Book: Mateo

Feria de Navidad

Feria de Navidad

By administrador on 7 enero, 2021

Mateo 4, 12-17. 23-25

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.»

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

Palabra del Señor

Comentario

El niño Jesús nació para manifestarse, para santificar todo lo que tocó con su vida, para santificar tu vida y la mía. Por eso se mostró a todos, por eso se dejó encontrar por los sabios de oriente, para enseñarnos que su amor no es exclusividad de algunos. Pero al mismo tiempo, se nos manifestó para ayudarnos a cambiar, a transformar nuestro corazón, a pasar de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la mediocridad a la entrega, y así podríamos seguir.

Podemos reflexionar desde algo del evangelio de hoy, sobre la palabra cambiar, convertirse. Todo cambia a nuestro alrededor y en nuestro interior, todo pasa, todo se muda, todo se transforma. ¿Quién puede negar eso? Por supuesto que hay muchas cosas que permanecen, que se mantienen en su esencia y nunca cambiarán, y está bien que así sea. Que todo cambie no quiere decir que da lo mismo todo, como muchas veces se quiere enseñar hoy para justificar cualquier cosa. Que todo cambie no significa “relativismo”, “cualquierismo” dicho en criollo, aunque a algunos les guste. Que todo cambie no implica que continuamente debemos estar a tiro de la moda, sin embargo, no podemos negar ésta realidad que muchas veces nos pasa por encima, por decirlo de alguna manera. De hecho, nosotros mismos vamos cambiando, vamos creciendo, desarrollándonos. Si miramos para atrás en nuestras vidas podemos decir que somos los mismos, pero que no somos los mismos. Fuimos cambiado, a veces para bien otras veces para mal, pero cambiamos, en nuestro modo de ser, en nuestros pensamientos.

Si en alguna época por ahí se vio, o incluso se puede seguir viendo hoy para algunos, como un valor el “no cambiar”, el permanecer siempre igual, el hacer siempre lo mismo y de la misma manera, el ser estrictos y metódicos, el ser ordenados y estructurados, el no mostrarse débil, en definitiva, el “no cambiar”, hoy podemos decir que, lo contrario se ve como más positivo. Parece ser que solo el que cambia y se adapta, puede subsistir en este mundo en el que todo cambia. Las personas que cambian son las más exitosas, las más reconocidas, dicen por ahí.

Ahora… ¿Y nosotros los cristianos? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Nos mantenemos o cambiamos? ¿Hacia dónde vamos? En la Iglesia hay tensiones también, es lógico y sano que sea así. Sería de necios negarlo. Hubo siempre y habrá confusiones en esto mismo. Desde el principio las hubo y las seguirá habiendo. Algunos pregonan los cambios por el solo hecho de cambiar, y otros se amarran al pasado por miedo a cambiar pensando que todo “se vendrá abajo”. ¿Qué hacemos entonces? La respuesta a todos estos temas, aunque a simple vista no parezca, está en mirarlo a Él, a Jesús. Siempre debemos mirar y escuchar a Jesús, porque cuando dejamos de hacerlo es cuando resolvemos mal estas tensiones, tiramos más para un lado que para el otro. Hay que ver y meditar lo que Él hizo, o dejó de hacer. Para eso cada día escuchamos y rezamos con la palabra de Dios, para aprender de Él, el mejor camino, porque Él es Camino, la Verdad y la Vida.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Palabra de Dios de hoy? Lo digo porque Jesús invitó al cambio, nos animó a cambiar diciendo: “Conviértanse” que significa también cambien de mentalidad.

¿Y Jesús que hizo? Nunca dejó de ser lo que era, pero sin embargo cambió por nosotros y ayudó a cambiar a otros. Se hizo hombre sin dejar de ser Dios, y fue Dios sin dejar de ser hombre. Todo un cambio para Él y para nosotros.

¿Cómo se resuelven las tensiones de esta vida, las tensiones de la fe, de la espiritualidad? Aprendiendo de Jesús, que cambió por amor y no por eso dejó de ser lo que era, como magistralmente lo decía San Pablo: “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor»”.

Pidámosle a Jesús, que, con sus cambios, que cambió a otros, nos ayude a cambiar a nosotros, descubriendo lo que realmente somos, pero animándonos a dar pasos de santidad, pasos de amor, de entrega. Dios es así, Jesús lo vivió así, aunque parezca contradictorio. Y nosotros… ¿Qué queremos hacer? ¿Nos animamos a cambiar por amor?

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Solemnidad de la Epifanía del Señor

By administrador on 6 enero, 2021

Mateo 2, 1-12

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: « ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menos entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel». Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje»

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor

Comentario

Cuando nace Jesús, nace para todos, no para algunos, nace para todos. Como cristianos tenemos que recordar siempre esto. El niño que nació oculto en un pesebre, en el pueblo más sencillo que podía haber nacido, nació para ser conocido y adorado. Hoy, el día que tradicionalmente llamamos de los Reyes, por la visita de estos magos de oriente al niño Jesús,  es el día en el que de alguna manera celebramos y afirmamos esto: el niño es para todos. Jesús es para todos, no es exclusividad de un pueblo o de una elite, sino es de todos. La primera visita de los pastores al pesebre muestra claramente que los más sencillos son los primeros en llegar a Jesús, que la sencillez de corazón es condición necesaria para encontrarnos verdaderamente con Él, y, por otro lado, la visita de los magos de oriente que escuchamos hoy, representa a todos los “buscadores” de Dios, a todos los “buscadores” de la verdad, sean del pueblo y el origen que sea. No imaginemos que estos hombres  eran reyes al estilo medieval, no imaginemos que eran “magos” al estilo moderno, sino más bien tenemos que imaginar lo que nosotros hoy llamaríamos “sabios”, hombres que buscaban al verdadero Dios, hombres que buscaban la Verdad de la vida. Sabios es en realidad el nombre que mejor les queda, si no, no se explica que hayan sido capaces de recorrer tantos kilómetros siguiendo una estrella para ver a un niño en brazos de una simple mujer.

Tal vez algunas tradiciones populares, las cosas que nos van enseñando a lo largo de los años, especialmente en los años de inocencia, sin querer, ocultan un poco el verdadero sentido de las fiestas que celebramos, puede pasar. Es normal. Las cosas se desvirtúan. El día de reyes en la mayoría de los países cristianos del mundo es día en el que se recibe algún tipo de regalo, son los reyes, que así como le llevaron regalos a Jesús, también nos traen regalos a nosotros. Está bien, es lindo. Pero son pocos los que saben que esta fiesta en realidad se llama, de la Epifanía. Quiere decir esto: manifestación. O sea, día en el que Jesús se manifiesta al mundo, se muestra, se deja ver al mundo que “no lo espera”, pero en realidad lo espera. Jesús no solo nació para los israelitas, sino para todos los pueblos. Todo lo demás, son desviaciones de la verdadera fe. Nuestra fe es católica, para todos, universal, no para unos pocos. Jesús no es solo nuestro, es de todos. Desde el principio, desde la visita de estos magos al niño Jesús. Él se dejó adorar, María y José lo permitieron. Lo mismo debe hacer la Iglesia. ¿Cómo se puede pensar que Dios quiere que lo conozcan unos pero otros no? “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, la Verdad es Él y salvarse es conocerlo a Él.

Muchas son las estrellas que nos guiaron alguna vez a Jesús, al niño en el pesebre, a todos, a vos y a mí. Muchas son las estrellas que hoy también quieren ser signos para que otros hombres día a día se animen a buscar y encontrar lo que su corazón desea desde siempre, aunque no se den cuenta. Él está siempre esperando. No se cansa.

No te olvides de la estrella que alguna vez te guió y te señaló el lugar del encuentro con Jesús. El olvido hace mal, la amnesia espiritual es lo peor que nos puede pasar. No te olvides que cada sagrario, cada adoración, cada Misa, cada encuentro corazón a corazón con otra persona por amor, cada momento de oración, es una nueva Epifanía, una nueva manifestación de Jesús para que podamos adorarlo y postrarnos ante Él, como lo hicieron esos magos, reconocerlo como nuestro pequeño, pero gran Rey. Llenémonos de alegría como ellos por  poder encontrarnos con  Jesús día a día y dejemos nuestras ofrendas a sus pies, todas nuestras obras, todas nuestras alegrías y tristezas, triunfos y fracasos, todo lo que llevamos dentro del corazón. Por último, y otra vez, nunca te olvides de que Jesús es para todos y algún día todos deberemos “doblar nuestra rodilla” para adorarlo, porque, lo busquemos o no, Él es nuestro Señor.

Fiesta de los Santos Inocentes

Fiesta de los Santos Inocentes

By administrador on 28 diciembre, 2020

Mateo 2, 13-18

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.

Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías: En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.

Palabra del Señor

Comentario

Como tantas otras fiestas o costumbres y tradiciones de nuestra fe, esta fiesta, de los Santos Inocentes, creo yo que sin querer ha ido perdiendo su sentido original para terminar, por lo menos por estas tierras, en Argentina, en una especie de oportunidad para probar la inocencia de los más cercanos con algún chiste, alguna broma, incluso a veces de mal gusto. Pero en realidad nada tiene que ver con lo que celebramos. De hecho, si preguntás por ahí, o también vos mismo que estás escuchando: ¿por qué se hacen chistes para probar la inocencia el 28 de diciembre?, seguramente pocos saben que es el Día de los Santos Inocentes; o sea, el día en el que celebramos los primeros mártires, que, aunque no conocieron a Cristo, fueron asesinados a causa de él, por miedo al verdadero rey, por temor a lo que vendría. El rey de ese momento no soportaba que otro rey pueda venir a ocupar su lugar, pero no sabía de qué rey se trataba por supuesto.

El 26 celebramos al primero que dio su vida conscientemente por Cristo, San Esteban; hoy a los primeros que murieron por la verdad antes de conocerla y siendo totalmente inocentes. Un santo lo describe de una manera admirable, te lo voy a leer directamente. Dice así: «Aquellos niños, sin saberlo, mueren por Cristo, y sus padres lloran la muerte de aquellos mártires; Cristo, cuando eran todavía incapaces de hablar, los convierte en idóneos testigos suyos. Así es el reinado de aquel que ha venido para ser rey. Así libera aquel que ha venido a ser libertador, así salva aquel que ha venido a ser salvador. Pero tú, Herodes, ignorando todo esto, te alteras y te llenas de furor; y, al llenarte de furor contra aquel niño, le prestas ya tu homenaje sin saberlo. (…) ¿Qué merecimientos tenían aquellos niños para obtener la victoria? Aún no hablan y ya confiesan a Cristo. Sus cuerpos no tienen aún la fuerza suficiente para la lucha y han conseguido ya la palma de la victoria». ¡Una delicia!

Te propongo hoy poder meditar desde Algo del evangelio dos cosas, o las que a vos te parezcan. Siempre es bueno elegir para poder realmente profundizar. Acordate que la Palabra de Dios, el alimentarse de ella cada día, puede compararse al modo en cómo alimentamos también nuestro cuerpo. Si te ponen muchos platos para elegir, uno puede comer todo, se puede probar de todo con el afán de no dejar de lado nada, o se puede simplemente elegir lo que uno realmente tiene ganas de comer ese día y disfrutar. A veces por comer todo terminamos por no disfrutar nada, por no saborear en serio la comida. Con la Palabra de Dios puede pasarnos lo mismo. Escucharla es a veces como un gran banquete, con muchas opciones, pero no se puede comer todo junto y mucho menos de golpe, podemos atragantarnos; lo mejor es elegir algo y saborearlo mucho. Elegí algo y saboréalo.

Primero, lo que quiero decirte es que esta matanza de niños inocentes, por un aparente enojo de Herodes, en realidad es fruto de su miedo a perder el poder, de perder su reinado. Él quería matar a aquel que se anunciaba que sería rey, sin saber que el reinado de Jesús no sería como los reinados de este mundo. Y aunque parece demasiado cruel para nuestro tiempo, no está muy alejado de las miles de situaciones y víctimas inocentes que el mundo se sigue cobrando por miedo a perder el poder. Por ejemplo, el negocio de las guerras, el negocio del aborto tan terrible (en donde son víctimas no solo los niños, sino miles de madres), todo tipo de explotación sexual, narcotráfico, políticas de control de la población y miles de cosas más, por miedo a perder el poder. El mundo quiere poder y hace todo lo posible por mantenerlo. El poder es el gran mal de este mundo, cuando es mal usado por supuesto. Es más común de lo que pensamos. Pensemos en nuestros trabajos, pensá en tu grupo, parroquia, incluso a veces en las familias. El poder se puede transformar como en un dios, al cual muchos veneran. Es el dios de este mundo, no el Dios de los cristianos por supuesto.

Cuidado cuando nosotros «matamos» a inocentes por miedo a perder lo que tenemos; en el fondo es pura inseguridad, es pura soberbia, y el soberbio en el fondo se quiere muy poco, tiene mucho miedo.

Lo segundo es que pensemos en nuestra vida personal, porque mientras tanto el mundo está lleno de inocentes que día a día sufren o mueren por causa de otros. Hay miles de mártires silenciosos que aún sin conocer y confesar a Cristo les toca lo peor. A vos por ahí te pasa, te pasó o te pasará. A todos nos puede tocar sufrir injusticias por la maldad de otros, nadie está exento. Pensemos que al mismo Jesús le pasó. Él es el más inocente que murió por la maldad de muchos, para sanar la maldad de muchos. Muchas veces a los cristianos nos toca sufrir injustamente, siendo inocentes, para también ayudarlo a Jesús de algún modo en la salvación de un mundo que lo único que busca es tener poder de todo tipo, de dinero, de status, de cosas materiales, de prestigio a toda costa. Pensemos también si a veces nosotros, incluso siendo cristianos, no nos comportamos como pequeños Herodes, que ante la primera posibilidad de perder nuestro «puestito de poder», somos capaces de «matar», en sentido figurado, todo lo que puede amenazar nuestros deseos de ser alguien en esta vida, ser alguien según la mentalidad del mundo por supuesto.

¿A qué tenemos miedo cuando obramos así? ¿Por qué le tenemos miedo a los que obran así?

Fiesta de San Esteban

Fiesta de San Esteban

By administrador on 26 diciembre, 2020

Mateo 10, 17-22

Jesús dijo a sus apóstoles:

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.

Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

Palabra del Señor

Comentario

¡No nos olvidemos que nosotros también fuimos niños! ¡No nos olvidemos que lo que más queremos también fueron niños alguna vez! ¡No nos olvidemos de esas personas que nos cuesta querer un poco, y bueno ellos también fueron niños!

Seguramente estarás todavía decantando los festejos de estos días. Pasó el 25, y con la Navidad pasaron muchas cosas. Pasó la familia, pasaron los regalos. Pasó la comida de todo tipo y color, pasaron algunas emociones y también algunas tristezas. Pasaron cosas importantes, lindas, pero también tenemos que reconocer que a veces pasa mucha frivolidad y superficialidad. Pasa de todo. Y ahora, ¿cómo seguimos? Tenemos que seguir como estamos, pero acordándonos que «todavía estamos a tiempo», todavía estamos en Navidad. Todavía podemos acercarnos a un pesebre si no lo hicimos. Podemos tomarnos un tiempo de adoración si no tuvimos ese momento. Todavía tenemos algo para dar al que no la pasó tan bien. Todavía nos tenemos a nosotros mismos. Todavía estamos a tiempo de enseñarles a nuestros hijos que, en medio de todo lo que pasó, el protagonista principal de estos días es Jesús. Podemos todavía acercarlo a un pesebre y enseñarle quién es quién en esa representación tan linda, que seguramente tenemos en nuestras casas. Todavía podemos seguir profundizando la Navidad porque durante ocho días la seguiremos celebrando, se llama la «Octava de Navidad». Tratemos de no poner primera otra vez y empezar a correr, porque si no, será más de lo mismo.

Hoy es la fiesta de san Esteban, el primer mártir de nuestra familia de la Iglesia; el primero que, por amor a Jesús, el Dios que se hizo niño, dio su vida. No se la quitaron así nomás, sino que la entregó. Los mártires son los que dieron la vida, como dijo el mismo Jesús: «Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mí mismo». Los mártires no solo son los que dan la vida por medio de su sangre, sino los que también van dando su vida lentamente, gota por gota todos los días. Son lo que después de la Navidad se enamoran de un Dios tan niño, tan frágil, que se deciden a «recibirlo en sus brazos» y empiezan a cargar con el lindo peso de no callar el amor de Dios frente a un mundo que no se da cuenta de tanto amor.

Una vez alguien me contaba, alguien que de hace unos años vivió una vuelta a Dios en su vida –que siempre fue católico, pero que recién en estos tiempos se dio cuenta el tiempo que había perdido–, me decía algo así: «¿Sabés qué es lo que me pasa ahora? Ya no tengo miedo a hablar de Jesús, antes ni se me ocurría, antes me daba vergüenza. Ahora no me importa nada». Y entre los dos pensábamos en eso, porque a mí también en una época de mi vida me pasó lo mismo, tenía vergüenza de hablar de él. En el fondo era un síntoma de que todavía no estaba tan enamorado de Jesús como me creía. Me habían enseñado de él, pero todavía no lo conocía. ¡Ser cristiano es eso: es enamorarse de una Persona que nació y vivió entre nosotros, y sigue viviendo! Es descubrir que Dios se hizo hombre, se hizo niño para que vos y yo podamos conocer el amor de Dios Padre en una Persona concreta, en su hijo. Mientras tanto, si no vivimos así nuestra fe, la fe será solo una moral, una ética, un cumplir algunas reglas, una imposición, una cuestión social, una cuestión de familia, un sentimiento pasajero que deslumbra y se apaga, como los fuegos artificiales de ayer. Creer en este niño nos lleva a no querer callarnos nunca, aunque nos quieran callar y tapar.

Me acuerdo que en una misa de medianoche, en la Misa de Gallo, pasó algo muy simbólico cuando la celebraba, que describe lo que se vivió en la época de Jesús y lo que se sigue viviendo hoy. Mientras proclamábamos la Palabra de Dios a las doce, a las doce y un poquito más, los fuegos artificiales no nos dejaban escuchar la Palabra. El humo y el ruido querían, por decirlo de alguna manera, tapar la voz de Dios. Al terminar de proclamar el evangelio, casi no pude predicar porque no se escuchaba nada.

Hicimos silencio cinco minutos, esperando con paciencia… y los ruidos fueron de a poco apagándose. Pero eso jamás podrá pasar. El ruido del mundo, el ruido de los que todavía no perciben la voz de Dios, jamás podrán callar a la Palabra, que jamás pasará. Todo pasará, pero las Palabras de Dios no pasarán. Nadie podrá callar el amor de Dios, el amor de este niño, mientras quede un corazón en esta tierra que lo ame.

El que se enamora de Jesús, como san Esteban, ya no se preocupa por el qué van a decir, por lo que el otro o los otros dirán; al contrario, vive convencido de que no se puede tener una alegría y ocultarla, no se puede decir que se cree en alguien pero tener vergüenza de hablar de él. ¿Qué persona está enamorada de su novia, novio, de su mujer, de su marido, y la oculta y no dice nada de ella? El que no está verdaderamente enamorado.

Pensemos si esta Navidad nos ayudó a enamorarnos más del niño Jesús. Es lo mejor que nos pudo haber pasado, es el mejor regalo de Navidad, porque la Navidad es Jesús, es de él.

Solemnidad de Navidad – 24 de diciembre

Solemnidad de Navidad – 24 de diciembre

By administrador on 24 diciembre, 2020

Mateo 1, 18-25

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros.» Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.

Palabra del Señor

Comentario

Llegamos a la Navidad, las vísperas del día más santo de todos. Y llegamos como llegamos –como se dice–, como estamos, como hemos podido vivir estos días, este año tan particular. No hay tiempo para lamentarnos ni para manejar nuestros sentimientos por decreto. No se manejan los sentimientos por decreto de necesidad y urgencia. Es verdad que intentamos hacer un camino estas semanas, pero cada uno llega como llega. No hay que inventar nada. No hay que tapar nada, ni tirar la basura bajo la alfombra. Hay que ser lo que somos y estar como estamos, pidiendo ser sorprendidos por Jesús de alguna manera.

No sé cuándo escucharás este audio, si hoy a la mañana, a la tarde o a la noche, o incluso si lo escucharás. Dios quiera que escuches el relato del nacimiento de nuestro Salvador, que lo escuches como algo sagrado. ¿Por qué no al lado de un pesebre? No importa dónde estés y con quién pases hoy la Nochebuena; por supuesto que sí, con los seres queridos Dios quiera. Lo fundamental es que escuchemos también lo que pasó, para que entendamos lo que celebramos, para que vivamos lo que celebramos. Si no, ¿qué vamos a festejar hoy a la noche y mañana?

Te propongo y me propongo un lindo ejercicio: imaginar que tenemos un niño recién nacido en los brazos. Si sos mamá, te va a ser mucho más fácil, por ahí ya lo tenés. Si sos padre también, solo tendrás que recordar cuando tuviste a tu hijo por primera vez en brazos. Si no tuviste hijos, pensá cuando tuviste a tu hermano en brazos o algún sobrino, al hijo de un amigo o de una amiga. Todos podemos recordar ese momento tan maravilloso, es lindo hacerlo. Imaginemos que lo tenemos en brazos, como el más frágil que hay, como el más tierno y delicado que podemos imaginar. No queremos despertarlo, molestarlo. No queremos hacer «muecas» ni nada por el estilo. No queremos que llore, no queremos que sufra. Solo queremos que duerma y queremos mirarlo hasta cansarnos. Si sos mamá, ¿cuántas horas habrás pasado con tu hijo, hija en brazos? Si no sos mamá o papá, ¿cuánto desearías tener a tu futuro hijo en brazos? Si tenés un niño, probá hacerlo directamente en este momento o cuando puedas.

Tomémonos un tiempo para pensar, meditar en esto. Es posible hacerlo, es un día tranquilo. Podemos hacer el esfuerzo para estar tranquilos. Hoy a la noche, casi como queriendo tapar esto, esta necesidad de silencio, va a empezar el ruido que tapará lo que Dios quiere que reluzca. Bueno, con el niño en brazos intentemos vivir esta experiencia y, una vez que seamos conscientes de esto, preguntémonos algunas cosas. ¿Nos damos cuenta de que Dios realmente nació y vivió como un niño? ¿Nos damos cuenta de lo que significa esta realidad?

Pensar que Dios quiso estar en brazos de una mujer y de un hombre. ¡Qué locura de Dios! Solo Dios puede ser tan loco de hacer lo que ningún humano quiere hacer, hacerse más pequeño de lo que es. Bendita locura de Dios que con tanto amor logra que se estrellen y destruyan todas nuestras ansias de más, de grandiosidad, de soberbia. «Toda esta locura destruye a los soberbios de corazón», dice la Palabra. Pensar que Dios fue débil, vulnerable y frágil como lo fuimos cualquiera de nosotros de niños. ¿Qué nos dice todo esto? ¿No será que Dios de alguna manera quiere que aprendamos a abrazarlo como si fuera un niño? ¿No será que Dios mismo se hizo niño para no forzarnos a nada, sino al contrario, para atraernos con dulzura, inocencia y fragilidad? Pensar que Dios lloró y necesitó ser cuidado por su madre. Locura de locuras. ¿No será que debemos volver a tener la experiencia de un Dios que necesita de nosotros y se deja abrazar por hombres frágiles y pecadores? ¿No será que nosotros mismos tenemos que volver a aprender a dejarnos abrazar, cuidar, a amar? ¿No será que en la medida que crecemos vamos dejando de ser lo que en realidad Dios quiere que seamos, débiles y necesitados?

Sería bueno que hoy podamos imaginar esta gran locura y que esa locura nos despierte, nos convierta, nos conmueva, nos sorprenda y nos dé ganas de recibir realmente el amor de Jesús en nuestros corazones. Se puede. Mientras tanto, entre tanto ruido y superficialidad, intentemos abrazar al Niño, a unos niños en nuestros cercanos, queridos y no tantos, en el que te cuesta estar, en el pobre y olvidado que hoy pasa solo, en el preso o enfermo que no puede salir, en tantos y tantos que necesitan conocer a un Dios mucho más tierno de lo que nosotros pensamos.

Ese Dios es el que quiere habitar en nuestros corazones. Ese Dios es el que necesita que nuestro corazón sea un verdadero pesebre; frágil, a veces con mal olor, a veces un poco sucio, pero ahí está. Un pesebre, un pesebre abierto a que los demás puedan venir a visitarlo como los pastores, como María, como José, como los reyes, como tantos que se acercaron ese día a estar con este Niño, con ese signo que misteriosamente era Dios hecho hombre.

Que esta Navidad puedas pasarla en familia, pero realmente unidos a Jesús, como él lo desea. Que tengas una feliz y santa Nochebuena. Feliz y santa Nochebuena de todo corazón.

Feria de Adviento – 18 de diciembre

Feria de Adviento – 18 de diciembre

By administrador on 18 diciembre, 2020

Mateo 1, 18-24

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

Palabra del Señor

Comentario

Falta poco, ya estamos en la recta final, como se dice, por decirlo de una manera, de nuestro camino a la celebración más tierna de nuestra fe. La propuesta en estos días es la de: RECIBIR de alguna manera esta Palabra tan necesaria. Es la última semana del tiempo de espera, de recepción; de estar dispuestos, más que a hacer muchas cosas, a recibir al niño en nuestro corazón, en nuestros brazos. ¿Qué hacemos cuando un niño viene a nuestra familia? Fundamentalmente lo recibimos. Preparamos todo para que sea parte de la familia, todos estamos pendientes de él. Todo gira en torno a ese niño que no habla, solamente se deja recibir. Nadie hace otra cosa que mirarlo a él. ¿Y si pensamos algo así pero para con Jesús? ¡Qué bien nos haría!

Para ir generando esta actitud en nuestro corazón, te propongo que meditemos en esto: Es Dios el que vino a tener una experiencia de amor con nosotros; es «Dios con nosotros», así lo anunciaba el profeta Isaías. Por supuesto que nosotros tenemos que estar con él, ¿no?; pero antes que nada es reconocer que es «Dios con nosotros». Eso es lo que hay que aceptar, recibir. Por supuesto, junto al niño que vendrá, aparece la figura de María y José. Por eso, hoy escuchamos la llamada «anunciación» a José. Dios también tuvo que enviar un ángel a José para que no tema, para que no «huya» de su plan, para que se deje sorprender, para que reciba a ese niño –aunque no era suyo–, para que lo adopte.

Hasta que José no recibe en sueños esta invitación a animarse, a no temer, a darse cuenta que Dios podía estar ahí –en esa situación tan difícil–, no descubre que Dios estaba en esa situación que él consideró al principio confusa; no podía verlo, no entendía el plan de Dios. No podía ver el plan de Dios en esa sorpresa que lo entristeció seguramente, de María embarazada sin que él haya hecho nada. No sabemos lo que habrá pasado por el corazón de José. Pero si había decidido abandonar a María, quiere decir por supuesto que no entendía lo que pasaba y, además viendo que María estaba embarazada y que él no era el padre, había decidido abandonarla; porque las cosas no habían salido como él pensaba y deseaba. Y en medio de toda esta confusión era difícil pensar que Dios podía estar detrás de todo eso. Su mujer, con la que él se iba a casar pero todavía no convivía, estaba embarazada. ¿Era posible que Dios esté detrás de semejante noticia? ¿Qué habrá sentido José en su corazón?

Por eso, Algo del Evangelio de hoy nos ayuda a preguntarnos: ¿Cuántas veces pensamos que Dios no puede estar donde nosotros creemos que no tiene que estar?, o ¿cuántas veces Dios en realidad está donde nosotros pensamos que jamás podía estar? Pensémoslo en lo de cada día. Pensalo en algo que te pasó alguna vez, algo difícil.

¿Por qué nos pasa esto? Porque nos equivocamos cuando somos nosotros los que queremos, por decirlo de alguna manera, «fabricar las experiencias de Dios». Sin embargo, Dios nos sorprende siempre. Dios «se divierte», irónicamente lo digo, sorprendiendo al hombre calculador, matemático, temeroso y desconfiado. Decimos a veces, muy seguros: «Tuve una experiencia de Dios en esta situación, acá, allá; en este retiro, en esta Navidad. Ese día lo sentí»; pero ¿y si pensamos al revés? Porque es Dios el que vino a tener una experiencia con nosotros, entonces es él el que elige en qué momento quiere tener una experiencia con nosotros. Ahí cambia el panorama, porque ya no soy yo el que decido cuáles son los grandes momentos donde experimenté al buen Dios, sino que empiezo a ver que Dios está conmigo siempre; siempre, pase lo que pase. Porque él es «Dios con nosotros» y quiere estar siempre con nosotros, no solo cuando nosotros lo sentimos.

Por ejemplo: está ahora en tu dolor porque se acerca la Navidad donde no vas a estar con aquel que vos querés y quisiste tanto. Dios está, aunque en esta Navidad esté enferma aquella persona que vos querés tanto. Dios está en esta Navidad y estará con vos, aunque estés atormentado por algún pecado, por alguna debilidad que no podés dejar; aunque estés muerto de cansancio por este año que termina y no supiste parar. En esta Navidad Dios estará con vos a pesar de que tu hijo esté alejado de tu corazón y no te escucha o esté alejado de Dios y de la Iglesia. En estos días mientras todo el mundo corre para comprar «no sé qué», incluso vos también, él está. Está siempre, pero sencillo y oculto en medio de un mundo alocado.

¡Dios está con nosotros! Esa es la certeza de la Navidad, esa es la certeza de esta cercanía de la fiesta que vamos a celebrar. No es la fiesta de armarme la experiencia de Dios a mi medida. No es la fiesta en donde yo armo mi experiencia de Dios, hago mi obra de caridad por acá o por allá para lograrlo, o intentamos encontrarlo a Dios allá. Está bien que hagamos eso, pero Dios está más allá de la experiencia que yo me fabrico de él. Por eso tenemos que estar más atentos a recibir que a fabricar.

Bueno, Dios quiera que también nos pase como le pasó a José: Que, aunque quiso escaparse de la situación difícil que le tocaba enfrentar, en sueños recibió la ayuda y la certeza de que Dios estaba con él, con María. Dios quiera que así nos pase a nosotros también. No temamos, no temamos, recibamos a las Marías y a los José que nos traen a Jesús a nuestro corazón; a Jesús, nuestro Salvador.

Feria de Adviento – 17 de diciembre

Feria de Adviento – 17 de diciembre

By administrador on 17 diciembre, 2020

Mateo 1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.

David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Palabra del Señor

Comentario

Imagino tu cara o tus gestos mientras escuchabas tantos nombres. Me imagino que te habrás distraído y habrás pensado muchas cosas, entre ellas: ¿Para qué tantos nombres? ¿Qué sentido tiene leer y escuchar este evangelio? ¿Qué nos dice a la mentalidad de hoy? Puede ser que nos pase esto, que tengamos esta sensación, es normal. Es entendible porque a nuestra mentalidad, la de estos tiempos, parece no interesarle demasiado los antepasados. De hecho, muchos de nosotros por ahí no sabemos más allá de nuestros abuelos o, como mucho, de nuestros bisabuelos. El mundo a veces interpreta mal la historia y se burla de ella, o la caricaturiza.

Por eso, me parece que lo primero que tenemos que tener en cuenta es que, a lo difícil de la palabra de Dios, la mejor salida no es escaparle, sino todo lo contrario, animarse a preguntar, a aprender, a escuchar algo bueno, distinto, aunque choque con lo que pensamos. Muchas veces todos podemos caer en esto, incluso los sacerdotes. Cuando algo se pone difícil, movemos la cintura de acá para allá, como se hace en el fútbol, y terminamos hablando de cualquier cosa, menos de la Palabra de Dios, como para evitar un poco el trabajo. O a veces, incluso, menospreciando la capacidad de los que nos escuchan de poder ahondar un poco más.

Lo segundo es que, si es Palabra de Dios, algo bueno tiene que decirme y eso nos tiene que animar a escuchar y conocer más la historia de la Palabra de Dios. Cómo fue escrita, porqué, también, si no al final no profundizamos y terminamos tocando de oído nuestra fe. La fe hay que conocerla, sin miedos, para saber dar razones de ella, de nuestra esperanza. La fe tiene que asumirlo todo, lo luminoso y lo oscuro, lo que nos gusta y nos disgusta, la gracia y el pecado, porque eso somos, así vivimos.

Y lo tercero que pienso y tiene que ver con las otras dos, es que la Palabra de Dios es como una gran sinfonía, en donde se escuchan muchos instrumentos y se entrecruzan variadas melodías y, para que den un sonido armonioso y guste a los oídos, tiene que haber un director que la dirija y una clave de interpretación. La clave de interpretación de la gran sinfonía de la Palabra de Dios por supuesto que es Cristo. Sin esa clave no se puede interpretar la partitura más bella que puede haber en la tierra. Ni siquiera el mejor director del mundo, el mejor biblista de la tierra, puede interpretar la palabra de Dios si no es a la luz de Cristo. El director, en este caso, es la Iglesia, con sus enseñanzas de siglos, con su vida, con sus santos, con los que estudian y estudian la Escritura, que a veces para nosotros parece incomprensible.

Conclusión: dejemos que Jesús nos ayude en este día a interpretar esta gran partitura de este texto, a interpretar la biblia, y escuchemos a la Iglesia que como un gran director hace que todos los músicos e instrumentos nos den un sonido agradable a los oídos del corazón.

Pero bueno, queda poco tiempo para comentar Algo del Evangelio de hoy ¿Qué podemos sacar? ¿Qué podemos decir de la llamada “genealogía” con la cual Mateo empieza su Evangelio en este día que comenzamos la Feria de Adviento? Sin entrar en grandes explicaciones, algunas cosas sencillas, pero profundas: Mateo quiere respondernos una pregunta fundamental ¿Quién es Jesús? ¿De dónde viene este hombre llamado Jesús? Jesús desciende de Abraham y de David. Jesús es parte de la historia de la humanidad, de la historia de un pueblo. Jesús  es parte de un pueblo. Él es también completamente humano. Por otro lado, dentro de esa genealogía hay hombres y mujeres claramente pecadores, como nosotros. Incluso hay mujeres sin la fe de Israel, que eran consideradas paganas. Dios escribe derecho en renglones torcidos decimos. O sea, utiliza cualquier medio para que se haga su voluntad. Él puede sacar lo mejor de lo peor, de aquellos lugares y corazones donde parece imposible, “porque donde estuvo el pecado sobreabundó la gracia”, dice también San Pablo.

Finalmente, la genealogía termina con una mujer, con María. La historia llega hasta lla y a partir de ella hay, como se dice, un nuevo comienzo. Y, además, un comienzo que no viene de ningún hombre, sino que es una nueva creación, “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”.

Todo se dio de esa manera. El origen de Jesús se puede comprobar históricamente y dentro de una historia de debilidad, pero al mismo tiempo es un misterio que proviene del Cielo ¿De qué nos puede servir esto? Bueno, algo muy concreto y sencillo, pero decisivo para nosotros. ¿Quién es Jesús para vos y para mí? ¿Es un simple personaje histórico más o es para vos un nuevo comienzo, una nueva creación que viene de la mano de María? ¿Cómo se manifestó ese Jesús en nuestras vidas, en nuestras vidas también surcadas a veces por el pecado y la debilidad? ¿Creemos que incluso de lo más impuro o doloroso, puede brotar la santidad, puede hacerse presente el amor de Dios? Para pensar y rezar.

III Martes de Adviento

III Martes de Adviento

By administrador on 15 diciembre, 2020

Mateo 21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña.” El respondió: “No quiero.” Pero después se arrepintió y fue.

Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

«El primero», le respondieron.

Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.

En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.»

Palabra del Señor

Comentario

Una de la condiciones, por decirlo de alguna manera, para dejarnos sorprender es estar atentos, es escuchar bien y prestar mucha atención, prestar atención a nuestro corazón. Nos pasa con muchas cosas de la vida, o sea, si estamos en la «nuestra», si hacemos la «nuestra» –como se dice–, no estamos atentos a los demás, a la realidad, a nuestro corazón jamás le sorprenderá nada; nada nos hará salir de la rutina, nada nos hará vibrar. ¿Viste esas personas que parece que no se sorprenden por nada, que todo les da lo mismo? ¿Cuántas cosas se nos habrán pasado de largo por la vida por no estar atentos? ¿Cuántas personas, alegrías, buenas noticias, regalos, nos pasaron por las narices y no nos dimos cuenta? Solo Dios lo sabe. Por las dudas preguntemos y si nos da miedo, no preguntemos; pero es bueno hacer este ejercicio. ¿Queremos sorprendernos con el Dios niño, el Dios bebé que nacerá otra vez en nuestro corazón en esta Navidad? Estemos atentos, y esto referido a la Palabra de Dios es fundamental. Hoy es un día para estar atentos y dejarnos sorprender.

Hay que escuchar lo que Jesús dice para no sacar conclusiones rápidas y superficiales. ¿Cuántas veces la Palabra de Dios pierde su riqueza porque la analizamos con un «vuelo rasante», como se dice?

Un error clásico, al reflexionar sobre la parábola de hoy, es decir: «Bueno, Jesús nos está invitando a ser fieles a lo que decimos, a ser hombres de palabra». O sea, cuando decimos que sí, que sea sí; que cuando digamos que no, que sea no. Que cumplamos la palabra, que no tengamos ambigüedades. Y eso claramente es verdad, pero es demasiado obvio. No hace falta que Jesús lo diga. Cualquier ser humano se da cuenta que la palabra es importante, que es bueno tener palabra. No haría falta una parábola para eso.

Pero no es a lo que se refiere directamente de Algo del Evangelio de hoy –aunque está implícito que es así–, porque es de sentido común que tenemos que ser hombres de palabra –como dije recién–, que tenemos que ser fieles a lo que decimos. Lo dice en otra parte del evangelio.

En realidad, hoy Jesús está dando una crítica muy fuerte a los hombres que se creían religiosos de esa época, y a los de hoy también. Les cuenta una parábola, les hace responder y, después, les dice en la cara, sin miedo: «Ustedes son aquellos que dicen que van pero al final no van. Ustedes son los que llegarán tarde al Reino de los cielos, antes llegan los que ustedes desprecian, los despreciados». Bastante fuerte, ¿no? ¿No te sorprende?

Las prostitutas y los publicanos son los pecadores públicos que dicen que no en esta parábola, pero finalmente pueden ser los primeros si se arrepienten y vuelven. El evangelio nos da sorpresas.

Jesús entonces se está refiriendo a nuestra «adhesión» a él, a la adhesión verdadera hacia él, hacía su voluntad. ¿Nosotros somos los que decimos que sí rápidamente, a secas, sin pensarlo? ¿Pero estamos viviendo lo que Jesús nos enseña? ¿Estamos siendo coherentes con lo que él nos muestra? ¿Estamos amando como él nos ama y estamos amando como él quiere que amemos? ¿O estamos «criticando» a los que vemos que están en pecado público, que no viven la fe o que incluso están en contra de la Iglesia? ¿Y al criticarlos nos estamos también poniendo en un lugar «especial»? ¡Cuidado!, porque acordate que al pie de la Cruz estaba María Magdalena, y al costado de la Cruz estaba también el llamado buen ladrón, que fue el primero, que sabemos por labios de Jesús, que llegó al Cielo.

Las palabras de Jesús se cumplen. Los más pecadores si se arrepienten pueden llegar antes al Reino de Dios que nosotros. Nos vamos a llevar una gran sorpresa, mejor que nos dejemos sorprender ahora, en vida, por la misericordia de Dios y no cuando nos toque partir. ¡Cuidado! Cuidado porque aquellos que parecen muy alejados de Dios a veces son los que más se deciden a seguirlo cuando lo descubren y se arrepienten. Nosotros, los que decimos estar cerca, por ahí estamos «acostumbrados» y no terminamos de descubrir su amor; nada a veces nos sorprende. ¡Cuántos cristianos apáticos, con cara de nada, andan circulando por la vida!, casi como sin sangre, sin corazón. Preguntémonos hoy si nosotros somos esos que decimos que vamos pero al final no vamos y no hacemos nada.

Que Dios nos libre de esta incoherencia, de este peligro tan grande. Hoy Jesús les muestra a los ancianos la incoherencia. ¡Cuidado! Nosotros también tenemos que tener cuidado con la incoherencia. La incoherencia aleja y no hace más que mostrar que en el fondo dijimos que sí, pero al final no vamos, no hacemos nada. Y sigamos el ejemplo de tantas personas que parecían alejadas, parecían en «otra», pero finalmente son los que más viven las enseñanzas del evangelio.

III Lunes de Adviento

III Lunes de Adviento

By administrador on 14 diciembre, 2020

Mateo 21, 23-27 – Memoria de San Juan de la Cruz

Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?»

Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. ¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?»

Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: “Del cielo”, él nos dirá: “Entonces, ¿por qué no creyeron en él?” Y si decimos: “De los hombres”, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta.»

Por eso respondieron a Jesús: «No sabemos.»

El, por su parte, les respondió: «Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto.»

Palabra del Señor

Comentario

“Dios nos amó primero” dice el evangelista san Juan, por lo tanto, deberíamos pensar que su salvación, su poder, radica justamente en ese amor que nos abraza aun cuando nosotros no terminamos de comprenderlo, ni de aceptarlo. La fiesta de la Navidad que se acerca, es de algún modo, la celebración del amor de Dios que se nos adelantó y se nos adelantará siempre. La navidad nos encamina a experimentar ese amor y esa verdad. Podemos preguntarnos entonces ¿En qué consiste esa salvación? Consiste en la gracia que Él mismo nos da para que podamos amarlo y ser amados por Él. Su salvación y su poder es el amor que derrama sobre nosotros, y nuestra tarea no debería consistir en otra cosa, que en aceptar esa salvación. ¡Qué maravilla es descubrir que Él nos enseña a amarlo, pero amándonos primero, desde su encarnación hasta su muerte en cruz, e invitándonos a amarlo! Si Dios nos amó primero es para que nosotros pudiéramos amarlo, con el mismo amor con el que Él nos amó, porque no podríamos amarlo si no fuéramos amados por Él. Él no necesita nuestro amor, pero nos enseñó a amarlo de la misma manera, para que podamos llegar a ser lo que Él quiere que seamos.

Pienso que el “robo del siglo”, del siglo pasado y del siglo que vivimos, es el robo de la navidad. Realmente nos han robado la fiesta de la navidad. Este mundo del consumo, que vive y lucra con los deseos ajenos, no tiene escrúpulos y juega con nuestras necesidades insatisfechas que no sabemos canalizar y que son las que finalmente nos llevan a claudicar y abandonar lo más preciado que tenemos, la fiesta de la ternura de Dios que se hizo hombre por nosotros y nos amó primero. La falta de fe de los que creemos, las preocupaciones de la vida y una cultura que todo lo que toca lo vuelve “mercancía”, hizo que nuestras navidades en la mayoría de los hogares tristemente fuera reemplazada por un personaje que supuestamente nos regala “cosas” a todos, especialmente a los niños, pero a un precio muy alto, porque nada es gratis en esta vida, en realidad sí, lo único gratis es la gracia de Dios. No es gratis habernos dejado robar la navidad, porque al fin y cabo, lo neguemos o no, lo barnicemos o no, todas las acciones, todo lo que hacemos, todo lo que celebramos en familia o no, todo tiene sus consecuencias, especialmente para los más niños, que todo lo ven y absorben. ¡Qué feliz estaría Jesús de ver que nuestro deseo más profundo y nuestra verdadera esperanza en estos días, esté puesta en Él! ¡Qué feliz estaría Jesús de ver que somos capaces de ir contra corriente en estos días para celebrar y vivir una navidad donde realmente el centro sea Él y no el consumismo y la superficialidad! Podemos hacerlo, podemos cambiar, podemos recuperar lo que nos dejamos robar por tibios y perezosos, no tengamos miedo, Jesús se lo merece.

En Algo del Evangelio de hoy, como tantas veces en los evangelios, Jesús es probado, es de alguna manera increpado para que manifieste con qué autoridad hacía lo que hacía. Y la respuesta de Jesús, también como tantas veces en los evangelios, es con una pregunta. Es interesante que nos detengamos a reflexionar sobre el modo que muestro Maestro tenía para responder, porque especialmente en este caso, es más importante la forma que el fondo de la respuesta, que en definitiva Jesús no responde. ¿Nos dimos cuenta que no respondió la pregunta? O sea, Jesús tuvo la suficiente libertad para responder o no lo que le preguntaban.

Una primera enseñanza que nos puede ayudar de este modo de ser de Jesús, y no tanto del contenido, es justamente esto… No siempre debemos responder lo que nos preguntan, no siempre debemos responder todo a todos. Hay preguntas que son inoportunas, hay personas que son inoportunas, que son “metiches”, que se meten en donde no les corresponde. También hay personas, como los ancianos de hoy, que no preguntan con sinceridad, para saber, para aprender, sino para probar y culpar, por lo tanto, Jesús decidió no responderle lo que pretendían saber si ellos antes no le respondían lo que Él quería saber. ¡Cuánta sabiduría la de Jesús! Y cuanta sabiduría nos falta a veces a nosotros, que vivimos sin querer a merced de las opiniones y deseos ajenos, sin detenernos a pensar y a rezar qué corresponde hacer en cada momento y lugar. La no respuesta de Jesús no fue una mentira, sino fue simplemente eso, un no, esa palabra que tanto nos cuesta decir en estos tiempos, simplemente no. ¡Cómo nos cuesta decir hoy en día no! Parece ser que decir no es fallarle a Dios y a todos, y nos olvidamos que el no, es posible, y muchas veces más necesario que el sí.

Otra enseñanza que nos puede ayudar, es justamente a aprender a responder con preguntas cuando deseamos conocer las intenciones del que pregunta. Jesús ya las sabía por supuesto, pero nosotros no siempre, aunque creamos que las sabemos. Re preguntar es un modo de “blanquear” la situación, como se dice, despejar las dudas y conocer si la pregunta del otro es sincera y si, además, es oportuna. Por eso ayuda mucho escuchar como Jesús responde con preguntas y se toma la libertad de no responder cuando esa pregunta pueda tener malicia o esté cargada de mala intención.

Que el Señor nos siga instruyendo con sus enseñanzas, tanto con sus palabras y gestos, como en su manera de resolver las diferentes situaciones que se le presentaron en su vida.

II Viernes de Adviento

II Viernes de Adviento

By administrador on 11 diciembre, 2020

Mateo 11, 16-19

Jesús dijo a la multitud:

«¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”

Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!” Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.»

Palabra del Señor

Comentario

Empezar este viernes buscando escuchar con más corazón la Palabra de Dios, por decirlo de alguna manera, es caminar hacia la conversión que se nos proponía en esta semana. Solo la Palabra de Jesús nos convierte, nos hace cambiar verdaderamente a lo largo del tiempo. No es magia. Es proceso arduo y constante. Ese es el camino del que sabe esperar, del que sabe que las cosas de Dios son cuestión de “esperanza” y paciencia. Por eso te aconsejo que a veces escuches el audio de la lectura del evangelio, que lo apagues, reces por su cuenta y después escuches el comentario. Es bueno que vos te preguntes primero ¿Qué dice el texto de hoy? ¿A qué se refiere? Después de hacer ese trabajo podés preguntarte ¿Qué me dice? ¿Qué me dice a mí hoy, concretamente? y finalmente ¿Qué que le digo a mi Padre, a Jesús, al Espíritu Santo, a María? Esto es algo que no tenemos que olvidar, para que el escuchar la Palabra de Dios no termine siendo un decir: ¡Qué lindo lo que dijo el sacerdote hoy! Pero al final no escuchamos que nos dijo a cada uno, más allá de lo que comenta cada sacerdote. Cada día me convenzo más que las palabras de los sacerdotes van y vienen y poco se recuerda de lo que podamos decir. Lo único que perdura y todos recuerdan y a muchos hace cambiar, es la Palabra que Dios dirigida a cada corazón.

Hagamos ese ejercicio: ¿Qué dice hoy la Palabra de Dios? Jesús antes que nada le habla a la multitud, a todos, pero se refiere a “esta generación”. Cuando en los evangelios se dice “generación”, no se está refiriendo a una generación en el sentido de una descendencia reducida a un tiempo y a un lugar, sino que se refiere a un modo de ser: Esta generación sería las personas que son así, como las describe Jesús, las personas que se comportan así: Traducido podría ser algo así: ¿Con quién puedo comparar a las personas que se comportan así, que no se conforman con nada, las personas que cuando hay que bailar no bailan y cuando hay que llorar no lloran? Por eso esta expresión de Jesús no se reduce solo a las personas de esa época, sino a todos los que actúan así. En síntesis, esa generación podemos ser nosotros. Jesús pone dos ejemplos extremos, los que se los invita a bailar y no bailan y los que tienen que llorar y no lloran, para contrastar finalmente con lo que dijeron de Juan el Bautista, que estaba loco por ser austero, y lo que decían de Jesús que era un glotón y amigo de pecadores.

En definitiva, Jesús los critica por no conformarse con nada, ni con una forma ni con la otra. No saben encontrar los signos de Dios ya sea en Juan el Bautista ni tampoco en Jesús. Dicho de modo sencillo, eso quiere expresar el texto. Tratar de dilucidar que dice el texto, antes que nada, nos ayuda a evitar lo que llamamos en Argentina, “el guitarreo”. Muchas veces guitarreamos porque no dejamos que la Palabra de Dios nos diga lo que está diciendo, aunque parezca obvio. Hablamos de los que nosotros pensamos que hay que hablar y nos olvidamos que lo primero que tiene que hablar es la Palabra de Dios. Sacamos una frase de contexto o bien le ponemos una idea nuestra a la Palabra de Dios y le obligamos que diga lo que nosotros estamos pensando. Esto es más normal de lo que parece y muy sutil, pocos se dan cuenta.

Ahora, ¿qué nos dice? Obviamente que esta parte es fundamentalmente personal, pero es lo que diariamente con ejemplos, con preguntas, trato de aportarte todos los días al comentar el evangelio. En realidad, es lo que todo sacerdote intenta hacer en cada sermón, en cada homilía. Deberíamos ayudar a dar pistas sobre qué nos dice, pero son solo pistas, cada uno debería ir haciendo su camino.

¿No será que nosotros también con nuestras actitudes frente a las cosas de Dios, a la Iglesia y al mundo, nos parecemos a esos muchachos, los que están sentados en la plaza y no se conforman ni con una cosa ni con la otra? ¿Qué pretendemos? ¿Que Dios nos hable solo a través de las cosas que nosotros queremos o dejamos que nos hable como Él quiere? Dios puede hablar como se le antoja, es Dios, tenemos que dejar que Dios sea Dios. Puede hablar por medio de un hombre como Juan el Bautista en medio de la austeridad o puede hablar por medio de alguien que come y bebe con los pecadores. Puede hablarnos en la mejor de la Misas, o puede hablarnos viajando en el tren. Puede hablarnos durante una adoración o sirviéndole un plato de comida a un necesitado. Puede hablarnos por medio de nuestros familiares, amigos o tal vez por el peor de los enemigos. Esto pensalo en tu vida personal y concreta. ¿Qué pretendemos de Dios? ¿No será mejor que dejemos que Dios sea como Él quiere ser? Y por último… ¿Qué le dirías hoy a tu Padre después de escuchar esta Palabra?