricos o damos todo lo que tenemos como la viuda? Los mártires de hoy dan, como los de siempre, todo lo que tienen para vivir, su propia vida, sabiendo que la vida no se pierde, la vida se gana para siempre, sabiendo que “nada podrá separarlos del amor a Cristo”, nada podrá separarlos de aquel que dio su vida por nosotros.

Mientras algunos cristianos no pueden celebrar su fe con libertad, no pueden asistir a Misa, nosotros por ahí nos damos el lujo de no ir a misa o desaprovecharla, o participar sin el corazón, sin amor. Mientras algunos hermanos nuestros casi que no pueden confesarse por falta de sacerdotes, nosotros a veces no valoramos este sacramento o lo recibimos mal, o no hacemos nada para cambiar. Mientras algunas familias están separadas y viven sufriendo por ser cristianos, nosotros en nuestros ambientes nos da miedo muchas veces decir que somos católicos por miedo a que se nos burlen, por miedo a no saber qué decir, por vergüenza. ¡Qué triste! Qué falta de amor tenemos a veces. Mientras algún cristiano ahora está dando la vida sabiendo que su vida no se pierde, nosotros por ahí estamos perdiendo la vida en superficialidades o estamos viviendo con incoherencia nuestra fe, mientras decimos que somos católicos, estamos borrando con el codo lo que decimos con la boca y alejamos a los demás de Dios. ¿Cómo es posible que ese crea en Jesús si vivimos, sentimos y pensamos igual que todo el mundo? Nuestras incoherencias con la fe, nuestro vivir la fe a nuestra medida debería ser un llamado de atención para pensar si realmente amamos a Dios como a veces decimos que lo amamos.

Que Jesús nos ayude hoy a no tener miedo a amarlo con toda la vida. Si realmente lo amamos jamás tendremos miedo al qué dirán y a lo que tendremos que decir.

XXXIV Martes durante el año

XXXIV Martes durante el año

By administrador on 23 noviembre, 2021

Lucas 21, 5-11

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?»

Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca.” No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin.»

Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo.»

Palabra del Señor

Comentario

«…Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que Yo no fuera entregado…», le contestó Jesús a Pilato en el Evangelio del domingo. De alguna manera, Jesús le estaba mostrando la diferencia entre el modo de reinar mundano, siguiendo la lógica de los hombres, y el modo de reinar de Dios. Paradójicamente los poderosos de este mundo necesitan estar rodeados de protección, necesitan ser protegidos para poder andar libremente por el mundo. Paradójicamente, a mayor poder, más necesidad de seguridad, de custodia, y, por el contrario, Jesús llegó hasta el final, hasta la cruz, sin necesidad de que nadie lo custodiara, sin necesidad de que nadie lo defendiera; es más, cuando quisieron defenderlo, lo prohibió y dijo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O pensás que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles».

El que ama, el que reina amando no necesita ser custodiado por nadie, porque no le teme a nada. En cambio, los poderes de este mundo, los poderosos, los que siguen la lógica del mundo, necesitan que los cuiden, porque su modo de vivir, divide; su modo de actuar genera resentimiento, recelos, envidias y odios. Vos y yo podemos caer en lo mismo también, es por eso que debemos volver a mirar a Jesús una y otra vez, volver a sentirlo como nuestro rey, manso y humilde, y que nos pide actuar en definitiva de la misma manera.

En Algo del Evangelio de hoy, Jesús nos advierte creo que sobre tres actitudes: No poner nuestra confianza en lo que pasa, no curiosear sobre lo que vendrá y, por último, no confiar en los que se presenten en su nombre y nos pueden engañar. Dicho en positivo, sería algo así: Poner la confianza absoluta en el Señor, tener puesta nuestra esperanza solo en él y saber distinguir a los adivinos del fin o de las catástrofes.
Ante la admiración por la majestuosidad del templo de Jerusalén, Jesús advierte que de lo que ven no quedará piedra sobre piedra. Él estaba prediciendo lo que finalmente pasó en el año setenta de nuestra era, la destrucción del templo, pero al mismo tiempo es una enseñanza para que no pongan todo su corazón en lo material, para que no nos creamos que todo lo que vemos con nuestros ojos es eterno. Todo pasará, todo, incluso lo mejor de este mundo y por eso no vale la pena hacer de las cosas que vemos una especie de «mini dioses» creados por nosotros y admirados también por nosotros. Jesús relativiza, de algún modo, el valor de las cosas materiales, incluso del mismísimo templo de Jerusalén.

Los judíos se quedaron finalmente sin templo y entonces se quedaron sin culto a Dios, por eso siguen teniendo su muro, el muro de los lamentos donde van a pedir y lamentarse por no poder rendirle culto a Dios. Nosotros, los cristianos, es verdad, tenemos templos, para manifestar la presencia de Dios en medio de este mundo, pero el verdadero templo de Dios es Jesús, él mismo, con su Cuerpo que finalmente somos nosotros. Vos y yo somos templos de Dios. Y por eso, aunque haya hoy una catástrofe mundial y todos nuestros templos se vengan abajo, jamás nos quedaremos sin acceso a Dios, porque nosotros mismos somos las piedras vivas del nuevo templo que es el mismísimo Jesús. ¡Qué distinto pensar así!, ¿no? Qué distinto es saber que podemos encontrarnos con nuestro Padre en primer lugar en lo más íntimo de nosotros mismos porque ahí habita él siempre, y más que nunca cuando lo dejamos entrar simbólicamente.

Lo segundo se entiende mejor, por supuesto, sabiendo lo primero. ¿Para qué entonces curiosear? ¿Para qué querer saber cuándo será el fin y cómo será? No vale la pena. Si estamos convencidos de que todo es pasajero y de que pase lo que pase él siempre está y él es el dueño y el Rey de la historia, ¿qué sentido tiene saber y esperar con temor el fin total? Los que andan queriendo saber el futuro son los que en realidad no están sabiendo vivir el presente y no confían en la presencia y el poder de Dios en este mundo.

Todos los adivinos que andan por ahí, los que tiran cartas, los que supuestamente saben lo que nos pasará, son engañadores y manipuladores de la necesidad que tenemos muchas veces de saber lo que pasará. Confiar en él y en sus palabras, es lo difícil, pero al mismo tiempo lo que consuela y da paz al corazón.
Por último, tengamos cuidado de los falsos profetas y aprendamos a saber distinguirlos. Son miles lo que ya predijeron lo que va a pasar y cuando será el fin de los tiempos. Muchas veces también –cuidado– algunos católicos pierden el tiempo en eso, pierden energía y se preguntan estas cosas, y no es por maldad, sino por ignorancia, es por no haber escuchado a Jesús que lo dice claramente. «No los sigan, no los sigan». No sigamos a nadie que no sea Jesús, todo lo demás es pasajero y hay que saber distinguir. ¡Cuántas ansiedades nos ahorraríamos si confiáramos en las palabras de Jesús y nos dedicáramos a vivir el presente con paz, entregando el pasado a su misericordia y perdón y confiando lo que vendrá a su providencia!

XXXIV Lunes durante el año

XXXIV Lunes durante el año

By administrador on 22 noviembre, 2021

Lucas 21, 1-4

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

Comentario

¿Y si frenamos hoy un poco… y si intentamos mirar al cielo como quien quiere detener el tiempo para atesorarlo en el corazón? Estés donde estés, intentá acompañarme con este gesto, a todos nos hará bien. Si estás en la ciudad buscá entre los edificios eso que solo pudo haber hecho Dios. Si estás manejando sacá la cabeza por la ventana, toma un poco de aire. Ojalá que el día que te toque vivir esté despejado. Si estás en una oficina, anda a una ventana, a un pasillo. Si ya estás corriendo como loco, frená un poco, no tiene sentido correr tanto, lo que parece insolucionable, se solucionará o bien tomará otro rumbo, distinto. Lo que parece urgente, no es para tanto, no es tan importante. Al final de cuentas, lo importante pasa por otro lado y no tanto por lo que pensamos.

Retomando el evangelio de ayer, se me ocurre decir: ¡Qué lindo es tener un rey tan bueno como el nuestro! ¡Qué privilegio! ¡Qué consolador es saber que la mansedumbre de Jesús tarde o temprano nos convertirá! Pero al mismo tiempo… ¡Qué difícil es entender que el reinado de Jesús en nuestras vidas va tan a contramano de lo que nuestro corazón tantas veces pretende! Jesús ante Pilato, es la imagen más elocuente del modo que eligió para reinar en este mundo tan prepotente y manipulador. Cuando digo este mundo, puede parecer que me refiero a una fuerza externa que nos ataca, puede parecer que todos los problemas son del mundo, como si fuera algo ajeno a nosotros, pero no, cuando digo “este mundo” me refiero a la lógica de este mundo, pero que en definitiva es culpa de lo que sale del corazón del hombre y no de cosas extrañas que andan por ahí dando vueltas. Recorreremos lentamente, en estos días finales del año de la Iglesia, la escena del juicio a Jesús que está plagada de enseñanzas para todos nosotros, y que nos pueden ayudar a reconocer lo que Él también quiere de nosotros.

Muchas veces los que más sufren son los que más saben amar, o por lo menos conocen que para amar hay que sacrificarse. Es emocionante encontrar personas “golpeadas” por la vida, pero llenas de una vitalidad particular y con una gran capacidad de amar, mayor de la que imaginamos. Porque el sufrimiento les enseñó qué es lo esencial de la vida, les enseñó que todo lo que les pasó fue seguramente por falta de amor, y que, si ellos ahora no aman, sufrirán mucho más. Y, todo lo contrario, a veces el que no sufrió nunca, o el que le esquivó siempre al sufrimiento, el que vivió en una cunita de oro, como se dice, el que nunca sintió el peso de la vida, el que parece que nunca tuvo problemas, difícilmente pueda comprender el dolor de otros, difícilmente pueda amar en profundidad, aunque no es imposible. Por eso Jesús sufrió por nosotros y eligió el camino de la entrega, para poder compadecerse de todos, para que ninguno sienta que Dios la “vino a pasar bien” a la tierra, mientras a algunos les toca sufrir, o no se hizo cargo de nuestros sufrimientos.

La viuda pobre de Algo del Evangelio de hoy, dio más que nadie. Es increíble la manera de “contar” de Jesús. Esta mujer dio siendo necesitada. Prefirió no acordarse de su hambre, de su sed, de su desnudez, de su enfermedad, de sus esclavitudes. No se miró a sí misma cuidando lo poco que tenía, sino que confió. Confió en que dando con el corazón nunca sería abandona por Dios. Esa es la lógica del generoso. Así piensa el que es generoso en serio. Piensa primero en el otro, y no tanto en lo que necesita él. El generoso da sabiendo que nunca será abandonado, da sabiendo que todo lo que se da se multiplica y que, así como pudo ser generoso, siempre habrá alguien generoso con él. Esa es la dinámica del amor. Eso hizo Jesús con nosotros. Eso es lo que quiere de nosotros.

La más pobre dio más que todos los ricos. Evidentemente Jesús no sabe mucho de matemática. ¿Cómo es posible que alguien que dio menos en cantidad sea en realidad el que más dio? Él no sabe mucho, ni le interesa tanto la matemática o por ahí lo que Él mide y calcula pasa por otro lado, pasa por el corazón. Me inclino a pensar que Él mira lo que a nosotros nos cuesta ver.

Para Jesús dar mucho no es directamente proporcional a dar con el corazón, a dar todo, y dar poco en cantidad puede ser compatible con dar todo. Una cosa extraña para nuestra mentalidad que todo lo calcula, que todo lo mide y lo cuenta pensando que la vida del corazón es pura matemática, donde siempre 1+1 es 2. Menos mal que las cosas de Dios no son así, sino estaríamos todos muy complicados. La vida del corazón no es ciencia exacta, es ciencia, pero del corazón, va por otros carriles. Y mientras nosotros queremos encasillar y encajonar todo en cálculos y números, incluso la salvación, Jesús se encarga de “patear el tablero” y enseñarnos un modo nuevo de ver las cosas, de entender la realidad.

Sé que si tenés familia no podés dar todo lo que tenés. Es entendible. Pero si es posible dar mucho más de lo que damos cuando alguien nos pide, así espontáneamente, sin pensarlo tanto. Porque cuanto más lo pensamos, menos damos. Probá sacar mucho para dar una limosna, probá quedarte con la billetera sedienta, jamás vas a quedarte sin nada. Te lo aseguro. No me digas que no podés. No me digas que no tenés más. En el banco, debajo de un colchón siempre nos queda algo. Hasta que no vivamos esa experiencia, no sabremos lo que es dar todo, como Jesús, como la viuda pobre, y como tantos pobres de hoy que también lo hacen. En realidad… me animo a que nos preguntemos: ¿Quién es más pobre? ¿El que tiene y no da, o el que no tiene casi nada y da lo poco que tiene?

XXXIII Sábado durante el año

XXXIII Sábado durante el año

By administrador on 20 noviembre, 2021

Lucas 20, 27-40

Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»

Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él.»

Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

Palabra del Señor

Comentario

«La Palabra de Dios es viva y eficaz». Nunca me cansaré de repetir lo que, en realidad, la Palabra no se cansa de repetir: «La Palabra de Dios es más cortante que espada de doble filo». Nunca me cansaré de repetirte que la Palabra de Dios puede hacer eso en nuestras vidas: «penetrar hasta la médula», hasta el corazón. Y por eso puede hacer doler, porque las cosas que nos dice no nos dice el mundo. Las cosas que nos enseña no siempre el mundo las quiere escuchar. Las cosas que nos quiere transmitir no siempre son las que los que más nos quieren nos transmiten. Por eso, una vez más, no te canses de escuchar. No nos cansemos de escuchar. Aunque estés desanimado, aunque estés triste, aunque estés deprimida, aunque no te quieras levantar de la cama, aunque estés eufórico y feliz y creas que no lo necesitás, siempre escuchá a Jesús; que, a través de la Palabra escrita, nos habla al hoy, al corazón tuyo y al mío, al de tantos que lo necesitan.

No te canses de enviar estos mensajes a aquellos que están tristes y abandonados por esta sociedad que descarta lo que cree que no necesita. No te canses de presionar con tu dedo y enviarle la Palabra de Dios a otra persona, que te va a sorprender, incluso a veces al que menos pienses, al que menos confianza le tengas, será el que más lo necesita. Paradójicamente pasa eso. Muchos que están dentro de la Iglesia nos acostumbramos a escuchar tanto, tanto, tanto a Dios que se nos hace tan rutinario y tan familiar que perdemos la reverencia, la distancia con lo sagrado que siempre se debe mantener.

En cambio, aquellos que no tienen cierta familiaridad con las cosas de Dios, uno le envía algo, uno le enseña algo y tiene como el deseo tan grande, tan abierto, que lo recibe con un corazón lleno, lleno de ganas de aprender y de escuchar a Dios. Este sábado te quiero recordar eso. Animate a evangelizar, animate a ser también transmisor de la Palabra.

De Algo del Evangelio de hoy vemos cómo en esta especie de conversación o intercambio de ideas entre los saduceos, que era un grupo de judíos dentro del pueblo judío, un grupo que tenía un pensamiento distinto al de los fariseos sobre las cuestiones de la Vida eterna –y de hecho lo dice claramente–, «negaban la resurrección», representan como un caso hipotético, un caso absurdo digamos, ¿no? Esa situación de que una mujer se casa con siete maridos distintos y, finalmente, se preguntan: «Bueno, ¿de quién va a ser esposa en el cielo?» Como diciendo, en el fondo, que no creían en eso, ¿no? Que no creían que en el cielo iba a haber otra vida o que había una resurrección, o sea que recuperaremos de algún modo nuestro cuerpo para vivir eternamente en una completa felicidad.

Y por eso Jesús les enseña lo que ellos no pueden comprender porque tenían el corazón cerrado. Pero les enseña algo que nosotros no debemos dejar de predicar y de anunciar, que somos hijos de la resurrección. En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro, o sea, aquellos que vivamos según las enseñanzas del Señor, aquellos que pongamos al servicio de los demás el amor, la fe y la esperanza, los talentos que Dios nos dio. Esos en el cielo no se casarán. Porque en el cielo viviremos la plenitud del amor en una hermandad eterna, siendo hijos de un mismo padre y hermanos de Jesús, donde no habrá enemistad, no habrá preferencias, no habrá miradas de reojo para ver quién es mejor o quién es peor, no habrá envidias, no habrá avaricia, no habrá búsqueda de nosotros mismos. Estaremos volcados completamente al amor entre nosotros y eso es lo que nos dará la plena felicidad. No necesitaremos familias, seremos una gran familia. Esta verdad de nuestra fe, que muchas veces es olvidada por nosotros los que creemos, debe ser predicada una vez más a los gritos, a los cuatro vientos. «Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».

Si volviéramos a escuchar esto con fe, si cayéramos en la cuenta de que estamos hechos para la vida y para la Vida eterna, que nuestros seres queridos, aunque hayan muerte –si han vivido en el amor–, están viviendo; están en un modo de vida distinto y resucitarán junto a nosotros algún día. Si viviéramos así, ¡cuánta paz tendríamos en el corazón! ¡Con cuánta tranquilidad enfrentaríamos el momento que nos toque partir a todos!, porque eso va a pasar y tenemos que aprender a aceptar esta realidad, pero con la certeza de la resurrección.

Señor, danos la gracia de aceptar con alegría esta verdad, que nos enseñas y que querés que transmitamos a los demás. «Somos hijos de la resurrección». Nuestra vida en esta tierra no se termina con la muerte, sino que es simplemente un paso para la Vida eterna.

XXXIII Viernes durante el año

XXXIII Viernes durante el año

By administrador on 19 noviembre, 2021

Lucas 19, 45-48

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»

Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Palabra del Señor

Comentario

Menos mal que las palabras de Jesús no pasarán jamás, menos mal, no hay mejor noticia que esa. Es cierto que es lindo el cambio, que hace bien renovarse, que es incluso necesario adaptarse a que tarde o temprano todo pasa, pero al mismo tiempo también es cierto que necesitamos estabilidad en lo esencial, no se puede vivir sujetos a los vaivenes de los caprichos interiores, ni tampoco a los vaivenes del mundo que no le interesa ni la verdad, ni la bondad, ni la belleza. Hoy, más que en otros tiempos, parece ser que nada es objetivo, nada es estable, todo depende de lo que cada uno sienta o piense y por eso la “nueva dictadura” es la del relativismo, el pensamiento que rechaza el pensamiento único, valga la redundancia, pero al mismo tiempo impone el pensamiento relativista, que quiere decir que no hay verdad clara, objetiva, sino que todo dependerá de cada uno.

Bueno, y así estamos, no es necesario que te explique mucho esto. Por eso es refrescante saber que para Jesús esto no es así, hay cosas que no deben cambiar, que permanecen. Si puede y debe cambiar el modo de decirlas, la manera de transmitirlas, y es justamente lo que intentamos hacer cada día, de alguna manera, “traducir” al lenguaje de hoy algo que se dijo hace cientos de años, pero que es necesario volver a decir. Tener claro, pero bien claro esto, es fundamental para cualquier cristiano, pero especialmente para los que nos dedicamos a anunciar las palabras de Jesús que no pasarán jamás. Los peligros, como siempre, son el de caer hacia los extremos. Por un lado, el afirmarse en la rigidez de decir que el mensaje no debe cambiar, y entonces convertirse en un mero repetidor de frases que no necesitan ser explicadas o retransmitidas. Eso no sirve. No somos “loritos” de Dios, que no pensamos y procesamos lo que nos enseñó, y por eso la Iglesia desde hace dos mil años dice lo mismo, pero de modo nuevo en cada época.

Y, por otro lado, el otro extremo sería el de cambiar el núcleo del mensaje por querer acomodarlo a todos los tiempos y personas. Eso pasa cuando el que lo transmite está más preocupado por el ser aceptado o comprendido que por comprender el mensaje y es ahí cuando termina por “licuar” la fe, o sea hacerla “aguada”, perdiendo la esencia de lo que Jesús nos dijo. El que trasmite las palabras de Jesús cambiando el mensaje principal, es el que tiene miedo a ser rechazado, el que busca ser amado por lo que dice, pero no que los demás conozcan y se enamoren del verdadero Dios, el que nos reveló Jesús, esto pasa muchísimo, más de lo que imaginamos.

En Algo del Evangelio de hoy, vemos que Jesús siente indignación al ver convertida la casa de su Padre en una casa de comercio. Ayer Jesús lloraba, hoy se indigna. ¿Ves que Jesús siente la vida, tiene sentimientos y no los esquiva? Esto no es sentimentalismo, es realidad, es la palabra de Dios. Jesús sintió como hombre, vivió como hombre, sin escaparle a nada, excepto al pecado. Pasaron por su corazón sentimientos que lo hicieron reaccionar ante diferentes situaciones, a veces llorando, otras indignado y seguro, imagino que muchas veces riendo (aunque el evangelio no lo dice explícitamente). Pero su corazón siempre estuvo ordenado, sintió, pero no fue esclavo de sus sentimientos, sino que sus sentimientos eran auténticos, mostraban perfectamente lo que su corazón vivía y pensaba, y supo siempre conducirlos a un bien. No tenía el corazón dividido como nos pasa a nosotros que a veces ni sabemos por qué sentimos lo que sentimos, ni entendemos porque muchas veces pensamos lo que pensamos.

Al expulsar los vendedores del templo se enojó cuando se tenía que enojar y en la medida justa en la que lo tenía que hacer, pero siempre manteniendo dominio de sí mismo. A nosotros nos cuesta muchísimo, a veces nos enojamos cuando no nos tenemos que enojar o nos enojamos demasiado para lo que realmente pasó o bien no nos enojamos cuando nos deberíamos enojar. El sentimiento de enojo no es malo en sí mismo, no hay que tener miedo al enojo, hay que aprender a escuchar el corazón y equilibrar. Una sacerdote amigo siempre me dice “no mates un mosquito con un cañón”, como diciendo no gastes demasiadas energías, ira, cólera en cosas que en realidad no son para tanto. ¿Cuánta energía y tiempo perdido en enojos sin sentido que en el fondo provienen de nuestro orgullo herido, nuestra soberbia? Y al contrario ¿cuánta pasividad y pusilanimidad ante las cosas que nos deberían mover un poco el corazón?

Esto te lo dejo para que lo pienses. En el fondo, realmente en el fondo, nos enoja lo que nos interesa y nos resbala lo que no nos interesa. Esto es obvio. Ahora, nos podríamos preguntar ¿no será que lo que más nos interesa muchas veces somos nosotros mismos y por eso nos enojamos demasiado cuando en realidad deberíamos relativizar un poco las cosas? ¿No será que a veces nos importa poco el dolor de los demás, o la defensa de la verdad, de nuestra fe y por eso dejamos que las cosas se destruyan a nuestro alrededor? Dios nos habla por medio de los sentimientos, nos muestra cuan iracundos o apáticos estamos. Nos muestra en realidad por donde está nuestro corazón. Tenemos que aprender a leer que hay detrás de cada sentimiento que nos sobreviene a cada momento. Podemos aprovechar la noche para cerrar el día pensando qué sentimos y qué hicimos con esos sentimientos.

Sentir, sentiremos siempre, lo importante es saber interpretarlos, tanto para moderarlos, como para despertarlos. Podríamos decir tomando algo de la palabra de hoy, “dime que te enoja y te diré qué le importa a tu corazón” ¿Dónde está tu corazón? ¿Qué es lo que te indigna?

XXXIII Jueves durante el año

XXXIII Jueves durante el año

By administrador on 18 noviembre, 2021

Lucas 19, 41-44

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.

Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios.»

Palabra del Señor

Comentario

Más allá de que no sabemos el día y la hora del final de los tiempos, de nuestras intrigas y deseos de saber, y todas estas cuestiones, lo lindo de las palabras de Jesús del domingo es el hecho de que hay algo que “no pasará jamás”, todo pasará, pero “sus palabras no”. Así lo decía Jesús: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” ¡Qué gratificante es escuchar algo así! “Cambia, todo cambia” dice una canción, pero la palabra de Dios hacia nosotros no cambia, permanece para siempre y eso es lo que nos debería dar seguridad. Que sus palabras no cambien, es sinónimo de algún modo, de que su amor no cambia, su amor permanece fiel siempre en nosotros. Hoy más que nunca, o por lo menos más que antes, todo cambia, y además cambia a pasos insospechados antes. Al pensamiento actual le encanta jactarse de que todo cambie y pregona que todo debe cambiar, porque además eso mantiene “el negocio” de muchos, sin embargo, hay cosas que no deberían cambiar jamás pase lo que pase, y gracias a Dios hay cuestiones que no cambiarán nunca, una de ellas y la más linda es su amor.

Con respecto a Algo del Evangelio de hoy, podríamos decir que lo que nos pasa a nosotros, esto de que no siempre nuestra interioridad se condice con nuestras manifestaciones exteriores (y al revés) y por eso tenemos que aprender a interpretarlas, claramente no le pasaba a Jesús. Él es el perfecto hombre, Dios hecho hombre, pero hombre sin pecado y por eso, hombre que no padeció el desorden de sus pasiones. Nuestro Catecismo, obviamente basándose en la Palabra de Dios, enseña que toda la vida de Jesús nos revela al Padre, o sea nos dice, nos muestra quién es y cómo es el Padre. Sus palabras, sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Lo que Jesús dice, hace, calla, sufre nos muestra lo que el Padre dice, hace, calla y sufre. Hoy Jesús llora por Jerusalén, el Padre podríamos decir que también llora por sus hijos, por los de esa época y por la nuestra, por vos y por mí. Sin olvidarnos que hablamos con palabras humanas algo que no terminamos de comprender, podríamos hoy pensar en esto. ¿Cuántas veces Jesús y el Padre lloraron por nosotros, porque no terminamos de aprovechar su presencia en nuestras vidas? ¿Cuántas veces vos lloraste por tus hijos, por ciertas ingratitudes de ellos para con vos? ¡Cómo te hacen sufrir tus hijos!! ¿No? Bueno si nos duele eso muchas veces, ¿por qué no pensar lo que Dios ama y sufre por sus hijos ingratos de la tierra que viven olvidados de Él o bien dicen que lo quieren, pero al final no lo quieren tanto? ¿No seremos vos y yo algunos de los que hacen sufrir un poco a Dios?

Este llanto de Jesús es un sentimiento al que muchas veces no le damos tanta importancia, o que pasamos de largo porque por ahí, solo recordamos el llanto de Jesús al morir su amigo Lázaro. Esto nos pasa mucho con el evangelio. Nuestra memoria es un poco selectiva, como lo somos con la comida. Bueno, con la palabra de Dios muchas veces nos pasa lo mismo. El plato de la palabra está servido todos los días, pero algunas veces elegimos lo que más nos gusta olvidándonos de muchas cosas más y separamos lo que no podemos “tragar”, por su aspecto, o porque alguna vez nos cayó mal, o por caprichosos nomás.

Este llanto de Jesús es un poco incómodo. Llora por tanta gente, por la ceguera que no les permite reconocer el tiempo de Dios, su paso, la visita de Dios por sus vidas. Los discípulos vieron llorar a Jesús. ¿Te imaginás ese momento? Jesús mirando la ciudad y las personas que debían recibirlo, mientras caían lágrimas de sus ojos que seguro mojaron el puño de su túnica. Lágrimas por amor, lágrimas de tristeza, lágrimas de desilusión, lágrimas de impotencia, lágrimas de reproche, lágrimas de Dios. Sí, Dios lloró, aunque cueste creerlo. Jesús lloró, y lloró en serio, no fue un teatro para que creamos que tenía sentimientos, los tenía. Lloró estando con nosotros y por qué no pensar que llora también ahora desde el cielo, por decirlo así, llora por lo mismo, llora por amor.

Jesús llora cuando nosotros también tenemos los ojos tapados o nublados por tantas cosas y no podemos ver que Él nos está visitando continuamente. ¿Qué más esperamos de Jesús? ¿Qué otras señales de su visita necesitamos para darnos cuenta de tanto amor? ¿No seremos demasiados “ambiciosos” con Dios, exigiéndole más de la cuenta? ¿No será que tenemos un Dios tan sencillo que a veces nos incomoda un poco y nos descoloca? Jesús llora por nosotros cada vez que elegimos hacer la nuestra. Llora por nosotros cada vez que usamos mal nuestra libertad y le damos la espalda. Jesús lloró y llora cada vez que rechazamos su amor y caemos en el pecado. Llora porque nos ama, como cuando un padre y una madre se les estruja el corazón al ver que un hijo o una hija toma caminos equivocados o desperdician sus vidas en cosas que no tienen sentido. ¿No es lógico que Él llore por nosotros? ¿No es lindo, aunque duela, que a Jesús le preocupe nuestra vida y llore por amor? Aunque parezca raro y duela un poco, prefiero pensar que Jesús llora por nosotros, a que no le interese lo que hacemos.

Jesús, danos la gracia de darnos cuenta las veces que visitás nuestros corazones y nosotros por distraídos, no nos damos cuenta.