Book: Mateo

Memoria de los ángeles custodios

Memoria de los ángeles custodios

By administrador on 2 octubre, 2021

Mateo 18, 1-5,10

Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que, si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial».

Palabra del Señor

Comentario

Buen día. Te habrás dado cuenta de que muchas veces, por decirlo de alguna manera, interrumpimos el hilo de los evangelios que traíamos, con diferentes fiestas o lo que también se llaman memorias. Y eso hace que escuchemos o leamos otro texto que no continúa con los anteriores. Es así: el año de la Iglesia, el año litúrgico, además de tener un sentido rector que recorre la vida de Jesús y también, incluso, poder seguir los evangelios de corrido; también tiene fiestas o memorias que nos van ayudando a comprender mejor, cada día más y cada año más, los grandes misterios de nuestra fe y, en definitiva, los misterios de la propia vida, de dónde venimos y para qué estamos. Por eso, aparecen fiestas de los santos, fiestas de los misterios de la vida de Jesús, fiestas y solemnidades de la Virgen y, como hoy, una memoria, que tiene un grado menor. Pero una memoria que nos recuerda, nos hace celebrar otro misterio. En este caso el de los ángeles, los ángeles custodios.

Todo nos ayuda. Todo nos ayuda a comprender que nuestra fe no es una verdad abstracta, vacía, inconexa, aislada, sino todo lo contrario. Nuestra fe podríamos decir que es un organismo vivo, en donde todo tiene que ver con todo, en donde una verdad ayuda a comprender mejor la otra y, en definitiva, todas se descubren y se comprenden mutuamente desde la Palabra de Dios escrita y desde la vida y costumbres de la Iglesia a lo largo de los siglos. Y lo mismo al revés: cualquier error hacia una verdad de fe también toca a las demás.

Hoy es el día de los ángeles custodios. Es lindo que no nos olvidemos de invocar a nuestro ángel. No te olvides también eso que nos enseñaron a veces de niño, de poder reconocer a nuestros ángeles de algún modo, de hablarle, de invocarlo y pedirle. Es una verdad de fe la existencia de los ángeles y, como lo dice Jesús hoy, es una verdad que todos recibimos un ángel para custodiarnos, para cuidarnos y conducirnos con su ayuda al cielo. Por más que algunos le busquen la vuelta e intenten negarlo, es una verdad que nos debería llenar de alegría. Dios nos ama tanto que, además de nuestra propia vida, nos regaló la vida de un ángel, de un ser espiritual más inteligente que nosotros, para que esté siempre a nuestro lado.

Y en Algo del Evangelio de hoy vemos cómo los discípulos están y van en otra sintonía, preocupándose de grandezas humanas. Jesús sintoniza –digamos así– la «radio» del Padre, de ser Hijo, de ser Hijo de él, de ser Hijo amado, de ser un Hijo obediente, que no busca ocupar el lugar del Padre, porque sabe ubicarse. Un Hijo que no quiere independizarse por «capricho», como nos pasa a nosotros; un Hijo que se siente siempre comprendido; un Hijo que no siempre comprende lo que el Padre le pide, pero elige obedecer hasta el final; un Hijo pequeño que depende y se siente sostenido por su Padre.

Todo Dios que se hizo pequeño, se hace silencioso, aunque tiene todo por decir. No avasalla, no pasa por encima, no pisa cabezas. No se presenta como un «sabelotodo», aunque lo sabe todo.

Al mismo tiempo, vemos a los discípulos –a vos y a mí– que sintonizamos a veces la «radio humana» de nuestros caprichos, de nuestros egoísmos, que por no mirar este modo de ser de Dios, por no contemplar a Jesús y cómo fue su vida durante su paso por la tierra –de este Dios tan sencillo–, seguimos escuchando las interferencias de nuestro corazón, que nos pide a veces otra cosa; que nos pide ser autosuficientes, aunque carecemos de mucho; que aparenta saber todo, aunque no sabemos casi nada; que no para de hablar, cuando muchas veces debe callar; que se agranda, cuando en realidad es pequeño y recibió todo de los demás y de Dios; que cree que todo lo puede, cuando en realidad no podemos ni siquiera a veces con nuestras propias debilidades. Así es nuestro pobre corazón, pequeño y sencillo, que se quiere agrandar y que no sabe ubicarse en esta vida.
Por eso, si podés, hoy rezá con esta escena del evangelio: Jesús tomando un niño, poniéndolo en medio de los discípulos.

Mirá un niño, alguien que conozcas; o mirá un niño por la calle o mirá a tu hijo, o a tu hija, y dejá que Jesús te vuelva a decir estas palabras al oído y a tu corazón: «Te aseguro que, si no cambiás o no te hacés como niño, no entrarás en el Reino de los Cielos»; o sea, no vas a experimentar desde hoy, desde ahora, lo lindo que es ser hijo dependiente de un Padre que disfruta de ser Padre con todas las letras. Ser hijo es entrar en esta relación de amor, es entrar en el Reino, es entrar en esta familia linda de los Hijos de Dios; de los Hijos que quieren ser como el Hijo Jesús, vivir como vivió él. Si no cambiamos estas actitudes que nos hacen creer que no dependemos de nada ni de nadie –cuando en realidad dependemos de casi todo–, no podremos disfrutar del gozo que da el ser Hijo de Dios y vivir como Hijo de Dios.

Hoy te propongo y me propongo que miremos a un niño y nos dejemos decir al oído esto por Jesús pensando que nuestro corazón tiene que ser así, como el de un niño. Se puede, pidámoslo con fe. Nuestro ángel custodio siempre está ahí para ayudarnos.

Fiesta de San Mateo

Fiesta de San Mateo

By administrador on 21 septiembre, 2021

Mateo 9, 9-13

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

Comentario

Qué lindo que es seguir día a día «empapándonos» con las Palabras de Dios, que caen del cielo, que nos vienen por corazones distintos que nos hablan de él, que nos vienen por tantos medios, que brotan por todos lados, pero especialmente de la Biblia, lugar privilegiado para el encuentro con su voz, con su dulce voz que nos habla siempre al corazón. Siempre nos quiere tocar las fibras más íntimas de nuestro ser como, por ejemplo, lo dice el salmo 118, que es un canto bellísimo a la ley de Dios, a la Palabra que nace del corazón del Padre. En un versículo dice así: «Mis ojos se consumen por tu Palabra, ¿cuándo me consolarás?».  Es algo así como un «reclamo» a Dios. Pareciera ser como un reclamo a Dios. “¿Cuándo me consolarás?” Sí, escuchaste bien: una especie de queja que surge incluso de la misma Palabra de Dios. ¿Cuántas veces, vos y yo, nos sentimos así? ¿Cuándo me vas a dar ese consuelo que necesito? ¿Cuándo se va a acabar esta tristeza?

Por ahí vos ahora no estás necesitando un consuelo, concretamente, porque no estás pasando por nada malo, no te está pasando nada. Pero por ahí otro sí, algún familiar, algún amigo, tantas personas que necesitan ser consoladas. O al contrario, por ahí vos que estás escuchando estas palabras y sí necesitas ser consolado, porque estás enfermo; porque estás triste; porque la estás pasando mal; porque estás cansado, cansada, agobiado; porque no tenés ganas ni siquiera de arrancar este día; porque no andás bien; porque te cansó la situación en la que vivimos; porque muchas veces te sentís solo o sola, aunque estés con gente, y podrías pensar o decirle a tu Padre: «Me consumo por tu Palabra. Hago todo por escucharte, por ser fiel, por intentar ser buena persona, y a veces no encuentro consuelo. El consuelo parece que no llega más».

¿Cuándo me consolarás? Decile esto a tu Padre desde el fondo del corazón. No tengas miedo a «reprocharle» a este Dios que es amor y humildad. Reprochale también con amor y humildad. Es lógico. Es un sentimiento muy humano. Mirá el cielo, mirá una imagen y decile a tu Padre, a Jesús, a María: «¿Cuándo me vas a consolar?»

Hoy celebramos la Fiesta de san Mateo, este hombre llamado por Jesús mientras trabajaba como recaudador de impuestos y traicionaba a su propio pueblo. Pero que finalmente se convirtió en un gran apóstol, en escritor y autor de uno de los evangelios. ¡Qué locura!,¿no? Nos hace pensar: qué locura que Jesús elija a un hombre como Mateo. Solo él puede lograr algo así.

Quería hoy dejarte simplemente tres cosas para meditar con Algo del Evangelio, para que vayas rumiando durante este día, mientras el mundo sigue su curso y se olvida un poco de Dios. Quiero destacar tres actitudes de Jesús de esta escena tan cortita, pero tan profunda: Primero, dice que Jesús ve.  El evangelio muestra que Jesús vio a un hombre. Ve a Mateo en su trabajo –aunque era un trabajo indigno de alguna manera–. Lo ve mientras él trabajaba, igual que a nosotros. Nos ve sentados en la mesa de nuestras vidas, en donde nosotros hacemos nuestras cosas, en donde estamos cómodos y, a veces, haciendo «la nuestra», cobrándole cosas a los demás. Jesús mira nuestra vida de un modo distinto. No le interesa tanto lo que pensamos y hacemos, sino lo que somos. Lo que le interesa es mirarnos y llamarnos para que nos demos cuenta de que no podemos pasarnos la vida «sentados» en la mesa de nuestra mezquindad, de nuestro egoísmo, viendo la vida detrás de un escritorio, recibiendo a los demás con distancia, poniendo barreras. Es la imagen del egoísmo, de la búsqueda de nuestra propia «realización», pero no de una realización que mira a los demás.

Bueno, sin embargo, Jesús llamó a Mateo. Jesús nos llama, no solo nos mira. Lo segundo es eso, es que Jesús se mete de algún modo en la vida de Mateo. Se mete en nuestra vida. Se mete, se quiere meter en nuestro corazón. Golpea las puertas. Se mete y arma un lindo lío, un lindo desparramo. Se mete en nuestra casa y termina comiendo con todos, incluso con los que nadie quería comer –con los publicanos y los pecadores–. Él transforma otras vidas a través de la nuestra, a través de la tuya, cuando respondes a su llamado, porque los demás ven algo «distinto». Por eso, si tu vida sigue igual o a partir de tu vida nadie se acercó a Jesús, es para que nos preguntemos si realmente él está en nuestra vida. Si a través de nuestra vida, de nuestro llamado, de que Jesús esté con nosotros, nadie se acercó a Dios más profundamente; es para que nos preguntemos si verdaderamente él está o no en nuestra vida repartiendo misericordia.

Y tercero, Jesús vino por los enfermos, o sea, por todos, por los que se sienten enfermos y por los que todavía no se dan cuenta que están enfermos. ¿Vos creías que eras santo? ¿Vos creías que te salía todo bien? ¿Vos creías que no eras pecador? ¿Creías que a vos te llamó por ser bueno? Al contrario, Jesús nos llamó para sanarnos, para purificarnos y si te animas a sentarte a la mesa con él reconociendo lo que sos, nunca te va a dejar solo. Siempre va a haber alguien a tu alrededor. Nunca, jamás, volverás a estar solo.

Por eso, no te consideres santo, sano. Pedí siempre ser sanado, no tengas prejuicios. Jesús vino a sanar a todos y se vino a sentar a la mesa con todos. Cada uno de nosotros fue llamado para recibir las enseñanzas de Jesús y para que aprendamos que la clave del evangelio de hoy es la «misericordia», el mirar las cosas como Dios las mira. Jesús quiere misericordia para nuestra vida y para los demás. Tan difícil y maravilloso como eso.

Fiesta de la Natividad de la Virgen María

Fiesta de la Natividad de la Virgen María

By administrador on 8 septiembre, 2021

Mateo 1, 1-16. 18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.

David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

Palabra del Señor

Comentario

Sí, ya sé, imagino tu cara y lo que estarás pensando. ¿Para qué tantos nombres? ¿Qué sentido tiene escuchar este evangelio en el cuál no entendemos mucho y además hasta se hace medio cansador? En esta fiesta de hoy existe la opción de leer un evangelio más corto, en realidad, la última parte del que acabo de leer, pero elegí leer el más completo porque pienso que aunque al principio no entendamos tanto, “algo” siempre nos va a dejar. La Palabra de Dios no está escrita en vano, por alguna razón Dios quiso que quede esto para siempre. Confío más en su Palabra que en mi comentario. Algo nos tiene que decir, no nos podemos rendirnos tan rápido y aunque me quede menos tiempo para comentar haré lo posible para ayudarte a meditar.

Entre tantas cosas que se pueden analizar del texto, quiero dejarte simplemente dos detalles de la genealogía que acabamos de escuchar que nos ayudarán a pensar cómo piensa Dios, muy diferente a nosotros. En esta larga lista de nombres aparecen: Dos varones provenientes uno de un incesto y otro de un adulterio, y cuatro mujeres (algo extraño para esa época) con historias no muy felices, tres extranjeras (para los hebreos era una infidelidad el matrimonio con extranjeros). Además tres de ellas pecadoras (Tamar, Rajab, Betsabé) y solo Ruth se distingue por su pureza.

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que Jesús entró en la raza humana tal y como la raza humana es, con lo bueno y lo malo. En la historia de la salvación no se ocultan los pecados, se perdonan, se perdonan. Jesús puso una puerta de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- Él quiso pasar por una puerta santa y pura, pero aceptó, al mismo tiempo en todo el resto de sus antepasados, la realidad humana total que él venía a salvar. Dios, que escribe a veces con “líneas torcidas” entró por caminos torcidos, por los caminos de la humanidad, no por otros. Cuesta creer a veces que Jesús se haya hecho hombre realmente y que no esquivó nada de lo que eso significa.

La Virgen Santísima es ese último eslabón al que Jesús quiso unirse para purificar al mundo, y por eso tenía que ser puro. Hoy recordamos su nacimiento, ella ya está en la eternidad y no vive en el tiempo. Recordamos que nació para ser la “puerta purísima” que nos trajo al Salvador que viene a meterse en nuestra historia, no para ocultar nuestros pecados pasados, nuestras impurezas, esas cosas que queremos que nadie sepa de nuestra historia, sino al contrario, para redimirlos sin ocultarlos, para sanarlos sin negarlos.

Aprovechemos este día para dejar que Jesús se meta en nuestra vida y purifique lo que tenga que sanar. Todos lo necesitamos. Que María sea hoy esa puerta de pureza que nos traiga a Jesús a nuestra vida.

Fiesta de Santa Rosa de Lima

Fiesta de Santa Rosa de Lima

By administrador on 30 agosto, 2021

Mateo 13, 44-46

Jesús dijo a la multitud:

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Palabra del Señor

Comentario

¡¡Cada tanto es bueno levantarnos el ánimo mutuamente!! La vida es así, andamos a veces a los tumbos, con caídas y levantadas, con alegrías y tristezas. Cuando uno anda cabizbajo el otro está un poco mejor, cuando uno anda un poco mejor siempre hay alguien que necesita de mi consuelo. La Palabra de Dios se transforma en nuestra vida en fuente de consuelo, consuelo recibido gratuitamente y consuelo que busca consolar a otro. ¡Qué lindo que es cuando descubrimos que podemos consolar a otros, aún cuando estamos desconsolados! No hay que esperar estar bien para hacer bien a otros. Sí, es un misterio, pero es así. Te voy a leer unas palabras del apóstol San pablo que lo dice mejor que nadie, unas palabras que siempre, desde que entré al seminario resonaron de una manera distinta en mi vida y que en estos días volvieron a aparecer muy fuertemente.

Sé que te van a hacer bien, sé que alguien que está escuchando esto le ayudará y si te ayudan a vos, animate a mandárselas a alguien que creas que necesita ser consolado. Imaginate el bien que podemos hacer con un clic, con el solo hecho de apoyar un dedo y quitarnos los miedos y el respeto humano por lo que pensarán, hay miles de personas hoy que necesitan ser consoladas, que andan por la vida como sin alma y sin corazón. Escuchá estas palabras: “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo” (2Cor. 1, 3-5) Por medio de Jesús nos viene el consuelo en medio de las tribulaciones, de los problemas, de los sufrimientos, de los dolores. El Padre de las misericordias es el Padre del consuelo.

Este texto daría para 100 audios ininterrumpidos, pero solo quiero dejarte estas palabras para que las medites un poco si te ayudan. No desesperes, no “tires la toalla”, Dios consuela siempre para que podamos consolar, Dios nos consuela también en la medida que salimos de nosotros mismos y nos animamos a seguir buscando el “tesoro” y la “perla” más linda.

Eso hicieron los santos, de carne y hueso como vos y yo. ¿Vos te pensás que los santos no tuvieron tribulaciones y dificultades? ¿Vos te pensás que Santa Rosa de Lima no tuvo sufrimientos y dolores? ¿Vos te pensás que los santos no lloraron y se entristecieron? ¿Vos te imaginás a Santa Rosa “viviendo en una nube” o te imaginás a una Santa Rosa luchando día a día para cuidar ese tesoro y esa perla que es Jesús en nuestra vida? ¿Vos crees que la santidad es una cosa rara para algunos locos que se les ocurrió hacer el bien o en realidad es un don para todos los que se dan cuenta que estamos hecho de barro pero para cosas más grandes? ¿Vos pensás estar toda la vida esperando hacer grandes cosas o preferís hoy empezar a darte cuenta que la clave está en hacer lo mejor que podemos y con amor, lo que Dios nos conceda cada día?

El que encuentra a Jesús, el tesoro, lo más valioso del mundo, el que encuentra a Jesús, la perla más bella que existe, hace todo por cuidarlo y cuidarla. El amor de Jesús hay que cuidarlo, por eso el hombre y la mujer que lo encuentran venden todo para comprarlo, no importa, cueste lo que cueste siempre vale más nuestra vida espiritual, nuestra vida cercana a Jesús que todas las riquezas de este mundo y que todos los amores del mundo. Los santos no fueron personas raras, fueron personas que se jugaron en serio -algo que nosotros a veces no terminamos de hacer- y mientras se jugaron, se equivocaron como todos, pecaron como todos, pero al mismo tiempo se convencieron de algo, de que nada vale más que la vida de comunión con Jesús, el trato con Él día a día con su palabra, en la oración, el amor hacia los demás, los sacramentos y el luchar día a día por amar desinteresamente y dejar de mirarnos el ombligo esperando que otros nos consuelen.

¿Querés que te consuelen? Consolá a otros. ¿Querés ser santo o santa? No dejes de buscar y buscar el tesoro y la perla que nos dan la verdadera alegría que todos necesitamos.

XXI Sábado durante el año

XXI Sábado durante el año

By administrador on 28 agosto, 2021

Mateo 25, 14-30

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado.» «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor.»

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado.» «Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor.»

Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!» Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes.»

Palabra del Señor

Comentario

Un sábado más que nos regala el Señor para disfrutar de su Palabra, de nuestra familia y un poco de descanso, si nos toca, y para que nos tomemos un tiempo más para estar con él. No nos olvidemos que él nos creó, que él nos crea y nos da todo y nos dará todo lo que necesitamos para poder seguirlo y amarlo. Hagamos este esfuerzo en este día que nos hace muy bien a todos. «¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros creemos que eres el Santo De Dios», le dijo Pedro a Jesús en el Evangelio del domingo, le dijo Pedro a Jesús ese día, después de que el mismo Maestro les había dicho: «¿Ustedes también quieren irse?». Jesús los puso a prueba como a veces nos pone a prueba a nosotros, a vos y a mí, y nos dice: ¿Vos qué querés hacer? ¿Qué querés hacer después de estar conmigo? Después de escucharme, ¿qué te parecen mis palabras? ¿Preferís irte a otro lado o preferís buscar tus propios ídolos? ¿Preferís armar tu fe a tu medida, a la carta? ¿Preferís crearte un Dios a tu medida, olvidándote que soy yo el que te da la forma a tu corazón, el que te marca el camino? ¿Preferís buscar otras religiones? ¿Preferís buscar otras espiritualidades que están vacías, que solo prometen bienestar, pero no nos sacan de nosotros mismos?¿Qué preferís?, ¿vos también querés irte?

Este sábado volvamos a escuchar que Jesús nos pone a prueba. ¿Vos también querés irte? ¿Qué querés hacer? ¡Decidite, decidite una vez por todas a seguirme!, pero a seguirme en serio. No puedes estar a medias, o estás conmigo o estás contra mí.

En Algo del Evangelio de hoy, el Reino dice que «es como un hombre que al salir de viaje llamó a sus servidores y les confió sus bienes». Nosotros somos los servidores, Dios Padre es el dueño de los bienes, eso está muy claro. Los bienes que nos dejó no son nuestros y están simbolizados en los «talentos», que era una unidad de moneda de la época. No te imagines los talentos como algo puramente material o simplemente como nuestras capacidades humanas, nuestras destrezas, nuestras habilidades; la Palabra de Dios va mucho más allá de eso. Podemos pensar que los talentos son esos bienes de Dios que nos comparte, porque él vino a darse a nosotros y a hacernos partícipes de su propia vida. Esos «talentos» son el corazón de Dios que se abrió de par en par para darnos todo su amor. Esos «talentos» podrían ser la caridad, el perdón, la misericordia, la capacidad de vincularnos con él, de rezar, por ejemplo. Y de ahí podemos ver algunos detalles de este texto.

Primer detalle: Los bienes espirituales que Dios nos dio son para que vivamos en relación con él y podamos «ayudarlo» a hacer presente el Reino entre los demás, pero son de él, y serán para devolvérselos un día a él. Nada en nuestro. Dice san Pablo: «¿Qué tienes que no hayas recibido?». Por eso no vivamos como si los «talentos» fueran nuestros. Reconozcamos los dones recibidos para poder vivir agradecidos y descubriendo que todo lo bueno que hacemos es gracias a lo que Dios nos dio.

Segundo detalle: «Le dio a cada uno según su capacidad». Nadie es más que el otro. Nadie tiene más que el otro. Dios se encargó de darle a cada uno lo necesario para poder vivir en relación con él; le dio a cada uno según su capacidad y no a la medida humana. No nos comparemos, no tiene sentido ver las cosas como en realidad Dios no las mira. No es más el que recibió cinco, que el que recibió uno. Recibió cada uno según su capacidad. No es menos el que recibe uno, ya lo dije. No midamos con medida humana. El problema no está ahí. Lo importante está en qué hace cada uno con el don. Todos tenemos todo lo que podemos tener y está en nosotros mirar para afuera o mirar para adentro en nuestro corazón.

Tercer detalle: Hay servidores buenos y fieles y un servidor malo y perezoso.

¿Cuál somos? ¿De los que se creen que es posible perdonar, ser misericordioso y amar como el Padre nos enseña, dando todo lo que tenemos y que a veces está muy escondido, o el perezoso que entierra todo por creer que Dios exige más de lo que da y finalmente no cree que para Dios o con Dios todo es posible? Cuando llegue el final de nuestras vidas, Jesús nos esperará para abrazarnos con amor, pero para poder abrazarlo nosotros tendremos que entregarle los frutos de amor que llevamos en las manos, en el corazón, los frutos de misericordia y de perdón que él nos confió.

No es para tenerle miedo, es para confiar y empezar a probar que es posible duplicar los talentos que todos recibimos.

XXI Viernes durante el año

XXI Viernes durante el año

By administrador on 27 agosto, 2021

Mateo 25, 1-13

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.

Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.

Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro.»

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?» Pero estas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado».

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.

Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos», pero él respondió: «Les aseguro que no las conozco.»

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Palabra del Señor

Comentario

Nosotros no queremos irnos, no queremos otro lugar que ir al corazón de Jesús, porque solo él nos da palabras de Vida eterna. En realidad, esto lo decimos muchas veces, pero lo fundamental es que debemos vivirlo, debemos experimentar que sin Jesús todo es distinto. Si esto no te pasa, es porque estás acostumbrado, es porque la fe en tu vida no te aporta nada. Pero no es por culpa de la fe, sino porque todavía no hicimos la verdadera experiencia de conocer a Jesús corazón a corazón. Dios obra por atracción y desea que lo busquemos con amor y por amor.

Una vez alguien me dijo: «Padre, usted en la misa del domingo nos dijo que pensemos quién era Jesús para nosotros. ¿Puedo decirle quién es para mí?». «Sí», le dije. «Para mí Jesús es mi único salvador, mi único maestro». ¡Qué lindo!, ¿no? «¿Vio qué lindo?», me terminó diciendo, como necesitando que le afirme su afirmación. «Sí, muy lindo», le dije. La verdad es que es muy lindo que alguien diga esto frente a otros en una reunión. Que lo diga con tanta frescura y amor, sintiendo verdaderamente lo que dice y no teniendo vergüenza por lo que siente. Vos pensarás: Y bueno… en un ambiente de la Iglesia es fácil. Y sí, es verdad, puede ser, pero hay que decirlo también. Además, no dijo es mi salvador y mi maestro, sino que dijo una palabra muy importante: mi único.

Hay muchos que se creen los salvadores de nuestras vidas, muchos que se hacen los maestros, pero para los que tenemos fe, solo hay un salvador y un maestro, solo hay un lugar donde encontramos Vida eterna: es Jesús. Eso es tener fe. Sabiendo y creyendo esto, ¿qué nos puede quitar la fe? ¿A dónde vamos a ir? ¿Quién nos puede quitar la fe? Así lo dice san Pablo: «¿Quién podrá entonces apartarnos, separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?». Si perdemos la fe, si se enfría, es por falta de amor, por falta de perseverancia, de oración, por recurrir a otras cosas que nos hacen perder el tiempo, por olvidarnos de esta verdad tan linda. Mi único salvador, mi único maestro, «tú tienes palabras de Vida eterna». Volvamos a decirlo con todo el corazón, volvamos a repetir estas palabras de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

¿Sabés qué es lo que nos ayuda a mantener la fe hasta el final? Algo del Evangelio de hoy nos orienta y nos da una buena pista. El ser prudentes, el estar preparados. El tonto finalmente, el sonso, el necio pierde la fe. La pierden por tontos, la perdemos por tontos, por quedarnos sin combustible en el camino, por no haber previsto que se puede acabar. El que no está prevenido es el que no «guarda» el aceite que le ayudará a tener luz mientras se demora Jesús. Ese pierde la fe. Las vírgenes necias van al momento más importante de sus vidas y no llevan aceite, no se preparan, no son precavidas, no tienen en cuenta que el esposo puede demorarse, confían en su criterio y se pierden lo mejor, se quedan en la puerta.

Podemos perder la fe y perdernos de ver a Jesús por haber pecado de demasiada confianza en nosotros mismos y pensar que podíamos solos. Me parece que el aceite de la lámpara que no llevan estas vírgenes simboliza que no nos damos la luz a nosotros mismos, que para iluminar necesitamos de otros, del amor de otros, del amor de Jesús que nos llega por medio de los demás. Ese es nuestro mejor combustible, lo que nos hace andar. No hay otra. Cuando nos la creímos, cuando pensamos que teníamos combustible para mucho más y nos pasamos de largo en la estación de servicio –donde se carga combustible– creyendo que llegábamos, nos quedamos a mitad de camino. Nos quedamos por el camino o nos quedamos a la puerta de la felicidad, solos. Nos quedamos por el camino cuando nos convencemos a nosotros mismos que la felicidad, la fe, el amor depende exclusivamente de nuestras «reservas». Esa es nuestra gran necedad, nuestra gran estupidez, nuestra gran sonsera.

Mientras estemos en la tierra, siempre habrá tiempo de pedir un poco de aceite a los otros para seguir iluminando, y está bien, eso es lindo. Pero al final de nuestra vida ya no habrá tiempo, es cosa seria. La llegada de Jesús al final de los tiempos, aunque no sepamos cuándo es, es cosa seria. No es para andar jugando con la misericordia. La llegada de Jesús cuando nos toque partir es cosa seria. Hay que tomarse en serio la vida de fe, no se puede andar esquivando siempre el esfuerzo, especulando con el amor y después pretender que los otros me den lo que yo mismo podría haber conseguido por mis propios medios.

Estamos en el tiempo de la misericordia, pero no sabemos cuándo se acabará. Por eso, mientras tanto, hay que ser inteligentes, prudentes, y saber que Jesús es nuestro único salvador y maestro, no somos salvadores y maestros de nosotros mismos para creer que podemos solos. No seamos tontos, no seamos necios, busquemos el aceite del amor en otros que necesitamos y también, por supuesto, busquemos el amor de Jesús que es lo único que nos da la fuerza para caminar.

XXI Jueves durante el año

XXI Jueves durante el año

By administrador on 26 agosto, 2021

Mateo 24, 42-51

Jesús habló diciendo:

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: “Mi señor tardará”, y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Palabra del Señor

Comentario

¿Cuántas veces hemos acudido a lugares, a situaciones, a personas, a espiritualidades que en el fondo nos dejaron vacíos? ¿Cuántas veces fuimos y recurrimos a soluciones que parecían mágicas y rápidas y, sin embargo, nos dejaron con el corazón lleno de angustia? Por eso, una vez más queremos decirte: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna». Nosotros creemos, nosotros creemos que son tus palabras las que nos dan la verdadera paz, que son tus palabras las que iluminan nuestro camino, que son tus palabras las que nos consuelan, que son tus palabras las que nos calman el corazón, que son tus palabras las que nos perdonan, que son tus palabras una y otra vez las que nos levantan cuando nos caemos. Por eso, una vez más, «Señor, ¿a quién iremos? Perdón por haber ido tantas veces a lugares y situaciones que nos dejaron con las manos vacías porque equivocamos el camino. El hambre y la sed de amor, el hambre y la sed de paz y felicidad nos hacen tomar muchas veces decisiones equivocadas.

Por eso solo con tu palabra podemos aprender a discernir qué es lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que obrar en cada instante. Por eso tu palabra es la que ayuda a conformar nuestra voluntad a la tuya, si en definitiva es lo que pedimos cada vez que rezamos la oración que nos enseñaste, Jesús: «…que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo…». Eso es lo que queremos, eso es lo que deseo pedirte hoy, Jesús, que me ayudes a –como Pedro– decirte con todo el corazón: «¿A quién voy a ir, Señor?». Perdón por haberme equivocado tantas veces, pero una vez más vuelvo con el corazón entre mis manos para entregártelo y decirte solo quiero ir hacia vos, mi Señor, para que yo haga siempre lo que vos deseas de mí.

Yendo a Algo del Evangelio de hoy, ser prevenidos tenemos que decir que no es ser temerosos. Ser prevenidos no es estar ansiosos por lo que vendrá solamente. Ser prevenidos no es ser desconfiados y dudar de todo. Ser prevenidos es estar preparados para la venida; pre-venidos, de ahí viene, esperar la venida. Por eso el Evangelio de hoy nos previene también. Nos previene para que seamos prevenidos, valga la redundancia.

Son muchísimas las cosas que nos preocupan en estos días y nos quitan el sueño y los pensamientos también cada día. Son muchísimas las situaciones que en cualquier momento nos hacen perder la paz y la tranquilidad que nos da la fe. ¿Por qué será? ¿Por qué perdemos «los estribos» con tanta facilidad? ¿Por qué se nos nubla el horizonte que hasta ayer teníamos tan claro y, de golpe, vemos todo negro, todo nublado y parece ser que el sol no está? Bueno, puede haber muchas respuestas. Una de ellas puede tener que ver con lo que hablamos al principio sobre recurrir a situaciones que no nos dan paz, porque equivocamos el camino, porque somos arrebatados, porque no sabemos decidir. Somos humanos, débiles y no siempre estamos como queremos estar y somos lo que queremos ser. Muchas cosas también se deben a situaciones que están ajenas a nosotros y nos perturban, pero también muchas tienen que ver con nosotros mismos, tienen que ver con nuestra falta de fidelidad y previsión, con nuestra falta de confianza.

¿Cómo? ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Somos servidores de los demás, dice la Palabra, y cuando nos olvidamos de esta verdad, perdemos el eje, perdemos el centro, y no experimentamos de que a Jesús se lo encuentra en el amor concreto de cada día y él nos vendrá a buscar a la hora menos pensada y quiere encontrarnos no haciendo otra cosa que sirviendo, que amando. De ahí esta frase tan linda de la Madre Teresa: «Quien no vive para servir, no sirve para vivir», decía ella. En definitiva, estar prevenidos quiere decir estar listo siempre para amar, amar ahora, no esperar otra cosa. «Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo». Ese es nuestro trabajo, esa debe ser nuestra gran preocupación u ocupación.

Encontrar la felicidad haciendo lo que tenemos que hacer, buscando la santidad, buscando que nuestra voluntad se conforme a la de nuestro Señor, trabajo silencioso por los demás, por el amor. El que vive así sin temor y puede encontrar a su Señor desde ahora, anhelando encontrarlo algún día cuando venga, no sabemos cuándo, pero cuando venga…ese es el que vive feliz.

¿Estamos prevenidos? ¿Estamos previniendo su venida? ¿La deseamos? O mejor dicho ¿estamos amando? ¿Estamos haciendo algo por los demás? ¿Estamos viviendo para servir y para que los otros también encuentren motivo para servir a otros, o sea, una cadena de amor y de servicio, o estamos esperando a que nos sirvan? ¿Estamos aprovechando nuestra vida en algo que vale la pena o vivimos distraídos en las cosas de este mundo, esas cosas que por ahí nos armamos nosotros creyendo que valen la pena?

Seamos previsores. Trabajemos por los demás, que Jesús nos encuentre trabajando, haciendo algo y no esperando que las cosas «caigan» del cielo. Dios no hace «asistencialismo», sino que nos da la fuerza y el amor para que hagamos lo que nosotros tenemos que hacer. Por eso, más allá de la segunda venida del Señor –que no sabemos cuándo vendrá–, más allá de que tampoco sabemos cuándo es nuestro propio final, nuestra muerte, mientras tanto, tenemos que seguir trabajando, tenemos que seguir amando.

XXI Miércoles durante el año

XXI Miércoles durante el año

By administrador on 25 agosto, 2021

Mateo 23, 27-32

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: ¡hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: “¡Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”! De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

Palabra del Señor

Comentario

En Algo del Evangelio de hoy, Jesús sigue diciéndoles “de todo un poco” a los fariseos y escribas, y no justamente que eran bonitos. La dureza de sus palabras iba a tono con la dureza del corazón de estos hombres que se creían salvados y, lo que es peor, se consideraban como la “aduana” de la salvación, o sea, los que decidían quién merecía o no la salvación. ¡Cuánto de eso también hay hoy en nuestra Iglesia! Por eso Jesús no tuvo ningún problema y no tiene ningún problema, ningún pelo en la lengua para decirles y decirnos “sin anestesia” algo como esto: “¡Hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!” ¿Qué habrán sentido estos hombres al escuchar semejantes palabras y acusaciones? ¿Qué cara habrán puesto al escuchar que alguien que no consideraban como el Mesías les decía sin miedo al frente de todos lo que ellos eran realmente? ¿Qué habrá sentido el corazón de Jesús al sentir que sus palabras se chocaban con rocas inamovibles y frías? Podríamos pensar que alguno de ellos habrá reflexionado o recapacitado y dejó esa vida o esa forma de pensar, pero también deberíamos pensar que su furia y cerrazón también les habrá impedido a otros muchos comprender las enseñanzas de Jesús. 

La hipocresía era y es algo que repugna mucho a Jesús. No la acepta y la condena, pero al mismo tiempo desea cambiarla. Desea despertarnos para que la evitemos como a la peor de las enfermedades, como el peor de los virus. Son tan duras las expresiones de Jesús que podría llevarnos a pensar que es imposible aplicarla a todos, que nosotros somos bastante buenos como para ser tan hipócritas. Sin embargo, sería bueno aprovechar para pedirle al Maestro que nos ayude a considerar o a reflexionar con sinceridad para ver si hay algo en nuestro corazón que “huele” a hueso o a podredumbre. Si hay algo en nuestro corazón que hace pensar a los demás que somos santos y puros, pero sin embargo hay hipocresía y maldad en nuestro corazón. Cuesta pensarlo y da un poco de temor, pero me animo a decir que todos tenemos, de algún modo, algo muerto y podrido en el corazón, la mayoría de las veces inconscientemente, pero que es mucho peor cuando es consciente y deliberado. Podríamos decir que hay una cierta hipocresía involuntaria, por decirlo de alguna manera, y no buscada o no querida, de la cual padecemos todos un poco, o que podríamos llamarla también falsedad. Y otra que puede ser consciente y voluntaria, buscada y querida y que es la peor de todas, y esa es la hipocresía con todas las letras.

Una cosa es luchar todos los días para ser más veraces, para ser más sinceros con uno mismo y con los demás y con Dios, y otra muy distinta es disfrutar de parecer algo, pero en el fondo no serlo, o aprovechar una imagen puritana y falsa de uno mismo para beneficio propio. Eso es lo que a Jesús le repugna y quiere sanar. Cuando se da esto es cuando el corazón, en el fondo, está enfermo y enferma todo lo que toca, cuando Dios no puede entrar al alma porque, en el fondo, no tiene lugar.

Solo Jesús puede sacarnos lentamente de la ambigüedad y falsedad de nuestros corazones, que tarde o temprano pueden llevarnos a la hipocresía que se aloja como un cáncer. Solo Jesús con sus palabras de amor, pero llenas de verdad, puede ayudarnos a crecer cada día en la verdad que nos hace libres, en la verdad que nos va quitando las máscaras que no nos dejan mostrarnos como somos ante los demás. Esas máscaras que nos impiden ser humildes y aceptar nuestras debilidades, esa actitud que nos lleva a aprender a pedir perdón cuando nos equivocamos y reconocer que no somos quiénes para juzgar a los demás considerándonos dueños de la salvación. Que Jesús nos libre de cualquier hipocresía en nuestro corazón y dentro de la Iglesia.

XXI Lunes del tiempo durante el año

XXI Lunes del tiempo durante el año

By administrador on 23 agosto, 2021

Mateo 23, 13-22

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno del infierno que ustedes!

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale”! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: “Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar.” ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?

Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Palabra del Señor

Comentario

¿A dónde vamos a ir? ¿A dónde estamos yendo? Solo Jesús tiene palabras de vida eterna, solo Él puede serenarnos en este comienzo de semana en el que por ahí ya empezamos el día sin poner nuestro corazón en donde se merece ponerlo, en Jesús. No empieces el día sin escuchar algo que valga la pena, palabras de Dios, palabras de vida. Apagá la radio, apagá el televisor, apagá lo que te distrae, intentá que no haya más ruidos, que no se escuchen palabras que no sean las de Dios. Intenta tener tus diez o quince minutos de “desconexión” por día, sacá el “wifi” del mundo, y conéctate con el corazón de Jesús, con nuestro Padre, con el Espíritu Santo, con la Virgencita y los santos que siempre ayudan e interceden por nosotros. Se puede, se puede estar un poco en silencio en el día, no dejes de intentarlo, tiene que ser una especie de “sana obsesión”, que nos hará muy bien a todos.

No conoceremos profundamente a Jesús por saber nomás, por ser enciclopedias caminantes, sino que se lo conoce verdaderamente por amarlo. No por saber muchas cosas se conoce de corazón y se llena el alma y se es feliz. En el evangelio de ayer escuchamos como Pedro reconoció a Jesús por “gracia de Dios” y no por lo que decían los demás: “Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios” ¿Querés conocer a Jesús? ¿Querés saber realmente quién es? ¿Querés amarlo cada día más? ¿Querés seguirlo? Tenés que pedirlo, tenés que suplicarlo como gracia, tenés que reconocer que viene de lo alto. Sí, podés leer el evangelio todos los días; podés leerte todos los libros del mundo; podés ir a todos los cursos de formación que te inviten; podés tener mucha sabiduría, pero si Dios Padre no te atrae a Jesús, si no es Él el que te toca el corazón por medio del Espíritu Santo para conocer, amar y confiar en Jesús, no alcanza, no es suficiente. Por eso, hoy pidamos todos esto… Que te conozca Jesús, que te conozca interiormente, que te conozca con el corazón y no solo de nombre o por fuera nomás.

Hay algo que queda claro de Algo del Evangelio de hoy. Creo que pocas cosas hacían lamentar y enojar tanto a Jesús como la actitud de los fariseos. Pocas veces en el evangelio Jesús se enojó tanto como ante estas situaciones. Pocas cosas, seguramente también hoy, hacen doler tanto el Corazón de Jesús como el que nosotros repitamos aquellas mismas actitudes. ¿Cuáles? Te preguntarás. Todas aquellas que brotan de la hipocresía, de la cerrazón de corazón, del orgullo que nubla y entorpece nuestro modo de obrar y pensar. ¡Hay tanto de eso en nuestra querida Iglesia! No hay que tener miedo a decirlo, no hay que negarlo. Hipocresía hay en todos lados, de eso no hay duda, pero la peor hipocresía es la religiosa, la que surge de hombres y mujeres religiosos, como los fariseos de esa época. Tan relacionada quedo la hipocresía a los fariseos, que en el diccionario aparece la palabra “fariseísmo”, casi como sinónimo de hipocresía. El fariseísmo es la actitud hipócrita que podemos tener todos. Podríamos parafrasear las palabras de Jesús a nuestra situación actual, a nuestra Iglesia. Son los famosos “ayes” de Jesús.

¡Ay, de nosotros los cristianos, que por haber recibido el don y el tesoro más grande que se podría desear, nos paseamos por el mundo pensando y sintiendo que nada tenemos que cambiar y que malos son los de “afuera”!

¡Ay, de nosotros los cristianos de hoy, que sin darnos cuenta cerramos la puerta de la Iglesia con nuestras actitudes, con nuestros gestos, con nuestra cerrazón a tantos necesitados que andan queriendo entrar atraídos por el Padre!

¡Ay, de nosotros los cristianos, que profesamos nuestra fe, personal y públicamente dando cátedra de amor y después nos paseamos por el mundo sin amar o amando mal desde un pedestal!

¡Ay de nosotros los cristianos que nos golpeamos el pecho dentro de las Iglesias y después somos capaces de vivir vidas paralelas!

Jesús nos libre de la hipocresía y de la incapacidad para verla en nosotros mismos. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Pidamos ver, ver en serio, ver en lo profundo dándonos cuenta que todos seguramente a veces pecamos de fariseos.

Señor, libranos de la ceguera y abrinos los ojos para conocerte y conocernos profundamente, con humildad y verdad.

XX Sábado durante el año

XX Sábado durante el año

By administrador on 21 agosto, 2021

Mateo 23, 1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

Palabra del Señor

Comentario

No es fácil ser constantes en la vida. A veces se nos caen los brazos. A veces no tenemos fuerza para levantarlos. A veces nos entusiasmamos y después, de golpe, viene un ventarrón y se lleva todo aquello que habíamos anidado en el corazón, como una fuerza que nos supera. Pero siempre tenemos la posibilidad de volver a mirar al cielo simbólicamente, de volver a elevar nuestro corazón a nuestro buen Dios que siempre nos está escuchando, que siempre nos está mirando y sabe lo que nos pasa. Él es el único que sabe el porqué de nuestros cansancios, el porqué de nuestras dudas, el porqué de nuestros miedos. Y tenemos que poner la mirada en él una vez más, nuestro corazón, donde estará la fuerza necesaria para volver a empezar, para volver a decir: “Esto me hacía bien”, “tengo que volver a hacer”, “esto es mí salvación”, “esto es el camino”, “vos sos la verdad y vos sos la vida”, “vos sos el que me da la fuerza para seguir cada día”. Y aunque todo el mundo nos señale y todo el mundo se nos burle e incluso piensen que invocar a Dios y buscarlo es de infantiles, es de personas que no piensan.

Los que tenemos fe tenemos que volver a decir una vez más que “este es el camino”, que “pase lo que pase siempre será el camino” y que “pase lo que pase en él encontramos la paz”. Y este camino tiene un final feliz. El final que la palabra de Dios siempre nos enseña. El final que todos necesitamos volver a recordar en el corazón para decir: «Sí, es por acá. Puedo levantarme otra vez y puedo volver a empezar. Puedo volver a pedir perdón. Puedo volver a rezar, a mirarlo cara a cara y a decirle que “acá estoy”. Sí, es verdad, con mis debilidades, con mis cansancios, con mis dudas, con mis vaivenes, pero acá estoy».

Hoy es uno de esos días, especialmente para los que estamos con alguna responsabilidad de dentro de la Iglesia, porque Algo del evangelio de hoy es un llamado de atención para los que transmitimos y enseñamos la fe, pero también para los que la reciben. La soberbia del alma se mete en cualquier corazón. No conoce fronteras y tenemos que aprender a percibirla tanto en nuestro corazón, para expulsarla, como en el de los otros, para evitar que nos haga mal, porque a veces la soberbia de otros a nosotros también nos ciega y nos hace tomar malas decisiones.

¿Es posible que a veces la soberbia tenga tanta fuerza y a veces vivamos como si fuéramos los únicos en este mundo? ¿Es posible que siendo tan poca cosa nos la creamos tanto? Vos dirás: “Bueno… no es para tanto. No somos tan soberbios todos”. Es bueno que cada uno se deje interpelar por las palabras de Jesús. La soberbia en realidad toma mil colores y tonos distintos según la responsabilidad, según la personalidad y la experiencia de vida de cada uno, y justamente el peor mal de la soberbia es que, a veces, no se ve. Es imperceptible. Solo una luz de afuera puede ayudarnos a iluminar nuestro corazón y a hacernos dar cuenta lo centrado en nosotros mismos que estamos y cuánto nos enferma eso. No solo puede ser soberbio el engreído, el que se lleva todo por delante, el altanero, sino también puede ser soberbio el apocado y silencioso, el que parece humilde desde afuera. La soberbia no es una cuestión externa principalmente, sino del corazón.
Dije que la soberbia toma mil colores.

Ahora, en el evangelio de hoy, las palabras de Jesús son lapidarias, especialmente con los que tenían una función en el pueblo de Israel. Y sin miedo tenemos que trasladarlas al Pueblo de la Iglesia de Dios, especialmente a los ministros, a los que deben servir a otros, a los que entregaron su vida para servir a los demás. Cuando la soberbia ataca a los ministros de la Iglesia, obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, ataca a la cabeza y si la cabeza es soberbia, el cuerpo también se va enfermando de este virus que a veces es imperceptible. También pasa en cualquier grupo humano, en cualquier comunidad, hasta en una empresa. Sé que suena muy duro, pero la verdad es que hay que decirlo. No hay que tenerle miedo, especialmente nosotros los sacerdotes, de decir las cosas como son y de incluso evaluarnos a nosotros mismos, pero siempre con amor. Cuando la soberbia se entremezcla con un cargo, con una posición eclesial, con una cuestión de poder, se puede transformar en una bomba de tiempo. “Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

Estas palabras de Jesús todos los sacerdotes deberíamos grabarlas en el corazón, vivirlas y no escaparles, y los laicos deberían repetirlas y decirlas con caridad a quien vean que “pone cargas en los demás que ni ellos mismos pueden llevar”; a quien escuchen que predica una cosa y después hace otra; a quien le gusta ser sacerdote para tener poder; a quien les gusta disfrutar de tener un privilegio; a quien cree ser más importante por ser llamado padre, maestro, doctor, o por tener un título y haber estudiado un poco más y saber algunas cuestiones de fe; a quien somete y manipula a las personas a su cargo, aun, incluso sin darse cuenta. 

El problema no es solo del que manipula con su poder, sino también del que se deja manipular. Muchas veces, la culpa, como se dice, no es solo del “chancho, sino del que le da de comer”. La soberbia se retroalimenta y no se extirpa del corazón hasta que Jesús no nos abre los ojos y nos ayuda a darnos cuenta cuánto tiempo hemos perdido por andar enfermos sin síntomas, asintomáticos.

No vamos a ser creíbles en este mundo, que siempre espera de nosotros lo mejor, si no somos humildes. Sin verdadera humildad no hay evangelización profunda, no hay testimonio posible, duradero y eficaz. Sencillamente porque el que nos salvó no se la creyó. Si él no se la “creyó”, si Jesús fue tan humilde, ¿qué nos queda a nosotros?

Rezá siempre por los sacerdotes. Rezá siempre por nosotros los ministros de la Iglesia. Recemos por todos los que le toca servir, por aquellos que Dios eligió para que sean humildes y, a veces, no lo son. Todos lo necesitamos. La Iglesia los necesita, vos también.