Book: Marcos

I Viernes durante el año

I Viernes durante el año

By administrador on 13 enero, 2023

Marcos 2, 1-12

Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.

Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»

Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»

Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».

Palabra del Señor

Comentario

Jesús al bautizarse, como veíamos en el evangelio del domingo se sumergió en las aguas de este mundo inundadas por el pecado que agobia y el que no deja vivir al hombre. Por eso, al sumergirse, nos regaló la nueva vida de los hijos de Dios la que nos permite dejar que a nosotros nos invada la gracia, lo sobrenatural, ese mundo invisible que nos circunda y que todo lo invade, todo lo penetra, todo lo transforma, todo lo quiere cambiar. Ese es el mensaje que estuvimos repasando esta semana: poder cambiar movidos por la gracia y por la fe que nos abre el panorama. El que tiene fe puede ver cosas que los otros no ven. Como me decía Daniel, ese hombre que se convirtió hace poquito y estaba maravillado por todo lo que veía. El mundo era igual, sin embargo, él veía todo distinto. Él veía cosas que antes no veía. ¿No te pasó eso alguna vez? Sigamos este camino de poder cambiar para creer y seguir creyendo para poder cambiar.

Me animo a decir que la Iglesia es como Algo del Evangelio de hoy, es una casa común, Jesús dentro de la casa anunciando su Palabra (un mensaje de vida, que quiere asombrar, que quiere ser novedoso, que quiere dar vida) mucha gente reunida para escuchar y mucha gente también herida para sanar.

La humildad nos debería llevar a pensar que todos andamos o anduvimos en camilla alguna vez. Camilleros o llevados en camilla, paralíticos, o por lo menos algún día nos tocará. Si no andamos en camilla, estamos rengueando por ahí o estamos rengueando llevando a otros, si no andamos rengueando, alguien se está jugando por nosotros y nos está llevando en camilla hacia Él. La cuestión es que todos vamos a estar con Jesús, ese es el destino de nuestra vida, ir a sus pies.

Queremos estar con Él cueste lo que cueste, ojalá que nos brote este sentimiento hoy, entrando por cualquier lugar, por el techo, por la ventana de la Iglesia, no importa. Lo importante es llegar a sus pies. Para eso vino Jesús. Para que podamos encontrarnos con él. Para enseñarnos a encontrarnos con todos los que lo buscan y encontrarse con los que lo buscan con sinceridad.

I Jueves durante el año

I Jueves durante el año

By administrador on 12 enero, 2023

Marcos 1, 40-45

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.

Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes.

Palabra del Señor

Comentario

¿Experimentaste alguna vez esa linda sensación de lograr cambiar algo importante en tu vida, de proponerte dejar de lado algo y lograrlo, de ponerte una meta sencilla y alcanzarla, de abandonar una actitud o de adquirir otra, de abandonar un pensamiento, un sentimiento y reemplazarlo por algo mejor? No es imposible, hay que querer y pedir, se puede cambiar y creer, se puede creer que es posible cambiar. Si todos creyéramos que es posible dejar de lado el egoísmo, la avaricia, la pereza, la soberbia, el orgullo y todo lo que nos aísla de los demás, este mundo sería tan distinto, sería mucho más lindo todavía.

Pero hay un primer paso que debemos dar antes de proponernos cambiar. Cambiamos en la medida en que nos damos cuenta de que tenemos algo para cambiar, ese es el gran problema, mientras tanto andamos en la ceguera, en la ignorancia, mientras tanto no nos damos cuenta. Por eso el primer paso del que quiere cambiar algo en su vida es darse cuenta de que tiene algo para cambiar, de que algo le falta o algo le sobra, de que tiene alguna debilidad, de que tiene algo para mejorar.

¿Vos y yo tenemos algo para cambiar y creer? ¿Vos y yo tenemos algo en lo que podemos volver a creer y confiar para poder cambiar? Yo muchas cosas, muchísimas. Siempre ayuda a salir, salir de uno mismo. Salir, por ejemplo, de misión ayuda muchísimo a darse cuenta de que solo saliendo de uno mismo uno descubre lo que nos falta para creer y cambiar. Solo reconociendo que nuestra vida es un «salir», como decía Jesús ayer: «Porque para eso he salido», vamos experimentando que vamos en camino, pero siempre de algún modo nos falta algo, siempre podemos más, siempre se puede cambiar y creer. Estar con personas, escucharla y darse cuenta de los sufrimientos ajenos nos despierta del letargo en el que sin querer vivimos cuando nos acostumbramos a la rutina. Bueno, pero esa misión está muy cerca nuestro, no hay que irse muy lejos.

Por eso quiero quedarme, quiero que nos quedemos, con algo lindo del Evangelio de hoy: la «desobediencia» del leproso. Es un gran hombre, para mí este leproso es un grande. Además, si uno se pone a pensar, la petición de Jesús, aunque tenía un sentido profundo para él y de eso algo hablamos ayer, en realidad es como una ironía, por decirlo de alguna manera, muy imposible. ¿Cómo Jesús va a pretender que ese hombre después de ser curado de la enfermedad más horrible se quede callado como si nada hubiese pasado? Imposible. Casi imposible. Por eso para mí es unas de esas desobediencias que uno se animaría a llamar «piadosa desobediencia» o «desobediencia piadosa». La «desobediencia piadosa del leproso es casi una consecuencia lógica de alguien que se siente amado, de alguien que recibe un don tan grande. ¿Cómo es posible callar después de recibir semejante alegría? Las alegrías son para contarlas, las alegrías no son completas si no se comparten, si no se cuentan. Además, ese hombre curado, aunque hubiese obedecido, jamás hubiese podido ocultar su curación, se le habría notado sin que lo diga. Es lo que nos pasa cuando Jesús pasa por nuestras vidas y nos cura, nos sana, nos libera de algo, nos purifica.

Es imposible que los demás no se den cuenta, es más, no hace falta ni decirlo, porque nos cambia la cara, ya nadie nos ve igual. Por eso animémonos a decirle a Jesús: «Si querés, si quieres, puedes purificarme». «Si querés, Jesús sácame eso que tanto me atormenta, me molesta, libérame de eso que tanto me oprime y me hace esconderme. No te busco solo por eso, pero lo necesito para estar mejor, para amarme más, para amarme mejor, para entregarme más a los demás. Si querés, te lo pido casi con temor, con humildad… Si querés, si es tu voluntad, si considerás que es mejor para mi vida, lo recibiré con alegría».

Que hoy se nos conceda la gracia que necesitamos, que podamos escuchar de labios de Jesús: «Lo quiero, quedas purificado». Lo quiero, quiero purificarte y quitarte esa lepra que te deforma el corazón y no te deja vivir en paz. Si él nos lo concede, no nos quedará otro camino que el de la «desobediencia piadosa», imitar la desobediencia del leproso curado, y salir a contarle a todo el mundo, a todos los que nos conocen, de que Jesús nos devolvió la alegría y que las alegrías son para divulgarlas, por más que a él no le guste que lo busquen solo por eso, pero bueno, por algo se empieza. Creamos que Jesús nos puede cambiar y ayudarnos a creer cada día más. El primer paso para cambiar es darnos cuenta de que Jesús algo nos tiene que dar, de algo nos tiene que purificar: «Señor, si quieres, hoy puedes purificarnos».

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

I Miércoles durante el año

I Miércoles durante el año

By administrador on 11 enero, 2023

Marcos 1, 29-39

Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Palabra del Señor

Comentario

No se cambia obviamente de un día para el otro. No seamos ilusos, no se cambia automáticamente, mágicamente. No se cambia por decreto, hablándonos a nosotros mismos y obligándonos a hacer algo. Ni se cambia obviamente, únicamente por una decisión personal. Cambiar es también una gracia que debemos pedir todos los días, a Dios rogando, como se dice, pero con el mazo dando. Pidamos a Dios, pero trabajemos, trabajemos pidiéndole siempre a Dios la fuerza. Cambiar y creer, creer para poder cambiar. Ni voluntarismo absoluto, ni gracia pura sin nuestra decisión y libertad, sino que es gracia, regalo unida a nuestra decisión, gracia que impulsa nuestras decisiones y las acompaña. Esa es nuestra fe, esa es la maravilla del cristianismo, las dos cosas siempre. Por eso Jesús nos dice: «Conviértanse y crean. Cambien, pongan algo de ustedes, pero también crean, reciban la gracia de la fe, acepten mis palabras, sepan que no todo depende de ustedes. Sepan que hay cosas que los superarán siempre y que solo podrán vencer y cambiar con mi ayuda». ¡Qué lindo que es tener fe! ¡Qué lindo que es escuchar estas palabras de Jesús!

Las palabras de Dios son una de las herramientas, por decirlo así, bruscamente, que nos dejó Jesús para ir transformando nuestro corazón. Todas las palabras de Jesús que necesitamos para vivir según sus enseñanzas, todas las palabras y gestos que necesitamos para conocerlo, quedaron para siempre en los evangelios. No tenemos que buscar nada más, no necesitamos más que eso. Obviamente que no está mal dejarse ayudar por otros libros, por otros autores, por diferentes espiritualidades, incluso por las ciencias humanas, pero si falta la Palabra de Dios, falta lo más grande.

Escuchamos recién en Algo del Evangelio el relato de una síntesis, por decirlo de alguna manera, de un día de la vida de Jesús. Bastante movidito, con un poco de todo. Pero me quería detener hoy en una frase muy significativa de Simón cuando lo encuentra a Jesús que se había ido a orar bien temprano, le dice así: «Todos te andan buscando». Sin ponernos a pensar en la respuesta real que dio Jesús, ¿qué hubiésemos esperado que responda? Por ahí lo lógico que podríamos esperar es que Jesús haya dicho: «Bueno, ahí voy, que me esperen», como queriendo complacer la necesidad de todos o bien queriendo hacerle el bien a todos los que estaban ese día buscándolo. Algo que nos encantaría que pase. Sin embargo, Jesús no toma directamente ese reclamo, sino que contesta otra cosa totalmente distinta, algo inesperado si nos ponemos a pensar, algo que incluso nos puede doler: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Nada que ver, diríamos. Lo buscan por una cosa y él se termina yendo para otro lado.

Ahora, una buena pregunta que nos podríamos hacer es: ¿Para qué lo buscaban en realidad? ¿Qué querían de él? Evidentemente si su «fama se había extendido por toda la región» por los exorcismos que hacía, las curaciones, los milagros, seguramente la gente necesitaba y buscaba ser sanada, curada, liberada. No podemos juzgar las intenciones de aquellos que se acercaban a Jesús, tenían necesidades, por ahí había algún que otro curioso; pero lo curioso es que Jesús no parece interesarle mucho esto, o por lo menos lo deja en segundo plano. No quiere que los demonios digan quién es y no atiende los reclamos de todos los que lo buscan para ser curados. Jesús, en realidad, como primera intención, quiere que lo escuchen, quiere predicar. «Vayamos a otra parte, a predicar (…)». Enseñaba y enseña de una manera nueva, de corazón y viviendo lo que enseñaba. ¡Qué maravilla!

El Evangelio hoy se hace carne también de esta manera, con sus luces y sus sombras. Nosotros, ¿para qué buscamos a Jesús? ¿Para escucharlo o para pedirle cosas que tiene que ver con nuestras necesidades básicas, trabajo, salud y progreso? Muchos andan buscando a Jesús, pero no muchos son los que lo buscan por amor y para amarlo. Vos y yo… ¿para qué lo estamos buscando? ¿Qué pretendemos de él? Muchas veces gente que no está cerca de la Iglesia me sorprende con actitudes muy evangélicas, más evangélicas que las nuestras, con más profundidad de la que tenemos los que muchas veces estamos cerca. Me acuerdo que alguna vez alguien durante una misión, en una visita a su casa me decía: «No voy a la Iglesia, pero rezo, rezo mucho, todos los días». «¿Qué reza?», le pregunté, por ahí inconscientemente esperando que responda que le pedía cosas a Dios. Me dijo: «No le pido nada, solo le agradezco a Dios todo lo que tengo, nunca le pido nada». Silencio. Mucho para aprender de los que por juzgar muchas veces creemos que no han aprendido nada, sin embargo, tienen mucho para enseñar.

¿Qué necesitamos de Jesús? ¿No será que él también necesita de nuestro amor, que en el fondo se juega por la oreja, por nuestra capacidad de escucharlo? Para rezar y pensar. Para cambiar y creer.

Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

I Martes durante el año

I Martes durante el año

By administrador on 10 enero, 2023

Marcos 1, 21-28

Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.

Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: « ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Palabra del Señor

Comentario

¡Cómo cuesta cambiar ciertas cosas en nuestra vida! ¡Cómo cuesta cambiar cuando nos damos cuenta que es necesario cambiar, que es necesario hacer un esfuerzo para ser distintos, para amar! Acordate que amar es cambiar sin dejar de ser lo que somos, pero no se ama sin hacer un esfuerzo y todo esfuerzo implica un cambio, de lugar, de pensamiento, de actitud, de sentir! Amar es también ir descubriendo quienes somos, es ir conociéndonos más, conociendo nuestra vocación, nuestra misión, el sentido de nuestra vida. Ayer escuchábamos que Jesús llamaba a unos pescadores, para transformarlos en pescadores de hombres, para ayudarlos a que se den cuenta que estaban hechos para cosas más grandes. Pero eso lo fueron descubriendo poco a poco, en la medida que se dejaron amar por Jesús, en la medida en que fueron aprendiendo de Él, a medida que se fueron conociendo, con sus limitaciones y capacidades.

Es bueno que cada uno vaya pensando y rezando, de la mano del evangelio, con Algo del Evangelio, qué cambios podemos hacer en nuestra vida. Qué cambios están al alcance de nuestras manos. A veces no son grandes cosas, te diría que es todo lo contrario, muchas veces los grandes cambios empiezan con cosas muy sencillas y silenciosas, pero cuestan mucho porque a veces no las vemos.

A veces es “desacelerar”, otras veces será “bajar un cambio”, muchas veces orientar el rumbo desviado, por ahí será volver a encontrar el rumbo perdido, otras será dejar de hacer ciertas cosas, de pensarlas, de taparlas, quien sabe, mil maneras, mil formas de cambiar para creer. ¿Cambiar por cambiar? No, cambiar y creer, cambiar para encontrar el Reino de Dios que está entre nosotros y no lo vemos. Creer que Jesús vino a inaugurar una etapa nueva de la historia, de nuestra vida, como aparece claramente en el evangelio de hoy.

La primera acción concreta de Jesús es la de expulsar un demonio. Es verdad que dice que Jesús enseñaba, enseñaba de una forma distinta, con autoridad, o sea, haciendo lo que decía, no como nosotros que a veces enseñamos lo que no hacemos. Pero detengámonos en la autoridad de Jesús para vencer al malo, al maligno. No hay que olvidarse de esto, no podemos pasar de largo en el evangelio esto. Jesús vino a vencer al maligno, y lo hizo claramente: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros?» Sí, Jesús vino a acabar con el malo en este mundo y en nuestra vida. El demonio es un mentiroso, pero a Jesús no le puede mentir. El demonio habla en plural, pero Jesús le habla en singular: «Cállate y sal de este hombre». Jesús lo descubre. Lo vence con la verdad, el demonio nos quiere vencer con la mentira. ¡Qué linda noticia! Jesús vino a “acabar” con el padre de la mentira. No hay por qué temer, no tenemos que temer. No hay que negar su existencia y su insistencia en alejarnos de Jesús, pero no hay que darle más entidad de la que tiene, Jesús vino a acabar con el demonio, vino a vencerlo para que nosotros aprendamos a vencerlo con la verdad.

Un cambio que está al alcance de nuestras manos, de nuestra decisión, es salir de la mentira dejando que Jesús la eche con su Palabra. No dejarnos engañar por el demonio que siempre prefiere mentirnos y mantenernos en la mentira. La verdad espanta al demonio, la verdad lo aleja. No porque estemos poseídos, eso es raro, sino porque muchas veces no enfrentamos nuestra propia verdad, la verdad de nuestra vida, la tapamos, la ocultamos, la pateamos y por eso andamos así, a los ponchazos.

Dejemos que Jesús desenmascare las “mentiras” de nuestra vida, para dejar que su amor y su verdad nos llenen el corazón. Que el evangelio de hoy nos anime a confiar más en la fuerza del bien, en la fuerza de Jesús, que, en el poder de la mentira, de lo oculto, del pecado. Cambiar y creer, también quiere decir aceptar esta linda verdad.

I Lunes durante el año

I Lunes durante el año

By administrador on 9 enero, 2023

Marcos 1, 14-20

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Palabra del Señor

Comentario

Decíamos ayer, que Jesús no empezó su vida pública con palabras, sino con un gesto, y un gesto de humildad, dejarse bautizar por un hombre, “menos poderoso” que Él. Tan distinto a lo que nosotros estamos acostumbrados, tan distinto a lo que haríamos y a veces hacemos nosotros. La humildad en la vida de Jesús, va de punta a punta, desde su nacimiento, pasando por su vida oculta, su vida pública, su muerte y resurrección, hasta su presencia actual entre nosotros especialmente en la Eucaristía. No hay recodo en la vida de Jesús que no esté impregnado de su humildad. Todo Él es humildad, todo invita a la humildad. Es por eso que, a los bautizados, a vos y a mí, no nos queda otro camino que el de la humildad, que el de cambiar para dejar el orgullo de lado y renacer a la vida de los hijos humildes de Dios Padre.

Como también decíamos ayer, empezamos un tiempo distinto, un tiempo en el que nos acompañará otro evangelio durante la semana y también los domingos, salvo algunas excepciones. Empezamos hoy a leer y escuchar el evangelio de Marcos.

Y las primeras palabras de Jesús son éstas: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Conviértanse en realidad viene de la palabra griega “metanoia” que significa “cambio de mentalidad”. Jesús nos invita al cambio, al cambio profundo y no al cambio por afuera, a hacernos una “chapa y pintura”. Hay que cambiar de mentalidad para reconocer el Reino de Dios que está cerca; hay que cambiar el corazón y la mente para reconocer la humildad de un niño nacido en un pesebre bien pobre; hay que cambiar la manera de pensar sobre cómo es Dios y como lo esperamos ver a veces, para darnos cuenta de que Dios es omnipotente pero mucho más sencillo de lo que pensamos; no es solo una cambio moral, de nuestros comportamientos (cosa que es necesaria) es también muy necesario cambiar nuestra mentalidad sobre como miramos la realidad, la nuestra y la que nos rodea. Entonces podemos preguntarnos ¿Qué es primero, cambiar las actitudes o la mentalidad? Es difícil decirlo, casi como decir que es primero, el huevo o la gallina. Pero lo que sí podemos decir es que “convertirse” para la Palabra de Dios, primero no significa ser bueno, portarse bien, ser perfecto y no equivocarse, como muchas veces nos enseñaron o aprendimos.

Convertirse significa animarse a cambiar nuestras estructuras mentales que se transforman en barreras, para que después pueda penetrar el evangelio, para poder después aceptar los modos de ser de Dios, su manera de amar y de enseñarnos a amar. Porque Dios muchas veces termina siendo muy ilógico según nuestro modo de ver las cosas, o dicho de otra manera, la lógica de Jesús termina chocando con nuestra pobre lógica que muchas veces pretende ser la verdadera sin aceptar la de Dios. Cambiar quiere decir aceptar antes que nada que la lógica de Dios, su amor muchas veces es ilógico para nosotros y eso nos cuesta aceptarlo.

Cambiar es lo más difícil de nuestra fe. Cambiar implica una gran violencia interior. Quiere decir que tenemos que doblegar muchas cosas que sin darnos cuenta nos dominan. Por ejemplo: Podemos pasarnos la vida diciendo que creemos, que amamos a Jesús, que esto y que lo otro, pero cuando viene el dolor en nuestra vida, cuando nos toca la puerta el sufrimiento propio o ajeno, somos capaces de tirar todo por el balcón porque no comprendemos como pueden pasar algunas cosas, porque pretendíamos algo distinto de Dios. A todos nos puede pasar. Por eso aprovechemos hoy para pedir la fe verdadera, no la que yo me fabriqué sin querer. Nadie está exento de enojarse o de no comprender a Dios, es muy humano y a veces necesario para reconocer en serio qué significa creer. Pero mientras tanto no esperemos que nos pase. Convertirse es cambiar, cambiar es difícil, cambiar es salir de la comodidad para creer en un Dios que también cambió por nosotros, un Dios que se hizo humilde y que nos invita a la humildad.

Jesús nos llama, como a Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Ellos se dejaron atrapar por lo distinto, por un Jesús que seguramente los cautivó, sino no hubiesen dejado todo así nomás. Se dejaron convertir el corazón y creyeron. Después junto a Él fueron aprendiendo y conociéndolo verdaderamente. No lo conocieron solo ese día, sino durante toda su vida. Nosotros podemos andar en la misma. Pidamos saber cambiar para creer y creer para poder cambiar y ser verdaderamente hijos humildes del Padre.

Fiesta de San Marcos

Fiesta de San Marcos

By administrador on 25 abril, 2022

Marcos 16, 15-20

Jesús se apareció a los Once y les dijo:

«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»

Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Palabra del Señor

Comentario

Si todos nos animáramos a escuchar y vivir realmente estas palabras tan lindas y desafiantes de Jesús de Algo del Evangelio de hoy: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación…» Todos y todo, se merece que gritemos que Jesús nos ama y quiere darnos su amor. Todos se merecen que vos y yo hoy nos animemos a predicarles la palabra de Dios, esas palabras lindas que Él tiene para decirnos. ¿Por qué alguien tiene que quedar afuera? ¿Por qué vamos a privar a otros de escuchar la palabra de Dios? Hoy más que nunca no tengas ni miedo ni vergüenza de enviar este audio con la palabra de Dios a otra persona que necesita tanto de Él como nosotros. Ayudame, ayudémonos mutuamente a lograr que más corazones se enamoren de Jesús, para que crean en Él, para que lo busquen, para que lo amen. Muchas veces las personas “menos pensadas” son los que más ansias tienen de Él, aunque en principio no parezca. Este es el mandato de Jesús, que vayamos por el mundo, que nos animemos a hablar de Él, y aunque no viajemos a otro lugar, aunque nos quedemos en donde estamos, hoy la tecnología nos permite llegar a lugares que jamás hubiéramos pensado.

Te propongo que hoy te levantes, y lo digo como imagen, porque por ahí ya estás levantado, ya arrancaste el día o lo estás arrancando. Hoy levantate y decite a vos mismo que hay que levantarse. Que se puede seguir y que se debe seguir, que hay mucho por delante. La Palabra de Dios nos anima a levantarnos, a dejar el cansancio a un costado, a dejar la tristeza, a dejar el aburrimiento y la pesadez. La Palabra de Dios es viva y eficaz, nunca te olvides, y da vida eficazmente al que la escucha, la mastica y la medita. Dejemos que hoy nuestro corazón desborde de alegría y seamos conscientes de que sus palabras quieren viajar por todos lados, y que nosotros somos sus instrumentos, de que nosotros somos los encargados de predicar, de evangelizar.

Hoy es la fiesta de San Marcos, uno de los evangelistas, uno de los que nos dejó por escrito la vida de Jesús, su obra, sus palabras, sus gestos. Gracias a él, nosotros hoy podemos conocer a Jesús. Se sabe hoy, por los estudios, que Marcos no fue discípulo directo de Él, pero de alguna manera siguió la tradición de Pedro, discípulo y amigo del Señor. Los Hechos de los apóstoles muestran a Marcos como un compañero de misión de Pablo y luego de Bernabé, por eso se sabe con certeza de que recibió de modo casi directo los relatos más frescos de la vida de Jesús.

Las palabras que nos regala la Iglesia en Algo del Evangelio de hoy, son las palabras de Jesús antes de ascender a los cielos, podríamos decir que es el legado de Jesús, su deseo final, pero al mismo tiempo, su deseo siempre presente, que no pasará de moda jamás. ¿Qué desea Jesús? ¿Cuál fue su deseo antes de ausentarse físicamente de sus discípulos? No puede ser otra cosa, no podríamos esperar otra cosa que el deseo ardiente de que todos los hombres conozcan la mejor noticia que puede recibir el hombre, hambriento y sediento de amor. ¿Cuál? Que Dios se hizo hombre, murió y resucitó por nosotros para sanarnos y darnos una vida nueva. Básicamente ese el anuncio que comenzaron a desparramar por el mundo los amigos de Jesús y que llegó a nuestro tiempo, y que sigue llegando y que sigue expandiéndose. Esa es la misión básica y fundamental de la Iglesia. Esa es tu misión y mi misión, si realmente creemos en lo que decimos que creemos. No hay que complicarse mucho la existencia con cosas raras. Hay que andar por el mundo diciendo con la vida y con los labios, esta verdad. El que quiera creer que crea y que disfrute, el que no quiera creer que no crea, no debería ser un motivo de enojo para nosotros, se lo estará perdiendo. Dios juzgará a cada uno según su conciencia y sus decisiones, eso a nosotros no nos corresponde juzgarlo.

¿Vos crees en esto? Si crees, ¿Alguna vez anduviste por la vida anunciando esta verdad que cambió la vida de tantos hombres y mujeres? Si ya lo hiciste alguna vez ¿te cansaste o lo seguís haciendo? Los discípulos fueron a predicar por todas partes, ¿y nosotros? ¿Nosotros qué estamos haciendo? ¿Qué hacemos cada día? ¿Pasa algún día de tu vida sin que hables de Él? Anunciar la noticia de Jesús nos llena el corazón de alegría, nos llena el corazón de paz, porque descubrimos que no hay nada más grande que podamos darle a los demás que el mismo Jesús, porque solo Él cambia los corazones de las personas. La fe solo crece dándola, solo se enriquece cuando nos animamos a hablarle a los demás de lo bien que nos hace creer, de lo lindo que es creer, de lo maravilloso que es intentar cada día vivir según las enseñanzas de un Dios Padre que nos ama y solo desea que nos amemos entre nosotros y disfrutemos esta linda vida que nos regaló. ¿Todavía estás pensando si vale la pena hablar de Él?

Sábado de la Octava de Pascua

Sábado de la Octava de Pascua

By administrador on 23 abril, 2022

Marcos 16, 9-15

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.

En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»

Palabra del Señor

Comentario

Por qué no intentar en este sábado de la octava de Pascua; con la cual terminamos esta gran celebración de este gran día que es el de la Pascua, la Resurrección del Señor, el “paso” de Nuestro Señor por la muerte para darnos vida; por qué no intentar lo que no hacemos hace tiempo que es hacer una síntesis de los evangelios de esta semana, que son tan ricos y nos pueden ayudar muchísimo finalmente a vivir la experiencia real y concreta de que Jesús está vivo, en nuestra vida. Porque, en definitiva, de eso se trata ser cristiano: en descubrir la presencia de Dios real y concreta en nuestra vida como una persona a la cual queremos seguir porque nos enamoramos, porque descubrimos su amor. Eso es ser cristiano.” No se empieza a ser cristiano por una idea o por una doctrina; sino se empieza a ser cristiano verdaderamente cuando nos encontramos con una Persona, y cuando esa Persona cambia el rumbo de nuestra vida”; así lo decía en su momento el Papa Benedicto XVI, nos cambia el sentido de nuestra vida.

Como decía san Juan Pablo II: “Cristo nos da todo, no quita nada; no tengan miedo a Cristo, ábranle las puertas de par en par”.

Bueno; en esta semana de Pascua de la Octava, hemos contemplado estos evangelios donde se nos muestra a Jesús que se aparece a sus amigos; a sus discípulos, a las mujeres, y por qué no pensar también en la aparición de Jesús a su madre la Virgen Santísima, que, aunque no está relatada también podemos imaginarla, tal como lo plantea san Ignacio de Loyola.

Es una oportunidad para poder reflejarnos y vernos también cómo en nuestra vida, Jesús de alguna manera se nos apareció, se nos manifestó, aunque siempre de alguna manera “velado”, oculto; por eso tenemos que hacer un esfuerzo, por eso tenemos que abrir las puertas de nuestro corazón.

Y para repasar y ver algunas frases, algunas situaciones de los evangelios de esta semana nos pueden ayudar. Por supuesto que cada uno de nosotros puede tomar el evangelio que más nos gusta, incluso el de hoy; porque Algo del Evangelio de hoy es como una especie de “resumen” de los evangelios de la semana.

Marcos sintetiza tres apariciones y las hace bien concretas y sencillas; en cambio los otros evangelistas se explayan un poco más.

Entonces utilicemos esta especie de “síntesis” del evangelio de Marcos de hoy, para ver la síntesis de esta semana y quedarnos con una frase, con una situación, con algo que nos ayude a rezar, a emocionarnos, a volver a nuestra Galilea y descubrir aquel momento en el cual nos encontramos con él y ahora por ahí está todo “apagado”; o no, o nos encontramos en esta Pascua con Jesús más plenamente y esto nos impulsa a seguirlocon alegría; o no y estamos en la apatía total…

Pidamos la gracia, pidámosle al Señor poder encontrarlo, pidámosle al Señor como decía el evangelio del lunes: alegrarnos. «Alégrense» —dice Jesús. Pidamos alegrarnos verdaderamente con la presencia de Jesús Resucitado. Y Jesús nos plantea –como el lunes– ir a Galilea; ir a ese lugar original donde lo conocimos alguna vez, donde escuchamos hablar de Él y por ahí nos olvidamos… Pensá en eso, y cómo las mujeres se postraron, se tiraron a sus pies de la emoción.

El martes veíamos cómo Jesús consolaba también a María diciéndole: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Y podríamos dejar que Jesús nos pregunte qué es lo que nos pasa, por qué lloramos, por qué a veces seguimos en la tristeza, por qué nos desanimamos tan fácil. Jesús nos viene a traer alegría y paz. Y aunque a veces conviva con la tristeza; la paz que viene a traer Jesús es una paz que nos da la certeza de su Presencia.

O también como el miércoles, pensar en la presencia de Jesús con los discípulos de Emaús, que los acompaña, aunque ellos no se dan cuenta. Él siempre está a nuestro lado, aunque no lo vemos, siempre dispuesto a explicarnos las Escrituras para que “arda” nuestro corazón y que finalmente se nos manifiesta en la Eucaristía para poder experimentarlo verdaderamente. Y así el jueves veíamos cómo Jesús nos trae la paz: «La paz esté con ustedes»; y al mostrarles sus manos y sus pies, los discípulos se llenaban de alegría y admiración; pero también por otro lado se “resistían” a creer. A veces nos cuesta creer. Pidamos la gracia de creer. Él está, está presente.

Y ayer ese gran evangelio de la pesca milagrosa donde Juan pega el grito: “¡Es el Señor!”, y Pedro desaforadamente pero lleno de amor, se tira al mar y recorre cien metros para encontrar a su Señor; toda una prueba de su inmenso amor.
Ojalá tuviéramos ese deseo profundo de que cuando nos dicen “allá está el Señor”, pudiéramos tiranos de cabeza –por decirlo así–, jugarnos la vida, cambiar el rumbo de nuestra vida para transmitir la alegría de Jesús Resucitado.

Ojalá que esta semana de Pascua nos encienda de vuelta en lo profundo de nuestro corazón para decir: “Vale la pena ser cristiano, vale la pena creer en Jesús, vale la pena hablarle a los demás sin miedo de que Jesús está vivo”.

Cómo nos cuesta a veces ¿no?, cómo nos cuesta hablar en nuestros ambientes de Nuestro Señor como alguien concreto, como una Persona a la cual amamos.

Ser cristiano, es seguir a Jesús, ser cristiano es enamorarse de Él y no tener vergüenza de ser testigos de su Resurrección.

VIII Martes durante el año

VIII Martes durante el año

By administrador on 1 marzo, 2022

Marcos 10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

Palabra del Señor

Comentario

Ver la “paja” en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio es de ciegos y es por eso, que difícilmente podremos corregir a otros si no nos damos cuenta que los primeros que necesitamos quitar la viga en el propio ojo, somos nosotros mismos. Somos así muchas veces, un poco hipócritas, pretendemos que todos cambien mientras nosotros no vemos los propios errores. Esa es la gran debilidad que muchos arrastramos y que solo el amor de Jesús y sus enseñanzas nos pueden ayudar a ir extirpando del corazón. Hagamos el ejercicio de hablar menos, de no hablar de los demás, porque es ahí donde el corazón nos juega una mala pasada y podemos equivocarnos. Hace bien el pensar que siempre nos equivocamos cuando hablamos de los otros, es lo mejor. Ni a vos ni a mí nos gusta que hablen de nuestros errores.

Siempre Pedro, siempre haciendo la pregunta que por ahí haríamos todos, esas preguntas que muchos tenemos dentro del corazón, pero a veces no nos animamos a hacer. ¿Te acordás cuando en el colegio siempre teníamos un compañero o compañera que hacía las preguntas que nadie se animaba a hacer por miedo, por vergüenza, para que los demás no se rían? ¿Te acordás que a veces todos se reían, pero en el fondo se lo agradecíamos porque era lo mismo que nosotros estábamos pensando? Pedro era así, el evangelio lo demuestra de muchas maneras. Ese que hace las preguntas que todos tenemos guardadas, preguntas osadas, arriesgadas, las preguntas que los otros discípulos seguramente también tenían guardadas en sus corazones. Pedro es el primero en decir que sí y también el primero en negarlo. Pedro es así. Por eso… ¡cuánto nos ayuda Pedro!

Ayer escuchábamos que un hombre rico terminaba yéndose triste y apenado porque no se animaba a dejar, ni a vender nada por Jesús. No hablamos de ese tema, pero en el fondo lo que le faltó a este pobre hombre, fue amor, lo que le faltó fue enamorarse de Cristo. El que no se enamora vive midiendo todo, regatea todo, mezquina todo. Ama, pero a su medida y le pone medidas al amor. El hombre rico representa a los cristianos que se contentan con cumplir, con no hacer nada malo, con no matar y no robar, pero que nunca se animan a más, nunca se animan a dejar nada por amor a Jesús. En realidad, la pregunta que nos podríamos hacer es esta: ¿Si no somos capaces de dejar algo por Jesús, podemos decir que lo amamos realmente?

Bueno, en Algo del Evangelio de hoy aparece Pedro, representando a todos los que sí habían dejado algo por Jesús, a los apóstoles. Por ahí también nos representa a nosotros. A los sacerdotes, a los consagrados, pero también a vos que sos laico, la inmensa mayoría de los católicos de la Iglesia. A vos que también alguna vez dejaste algo, cuando te casaste, cuando empezaste a servir a Jesús más de cerca, cuando te fuiste a misionar, cuando ayudaste a un pobre, cuando hacés algo concreto por Él. También podemos imaginarnos representados por Pedro. ¿Y a nosotros qué? Creo que podíamos meditar esta pregunta desde dos puntos de vista.

Primero. A Pedro y a nosotros también nos sale la mezquindad de adentro del corazón y al entregarnos, podemos estar buscando recompensas, ¿Y a nosotros? ¿Y yo que me la paso sirviendo, y yo que dejé un montón de cosas por Vos? Sin querer podemos caer como el hombre rico de ayer, en cierta mezquindad, en una entrega medida, a medias, en una entrega por conveniencia, en una entrega que no se deja mirar por la mirada de amor de Jesús. Cuidado… ¿Qué buscamos al amar? Es el peligro de todo apóstol, de todo cristiano, de todo sacerdote, de todo consagrado. ¡El que anda pidiendo algo a cambio, sin querer se puede transformar en una especie mercader de la fe y no en un servidor! ¡Cuidado con ser un mercader de Jesús!

Segundo. Al mismo tiempo hay algo muy lindo. Jesús promete y promete en serio, no como nosotros, no como tantas promesas políticas. Jesús promete y cumple. Podemos asegurar que el entregarnos al amor de Jesús, nos llena de casas, porque podemos quedarnos y alojarnos en miles lugares gracias a la generosidad de tanta gente que nos considera hermanos, tenemos muchos hogares. Haber dejado algo por Jesús, nos permite tener miles de hermanos y hermanas, la Iglesia nos llena de hermanos, predicar la Palabra de Dios cada día nos llena de hermanos y hermanas. Dejar nuestro hogar de sangre por amor a Jesús, nos llena de muchas madres. También podemos tener más padres, que se preocupan por nosotros. Nos concede bienes continuamente, nunca tendremos hambre ni sed, porque Jesús nos provee de todo. Esto es verdad, podemos asegurarlo. Seguro que vos de alguna manera también lo vivís. Todo esto, y hay que decirlo también, va acompañado de sufrimientos por amor al Reino de Dios, es inevitable. Al mundo no le gusta la Palabra de Dios, le molesta. Pero no podemos olvidar que al final, vendrá lo mejor, vendrá la Vida Eterna.

Te propongo hoy, que no seamos mezquinos, no negociemos con Jesús. Él nos da todo, ya lo prometió. Busquemos el Reino de Dios y su santidad, y todo lo demás vendrá por añadidura.

VIII Lunes durante el año

VIII Lunes durante el año

By administrador on 28 febrero, 2022

Marcos 10, 17-27

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:

«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

Palabra del Señor

Comentario

«¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? Evidentemente no. Jesús ayer nos hacía esta comparación para que comprendamos algo más profundo, algo que justamente, por nuestra ceguera no terminamos de comprender. Deberíamos reconocer todos, con humildad, que andamos un poco ciegos y lo que es peor, muchas veces pretendemos transformarnos en guías de los demás, o bien nos dejamos guiar por otros que andan ciegos. En una de las comunidades donde celebro Misa, todos los domingos nos visita un hombre que no puede ver, se llama Francisco. Viene cada domingo en su silla de ruedas, con mucho entusiasmo, guiado por un fiel de la comunidad que lo lleva con mucho amor. Cuando no lo pueden traer, Francisco sufre porque desea ir a Misa con todo su corazón, y la vive con mucha intensidad.

Ayer lo puse de ejemplo en el sermón, como aquel que se deja guiar por alguien que ve, como alguien que acepta su condición y permite que otro le muestre el camino. Pero al mismo tiempo, estoy convencido que Francisco ve lo que muchos de nosotros no podemos ver, por andar mirando la paja en el ojo ajeno. Supongo que las personas que no ven con sus ojos, son de algún modo mucho más puras que nosotros, porque inevitablemente no andan fijándose tanto en los errores ajenos, como nos pasa a nosotros. Cada domingo cuando sale de Misa, al saludarme, me dice tantas cosas llenas de sabiduría y amor, que en realidad lo que digo no es una suposición, es una realidad. Su ceguera física, hace que sea un hombre de una sensibilidad especial, lleno de amor y con una gran necesidad y que no tiene miedo en demostrarla. ¡Cuánto para aprender de Francisco!

Creo que no hay mejor manera de empezar la semana que escuchar Algo del Evangelio de hoy, escuchando esta escena en la que se nos pueden plantear tantas cosas, tantas sensaciones y reacciones diferentes. La Palabra de Dios nunca deja de maravillarnos, nunca debería dejar de maravillarnos, porque cada escena que contemplamos es una fuente inagotable de sabiduría, un alimento perpetuo y continuo para todos nosotros y por eso, más allá de lo que dice la palabra, podemos encontrar miles y miles de recepciones, según el corazón de cada uno de nosotros. La Palabra es una, los corazones miles y las respuestas variadas. Vos intentá hoy dar tu propia respuesta, según lo que escuchas y meditás.

Hoy tengo ganas de llenarnos de preguntas, hacer una especie de lluvia de preguntas al texto, a mí y a cada uno de los que escuchamos estos audios. Alguna pregunta podrá encontrar respuesta, otra no, pero será el comienzo para que algún día sí, por algo se empieza.

Muchas veces se dice y se puede escuchar, que aquel que se encontró alguna vez con Jesús, en el evangelio e incluso hoy, no quedó igual, no queda igual; que aquel que se encontró con Él por ser tan irresistible su persona, su amor, no pudo decir otra cosa que sí, no pudo resistir a su amor. Bueno, es lindo ese razonamiento, y es cierto, pero le falta una parte, le falta una posibilidad, le falta la respuesta del hombre de hoy, del evangelio de hoy y de tantos hombres a lo largo de la historia, de por ahí vos o yo. ¿Cuál respuesta? La tristeza y la pena, la posibilidad de decir que no, de no doblegarse ante tanto amor. Lamentablemente existe esa posibilidad. ¿Existe la posibilidad de ver a Jesús cara a cara, y terminar yéndose triste? ¿Existe la posibilidad de ser mirado por Jesús con amor y terminar yéndose apenado? ¿Es posible que vayamos hacia Jesús, que nos arrodillemos frente a Él llenos de ansias, de amor y que terminemos yéndonos con las manos vacías, peor de lo que fuimos? ¿Es posible acercarnos a Dios intentando negociar con Él la salvación después de la muerte, olvidándonos de la propuesta de vivir esta vida de una manera diferente, más allá del cumplimiento? ¿Es posible que Jesús nos ofrezca dejar algo para seguirlo, para algo más lindo y pleno, para compartir lo que tenemos con los demás y que nos neguemos, que nos vayamos con la cabeza gacha? ¿Es posible que sigamos sin entender lo que significa ser cristianos, lo que quiere decir seguir a Jesús? ¿Es posible que la riqueza, del corazón y material nos impida disfrutar de la propuesta liberadora de un Dios Padre que se despojó de todo para encontrarse con todos? La verdad es que todo es posible. Pensemos, recemos con esto, meditémoslo en nuestra vida.

Pero hoy el evangelio termina con una posibilidad más posible, valga la redundancia. Porque para Dios todo es posible. Para Dios es posible destrozar todas las mezquindades que nos impiden animarnos a lo imposible, a lo que el mundo nos plantea como una locura, a la avaricia que se aloja en el corazón y no nos deja compartir lo que tenemos. Para Jesús es posible desarmarnos con su mirada ayudándonos a que, de una vez por todas, descubramos que lo mejor es seguirlo a Él, amarlo a Él, dejando de lado nuestras riquezas que nos impiden disfrutar lo mejor de la vida, la posibilidad de amar y ser libres para el bien de los demás.

VII Sábado durante el año

VII Sábado durante el año

By administrador on 26 febrero, 2022

Marcos 10, 13-16

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor