Book: Marcos

Marcos 12, 13-17 – IX Martes durante el año

Marcos 12, 13-17 – IX Martes durante el año

By administrador on 2 junio, 2020

 

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?»

Pero Él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario.»

Cuando se lo mostraron, preguntó: « ¿De quién es esta figura y esta inscripción?»

Respondieron: «Del César.»

Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.»

Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Palabra del Señor

Comentario

No se puede leer la vida de Jesús por partes, no es suficiente, no alcanza con sacar frases lindas del evangelio, interpretarlas a nuestra manera. Hay que animarse a todo, a mucho más, a conocerlo de pies a cabeza, hasta el fondo del corazón. Por eso, te pregunto y me pregunto: ¿Cuántos libros enteros leíste en tu vida? ¿Cuánto tiempo le dedicaste en tu vida a muchas páginas de diarios y revistas, libros y más libros? Seguramente mucho o por ahí no tanto, no importa, en realidad la cantidad que hayas leído. Ni hablar de películas o televisión, series que vemos a veces. Por eso, ahora podemos animarnos a preguntarnos… ¿Leíste alguna vez los evangelios enteros, de corrido, o día en día? ¿Leíste alguna vez todos los evangelios en donde se relata la vida de aquel que decís que amás y que seguís, los leíste? ¿Los escuchaste? ¿Los meditaste?

Es necesario que nos hagamos estas preguntas con sinceridad, porque no se conoce bien a Jesús cuando pretendemos conocerlo por partes, o por comentarios de otros, por más buenos que seamos, a veces, los sacerdotes, o intentemos serlo, o escuchando partes lindas nomás o no escuchando nada, o leyendo frases motivadoras del evangelio, dispersas por ahí, por todas las redes. Es imposible ser cristiano enamorado sin contacto con la Palabra de Dios. Alguna vez te lo dije, pero, por eso, afirmo una vez más, que es necesario escuchar el evangelio, el cometario es accesorio, hay que escuchar el evangelio.

Alguna vez también te dije: Si lees mucho de filosofía, serás filósofo… Si lees mucho de fútbol serás especialista en fútbol… Si te interesa la decoración, aprenderás de decoración, serás experta en decoración… Si escuchás y meditás mucho la Palabra de Dios, cada día, serás experto o experta en Jesús. ¿Hay algo mejor? ¿Hay algo mejor? Serás cristiano en serio. Porque ser cristiano es eso, amar a Jesús con todo el corazón. Lo mismo pasa con nosotros los sacerdotes… o comentamos la palabra de Dios, leyéndola y mostrándola, manifestándola, o nos predicamos a nosotros mismos, o lindas ideas, muy lindas, pero no las de Jesús.

Me acuerdo esa anécdota del padre Hurtado, cuando se acercó un estudiante, un seminarista, a preguntarle: ¿En qué se debía especializar, después de ordenarse sacerdote? ¿En qué carrera? ¿En qué licenciatura? Y san Alberto Hurtado le contestó: “Especialízate en Jesucristo”. No se puede hablar de Jesús, no se puede hablar de Dios, sin dejar que hable él. Tan sencillo como eso. Cuando perdemos el contacto con lo que da sentido a nuestra vida, o con lo que debería darlo, para lo cual nos consagramos nosotros los sacerdotes, somos capaces de hacer y decir cualquier cosa, como seguramente escucharás tantas por ahí. Es fundamental que volvamos a las fuentes, a la raíz de nuestra fe, a lo más profundo, todos, para volver a sentir la frescura del evangelio y encontrarnos con el Jesús que nos quisieron enseñar los que escribieron los evangelios. Hay que animarse a leer el evangelio de Marcos entero, y saborearlo poco a poco. Cuenta la historia que algunos santos se sabían el evangelio de Marcos, casi de memoria de tanto leerlo y meditarlo. Bueno, en la época donde no había tantos medios y cosas que nos hacen perder la memoria. Pero, ¡qué lejos estamos nosotros a veces, de tanto amor!

Algo del evangelio de hoy nos enseña muchas cosas, pero una de ellas es que, claramente Jesús no era tonto, bueno, es muy obvio, ¿no? Fue muy bueno, pero no era tonto, no era un ingenuo. Muchas veces ante los engaños de los otros, nos conviene responder con preguntas como lo hacía él. La manera más fácil de desenmascarar un engaño, una hipocresía y saber qué es lo que realmente busca el otro, es “retrucar”, como se dice, es un juego de acá de Argentina, que se llama “truco”. Si te cantan “truco”, decile “retruco”, si te cantan “retruco”, respondele “quiero vale cuatro”. Jesús no se dejó engañar por los soberbios de este mundo, que querían que pise el palito o la trampa, y se equivoque para acusarlo de algo. Por eso, primero lo adularon un poco, lo adulan en el evangelio de hoy. Si respondía que había que pagar el impuesto, lo iban a acusar de estar a favor del imperio y en contra de su pueblo y de Dios, si respondía que no había que pagarlo, lo iban a acusar de rebelde, de no someterse a la ley. Qué cosa tan actual también para hoy, ¿no? Qué difícil que es diferenciar lo que es de Dios y lo que es de los hombres, lo que es de los que nos gobiernan, y de nosotros, nuestra independencia sana. Por eso, no podía haber mejor respuesta que la de Jesús: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.»

Podría ser algo así también: “Esa moneda que tenés en la mano es del Emperador, está bien, dásela a Él, está bien… es de él, está su cara; pero, el corazón es de Dios, y por eso hay que dárselo a él. En sus corazones está grabada la imagen de Dios, la imagen de Dios está grabada en nuestra alma”. Qué lindo, qué maravilla. Cada cosa en su lugar y no dejarse engañar. Eso es lo que tenemos que hacer. Los cristianos estamos en este mundo, y es lindo el mundo que Dios nos dio, es para agradecer, como decíamos ayer, pero al mismo tiempo no somos de este mundo, somos para otro mundo, no somos para este mundo. Por eso, hay que darle a este mundo, lo que es de este mundo, lo poco que podemos darle, pero a Dios lo que es de él. ¿Qué le corresponde al mundo? Es lo que tenemos que aprender a discernir y distinguir, seguramente muchas cosas, pero jamás el corazón. ¡Cuidado! No le des tu corazón a ningún político, a ningún líder humano. ¿Qué tenemos que darle a Dios? Todo, porque todo es de él.

Especialmente nuestro corazón que es su “imagen y semejanza” ¿Te acordás de la parábola de ayer? La viña es de él, el mundo es de él, todo fue puesto por él y para él, y por eso todos los frutos son para él. Sin embargo, “este mundo” nos hace olvidarnos quién es el verdadero “César”. Con mayúscula, Dios es el verdadero rey de nuestra vida, el que la gobierna. Los reyes de este mundo, los gobernadores de este mundo, pasan y pasan. Los presidentes también. A ellos les gusta que sus nombres queden grabados en diferentes lugares, en monedas, en billetes, calles, monumentos, lugares públicos y tantas cosas más, pero el único que merece ser grabado en nuestro corazón es Dios, el Dios hecho hombre, Jesús. ¿Entendemos esta verdad tan hermosa, tan maravillosa?

La respuesta de Jesús pone las cosas en su lugar, da la verdadera jerarquía a las cosas que nosotros a veces perdemos de vista. Somos de Dios y para Dios, Dios o nada, pero al mismo tiempo debemos en este mundo cumplir las leyes que nos rigen y nos ayudan a vivir en la sociedad buscando el bien común, por supuesto las que no contradicen la ley de Dios. Un buen cristiano es un buen ciudadano. San Pablo recomendaba rezar por los gobernantes, y de alguna manera, someterse a ellos, pero, ¡cuidado! A Dios lo que es de Dios. Un buen hijo de Dios cumple las leyes que se orientan al bien común, pero rechaza las leyes que atentan contra el amor de Dios y sus mandamientos. ¿Más clarito? hay que echare agua.

¿Entendemos? “A Dios lo que es de Dios”. O sea, todo.

Marcos 12, 1-12 – IX lunes durante el año

Marcos 12, 1-12 – IX lunes durante el año

By administrador on 1 junio, 2020

 

Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos:

«Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.

De nuevo les envió a otro servidor, y a este también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes. Envió a un tercero, y a este lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros.

Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra.” Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.

¿No han leído este pasaje de la Escritura: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?»

Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, Dios quiera que empieces una linda semana. Dios quiere que empecemos una linda semana. Acordémonos que no hay mejor manera de arrancar el día, de empezarlo, que estar escuchando la palabra de Dios. No a mí, ni a otros, sino la palabra de Dios. Nunca te olvides de eso y nunca te canses de hacerlo.

Después de un tiempo largo, casi tres meses, entre Cuaresma y la Pascua, retomamos lo que llamamos, el tiempo ordinario o el tiempo común o tiempo durante el año de la Iglesia. Así es cómo la Iglesia divide en diferentes modos el tiempo litúrgico, para ayudarnos a compenetrarnos cada vez más en la vida de Jesús. Por eso retomamos la escucha del evangelio de San Marcos. Seguiremos leyéndolo de manera continuada, desde el capítulo 12, y eso nos ayudará a seguir el hilo de lo que este evangelista quiso dejarnos sobre la figura de Jesús, su mirada sobre él, qué pensó y qué supo de él. Cada evangelista nos da su propia mirada del misterio de Jesús según la tradición que recibió de otros. Marcos era discípulo de Pedro, por eso se sabe que su evangelio proviene directamente de los relatos que suponemos y sabemos, mejor dicho, que recibió directamente de él y que fue el primero en escribirse. Es corto, de alguna manera, podríamos decir, sencillo, pero no por eso menos profundo, escueto, sencillito. Nos quiere mostrar a un Jesús muy humano, por decirlo así, lleno de gestos de cercanía, pero, al mismo tiempo, un Jesús sufriente. Un Mesías sufriente, que no le gusta que lo exalten al modo humano, sino que, incluso, no quiere que sepan que era el Mesías. Y será desde su sufrimiento en la cruz donde se manifestará su divinidad. Qué misterio. Desde la cruz un centurión lo proclamará Mesías. Verdaderamente este era el hijo de Dios. Seguramente algo extraño a nuestros oídos, pero nos ayudará. Nos hará muy bien. Por eso, la pregunta de fondo de este evangelio, y que te animo a que te la hagas hoy también, es: ¿Quién es realmente Jesús? ¿Quién es realmente Jesús?

Yendo a Algo del evangelio de hoy, podríamos decir que el fin de la parábola que Jesús le cuenta a los fariseos, a los escribas, es revelar la ignorancia del hombre cuando se cree el dueño de las cosas que, en realidad, son de Dios. Con esto los confronta con su propia historia, con la historia del pueblo de Israel que rechazó los enviados de Dios, pero también con la historia del ser humano, de toda la humanidad. Con nuestra historia también, con la tuya y la mía.

Dios, que nos dio todo, nos ha dado todo, plantó una viña, para que podamos vivir y alimentarnos de ella, o sea, nos dio todo este mundo. La creación maravillosa la “cercó” de alguna manera. Le puso ciertas normas, ciertas reglas que teníamos que respetar. Las normas que nos quieren conducir a vivir la vida entre nosotros en paz: los mandamientos. Nos dejó también “una torre de vigilancia” porque también, de alguna manera, se quedó él, para custodiarnos, no para castigarnos. Como Padre que ama. Y nosotros qué hacemos. Sin querer o queriendo, matamos a los enviados de Dios que vienen a buscar lo que, en realidad, es de él, y no nos damos cuenta de que él se hizo presente en muchísimos momentos de la historia.

Pero, pensemos en nuestra historia, en la personal. También nosotros, a veces, sin querer nos “adueñamos” de las cosas de Dios, de los frutos de esa viña que él nos regaló. Muchas veces no nos damos cuenta y no dejamos que él venga a cosechar lo que es de él. Nada es nuestro. Todo es de él. Nada es de nadie y todo es de todos. Nadie puede decir que es dueño de las cosas y de la creación, solamente un corazón soberbio. Nadie puede adueñarse de las gracias y de los carismas que Dios da.

Todo esto, que parece tan raro, es así; es el plan original de Dios Padre, que el hombre se encargó de destruir lentamente y Jesús vino a reparar. No pensemos que todo lo que nos rodea es “mérito” nuestro, todo lo que hicimos. ¿Quién decide qué es lo que se merece cada uno? En realidad ¿no nos merecemos, de alguna manera, todos lo mismo o en la medida que podemos recibir? Tenemos que aprender a compartir, y a no pensar que las cosas que alcanzamos a tener en la vida son por puro mérito nuestro. ¿Quién puede decir que tiene todo por mérito propio?, ¿Quién puede decir eso? Cuidado con adueñarnos de los regalos que Dios nos dio y los hemos hecho fructificar por nuestro esfuerzo. Es verdad. Cuidado con adueñarnos de las gracias de Dios. Cuidado con adueñarnos de las cosas de este mundo, de la Iglesia, de mi servicio, de mi comunidad, de mi parroquia. ¡Cuidado! Todo es gracia. Todo es don de Dios.

Si no aprendemos a mirar la vida de esa manera; podemos ser como estos hombres, que van matando lentamente a los enviados de Dios, que vienen a buscar a nuestra viña los frutos que le corresponden a él. Si miráramos la historia de la vida así, si miráramos la historia de nuestra propia vida así, con qué gratuidad viviríamos, con qué gratuidad viviríamos cada día…

Que tengamos un buen día. Que tengas un buen día y que puedas vivir así, con gratuidad, con una acción de gracias continua en el corazón, reconociendo que todo es regalo de él.

Marcos 16, 9-15 – Resumen Octava de Pascua

Marcos 16, 9-15 – Resumen Octava de Pascua

By administrador on 18 abril, 2020

 

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.

En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»

Palabra del Señor

Comentario

Por qué no intentar en este sábado de la octava de Pascua; con la cual terminamos esta gran celebración de este gran día que es el de la Pascua, la Resurrección del Señor, el  “paso” de Nuestro Señor por la muerte para darnos vida; por qué no intentar lo que no hacemos hace tiempo que es hacer una síntesis de los evangelios de esta semana, que son tan ricos y nos pueden ayudar muchísimo  finalmente a vivir la experiencia real y concreta de que Jesús está vivo, en nuestra vida. Porque, en definitiva, de eso se trata ser cristiano: en descubrir la presencia de Dios real y concreta en nuestra vida como una persona a la cual queremos seguir porque nos enamoramos, porque descubrimos su amor. Eso es ser cristiano.” No se empieza a ser cristiano por una idea o por una doctrina; sino se empieza a ser cristiano verdaderamente cuando nos encontramos con una Persona, y cuando esa Persona cambia el rumbo de nuestra vida”; así lo decía en su momento el Papa Benedicto XVI, nos cambia el sentido de nuestra vida.

Como decía san Juan Pablo II: “Cristo nos da todo, no quita nada; no tengan miedo a Cristo, ábranle las puertas de par en par”.

Bueno; en esta semana de Pascua de la Octava, hemos contemplado estos evangelios donde se nos muestra a Jesús que se aparece a sus amigos; a sus discípulos, a las mujeres, y por qué no pensar también en la aparición de Jesús a su madre la Virgen Santísima, que, aunque no está relatada también podemos imaginarla, tal como lo plantea san Ignacio de Loyola.

Es una oportunidad para poder reflejarnos y vernos también cómo en nuestra vida, Jesús de alguna manera se nos apareció, se nos manifestó, aunque siempre de alguna manera “velado”, oculto; por eso tenemos que hacer un esfuerzo, por eso tenemos que abrir las puertas de nuestro corazón.

Y para repasar y ver algunas frases, algunas situaciones de los evangelios de esta semana nos pueden ayudar. Por supuesto que cada uno de nosotros puede tomar el evangelio que más nos gusta, incluso el de hoy; porque algo del evangelio de hoy es como una especie de “resumen” de los evangelios de la semana.

Marcos sintetiza tres apariciones y las hace bien concretas y sencillas; en cambio los otros evangelistas se explayan un poco más.

Entonces utilicemos esta especie de “síntesis” del evangelio de Marcos de hoy, para ver la síntesis de esta semana y quedarnos con una frase, con una situación, con algo que nos ayude a rezar, a emocionarnos, a volver a nuestra Galilea y descubrir aquel momento en el cual nos encontramos con él y ahora por ahí está todo “apagado”; o no, o nos encontramos en esta Pascua con Jesús más plenamente y esto nos impulsa a seguirlocon alegría; o no y estamos en la apatía total…

Pidamos la gracia, pidámosle al Señor poder encontrarlo, pidámosle al Señor como decía el evangelio del lunes: alegrarnos. «Alégrense» —dice Jesús. Pidamos alegrarnos verdaderamente con la presencia de Jesús Resucitado. Y Jesús nos plantea –como el lunes– ir a Galilea; ir a ese lugar original donde lo conocimos alguna vez, donde escuchamos hablar de Él y por ahí nos olvidamos… Pensá en eso, y cómo las mujeres se postraron, se tiraron a sus pies de la emoción.

El martes veíamos cómo Jesús consolaba también a María diciéndole: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Y podríamos dejar que Jesús nos pregunte qué es lo que nos pasa, por qué lloramos, por qué a veces seguimos en la tristeza, por qué nos desanimamos tan fácil. Jesús nos viene a traer alegría y paz. Y aunque a veces conviva con la tristeza; la paz que viene a traer Jesús es una paz que nos da la certeza de su Presencia.

O también como el miércoles, pensar en la presencia de Jesús con los discípulos de Emaús, que los acompaña, aunque ellos no se dan cuenta. Él siempre está a nuestro lado, aunque no lo vemos, siempre dispuesto a explicarnos las Escrituras para que “arda” nuestro corazón y que finalmente se nos manifiesta en la Eucaristía para poder experimentarlo verdaderamente. Y así el jueves veíamos cómo Jesús nos trae la paz: «La paz esté con ustedes»; y al mostrarles sus manos y sus pies, los discípulos se llenaban de alegría y admiración; pero también por otro lado se “resistían” a creer. A veces nos cuesta creer. Pidamos la gracia de creer. Él está, está presente.

Y ayer, viernes, ese gran evangelio de la pesca milagrosa donde Juan pega el grito: “¡Es el Señor!”, y Pedro desaforadamente pero lleno de amor, se tira al mar y recorre cien metros para encontrar a su Señor; toda una prueba de su inmenso amor.

Ojalá tuviéramos ese deseo profundo de que cuando nos dicen “allá está el Señor”, pudiéramos tiranos de cabeza –por decirlo así–, jugarnos la vida, cambiar el rumbo de nuestra vida para transmitir la alegría de Jesús Resucitado.

Ojalá que esta semana de Pascua nos encienda de vuelta en lo profundo de nuestro corazón para decir: “Vale la pena ser cristiano, vale la pena creer en Jesús, vale la pena hablarle a los demás sin miedo de que Jesús está vivo”.

Cómo nos cuesta a veces ¿no?, cómo nos cuesta hablar en nuestros ambientes de Nuestro Señor como alguien concreto, como una Persona a la cual amamos.

Ser cristiano, es seguir a Jesús, ser cristiano es enamorarse de Él y no tener vergüenza de ser testigos de su Resurrección.

Sábado Santo

Sábado Santo

By administrador on 11 abril, 2020


Comentario al Sábado Santo

Hoy en éste sábado santo, no hay Evangelio, no hay Palabra de Dios para escuchar porque la Palabra se ha callado, la Palabra está muerta, en silencio, está a la espera. Nosotros también deberíamos seguir en silencio para aprender a escuchar lo que a veces no podemos escuchar. Eso nos propone la Iglesia en este día. Jesús está en el sepulcro. Estamos a la espera de la Resurrección, estamos en Vigilia esperando la Pascua.

Por eso la liturgia de la Iglesia permanece en silencio y no nos propone algo del Evangelio para meditar, para que podamos experimentar el vacío y así volvamos a escuchar con alegría el anuncio de la Resurrección. Todos sabemos y creemos que Jesús hoy está, está vivo, resucitado pero también sabemos y creemos que es necesario revivir ciertas cosas, para no olvidar lo que Él hizo por nosotros. Él murió, realmente murió,  permaneció en el sepulcro y al tercer día resucitó. Es por eso que intentamos vivir éste sábado santo de ésta manera, hasta la Vigilia Pascual en silencio.

Silencio fecundo, silencio de amor, silencio de los que quieren escuchar porque necesitan la voz del buen pastor que nos habla con su dulce voz al oído. Imaginando a Jesús en el sepulcro; imaginando a María quebrada, destrozada por el dolor por la muerte de su Hijo; reviviendo la angustia de las mujeres que amaban a Jesús y de golpe, se quedaron solas, intentando acompañar a los discípulos de Jesús. Sus amigos, que escaparon en el momento de dolor y estarían de alguna manera llenos de culpa sin comprender lo que estaba pasando cómo su amigo, aquel que hacía milagros, aquél que curaba a los enfermos, aquel que resucitó a Lázaro, no pudo librarse de la muerte, no pudo bajarse de la cruz y mostrar que era Dios.

Hay que rebuscársela en este día para que no sea un día más, sino que sea un día fecundo. Mientras muchísimos olvidan lo que pasó hoy, te recuerdo y me recuerdo, el para qué de este día. Los templos permanecen en silencio, las cruces tapadas, los altares despojados, las flores ausentes, la Virgen Dolorosa mirando a su Hijo, la Cruz puesta para ser adorada. Podemos rezar, escuchar el silencio, podemos volver a rezar un Vía Crucis, podemos volver a hacer cosas para no alejarnos del silencio.

Cuanto más silencio hagamos, más deseos tendremos de que llegue la Pascua, de que llegue la Vigilia. Si nunca fuiste a una vigilia no nos perdamos la oportunidad de esperar ésta vigilia con más ansias en el corazón. La Vigilia Pascual nos ayudará a experimentar lo que significó un mundo sin Jesús y lo que significa un mundo con Jesús, que es la luz que viene a iluminar las tinieblas con su resplandor porque él es la luz representada en el cirio pascual. Un mundo en silencio que empieza a escuchar la mejor música que puede escuchar el hombre, la Palabra de Dios. Que es como una sinfonía y que hay que aprender a escuchar.  Un mundo en pecado que es perdonado y redimido. Un mundo dividido que es congregado por Cristo en su espíritu, en un solo amor. Ojalá podamos vivir éste día y esperar con ansias la Vigilia Pascual, la resurrección del Señor que nos introducirá en la vida nueva, una vez más, una y otra vez. Hoy los católicos del mundo podemos renovar nuestro deseo de vivir como bautizados en cada Vigilia Pascual del mundo entero. Es la oportunidad para volver a ser fieles a su palabra, para volver a renovar nuestra alianza, para volver a poner nuestra confianza en aquel que nos dio la vida.