Book: Lucas

XIX Domingo durante el año

XIX Domingo durante el año

By administrador on 7 agosto, 2022

Lucas 12, 32-48

Jesús dijo a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino.

Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.

Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.

¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos.

¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!

Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.

Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».

Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?»

El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: “Mi señor tardará en llegar”, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.

El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquél que, sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente.

Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más».

Palabra del Señor

Comentario

Venimos escuchando domingo a domingo, del evangelio de Lucas, cómo Jesús va camino a Jerusalén y en ese camino -donde Él entregará su vida por nosotros-, va dando diferentes enseñanzas a sus discípulos y a nosotros: ¿qué significa ser discípulo de Jesús? Y por eso para comprender el relato de hoy, no hay que olvidarse del domingo pasado donde Jesús nos advertía fuertemente sobre la avaricia: «Cuídense de toda avaricia», porque eso en el fondo nos hace mal. «Cuídense de lo que hace que se miren a ustedes mismos y se queden solos en la vida; que terminen hablando con su alma solos, como le pasó a ese hombre de la parábola, ¿te acordás?

Y por eso los ricos, ante los ojos de Dios son en definitiva los generosos. Vos y yo seremos ricos a los ojos de Dios si somos generosos en nuestra vida, con nuestras cosas, con nuestro tiempo. Eso es lo que le interesa a Dios Padre. En la medida en que somos generosos vamos experimentando la verdadera felicidad que brota de saber que hay más alegría en dar que en recibir; y no estar esperando incesantemente acumular y acumular cosas en nuestra vida. Por eso hoy Jesús nos dice claramente, «Acumulen tesoros en el cielo», llenen la “bolsa” en el cielo; que ahí no se va a desgastar, ahí nadie nos lo va a robar. Por eso acumular tesoros en el cielo es también ser generosos en la tierra. Empezar ahora a acumular tesoros en el cielo, es tomar el camino de la felicidad, dándonos cuenta de que en la medida que damos, vamos atesorando amor en los corazones de los demás. Y eso jamás se perderá. Nadie nos puede robar eso. Cuando tomamos conciencia y cuando comenzamos a experimentar en nuestra vida lo lindo que es dar para que en el otro quede algo de mí, que, en definitiva, es amor; y en mi corazón también queda algo del otro, nos empezamos a dar cuenta que el verdadero tesoro en la vida es otro.

Ahora, en la medida en que pensamos que dar cosas o tener cosas; buscar nuestra propia gloria, buscar nuestra propia fama; o enfocarnos en nuestros propios proyectos y así ir quedándonos solos en la vida, hablando con nuestra alma; nos tenemos que ir dando cuenta que ahí no puede estar el camino de la felicidad, que nuestra plenitud no está en eso. Y, en definitiva, eso es estar “prevenidos” -que también aparece en la Palabra del de hoy-, ¿qué es estar prevenidos? ¿Tenerle miedo a Dios? ¡No! No es eso; es ser generosos.

En definitiva, el que está prevenido, el que espera en todo momento la presencia de Jesús en su vida, no solamente en la hora de su muerte; sino también encontrándolo en su trabajo, en su familia, en la oración, en la Misa, el que está queriendo encontrar a Jesús en su vida es el que es generoso; porque el avaro se mira a sí mismo, el que busca atesorar acá en la tierra cosas que le den prestigio y cosas que le den un cierto status de privilegio, es el que no se da cuenta que a Jesús lo tiene mucho más cerca de lo que cree.

Entonces, estar prevenidos es ser generosos. Creo que éste es el mensaje de Algo del Evangelio de hoy. Busquemos ser generosos, no tengamos miedo a ser generosos, ni tengamos miedo de entregar “un poco más”, porque solo así seremos verdaderamente felices, solo así descubriremos que a Jesús podemos encontrarlo en cada cosa que hacemos, en cada gesto de amor.

A vos y a mí se nos dio mucho, no nos guardemos nada para mañana, para después, demos todo lo que esté a nuestro alcance.

La Transfiguración del Señor

La Transfiguración del Señor

By administrador on 6 agosto, 2022

Lucas 9, 28b-36

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo». Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.

Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

Palabra del Señor

Comentario

La Palabra de Dios quiere quitarnos el miedo a la tentación, a la prueba, a las dificultades de la vida, incluso sabemos que algunas son necesarias para crecer y madurar, porque también vemos a Jesús que pasó por lo mismo, que nos pasa a nosotros, y Él fue tentado en nosotros. Hoy la Palabra de Dios, en este momento de la vida de Jesús en la transfiguración, nos quiere consolar, mostrándonos el final del camino, como lo hizo Jesús con sus discípulos.

San Agustín decía algo muy lindo y consolador: «Nuestra vida mientras dure esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones. Porque nuestro crecimiento se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones». Y no es que a nosotros nos gusta el sufrimiento por el sufrimiento mismo, no es que buscamos las dificultades por gusto nomás, sino que la palabra de Dios nos quiere dar como un bálsamo de realidad, realismo, un no querer ocultar una verdad de la vida, grandes verdades de la vida como esta. Que para resucitar primero tenemos que morir, para vencer primero hay que luchar, para encontrar hay que buscar, para recibir hay que pedir, para gozar hay que amar, y para amar, tenemos que renunciar y el renunciar implica el sufrimiento, muchas veces interior de nuestro corazón.

En Algo del Evangelio de hoy, Jesús los lleva al monte a los discípulos, a los más cercanos, para mostrarse como Dios, para mostrarles el esplendor de su Gloria, para mostrarles lo que les espera a ellos sí saben perseverar, si no se cansan, si siguen caminando. Y debe haber sido tan lindo ese momento que Pedro quiso hacer tres carpas, quiso quedarse ahí para siempre, prefirió hacer un campamento de elite de algunos con Jesús, para no bajar al llano de su realidad, para evitar bajar a la realidad, nada más normal que la reacción de Pedro. Pedro siempre nos representa por su humanidad, por su espontaneidad, que cualquiera de nosotros hubiera hecho. Porque apenas vivimos un lindo momento en la vida, ya sea en lo humano, lo cotidiano, como una experiencia de Dios, cuando apenas experimentamos la presencia de Dios en nuestras vidas, que sería como la transfiguración, queremos permanecer ahí para siempre. Queremos de alguna manera olvidarnos del día a día, de lo que debemos hacer, nos olvidamos que tenemos que bajar.

Nos encanta volar y evitar a veces las dificultades diarias. En realidad, lo que Jesús les hace a sus discípulos experimentar, no es para que se queden regodeándose entre ellos, sino para evitarles el miedo, o para enseñarles a superarlo, para enseñarles a confiar cuando después venga el momento de la Cruz. Jesús nos muestra el final del camino, nos muestra el final de la película, por decirlo así, para que no desfallezcamos en el camino. Ya sabemos cómo va a terminar si sabemos perseverar. Jesús en esta vida nos da su Amor, a veces lo sentimos a cuenta gotas, pero mostrándonos que al final la victoria está asegurada, si caminamos con Él, si no nos alejamos de Él, si luchamos con Él, si somos tentados con Él; también triunfaremos con Él, esa es nuestra esperanza. Tenemos que escucharlo y aprender a confiar, como tuvo que hacerlo Abraham y tantos santos. Tuvo que confiar, aunque no vio todo, no vio el final del camino completamente, sino que vio una luz que le mostró un poco para poder caminar.

Así como tuvieron que hacerlo los apóstoles hoy, a Pedro y a nosotros también nos asecha esta tentación, como la de hacer campamento y no volver a la realidad. De querer vivir esa experiencia de Dios, que nos pueden alejar de los demás, esa no es la experiencia del cristiano. El cristiano es el que reconoce las dos cosas: la Cruz y la Gloria que vendrá, la experiencia de Jesús, pero llevada a lo normal, a lo cotidiano, a la familia, al trabajo, a los hijos, a los amigos.

El cristiano en serio es el que no se olvida de lo regalado mientras camina hacia adelante, con obstáculos, si es verdad, con dolores, con molestias y por eso no le escapa la Cruz. Porque sabe que después vendrá lo mejor. Los cristianos en serio, son los que aceptan con fe las palabras del Padre de Algo del Evangelio de hoy, «Este es mi Hijo el elegido, escúchenlo».

Y por eso confiamos en que todo esto es verdad, que todo esto es una invitación a confiar; confiemos, es lindo confiar, sepamos esperar y que, en cada prueba, dolor, sufrimiento, dificultad, cada desgarro de la vida, nos anima, y que nos empuja a caminar mientras amamos y enseñamos amar a los de al lado, y nos dejamos enseñar por los demás también. Cuando lleguemos a esa luz, podremos mirar para atrás y decir con certeza: «Benditas dificultades, benditos sufrimientos que me ayudaron a crecer y a llegar al final de este camino para estar con Jesús».

XVIII Domingo durante el año

XVIII Domingo durante el año

By administrador on 31 julio, 2022

Lucas 12, 13-21

Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».

Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”.

Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”

Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Palabra del Señor

Comentario

No te olvides que el domingo no es un día cualquiera, es un día especial. Es un día para que puedas tener una actitud especial, con vos mismo, con tu familia, con el Señor. Es su día y deberíamos consagrarlo a Él de una manera distinta. Estar más serenos, frenar un poco de trabajar, dejar de consumir tantas cosas y aprovechar para “consumir” más el amor de los demás, “consumir” más nuestros propios pensamientos y sentimientos, y por supuesto “consumir” más a Jesús escuchándolo y recibiéndolo en la Eucaristía de este día.

Si hay algo de lo que tenemos que ir dándonos cuenta en la vida y la verdad es que nos lleva mucho tiempo, es de que somos mucho más insensatos de lo que nos creemos o mucho menos inteligentes de lo que pensamos. O dicho de otra manera, lo que para el hombre muchas veces es sensatez, inteligencia; para Dios es pura insensatez, es sonsera. Lo dice San Pablo magistralmente: “Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres” Dios es más sabio que nosotros, ¿sabías? ¿Sabías que lo que dice Dios en su Palabra es sabiduría divina para transformar nuestra necedad en verdadera sabiduría que proviene del cielo? Sé que es una locura lo que te digo o que las cosas que dice Jesús parecen una locura. El mundo en general, incluso nuestras propias valoraciones, valoran otras cosas. Catalogamos de inteligentes o de sabios a las personas que son capaces de hacer grandes cosas, de lograr grandes cosas, de acumular muchas cosas, de resolver muchas cosas.

Y es verdad que pueden ser sabios, es verdad que hay personas inteligentes que gracias a las capacidades que Dios les dio logran grandes cosas. Pero según la Palabra de Dios de hoy, es más verdad, por decirlo así; que el precavido, el inteligente que no es generoso en realidad no es tan inteligente como parece y mucho menos sabio. Y lo que finalmente pesará en la vida no es la inteligencia, sino la sabiduría, que es algo mucho más grande y algo que poco tienen. Hay millones de personas inteligentes en este mundo, te diría que todos somos inteligentes a nuestro modo y según lo que hemos recibido, pero solo son sabios los que escuchan la Palabra de Dios y la practican. “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” ¿Qué sentido tiene acumular teniendo mucho o poco? ¿Para qué acumulamos? Alguien me dirá: “Para mis hijos” Y sí, puede ser, parece ser un fin noble. ¿Pero vos crees que lo mejor que le podés dejar a tus hijos son los bienes materiales; o los bienes espirituales que en realidad no se compran en ningún shopping?

Jesús claramente no quiere ser entre nosotros alguien que decida sobre nuestros bienes materiales, «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Lo que más quiere Jesús en realidad, es que nos cuidemos “de toda avaricia”. Es el gran mal de nuestro corazón que nos invade a todos, ricos y pobres, y que bajo mil excusas, aparentemente buenas, nos hace insensatos ante los ojos de Dios que se debe reír de nosotros al ver que nos enloquecemos tanto por tener y tener cosas que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”

¿Cuándo vamos a ser sensatos y nos vamos a dar cuenta que lo que nos hace ricos y felices ante los ojos de Dios es la generosidad? ¿Probaste alguna vez ser generoso con tus bienes sin calcular y pensar tanto? ¿Probaste dar sin ponerte a analizar lo que va a pasar con lo que das, sin convertirte en un ingeniero de la caridad? ¿Experimentaste alguna vez que cuando sos generoso jamás te va a faltar lo necesario para vivir vos y tus hijos? ¿Crees que Dios te dejará desamparado si sos generoso? ¿Cómo podés desear un mundo más justo si no empezás por ser generoso desde tu lugar? La justicia también se alcanza desde la generosidad y desde la conciencia de que en realidad todo lo hemos alcanzado con esfuerzo pero con la gracia de Dios. ¿Qué preferís ser inteligente ante el pensamiento del mundo o ser sabio ante los ojos de Dios? Señor, yo quiero elegir hoy, por lo menos hoy, ser rico ante tus ojos y no acumular riquezas en esta tierra, donde las polillas y el herrumbre las destruirán.

XVII Domingo durante el año

XVII Domingo durante el año

By administrador on 24 julio, 2022

Lucas 11, 1-13

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo entonces: «Cuando oren, digan:

Padre, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a aquellos que nos ofenden;
y no nos dejes caer en la tentación».

Jesús agregó: «Supongamos que algunos de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle,” y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”.

Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.

También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!»

Palabra del Señor

Comentario

«Señor enseñanos a rezar, enseñanos a orar, Señor que en este domingo podamos desear verdaderamente aprender cada día más, lo que significa orar, la necesidad que tenemos de orar»

Qué lindo imaginar esta escena en la cual supongo que los discípulos al ver a Jesús, se habrán emocionado y conmovido al verlo rezar, al verlo elevar su corazón y su mirada al cielo, para hablar con su Padre; que esta imagen nos ayude a nosotros también para que en este domingo, día del Señor, en el cual disponemos un poco más nuestro corazón para elevarlo hacia Él, podamos decirle desde lo más profundo de nuestro corazón: “Señor, enseñanos a orar, necesitamos aprender a orar otra vez”.

No basta con “repetir” palabras, no basta con “decir” el Padrenuestro, no basta con decir las cosas, sin saber lo que estamos diciendo, sin experimentar lo que estamos diciendo, y mucho menos sin vivirlo. La oración es la respiración de nuestra alma, es la respiración del cristiano que quiere día a día escuchar a su Padre y hablarle, la oración es diálogo, la oración es como dice Santa Teresita: “la elevación de nuestro corazón al cielo”, un suspiro del alma, una mirada desde lo profundo de nuestro corazón para decirle a nuestro Padre: «Padre queremos que tu nombre sea santificado; queremos que tu nombre sea conocido en todo el mundo, que hasta el último rincón de la tierra los hombres te conozcan de una vez por todas, para que tu Reino finalmente triunfe en los corazones de tantas personas, en los nuestros, que muchas veces se dejaron invadir también por la maleza y por la cizaña que también habita en este mundo. Danos el pan de cada día. Señor ayudanos a perdonar, así como perdonás nuestros pecados, porque nosotros queremos perdonar, queremos pedirte que esta oración nos ayude a querer perdonar a aquellos que nos ofenden. Y nunca nos dejes caer en la peor tentación: la tentación de pensar que no somos hijos; la tentación de vivir como seres autónomos pensando que somos nosotros los que nos damos la vida a nosotros mismos, ¡no!, no permitas que caigamos en esa tentación, en la tentación del olvido de que tenemos un Padre, la tentación de vivir en este mundo casi como huérfanos, sin darnos cuenta que el Padre nos tiene siempre en sus manos.

Señor enseñanos a orar y enseñanos a pedir lo importante; en Algo del Evangelio de hoy nos enseñás que nuestro Padre del cielo no nos negará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidamos; es lo mejor que podemos pedir…»

Pidamos como el amigo insistente de la parábola de hoy: seamos pesados, seamos cargosos, seamos inoportunos con Dios, que es nuestro Padre.

“Señor danos el Espíritu Santo, sabemos que si nosotros que somos malos y egoístas y aun así les damos a nuestros hijos lo que nos piden; cómo nuestro Padre del cielo no nos dará su mismo Espíritu, para darnos vida, para enseñarnos a comunicarnos con Él, para darnos sus dones, el don de la paz, de la alegría, de la serenidad, de la paciencia, del Consuelo, de todo lo que necesitamos para vivir en este mundo como verdaderos hijos de Dios.

A veces el Evangelio no hay que analizarlo mucho, a veces el Evangelio es para rezar. Por eso yo todos los días te digo: «Recemos con el Evangelio de este día…». Recemos con el Evangelio en el cual Jesús nos enseña a orar, arrodillémonos hoy en algún momento mirando al cielo y digamos otra vez: «Señor enseñanos a orar» Y después de decir eso, saquemos de lo más profundo de nuestro corazón la mejor oración, la oración más grande y sagrada que tenemos en nuestra vida cristiana, que es el Padrenuestro.

«Padrenuestro que estás en el cielo, danos tu Espíritu Santo, danos lo mejor que te podemos pedir y lo mejor que podemos tener, porque si tenemos tu Santo Espíritu, en realidad lo tenemos todo.»

XVI Domingo durante el año

XVI Domingo durante el año

By administrador on 17 julio, 2022

Lucas 10, 38-42

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

Palabra del Señor

Comentario

El domingo es el día del Señor, acordate que domingo significa: “día del Señor”; un día para estar como María a los pies de Jesús escuchando sus palabras. Para eso es el domingo, para frenar un poco, para dejar de “agitarnos” por tantas cosas, para dejar de ser “Marta” por un momento; para dejar de inquietarnos por tantas cosas que son buenas y nos hacen bien pero muchas veces nos hacen perder el foco de nuestra atención y nos hacen olvidar lo verdaderamente necesario.

Es una imagen bellísima la del Evangelio de hoy: un pueblo, una casa, la invitación de una mujer —Marta— a Jesús para que estuviera en su casa; María que “aprovecha” la situación de esta invitación y se sienta a los pies de Jesús para escuchar… Mientras tanto, Marta que no para de trabajar, que no para de hacer cosas: va de aquí para allá seguramente con deseos de servir a su Maestro; y la otra que “escucha”,todo un cúmulo de signos en esta situación, y Jesús como siempre que enseña. Jesús aprovecha esta ocasión para ilustrarnos con una enseñanza que nos tiene que quedar grabada en el corazón. Jesús enseña con la vida, enseña con lo que pasa; Jesús es el Maestro que no necesita tiza, ni pizarrón, es el Maestro que no necesita presentaciones de Power Point, o videos para llamar la atención…

Jesús es el Maestro que cautiva el corazón de aquellos que lo escuchan, Jesús es el verdadero Maestro y por eso nos enseña; y termina dándole una “lección” a Marta: no la trata mal ni la crítica, simplemente —de alguna manera—, Jesús se lamenta: «Marta, Marta te inquietas por tantas cosas, sin embargo hay una sóla que es necesaria, María eligió la mejor parte».

Y qué bueno que hoy nosotros podamos decir: Quiero aprender a elegir, quiero aprender a decidirme por lo mejor porque tantas veces he perdido el tiempo haciendo tantas cosas y sin embargo tengo que volver a escuchar que Jesús me dice: “Dejá de inquietarte por tantas cosas, ¿No aprendiste en la vida que finalmente la inquietud no te llevó a nada?, ¿No aprendiste que al final de cuentas esa inquietud te la terminé solucionando Yo? ¿Te la terminó solucionando el tiempo; o el tiempo te fue demostrando que no era tan necesario como pensabas?”

¿Cuántas veces andamos como Marta? ¿Cuántas veces también parece que ser como María es “perder el tiempo”? ¿Cuántas veces el mundo se burla de nosotros porque parece que estar a los pies de Jesús (que es un símbolo porque estar a los pies de Jesús puede ser rezar, puede ser adorar, tomarte un tiempo de silencio, escuchar estos audios, leer la Palabra, puede ser no hacer lo que el mundo piensa que tenemos que hacer), no es necesario.

Sin embargo estar “a los pies de Jesús” pero para ESCUCHARLO, es lo más necesario; en definitiva Jesús no desprecia la “actividad”, no está despreciando a Marta por lo que hace, lo que le quiere enseñar es que haciendo cosas no tiene que olvidarse de lo más importante, que aún haciendo cosas tenía que haberlo escuchado a Él, que aún sirviéndolo tenía que haberlo escuchado a Él.

Marta invita a Jesús a su casa y termina poniéndose a trabajar. ¿Cuántas veces nosotros también hacemos lo mismo? Queremos abrirle el corazón a Dios y le hemos abierto el corazón para que entre a nuestra vida teniendo algún servicio, alguna actividad comunitaria, solidaria, caritativa de la Iglesia; y sin embargo sin querer lo dejamos de escuchar.

Si estamos sirviendo a Dios y lo dejamos de escuchar es porque en el fondo no lo estamos sirviendo nos estamos sirviendo a nosotros mismos, estamos sirviendo a nuestros caprichos y por eso terminamos quejándonos y podemos quejarnos como Marta de la actitud de María que en el fondo fue la más inteligente y la de corazón más grande…

Qué bueno que hoy en este domingo podamos aprovechar para serenarnos un poco, para decirnos a nosotros mismos: «Rodrigo, Rodrigo te inquietas por tantas cosas…»

Decí tu nombre y también dejá que Jesús te lo diga a vos mismo: “¿Porqué te inquietas, porqué andas corriendo, qué necesidad?”

¿No te das cuenta que de un día para el otro tu vida puede terminar, puede llegar a su final, a su mejor final que es encontrarte con Jesús? ¿Y vos crees que te va a preguntar cuántas cosas “hiciste”; o cuánto amaste, cuánto lo “escuchaste”? O con cuánto amor hiciste lo que hiciste.

Ojalá que vivamos este día en familia escuchando a Jesus, acordate que no son dos cosas distintas; se puede escuchar a Jesús haciendo lo que tenemos que hacer, amando a los que tenemos a nuestro alrededor, se puede escuchar a Jesús en la actividad en medio del mundo; pero para eso necesitamos cada tanto decir: “Tengo que frenar, tengo que estar a tus pies…”

Disfrutemos de la Palabra de Dios, la Palabra de Dios escuchada, transmitida en la Iglesia que es la que nos alimenta cada día y nos ayuda a que no terminemos siendo “Martas” sin corazón.

¡Tengamos el corazón de María y las manos de Marta para ser unos verdaderos discípulos de Jesús!

XV Domingo durante el año

XV Domingo durante el año

By administrador on 10 julio, 2022

Lucas 10, 25-37

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».

Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».

«Has respondido exactamente, –le dijo Jesús–; obra así y alcanzarás la vida».

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”.

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».

«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor.

Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Palabra del Señor

Comentario

¿Te diste cuenta que el Evangelio, en realidad, es mucho más simple de lo que a veces imaginamos? ¿Te diste cuenta que, en realidad, nosotros somos los que complicamos las palabras del Evangelio o a veces las cambiamos o edulcoramos? ¿Nos damos cuenta de que Jesús en sus palabras y en sus explicaciones es mucho más simple de lo que a veces parece a simple vista? En Algo del Evangelio de hoy, esta parábola con la que Jesús le responde a este doctor de la Ley, es un claro ejemplo de esto que quiero transmitir hoy.

La pregunta de Jesús es sencilla, y va al meollo de la cuestión, va a la médula: ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo de ese hombre que fue asaltado, golpeado y dejado medio muerto? Y este hombre, el doctor termina respondiendo con simpleza, con sentido común, como debería responder cualquier persona de buena voluntad: «El que tuvo compasión de él», el que tuvo misericordia, en definitiva, el que supo frenar. Por eso podríamos decir que Jesús termina respondiendo también con sentido común y simpleza, nos termina diciendo a todos: «Ve, y procede tú de la misma manera». Este es el mensaje central de la escena de hoy, en realidad de todo el Evangelio, de toda la Buena Noticia en su totalidad, no hay muchas vueltas, aunque, como dije, a veces nosotros se las encontremos.

Vos y yo también nos preguntamos muchas veces qué debemos hacer, cómo debemos actuar, quién es nuestro prójimo, cómo heredamos la Vida eterna, cuándo llegaremos  al cielo. ¿Quién es el prójimo en nuestra vida? ¿Quién es el prójimo? Finalmente, y sencillamente es el que nos encontramos en nuestro camino, el que nos mueve a compasión o el que nos invita a movernos a compasión, el que nos mueve el corazón y al cual le ofrecemos nuestra ayuda, le ofrecemos nuestro corazón.

Pero para dar ese paso, lo primero que deberíamos experimentar, es que Jesús es nuestro buen Samaritano, es el gran personaje de la parábola de hoy. Él, con mayúscula es Jesús, y por eso Él puede pedirnos y pedirte que vayamos, que «vayas y hagas lo mismo».  Acordémonos que Jesús nunca pide nada que antes no haya hecho él mismo por vos y por mí; no exige nada que antes no nos haya dado como don. No nos puede pedir algo que no nos haya dado antes, no puede pedir nada que en el fondo sea ajeno a nuestro corazón, y nuestro corazón en el fondo está creado para dar amor y pide amor también.

Él se acercó a vos y a mí, a toda la humanidad. Se hizo cargo y nos cargó sobre su montura, sobre sus hombros, nos vendó las heridas, se encargó de que estemos bien y, por si fuera poco, pagó por vos y por mí.  Jesús es el gran y el buen Samaritano. El mandamiento del amor no está lejos nuestro, está en nuestro corazón en la medida en que percibimos esta realidad que a veces se nos hace un poco «escurridiza». ¿A qué realidad me refiero? Que vos y yo somos el hombre también al costado del camino, o alguna vez lo fuimos, débiles y golpeados por la vida, que a veces se hace dura por el pecado, por los sufrimientos, por tantas cosas que vivimos. Hay que descubrir el don de haber sido rescatados del costado del camino, para vivir lo que Jesús manda; si no, no deja de ser algo más que está fuera de nosotros.

¿Cuántos samaritanos buenos pasaron por nuestras vidas? Pensemos en eso, nuestros padres, hermanos, tíos, familiares, madrina, padrino, amigos, desconocidos. ¿Cuántos se hicieron cargo de nosotros cuando no andábamos bien, cuando sufrimos, cuando lloramos, cuando caímos por el pecado, cuando estuvimos en algún vicio, cuando nos encontrábamos sin rumbo? Bueno, ese también era Jesús, el Buen Samaritano, con mayúscula, que se hace pequeño, se hace un pequeño samaritano para cada día y para cada una de nuestras vidas, en cada gesto de amor recibido por otros, que nos anima a seguir; de tantas personas que nos ayudan.

Recuerdo cuando una persona me contó que pensó en quitarse la vida porque estaba deprimido, y se puso al costado del tren para tirarse cuando pase; y cuando estaba por hacerlo, alguien lo tomó de la espalda, lo trajo para atrás y le dijo: «¿Qué haces?». No lo conocía, se hizo prójimo, lo salvó, y él enojado con Dios decía que Dios no lo ayudaba. Yo trataba de mostrarle que ese había sido Dios, que había utilizado un hombre desconocido para salvarlo. Ese es Jesús. ¡Hagamos lo mismo! Todos podemos ser buenos samaritanos los unos de los otros. Para eso estamos, para hacernos cercanos, para dejar de pasar de largo cada día ante nuestra familia, ante los que tenemos alrededor, ante los desconocidos, ante los compañeros de trabajo. Ahí está nuestro prójimo, en el que nos necesita. Sí, es verdad, la caridad organizada en la Iglesia es muy necesaria, y hay que hacerla, pero también tenemos que vivir de la caridad diaria y espontánea, sin propaganda, sin publicaciones, sin muchos «me gusta», sin fotos. Debemos hacernos «prójimo» de los que nos necesitan. Jesús, Buen Samaritano danos la gracia de hacernos también como vos:  cercanos a los que andan caídos por el camino, como vos te hiciste cercano a nosotros, como vos lo haces cada día.

XIV Domingo durante el año

XIV Domingo durante el año

By administrador on 3 julio, 2022

Lucas 10, 1-12. 17-20

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.

Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”.

Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca”.

Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad».

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».

Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».

Palabra del Señor

Comentario

En este domingo, que se nos regala otra vez, para contemplar, para meditar y rezar con la Palabra de Dios, Jesús decide enviar, no sólo a los Doce, a los más cercanos, sino que a setenta y dos discípulos más, y en ellos podríamos decir, que estamos simbolizados todos. En definitiva, entre tantas cosas para decir del texto de hoy, podríamos pensar que lo que nos quiere enseñar Algo del Evangelio es que, todos somos enviados a anunciar lo que Jesús quiere decirle al mundo. Todos somos enviados, y estamos enviados a todos, a todos los rincones del mundo. Jesús te envía, me envía, nos envía. ¿Te acordás lo que nos decía los domingos anteriores? Había que renunciar a algo, había que tomar la cruz, había que querer, había que decir que queríamos seguirlo y era necesario dejar algunas cosas. No podemos seguirlo sin darnos cuenta que Él, es todo, todo lo que necesitamos para vivir en paz, para saciar nuestro corazón. Él es Todo en nuestra vida. Sólo el que descubre esto, puede lanzarse durante toda la vida, en el lugar que le toque, no importa a dónde sea, a decirle a todos que el Reino de Dios está cerca, que Dios Padre nos ama y nos necesita para amar.

Quiere decir que el Reino de Dios está en nosotros, en nuestro corazón, si vivimos como hijos de Dios, si somos obedientes a su voluntad y nos consideramos y vivimos como hermanos. Por eso hay que ir de a dos, por eso se evangeliza con otros, amando, no se puede andar solo por la vida, porque… ¿cómo vamos a mostrarle al mundo que lo importante es el amor, si no tenemos alguien a quien amar? Necesitamos andar con otros, para que el que nos escucha crea que se puede vivir como hermanos. Que es verdad, que no es solamente un cuento. ¿Es posible decir que el Reino de Dios está cerca si con los que tenemos cerca no nos comportamos como hermanos? Pensemos en nuestra parroquia, en tu grupo de oración, en tu movimiento, en tu familia. ¿Cómo podemos llevar paz, esta paz que Jesús nos envía llevar, si en realidad no tenemos paz entre nosotros? El mensaje es de paz, y la paz se lleva adentro, y la paz se transmite, se derrama sobre otros, se recibe de otros.

Podríamos preguntarnos entonces ¿Cómo tenemos que salir a llevar esta paz regalada? Tenemos que salir como estamos, como somos, sin muchas cosas, “así nomás”, podríamos decir, sin “organizar tanto”. “La evangelización se hace de rodillas” decía el Papa Francisco. Por eso, no es necesario llevar tanta cosa, tantos medios, tanto dinero. A veces en la Iglesia nos perdemos en la metodología, en las cosas que quisiéramos hacer, en los medios económicos. No es necesario poner tanto esfuerzo en lo que no es esencial. Si llevamos muchas cosas, si “organizamos” mucho, no le dejamos lugar a Él, para que sea Él el que toque los corazones ajenos y los nuestros. El andar con muchas cosas, con muchos planes, el estar preocupado por cómo va a salir, etc. es un signo de que todavía no descubrimos de que Él es todo, de que con Él tenemos todo y que de Él depende todo. Por eso Jesús nos envía así, sencillitos, a caminar y a instalarnos en las casas, en los corazones de los que nos reciban, y no angustiarnos por los que no nos reciben. A meternos en el corazón de la gente, y no a ir de casa en casa, como de vacaciones. Cara a cara. Individualmente, corazón a corazón.

Dice Jesús que digamos “que el Reino de Dios está cerca”. Eso es, en definitiva, lo único importante. Tenemos que decir y vivir eso o, mejor dicho, tenemos que vivirlo y después decirlo. Debemos darnos cuenta que Él nos da la paz, que su amor es la paz, que su perdón es la paz y que eso es lo que necesitan las personas, eso es lo que necesita el mundo: Paz recibida y llevada por nosotros. Jesús nos ayuda a ser hijos como Él, para siempre. Cuando complicamos las cosas, con cosas, es porque todavía no entendimos lo profundo del mensaje. Señor: que podamos llevar esta paz, que podamos decirle al mundo, a nuestra familia, hoy, concretamente “que el Reino de Dios está cerca”, que es posible vivir como hijos, y como hermanos.

Fiesta de la Visitación de María

Fiesta de la Visitación de María

By administrador on 31 mayo, 2022

Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces:

«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.»

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor

Comentario

Hay escenas del Evangelio que son más fáciles de imaginar que otras. Los mismos evangelistas, aquellos que escribieron la Palabra, tienen sus diferencias en cuanto al modo de relatar los mismos hechos y esto, más que un problema, es una riqueza para nosotros hoy. Alguna vez te dije que es bueno y lindo intentar «meterse en las escenas», dicho así vulgarmente, hacer el esfuerzo por ser uno más de ese momento único. Se dice en la vida espiritual «aplicar los sentidos», o sea buscar, escuchar, gustar, oler, ver y tocar de alguna manera lo que imaginamos del relato. San Ignacio lo llama «composición del lugar», imaginarse el lugar. Es difícil lograrlo, pero si uno se da el tiempo, si uno se esfuerza para hacer de la escena algo así, como una película filmada por uno mismo o actuada por uno mismo, todo cambia, todo se hace más propio, más personal. Y entonces, desde ahí, todo es Palabra de Dios, no solo las palabras concretas de la escena, lo que dijo Jesús, sino cada detalle, cada gesto, cada silencio, cada olor, todo el conjunto de cosas y cada una por su cuenta. Tenés que animarte a hacerlo algún día. Igual hoy podemos hacer un intento, es una linda escena como para empezar.

Cerrá los ojos e imaginá el momento en el que María se decidió a partir, el viaje, la preparación de las cosas que tenía que llevar, su deseo profundo de ver a su prima, de ayudarla, las incomodidades que vivió en el camino, el calor, el cansancio, el paisaje, la llegada, el gozo de Isabel al verla, la alegría de María al escuchar esas palabras y sentir que el niño saltaba de alegría en su vientre. Si sos mujer y si sos madre, se te va a hacer un poco más fácil, lo demás corre por tu imaginación, los detalles podés agregarlo vos.

Algo del Evangelio de hoy, nos trae esta Fiesta de la Visita de María a su prima santa Isabel, Isabel que será santa. Celebramos que María después de enterarse, de recibir semejante noticia, de que estaba embarazada e iba a ser la madre del Hijo de Dios, se dispuso a visitar a su prima, para estar con ella, para acompañarla también en el embarazo, que se enteró por medio del ángel.

¡Qué lindo es empezar el día de la mano de María!, que está siempre, porque ella sabemos que no solo es la madre de Jesús, sino que también, desde hace dos mil años, es madre nuestra. Ella cada día se transforma en nuestra madre, es nuestra madre trayéndonos a Jesús a este día, al hoy. Ella vuelve a traerlo a cada pesebre, que se transforma en receptor de Jesús, en cada corazón que quiere recibirlo. Hoy podemos pedirle eso: María, tráenos a Jesús, tráenos a Jesús como se lo llevaste a tu prima, tráenos la alegría de Jesús. Vos que lo llevaste en tu vientre y que lo llevás siempre en tu corazón, haciendo su voluntad, tráelo al hoy de mi vida, al hoy de la Iglesia, al hoy de mi hogar, de mi trabajo, de lo que sea que tenga que hacer; tráeme a Jesús, lo necesito. Quiero saltar de gozo, como saltó Juan el Bautista en el vientre de Isabel.

Se me ocurre poder decir tres cosas con respecto a este maravilloso canto del Magníficat, este canto que brotó del alma de María cuando se encontró con su prima. Es un canto que brota de un alma sorprendida por Dios, enamorada, pero, al mismo tiempo, agradecida. Estas tres cosas: sorprendida, enamorada y agradecida.

Sorprendida porque nunca imaginó algo tan grande. Ella siempre esperó algo de Dios, pero nunca imaginó que podía ser tan maravilloso. Dios siempre nos da algo más de lo que esperamos; solo hay que saber esperar, solo hay que tener paciencia, solo hay que saber que el tiempo nos da lo que necesitamos, porque –como dice el salmo– «su promesa ha superado su renombre», su promesa supera su fama; solo tenemos que saber que la gracia de Dios actúa en el tiempo, y por eso «la paciencia todo lo alcanza», la paciencia siempre nos da más de lo que esperamos. Por eso María se sorprendió tanto y lo disfrutó.

Y María también era, por supuesto, una enamorada de Dios. Al estar enamorada, supo esperar.

Solo un alma enamorada sabe esperar de Dios cosas grandes, solo un alma enamorada se sorprende y está dispuesta a ser sorprendida. El que no está enamorado, siempre espera lo mismo; nunca espera nada distinto y se aburre en la rutina. En cambio, María, vos y yo podemos enamorarnos. María se dejó sorprender y se dejó maravillar por Dios, por eso también pensó en los demás, decidió visitar a santa Isabel. «Su alma canta la grandeza de Dios, y su espíritu se estremece de gozo en Dios, su Salvador». Dios quiera que hoy podamos sorprendernos y enamorarnos más de Jesús, de la mano de María. Ella fue un alma agradecida, por eso cantó lo que Dios hizo en ella, y no por lo que ella había hecho; canta agradecida al reconocer que es amada y elegida, aun siendo pequeña y sencilla.

Estos tres regalos que recibió María, también son para nosotros, para que podamos dejarnos sorprender por Dios, nuestro Padre, enamorarnos de él viviendo agradecidos.

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Solemnidad de la Ascensión del Señor

By administrador on 29 mayo, 2022

Lucas 24, 46-53

Jesús dijo a sus discípulos:

«Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.»

Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Palabra del Señor

Comentario

Celebramos hoy en toda la Iglesia la gran Solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Jesús, después de resucitar; a los cuarenta días, mientras lo veían sus discípulos, ascendió a los cielos, dejándose ocultar por una nube, como dice la primera lectura. Él partió para estar junto a su Padre, para ser premiado por el Padre; después de haber venido a cumplir su voluntad y al mismo tiempo, para ayudarnos a nosotros a empezar un camino nuevo, una nueva etapa de la historia, de la historia de cada uno de nosotros.

También dice la primera lectura de hoy que unos “hombres vestidos de blanco”, unos ángeles, dijeron a los discípulos: “¿Por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir” Los discípulos hicieron lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho, miraron a Jesús mientras partía y seguramente Jesús los seguía mirando mientras subía.

¿Recordás en tu vida alguna despedida? ¿Esas partidas en las que te quedaste mirando al que se iba mientras él te miraba? En las despedidas, tanto el que se va como el que se queda, de alguna manera se siguen mirando. Cuando no se mira es porque no se quiere sufrir demasiado, pero en el fondo se desea mirar. Es triste ver en las terminales de ómnibus, o en los aeropuertos, las despedidas de los familiares o amigos. En los ómnibus, el que va arriba se queda mirando por la ventana como queriendo abrazar a los que se quedan, y los que se quedan, saludan desde abajo como queriendo retener al que se va. En los aeropuertos es distinto, pero existen esas despedidas antes de embarcar al avión, miradas que quieren retener el amor que parece que no vuelve. Podríamos imaginar algo así en este día de la Ascensión de Jesús, una especie de partida despedida, pero sin ómnibus ni aviones, y con una gran diferencia, una despedida que, en realidad, es permanencia asegurada. Algo raro para nuestro entendimiento.

Sin embargo, dice Algo del Evangelio de hoy que los discípulos después de verlo elevarse hacia los cielos “volvieron llenos de gozo a Jerusalén, y continuamente estaban en el Templo alabando a Dios”. Algo extraño a simple vista. ¿Alegría al ver que se iba lo que más amaban? ¿Quién puede alegrarse al ver partir a alguien que ama? Solo el que sabe que esa partida es necesaria y dará frutos mucho grandes todavía, solo el que tiene la certeza que esa partida redundará en un amor más grande. Por eso sería bueno que nosotros pidamos la gracia que pide San Pablo en la segunda lectura de hoy: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, nos conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que nos permita conocerlo verdaderamente.

Que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados, la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza” Sólo se llena de alegría el que recibe esta gracia. Como siempre, hay que pedirla y mucho. La gracia de saber que Jesús no se fue, sino que “la nube” pasajera de este mundo lo tapó por un tiempo. En realidad, sí, se “fue a los cielos”, pero para estar en todos lados. No se desentendió de nosotros, sino que se fue junto al Padre para “interceder por cada uno de nosotros”. No se escapó del tiempo, sino que está fuera del tiempo, para estar “en todos los tiempos”, en cada segundo de la historia.

“¡Señor, qué lindo es saber y creer esto! Estás en todo lugar y en todo momento. El cielo está en mi vida, no únicamente cuando estoy en un lugar en especial, sino cuando creo que estás en donde yo estoy”. Si Jesús que es la Cabeza y nosotros su Cuerpo y Él está “en el cielo” junto a su Padre, quiere decir que cada uno de nosotros estamos también un poquito “en el cielo”. Si estamos en el Camino, ya estamos un poco, por lo menos con el corazón, en el final del Camino. El cielo comenzó a estar en la tierra desde que Jesús vino a pisarla, a estar con nosotros y la tierra está “en el cielo” desde que Jesús ascendió y nos llevó a todos con Él. ¿Creemos en esto?

Hagamos el intento hoy de mirar al cielo, simbólicamente, para cruzar nuestras miradas con la de Jesús, que está en el cielo, pero está con nosotros. Miremos a Jesús que está en el cielo de nuestro corazón, en cada hombre que lo ama y en cada ser humano que sufre. ¿Creemos en esto? No nos quedemos mirando al cielo como llorando, como creyendo que no está, miremos el cielo de nuestro interior y alrededor, y confiemos que Jesús estará siempre con nosotros, hasta que vuelva triunfante y glorioso.

Jueves de la Octava de Pascua

Jueves de la Octava de Pascua

By administrador on 21 abril, 2022

Lucas 24, 35-48

Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes.»

Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: « ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.»

Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?» Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos.

Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.»

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.»

Palabra del Señor

Comentario

Por ahí te va a sorprender un poco lo que te voy a decir, lo que me digo siempre a mí mismo. ¡No es sencillo creer! Cuando uno crece en la vida de fe, y no me refiero con esto a “saber” muchas cosas, a ser grandes teólogos, sino a pensar de un modo más profundo lo que implica creer, lo que significa la resurrección de Jesús, deberíamos reconocer con humildad que no es sencillo creer, no hay que dar por sentado que el creer es algo fácil. Si esto fuera cierto, todos deberían haber creído en la resurrección de Jesús, todos deberían creer en que Jesús está vivo, sin embargo, no es así, las evidencias nos llueven por todos lados; las evidencias de que no es evidente, valga la redundancia, creer en que Dios se haya hecho hombre, de que haya muerto y resucitado. Incluso podríamos decir que cuanto más “evidencias” buscamos, en el sentido científico de la palabra, más obstáculos podríamos encontrar. Si y vos y yo creemos, se lo debemos a la gracia que recibimos para acoger la fe y responderle a Jesús, y muy poquito a nosotros mismos, todo es gracia.

Por eso, que buena oportunidad para pedirle a Jesús que nos abra la inteligencia, para que podamos comprender las Escrituras. Es buen día para hacer esto, porque justamente en Algo del Evangelio de hoy, Lucas lo dice claramente: “les abrió la inteligencia para que pudieran comprender…” Esto es algo que tenemos que pedir siempre y que a veces nos olvidamos, yo me lo olvido también. Si todos los días hiciéramos este ejercicio, si todos los días nos acordáramos de pedirle a Jesús, ¡Qué distinto sería todo! Sin la gracia que viene de lo alto, sin la gracia que viene de Jesús no podemos comprender en su totalidad todo lo que está escrito para nuestra enseñanza, para nuestra santidad.

¡Señor, que hoy podamos comprender un poco más; Señor te pedimos que hoy nos abras un poco más la inteligencia de la mente y la del corazón, para poder encontrarte en la Escrituras, para poder reconocer al Resucitado a nuestro alrededor, en cada palabra, en cada gesto, en cada Misa, en cada Eucaristía; Señor acompañanos como a los discípulos de Emaús, explicanos las cosas porque nuestra mente es lenta y pequeña; Señor, te pedimos que te nos manifiestes, así somos testigos de todo esto ante el mundo que no cree y vive como si no existieras! Te pedimos esto y todo lo que nuestro corazón no se anima a pedir.

Imaginando la escena hoy ¿Quién de nosotros, poniéndose en el lugar de los discípulos, no actuaría de la misma manera? ¡Temor, alegría, admiración y resistencia a creer! Pasaron por todos los estados de ánimo posibles en un instante. Primero miedo, después alegría, admiración y al final, una especie de resistencia a tanta alegría ¿Es posible todo esto? ¿Es posible semejante alegría? Creo que cualquiera de nosotros haría lo mismo. No es fácil creer semejante acontecimiento, no es fácil creer cuando la alegría es demasiado grande. Evidentemente no habían comprendido ni las Escrituras, ni lo que Jesús les había dicho de tantas maneras y tantas veces.

En la vida necesitamos creer en la Palabra de Dios, pero también, necesitamos la confirmación de esa Palabra, necesitamos experimentar en carne propia la realidad de lo que leemos. Es por eso, que muchas cosas en la vida no las terminamos de creer hasta que no nos pasan. Cuando nos pasan, nos decimos: ¡¡¡Ah!!! Ahora entiendo, ahora descubro eso que antes leía y no comprendía. Los discípulos necesitaron vivir esta experiencia para confirmar lo que Jesús les había dicho de palabra. Nosotros también hoy necesitamos experimentar la presencia real de Jesús en nuestras vidas para ser testigos verdaderos de Él en el mundo. Sino ¿de qué somos testigos? Cristiano es el que cree en Jesús, cree en la Palabra de Dios, pero no solo cree, sino que lo experimenta, lo vive y como lo experimenta y lo vive, es testigo de lo que cree y vive, refleja con su vida lo que lee, cree y experimenta. Estos días de Pascua son días para volver a creer, para volver a experimentar que Jesús está vivo, y nos pide que, con nuestro testimonio, mostremos que esto es verdad. Si hubiera más testigos reales de que Jesús vive, ¡Qué distinto sería todo! ¿No?