Book: Mateo

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Solemnidad de la Ascensión del Señor

By administrador on 21 mayo, 2023

Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor

Comentario

“¿Por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir” dice la primera lectura de hoy. Los discípulos hicieron lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho, siguieron mirando a Jesús mientras partía. ¿Será que Jesús también los miraba mientras se iba? Seguro que sí. Creo que sí. Imaginá ese momento: Jesús ascendiendo a los cielos, el corazón triste de los discípulos al ver que su amigo se iba, Jesús bendiciéndolos y tratando de explicarles, de mostrarles que, en realidad, no se estaba yendo, que iba a permanecer de una manera distinta.

¿Recordás en tu vida, alguna vez, alguna de esas despedidas que te hizo quedarte mirando al que se iba? Siempre me acuerdo, cuando más de adolescente, más de la juventud, que viajaba en colectivo, en ómnibus, cuando iba a mi tierra y miraba las despedidas de la gente en las terminales. Cuando se estaba yendo el ómnibus y se saludaban por la ventana, se miraban y lloraban. Me imagino que recordarás o tendrás esa experiencia ¿no? Cuando no se mira, en el fondo, cuando veíamos una persona que no miraba, es porque no se quería sufrir demasiado, pero en el fondo se quiere mirar. Es triste ver en esas terminales o en los aeropuertos también, las despedidas de los familiares o amigos. En los ómnibus, como te decía, el que va arriba se queda mirando por la ventana, como queriendo abrazar a los que se quedan, y los que se quedan, saludan desde abajo, como queriendo retener al que se va. En los aeropuertos es distinto. Pero existen esas despedidas antes de embarcar al avión. Miradas que quieren retener el amor que parece que no vuelve.

Podríamos imaginar algo así en este día de la Ascensión. Como te planteé al principio, una especie de partida, despedida, pero sin ómnibus ni aviones, con una gran diferencia, una despedida con permanencia asegurada. Qué extraño. Algo raro para nuestro entendimiento.

Retomando esto de los discípulos que se quedaron mirando al cielo, podríamos decir que seguir mirando al cielo pensando que Jesús no estará más entre nosotros, es no entender que el cielo en realidad, no es un lugar, es un estado del alma, un estado, una forma de vivir podríamos decir, una nueva forma de estar. Jesús ascendió, Jesús volvió a su “lugar”, pero en realidad su lugar hoy es todo lugar, es estar en todo lugar. Esta es su promesa: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Fue una partida necesaria para quedarse siempre con nosotros hasta el final. Esa es la diferencia. Esa es la despedida con permanencia asegurada.

¡Señor, qué lindo es saber y creer esto! Estás en todo lugar y en todo momento. El cielo está en mi vida no cuando estoy en un lugar en especial, sino cuando creo que Jesús está donde yo estoy. Si Jesús es la Cabeza y nosotros su Cuerpo y él está “en el cielo” junto a su Padre, quiere decir que cada uno de nosotros está también un poquito “en el cielo”. Si estamos en el Camino, dijimos alguna vez, ya estamos un poco, por lo menos con el corazón, en el final del Camino porque nuestro corazón quiere ir hacia allá. El cielo comenzó a estar en la tierra desde que Jesús vino a pisarla, a estar con nosotros y la tierra está “en el cielo” desde que Jesús ascendió y nos llevó a todos con Él. ¿Creemos en esto?

Él ascendió a los “cielos” para estar a la derecha del Padre, para ser Señor del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible. El Padre lo premió por haber hecho su voluntad. Desde que él ascendió a los cielos, desde que él está en todos lados, millones de corazones comprendieron esto y dejaron que él reine en sus vidas. Porque Jesús reina, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Jesús reina en la medida que lo dejamos reinar. Él reina y reinará plenamente cuando venga glorioso al final de los tiempos.

Mientras tanto, tenemos que creer en esto: Él está a la derecha del padre para interceder por nosotros. Que Jesús esté en “el cielo” quiere decir que está y estará siempre, en todo tiempo y lugar. Quiere decir que ya estamos con él de alguna manera junto al Padre, nuestro corazón está con él, “en el cielo”. Finalmente, también quiere decir que es el Rey y quiere reinar en vos y en mí. Quiere que lo amemos para que, junto al Padre, él pueda vivir en nosotros.

Hagamos hoy el intento de mirar al cielo, simbólicamente, para cruzarnos las miradas con Jesús, que está en el cielo, pero está con nosotros. Mirémonos, pero sabiendo que no es una despedida total, sino que es despedida a medias. Miremos a Jesús que está en el cielo pero que está en cada hombre que lo ama y en cada ser humano que sufre. Jesús en realidad no se fue, se quedó para siempre especialmente en la Eucaristía, especialmente en los corazones de los que sufren, de los que creen y lo aman. ¿Creemos en esto? Por eso, no te quedes mirando al cielo como llorando, como creyendo que no está. Mirá el cielo de tu alrededor y confía que Jesús estará siempre con nosotros, hasta que vuelva. Mirá el cielo de tu corazón, hablale con confianza y date cuenta de que él quiere reinar y quiere ayudarte a que reine el amor en tu vida. 

Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

By administrador on 27 abril, 2023

Mateo 9, 35-38

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»

Palabra del Señor

Comentario

En este día, en esta fiesta, donde recordamos a este gran Obispo de Lima del siglo XVI, me parece una linda oportunidad para reflexionar sobre la vocación al pastoreo, sobre el sacerdocio, ya que, además, él es el patrono de todos los obispos de Latinoamérica.

“¿Cómo te surgió la vocación? ¿Cómo te diste cuenta de que Dios te llamaba?” —nos preguntan muchas veces a los sacerdotes, jóvenes y a veces no tan jóvenes. Nos preguntan sobre el misterio de nuestra vocación, nuestra propia vocación; que en realidad tiene muy poco de propia y mucho de Dios, el Gran Pastor. Porque es Dios el que nos llamó. Es Dios el que nos eligió, es Jesús, y nosotros simplemente hemos dicho que sí. A veces, luchando, otras veces, más fácil, pero fue él el que nos llamó. La respuesta que doy muchas veces es también en forma de pregunta y suelo contestar así: “¿Tenés tiempo para que te cuente?” Porque no es una respuesta evasiva; es difícil explicar en pocas palabras toda una vida –la propia vida–, porque es cierto que el que se siente llamado por Dios puede detectar claramente que en su camino hubo de alguna manera un momento concreto en el que sintió especialmente el llamado. Pero al mismo tiempo también es cierto que el “tesoro de la vocación” –por llamarlo así– siempre estuvo escondido en el campo del corazón de aquel que fue elegido sacerdote.

¿Te acordás de la parábola del tesoro escondido? Y es por eso que para contar cómo lo hemos encontrado no basta explicar el momento de la “palada final” con la cual nos topamos con ese tesoro; sino todo el proceso de cómo se llegó a esa palada y eso es algo bastante difícil.   Por eso hoy, desde Algo del Evangelio de hoy, nos podemos preguntar: ¿por qué no pensar que la vocación, el llamado de los miles de sacerdotes de la historia, de los que están y vendrán; provienen de esta petición de Jesús de hoy? «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». Somos fruto del amor del corazón del Padre que ama a todos y que, al mismo tiempo, se deja conmover por la petición de sus hijos que le piden más trabajadores, más sacerdotes para la cosecha. Especialmente, de su Hijo con mayúscula.

Y por eso podemos pensar hoy en el porqué del sacerdocio o en el para qué del sacerdocio que Dios quiso para la Iglesia. Este sacerdocio a veces tan cuestionado por los de afuera y también por los de adentro. ¿Cómo pensás que Dios se las ingenia día a día para seguir recorriendo el mundo, las ciudades y cada lugar, enseñando su verdad, anunciando la buena noticia de su salvación, curando todo lo que enferma al hombre? Se las ingenia de la misma manera que se las ingenió siempre, desde que existe el mundo, no de manera “extraordinaria” o, por decirlo de otra manera, maravillosa, sino al modo humano, eligiendo instrumentos humanos para descubrir lo divino, para transmitir lo divino, para encontrarlo a él. Y alguno dirá por ahí: “¿No podría haber elegido algo mejor? ¿No podría haber elegido una manera más efectiva, por decir así? ¿Realmente es ingeniosa esta manera de hacerse presente Dios en el mundo?”.

Como poder… la verdad que Dios hubiese podido cualquier cosa. Ahora, quiso otra cosa, quiso esto, quiso elegir el modo que seguramente diera más fruto y por eso decidió hacerse hombre como nosotros, para acostumbrarse a vivir como hombre y para que el hombre se acostumbre a vivir con Dios. Un gran misterio, pero una gran verdad que no podemos eludir. Y es por eso por lo que Cristo anduvo por la tierra como hombre, enseñando, anunciando y sanando, pero no quiso hacerlo solo. Este es también un gran misterio y al mismo tiempo una gran alegría, y lo que fundamenta el sacerdocio católico. Dios que se hace hombre y deja que el hombre participe de su misión, pide ayuda. De hecho, mientras él lo hacía, les encargó a sus discípulos que lo ayuden para poder llegar a todos los hombres posibles de su época, de su entorno.

Jesús necesita del hombre, necesitó de hombres para llegar a todos los hombres; necesitó de sus discípulos para cumplir su Misión, también de algunas mujeres, y les encargó a sus discípulos que continúen su Misión en su ausencia. Por eso el sacerdocio católico es el corazón, los ojos, los oídos, la boca, las manos y los pies de Jesús, extendidos a lo largo del tiempo para poder acoger, mirar, escuchar, hablar, tocar y acompañar a todos los hombres posibles a lo largo del tiempo y en todo el mundo. El sacerdocio es la respuesta del Corazón conmovido de Jesús al ver tanta gente que anda por el mundo sin guía, como “ovejas sin pastor”.

Los que fuimos elegidos para ser sacerdotes no sabemos explicar mucho el porqué. Lo único que sabemos explicar es lo que se vive y se siente. Lo único que podemos decir muchas veces es que la verdad, la cosecha es abundante y somos pocos, pero que siempre fue así –desde tiempos de Jesús–, lo único que podemos decir es que sigamos rezando todos para que haya sacerdotes que trabajen en serio. Podemos pedirle a Santo Toribio que interceda por nosotros, y nos ayude a ser santos. A ser, verdaderamente reflejo del amor de Jesús en este mundo.

Jesús nos enseñó a pedir “trabajadores”, sacerdotes trabajadores. A veces un sacerdote trabajador ayuda más que muchos otros que no trabajan tanto. Hay que rezar por todos.

Jesús no nos mandó a hacer grandes eventos de “atracción” sacerdotal. No nos pidió que hagamos cosas raras; nos pidió que recemos. Qué cosa mejor podemos hacer hoy todos nosotros: rezar juntos. Te propongo que hoy recemos juntos por todos los sacerdotes que han pasado por nuestra vida y recemos también para que él envíe más trabajadores para la cosecha. Lo necesitamos. Hoy más que nunca, hoy más que nunca.

Lunes de la Octava de Pascua

By administrador on 10 abril, 2023

Mateo 28, 8-15

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos.” Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.»

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, buen lunes, buen comienzo de semana. Espero, y seguramente vos también, que todos empecemos una linda semana acompañados como siempre de la Palabra de Dios, que tanto nos gusta escuchar y comentar.

Empezamos a transitar uno de los tiempos más lindos de la Iglesia, me refiero a las lecturas que vamos a ir escuchando en los días que siguen. Todo tiempo tiene su encanto, por su puesto, pero el tiempo pascual podríamos decir que es un tiempo especial, es tiempo de alegría, de gozo, de seguir maravillándonos. La Pascua se prolonga, la Pascua sigue, no podemos parar de vivir esta alegría. Durante cincuenta días disfrutaremos del tiempo pascual, cincuenta días dedicados a este misterio tan grande, el punto central de nuestra fe, desde donde todo parte y en donde todo confluye. A su vez esta semana es especial, hasta el domingo que viene, porque vivimos lo que en la Iglesia se llama la Octava de Pascua, es un día estirado en ocho, un día tan importante que es necesario festejarlo y revivirlo por muchos días más. Por eso si vas a misa durante la semana, volverás a escuchar el canto del gloria, volverás a vivir cada celebración como si fuera un domingo, y en los evangelios escucharemos y disfrutaremos de las apariciones más importantes de Jesús Resucitado a los discípulos, una más maravillosa que la otra. Todo para no olvidarlo jamás.

Te propongo que saborees cada Evangelio en estos días y que, además, los acompañes con la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, si tenés tiempo, te va ayudar muchísimo porque al mismo tiempo verás cómo la Iglesia naciente fue creciendo en torno a la Resurrección, o gracias a la Resurrección, en torno a los testimonios de los que vieron con sus ojos a Cristo Resucitado. No es una linda historia para contar nada más, no es un invento de algunos locos, sino que es una realidad que cambió la historia de la humanidad. ¿Cómo es posible que once hombres temerosos y vacilantes ante la muerte del Señor, se hayan transformado milagrosamente en once testigos incansables por el mundo entero? ¿Cómo es posible que mujeres simples y sencillas hayan tenido tanto coraje para salir a su mundo conocido a decir que Jesús estaba vivo, que nos habían robado el cuerpo, que estaba vivo? ¿Qué historiador puede explicar semejante cambio en la historia si no es porque hubo un acontecimiento totalmente nuevo y que no proviene de este mundo?

Desde el principio, junto a la Resurrección existió también la corrupción. Desde el principio, quisieron tapar el sol con una mano, la Resurrección con una mentira, difundiendo una mentira. Pero –como dije– no se puede tapar el sol con una mano, no se pudo tapar esta verdad con mentiras que valieron un poco de dinero. Se puede decir que Jesús no resucitó, lo que es imposible es demostrarlo. Lo mismo es al revés, se puede creer que Jesús resucitó, pero es imposible demostrarlo con el rigor de la ciencia moderna, aunque se puede demostrar con la vida, con la tuya y la mía, con la de miles de personas que no son iguales desde que Jesús se les «apareció» en sus vidas, como a estas mujeres, atemorizadas, pero finalmente llenas de alegría. La alegría de la Pascua, la alegría que viene a traer Jesús Resucitado no se puede comparar con nada de este mundo, con ninguna chispita de un bienestar pasajero. Jesús resucitó para «meternos» en una vida de eternidad, nos abrió las puertas de la eternidad para que empecemos por acá, para sacarnos el miedo y devolvernos la alegría. Cuántas veces como sacerdote escuché que me dijeron: «Padre, desde que creo en Jesús, desde que me convertí ya no le tengo miedo a la muerte, al contrario, tengo unas ganas increíbles de encontrarme con Jesús». Esa es la experiencia, la tensión del corazón que cree que lo de acá no es definitivo, y que lo que viene será lo mejor. Esa es la tensión que conoce a Jesús pero quiere verlo cara a cara. Es la experiencia de la Pascua, una alegría profunda pero que al mismo tiempo se topa con la insatisfacción de ver que este mundo es poco comparando con lo que vendrá.

Por ahí te pasó alguna vez, por ahí todavía no te pasó. En eso estamos todos, vos y yo. Es necesario volver a vivir la pascua, la de Jesús y la nuestra. En eso andaremos este tiempo, escuchando las diferentes apariciones del Resucitado que nos regalan los evangelios de cada día. Pero esas apariciones las tendremos que hacer nuestras. Todos tenemos que preguntarnos: ¿Dónde me encontró una vez Jesús Resucitado en mi historia? ¿Te acordás cuál fue tu Galilea? ¿Dónde encuentro a Jesús hoy, concretamente? ¿Cuál es nuestra Galilea, nuestro lugar de encuentro?

Felices pascuas para todos los que día a día hacemos el intento de reconocer y escuchar a Jesús vivo y presente en su palabra.

Vigilia Pascual

Vigilia Pascual

By administrador on 8 abril, 2023

 

Mateo 28, 1-10

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles».

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

Palabra del Señor

Comentario

El silencio y la oscuridad, que comenzó el jueves y continúo el viernes y el sábado durante el día, se van alejando. ¡No todo es Viernes Santo! ¡Menos mal! El silencio se romperá hoy con el Pregón Pascual, con el anuncio de la Resurrección y la oscuridad desaparecerá con el cirio que ilumina el templo, el templo de Dios que somos nosotros. Si viviste al ritmo de la Iglesia con la liturgia de estos días, todo esto tendrá su profundo significado en tu corazón y en el mío.

En esta Noche Santa todo está preparado para que algo nos ilumine y podamos escuchar a Alguien. La Palabra de Dios se lee iluminada por Cristo (el cirio pascual) y se va contemplando la acción de Dios en toda la historia de la salvación. ¿Para qué? Para que comprendamos un poco más que Dios no improvisó nada, él improvisa. Nuestro Padre tenía todo planeado desde siempre y la historia recobra sentido por este día Santo. Tenemos que estar dispuestos a recibir el anuncio de este Evangelio, el anuncio de la Resurrección con la verdadera alegría del que cree. «Porque ha resucitado como lo había dicho».

Las primeras palabras del ángel a las mujeres, las palabras que rompen el silencio de estos días son: «No teman». Ya está, ya pasó lo peor, ya pasó el dolor, ya pasó el sufrimiento, ya pasó el silencio, ahora son palabras de alegría. Ya pasó lo más difícil. Por eso llegamos o debemos llegar a esta Vigilia de hoy sin temor, escuchando estas palabras. ¡No tengas miedo! La muerte ya pasó. Todo lo que te «hace morir», lo que te da tristeza, lo que te frena para amar, lo que no te deja ser feliz, lo que te tiene preocupado, bueno… todo eso puede ser iluminado por él para que podamos verlo distinto.

La primera palabra de Jesús a las mujeres es: «Alégrense». Ya está. Yo estoy y estaré siempre. ¿Te acordás lo que escuchábamos el jueves en la última cena? «Nos amó hasta el fin, hasta el extremo». Nos ama hasta el extremo. El Padre lo ama y nos ama tanto que no podía morir para siempre. Era imposible pensar en un final así, tan trágico. Es imposible pensar que nuestro corazón queda abrazado por la tristeza para siempre cuando nos abraza el amor, cuando Cristo desde la cruz nos expresó todo su amor y con su resurrección exaltó ese amor para toda la eternidad. Alegría que nace fruto de la certeza del Amor. ¿Todavía no estamos alegres? ¿Todavía no estás alegre? Es porque todavía vivimos con temor, vivimos con el temor y no nos dejamos encontrar por Jesús en el camino, como a las mujeres. Él siempre nos quiere encontrar en el camino, mientras andamos. ¿Todavía no sabés donde encontrarlo? Dice Jesús: «Vayan a Galilea, y allí me verán». Galilea era el lugar en donde Jesús había conocido a sus discípulos.

Miércoles Santo

Miércoles Santo

By administrador on 5 abril, 2023

Mateo 26, 14-25

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: « ¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»

El respondió: «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.»

Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»

Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: « ¿Seré yo, Señor?»

El respondió: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»

Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: « ¿Seré yo, Maestro?»

«Tú lo has dicho», le respondió Jesús.

Palabra del Señor

Comentario

Comenzábamos la Semana Santa, no te olvides, el Domingo de Ramos, celebrando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y, al mismo tiempo, escuchando la lectura de la Pasión según san Lucas, en donde con intenso dramatismo se relataba cómo Jesús iba pasando, de algún modo, de mano en mano, buscando ser entregado y ajusticiado injustamente; lleno de intrigas y de entregas para lograr el cometido, para lograr salirse con la suya aquellos que rechazaban a Jesús. Entre los tantos personajes que aparecían en ese relato de la Pasión, no te olvides –te aconsejo volver a leerlo–, aparecía por supuesto la figura de Judas, el amigo traidor, el amigo para Jesús; pero, en definitiva, para Judas, Jesús no era un amigo, por lo que terminó haciendo.

Por ahí te estarás sorprendiendo con la figura de Judas que también aparece en estos días, pero te invito a que no te sorprendas más y nos maravillemos más con el amor del corazón de Jesús. Judas hubo, hay y habrá siempre. Judas también, de algún modo, somos nosotros, vos y yo, con nuestras traiciones, aunque a veces nos cueste aceptarlo. No podemos lavarnos las manos como lo hizo Pilato el Viernes Santo, somos parte de esta humanidad caída y también de algún modo traicionera. Pedro también prometió y no cumplió. ¿Cuántas veces nosotros prometimos todo y nos chocamos con nuestra propia debilidad en la primera esquina, como se dice? Por eso la Pasión de algún modo nos refleja a todos, refleja el dramatismo de la vida del ser humano, que a veces puede pasar de un extremo a otro. La vida, nuestra vida de fe muchas veces es así, por un lado, o mejor dicho al mismo tiempo, el deseo de amar, la entrega diaria, silenciosa, sacrificada, generosa; la presencia del Reino de Dios en nuestros corazones, de Jesús entre nosotros, miles de lugares donde él sigue entregándose por medio de tantas personas que dan la vida.

Pero también al mismo tiempo, pero a un ritmo diferente, la presencia del mal, de personas que se dedican a hacer maldades, injusticias, traiciones, guerras, muertes y tantas cosas más, y por qué no nuestras propias traiciones, infidelidades al amor de Jesús, infidelidades a nuestra vocación, infidelidades a nuestros seres queridos que confían en nosotros y tantas cosas más. Es el drama de esta humanidad en el cual Jesús quiso meterse, el drama del corazón humano incapaz de amar y de doblegarse ante tanto amor. Por eso Jesús se metió en este mundo, se mete para vencer desde adentro, para enfrentar el mal no con las armas de este mundo, como lo hacemos nosotros, sino con las armas de un amor extremadamente paciente y misericordioso. ¿Qué otro milagro de paciencia pudo haber hecho Jesús que esperar hasta el final a este supuesto amigo que lo terminó traicionando por un poco de dinero, por lo que valía un esclavo? ¡¡Qué enseñanza nos deja Jesús a todos y en especial a los que tenemos el cuidado y guía de personas, de corazones!!

Paciencia extrema sin esperar nada a cambio: esa es la fórmula tan difícil. Lo que parece un fracaso ante ojos poco profundos de este mundo, es ante nosotros el éxito del amor misericordioso del Padre, que respeta la libertad de sus hijos y que nos enseña cómo debemos actuar nosotros. Apostar siempre, siempre hasta el final a la bondad que hay en cada corazón. Todo ser humano tiene la capacidad de amar y de convertirse, nunca hay que rendirse. Solo el amor puro y sincero puede convertir a las personas más alejadas y renegadas, más reacias al amor. Sin embargo, hay algo que no hay que olvidar. Incluso haciendo todo lo posible siempre hay que dejar la puerta abierta a la posibilidad del rechazo, del olvido y de la traición. Si a Jesús le pasó, ¿por qué pensamos que no nos puede pasar a nosotros? No nos cansemos, sin embargo, de hacer el bien y de buscar siempre el bien de los demás. Elijamos a los menos amados y menos amables para hacerles sentir el amor de un Dios que no se cansa de amar y esperar.  Jesús hizo y hace lo mismo con cada uno de nosotros, eso es lo que nos tiene que maravillar.

Alguna vez fuimos Judas; otras veces, Pedro, ¿por qué no animarnos a empezar de una vez por todas a ser como Jesús que sabe amar, esperar y apostar siempre a la bondad de nuestros corazones?

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

By administrador on 2 abril, 2023

Mateo 27, 1-2. 11-54 – Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y  ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: « ¿Tú eres el rey de los judíos?»  El respondió: «Tú lo dices.»  Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: « ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»  Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: « ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?» El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.» Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: « ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?» Ellos respondieron: «A Barrabás.»  Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»  Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!»  El insistió: «¿Qué mal ha hecho?»  Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!»  Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»  Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos.»  Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”.» También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:

«Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.» Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: « ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»

Palabra del Señor

Comentario

Parece mentira. Parece ser que es imposible que el mal llegue a tanto extremo. “Todos respondieron: ¡Que sea crucificado!” ¿Cómo es posible pasar de la aclamación, de la alegría por descubrir al Mesías a tanta indiferencia, tanta maldad, tanta ingratitud? Y sí… el ser humano es capaz de cualquier cosa, somos capaces de cualquier cosa. Jesús lo sabía. A nosotros también nos pasa.

Ese contraste si vive en la celebración de este domingo de Ramos-Pasión. Jesús subió a Jerusalén, se dejó aclamar, pero sabía perfectamente que el viernes no quedaría nadie al pie de la cruz (excepto su Madre, Juan y algunas mujeres). Ramos y la Pasión, dos caras de la misma moneda. Es rey, pero víctima. Es rey pero a su modo. A pocos hombres les gusta esta clase de reyes, por eso nadie va a verlo cuando está elevado en la cruz. Nos gustan las buenas y nos cuestan las malas. Le escapamos a las malas y además cuando vienen no sabemos cómo responder o respondemos mal. Jesús lo sabía. Jesús sabía que el único remedio al mal es responder con la cruz. ¿Qué es responder con la cruz? Diría que en muchos casos es no responder, como hace Jesús en la Pasión, casi ni responde. Es responder con amor, la cruz es amor, no es otra cosa. La cruz no es grito, no es violencia, no es lo que pensás. La cruz es dura, es costosa, pero es gloriosa. Da paz responder con la cruz. Jesús lo sabía, por eso responde con la cruz, responde con amor.

Jesús “se anonadó”, se hizo víctima injusta de la maldad, también para que vos hoy respondas con la cruz a tanta maldad que anda dando vuelta por ahí!! Ser bueno cuesta!! A muchos no le gusta que seas bueno. No importa, acordate que la única respuesta es la cruz.

Jesús lo sabía, por eso eligió ese camino. Así empezamos la semana Santa, caminando con Jesús. Que nos de la gracia de no “desaparecer” el viernes santo.

Solemnidad de San José

Solemnidad de San José

By administrador on 20 marzo, 2023

Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

Palabra del Señor

Comentario

Hoy es la solemnidad de San José el Esposo de la Virgen María. San José, habló cara a cara, corazón a corazón con Jesús, no lo dice la palabra de Dios, pero ¿tenés alguna duda? Hay muchísimas cosas que la palabra de Dios no dice explícitamente, pero que no quiere decir que no hayan pasado. No es necesario a veces decir lo obvio.

Qué maravilla debe haber sido la relación entre ellos, Jesús y José. San José siempre aparece obedeciendo, siendo fiel a la palabra de Dios. San José nunca quiso brillar, nunca quiso sobresalir, todo lo contrario, siempre le gustó el silencio y el anonimato. Tanto que no hay palabras suyas en los evangelios, solo acciones, solo gestos, su propia vida. En realidad habló, habló mucho, pero habló con sus acciones, con su vida. ¿Podés creer que una persona sobre la cuál no conocemos palabra salida de su boca sea el santo más grande de todos los santos? ¡Qué increíble, que gran enseñanza! Y nosotros que a veces nos desvivimos por hablar, por hablar, por decir, por escribir, por esto y por lo otro, y sin embargo lo que más ayudará, lo que más transformará, lo que más convencerá será nuestra propia vida. ¿Qué es lo que recordás de las personas que te marcaron en la vida? ¿Palabras o gestos y acciones? Seguro que recordás alguna frase por ahí, algo lindo, pero lo que más te quedó, ¿qué es? ¿Qué crees que va a recordar de vos tu hijo, tu hija, tu alumno, tus amigos? Pensalo. ¿Qué crees que recordarán? Nuestros hijos nos “observan mucho más que escucharnos” Jesús seguro que observó más que escuchar a José.

O en realidad podríamos decir que el observar también es una forma de escuchar y cuando lo que se observa condice con lo que se escucha, queda grabado a fuego en el corazón. José debe haber hablado muy poco, y seguramente nunca dijo algo que después no confirmó con su vida. A nosotros a veces nos pasa lo contrario, machacamos con palabras lo que después no podemos sostener con nuestra vida y entonces, lo que decimos jamás queda en el corazón de los otros. Conviene entonces siempre empezar al revés, vivir y después, si es necesario, hablar. “Predica con tu vida y si es necesario con palabras” decía San Francisco de Asís.

Que maravilla es imaginar a Jesús disfrutando de la presencia de su padre en la tierra. Qué maravilla debe haber sido ver a Jesús aprendiendo no de los “discursos” de José, sino de su obediencia cotidiana a la palabra de Dios. Eso es lo que tenemos que aprender cada día más, en nuestras familias, en nuestros grupos, en nuestras comunidades, en la Iglesia. Dejar de hablar tanto y vivir más el evangelio. Dejar de decir lo que “todo el mundo tiene que hacer” y no hacer nada nosotros por ser santos. Dejar de solucionar todos los problemas del mundo con nuestras palabras, mientras no somos capaces de dar la vida cuando hace falta.

Aprendamos del silencio y de la obediencia de San José. Dice un santo que obedecer significa: “ser humilde, aceptar amorosamente y dócilmente los preceptos de Dios”; y desobedecer significa: “abandono de la amistad con Dios, pretensión orgullosa de vivir independiente de Él”, o sea no escuchar.

Y lo vemos a José hoy en algo del Evangelio de hoy que se despierta y hace lo que el ángel del Señor le había ordenado. José no hace las cosas “a su manera”; de nada hubiese servido que él lo hubiese hecho a su manera, quejándose, con desgano; o simplemente buscando la aprobación o el halago luego de cumplir su tarea. Es fácil obedecer en las cosas agradables como lo es comer, divertirse o hacer lo que nos gusta; es muy meritorio obedecer en las cosas indiferentes como ir por un lado o por el otro, cantar o callar; pero es perfección o sea es buscar la santidad y vivirla, obedecer en las cosas difíciles, ásperas y duras; como lo hizo José. Y por eso es un modelo para nosotros. El pecado de la desobediencia es de los más frecuentes en nuestra vida y el que menos nos damos cuenta; y a su vez, el menos tenido en cuenta para nuestro crecimiento espiritual. Sin embargo, no llegaremos a la santidad, no llegaremos a vivir plenamente las enseñanzas de Jesús si no es por la obediencia filial, por ser obedientes como hijos. Ser obedientes nos hace libres. “Si se mantienen en mi Palabra, si permanecen en mi Palabra; la verdad los hará libres”. El camino que nos propone Jesús es el de la libertad, no depender más de nosotros; o sea de nuestras esclavitudes internas.

Aprendamos que de nosotros quedará más lo que hicimos que lo que hablamos, que “el amor está más en las obras que en las palabras” como decía San Ignacio. Dios tiene sed de que tengamos sed de Él, lo amemos y amemos a los demás. No tiene sed de que le hablemos mucho, debe estar cansado de tanta palabrería, tiene sed de que lo amemos con nuestra propia vida, como lo hizo José.

III Miércoles de Cuaresma

III Miércoles de Cuaresma

By administrador on 15 marzo, 2023

Mateo 5, 17-19

Jesús dijo a sus discípulos:

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

Palabra del Señor

Comentario

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva.» El mayor esfuerzo que tenemos que hacer en nuestra vida de fe, muchas veces, no es tanto poner el acento en el “hacer”, valga la redundancia, sino en descubrir, en el reconocer, en conocer los dones de Dios que permanecen ocultos a nuestros ojos, del corazón y de la cabeza. Siempre es mayor la obra de Dios en nosotros, que la obra de nosotros con Dios. Tenemos que volver a eso, en la Iglesia tenemos que volver a la “primacía de Dios”, tenemos que escaparle al voluntarismo, tenemos que escaparle al activismo, tenemos que escaparle a todos los “ismos”, todas las exageraciones que no nos hacen bien, que nos hacen ir de un lado hacia el otro sin encontrar el equilibrio, sin encontrar paz y serenidad para vivir la fe. Siempre está la tentación de ponernos en el centro, de creernos el centro, incluso de nosotros mismos.

Siempre vivimos en riesgo, de poner a Dios en segundo lugar, aun trabajando para Él, aun diciendo que lo queremos mucho. El que descubre el don de Dios, empieza a experimentar la dulce y confortante sensación, de una gratitud continua. Todo es recibido, todo es don, nada de lo que nos pasa es en vano, todo está orientado hacia Él, todo puede transformarse en un bien si confiamos en Él. Por eso tenemos que pedir “conocer el don” para que nos llenemos de alegría y poder pedirle a Jesús que nos siga calmando la sed de corazón con su amor, con sus dones que se nos manifiestan a cada instante del día.

Hay dones de Dios que a veces no terminamos de reconocer y valorar, ¿sabés cuáles son? Los mandamientos. ¿Cómo? ¿Los mandamientos? Si, para la palabra de Dios los mandatos siempre fueron un don, un regalo, una guía. Todo lo que nos han enseñado que no colabora a pensar así, es un error, es un desvío. Los mandamientos son un don de Dios para nuestra vida, son faros de luz en nuestras vidas. Para vos, para mí, para tus hijos. Así es como hay que enseñarlos.

Si en algún momento de nuestra vida de fe, nos invadió la ilusión de que Jesús vino a la tierra para liberarnos de la necesidad de vivir los mandamientos, Algo del Evangelio de hoy, nos rompe un poco los esquemas: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” No piensen eso, no piensen así diríamos nosotros. No piensen que es tan fácil. No sean extremistas, no se vayan a los extremos. Al contrario, no vine a desecharlos, sino a enseñarles a vivir la ley. En realidad, Jesús como Hijo del Padre, vino a liberarnos de la esclavitud del cumplimiento sin corazón, de un cumplimiento vacío de amor, del cumplimiento que busca calmar una culpa, del cumplimiento que no mira el corazón de Dios sino el propio corazón. Si ya desde el mismo Evangelio aparecen estas palabras de Jesús quiere decir que siempre existe ese peligro de que ante la novedad queramos a veces desechar lo anterior, como ya superado. Es la gran tentación, caer en los extremos. Cumplir sin corazón o dejar de cumplir. No, mejor cumplirlos con amor. Los mandamientos, la ley de Dios del AT no es para desecharla, sino para superarla y vivirla como Jesús nos enseña. Por eso San Pablo, sintetizando toda esa idea, nos dirá, “amar es cumplir la ley entera”.

Si no agregamos la sal del amor a nuestras obras no somos nada, no somos cristianos, somos cumplidores de una ley. Si dejamos de cumplir los mandamientos “chapeando” con la excusa del amor, en realidad no estamos amando. La sal da sabor y desaparece entre la comida, no se ve. El amor al Padre debe ser la sal escondida de nuestras obras, de nuestro modo de ser, de nuestro ser hijos de Dios, que le da sentido al vivir sus mandamientos. Ese es el desafío de nuestra vida. Liberarnos de vivir una relación con Dios que se base en el miedo, en el cumplir por cumplir, en el cumplir porque me lo dijeron, en el cumplir porque me conviene, en el cumplir porque así seré más bueno, en el cumplir para quedarme tranquilo. Y al mismo tiempo corregirnos si pensamos que “liberarse” es no escuchar los mandamientos, o es desechar los mandamientos como si fueran normas que “ya no van”, que “ya no sirven”, que hay que adecuar y cambiar. Los dos los extremos hacen mal, son un engaño, se tocan entre ellos.

Pidámosle hoy a Jesús, el Hijo que nos enseña a vivir como hijos libres, a que el amor sincero sea el que nos impulse a no tirar los mandamientos por el balcón creyendo que ya pasaron de moda, pero que, al mismo tiempo, nos ayude a vivir más allá de ellos, sabiendo que el amor debe regir nuestra vida, amando de verdad, salando nuestras obras con ese condimento que nos da la verdadera libertad. Pidámosle al Señor que nos dé de beber, que nos de su agua viva que nos calma la sed el corazón.

III Martes de Cuaresma

III Martes de Cuaresma

By administrador on 14 marzo, 2023

Mateo 18, 21-35

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?» Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo.”

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes.”

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda.”  Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?”

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

Palabra del Señor

Comentario

En el mundo en el que vivimos, en donde parece que todo se compra y se vende, casi sin querer podemos ir perdiendo el sentido de la gratuidad, del don, de lo que nos es dado, regalado y no necesita nada a cambio. Es verdad que para conseguir el pan de cada día tenemos que aprender a esforzarnos, a buscar, a trabajar, que “nada es gratis” en la vida y que es bueno ganarse el pan con el “sudor de la frente”, es necesario luchar. Pero en la vida de fe, en lo espiritual, en la vida del discípulo de Jesús, en esta cuaresma que estamos transitando, vale más la frase de Santa Teresita: “Todo es gracia”. Todo es gratis, todo es don, todo lo bueno que tenemos es recibido. ¿Sabías eso? No es mérito nuestro, es regalado, aun cuando parece que no lo merecemos.

Por eso es lindo volver a escuchar esa frase tan decidora del evangelio del domingo en este encuentro de Jesús con la samaritana, una y mil veces: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva.» No hay que olvidarse que ser cristiano, es “reconocer el don”, reconocer lo gratuito, reconocer que somos amados, que somos buscados por Jesús encontrados ahí, en el pozo donde vamos a buscar saciar esa sed profunda que tenemos de amor, aun cuando somos pecadores. La cuaresma también es camino de reconocimiento del don, vamos hacia la Pascua para verlo a Jesús muerto y resucitado por nosotros. Es camino de volver a reconocer lo que supuestamente conocemos… Ahora ¿Lo conocemos? ¿Conocemos el don de Dios? ¿Qué es para nosotros conocer? ¿Conocemos lo que él nos ha regalado? ¿Pedimos continuamente esta gracia, el agua viva que nos saciar la sed?

Hoy no podemos dejar de repasar algo del evangelio. No es uno más. Es un canto a la bondad y a la misericordia de Dios y por otro lado, un cachetazo, por decir así, a nuestra desfachatez de exigirle a Dios lo que después nosotros, muchas veces, no queremos vivir y hacer por olvidadizos.

La pregunta de Pedro es necesaria para todos, es bueno hacérsela uno mismo. ¿Tenemos que perdonar siempre? En definitiva, es eso. ¿Tiene límite nuestro perdón? Tenemos que ponerle límite o es como dicen algunos por ahí: “Eso solo lo perdona Dios” “Eso es imperdonable”. O también la otra: “Yo no soy quién para perdonar”, dicen a veces algunas personas. ¿Escuchaste esas frases que andan dando vueltas por ahí? Los dichos populares, los de nuestras abuelas, abuelos, los que alguien nos dijo alguna vez, muchas veces están llenos de sabiduría y de evangelio, pero otras veces, ¡cuidado! Están repletos de medias verdades o de excusas para no hacer lo que, en realidad, podríamos hacer si quisiéramos y creyéramos en las palabras de Dios.
La parábola de Jesús tiene una comparación casi ridícula, parece absurdo.

Para simplificarlo sería algo así mirá: el servidor este que sale perdonado y finalmente no perdona una deuda de unos centavos, antes se le había perdonado una deuda de millones, esa es la comparación. Era abismal la diferencia, centavos a millones. A uno le sale decir casi sin pensar: ¡Qué espanto, yo jamás haría una cosa así! En realidad, te diría o por lo menos lo pienso así, Jesús nos está diciendo a todos: “Eso hacen ustedes cuando no quieren perdonar a alguien” No estar dispuesto a perdonar es comportarse como este servidor olvidadizo, que fue perdonado y después salió y no quiso perdonar. Es tan infinita la distancia entre lo que nos perdonó Dios y nos perdonará a lo largo de la vida, que no llegamos a comprenderla, “no conocemos el don de Dios”. Y por eso somos capaces de hacer esta ridiculez tan grande y absurda.

Cuando no perdonamos, sin darnos cuenta, estamos tomando “del cuello a alguien hasta ahogarlo” con tal de que nos devuelva lo que nos quitó; la fama, la paz, la dignidad y tantas cosas más. La falta de perdón es la medida de nuestro pobre amor, es la medida de nuestra incapacidad de darnos cuenta lo que Dios ya nos perdonó aún antes de que hubiéramos nacido. Por eso solo el que se siente perdonado es capaz de perdonar todo y siempre. Solo el que reconoce el don de Dios, es capaz de no negar un don a otro. Pensá en esta ecuación que se entiende con la razón, pero no con el corazón. Dios ama plenamente, por eso perdona plenamente. Nosotros amamos poco y por eso somos capaces de ahogar a los demás, con tal de que nos devuelvan lo que nos quitaron. ¿Qué nos queda? Solo reconocer el perdón que se nos regaló, para poder nosotros perdonar y dar el don que hemos recibido.

II Viernes de Cuaresma

II Viernes de Cuaresma

By administrador on 10 marzo, 2023

Mateo 21, 33-43.45-46

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia.” Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

Jesús agregó: « ¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Palabra del Señor

Comentario

La historia de la salvación, de toda la humanidad, es al mismo tiempo espejo y reflejo de tu historia de salvación, de la historia de cada uno de nosotros. ¿Qué es la historia de la salvación? Bueno, es simple y sencillo. La historia de un Dios que es Padre y que anda de hace miles de años buscando al hombre para que el hombre, se dé cuenta de una vez por todas de que no hay nada más lindo que ser encontrado por Él. ¿Vos pensabas que en tu historia eras el protagonista principal? No te la creas. Sos parte de la historia, pero no sos la historia. Dios, nuestro Padre es el dueño y Señor de la historia de la vida, de nuestra vida. Él es el que creó el escenario, Él es el que puso la escenografía, Él es el que la embelleció, Él es el que la sembró con su amor, el que puso los actores y el que los quiso dirigir, pero los actores se rebelaron olvidándose del dueño de todo y quisieron hacer su propia obra.

Jesús con esta parábola, de hace un resumen de la historia de la salvación, de la historia de un Dios que ama a su creatura y por amarla le da todo, esperando algo a cambio. Y no solo le dio signos y cosas para que se dé cuenta de su amor, sino que, no conforme con eso, envió a su propio Hijo, Dios mismo se hizo presente para que el hombre terminara de darse cuenta. ¿Qué pasó? Lo que escuchaste. Lo mataron para quedarse con la herencia (eso es lo que celebraremos en la Pascua, en la muerte y resurrección de Jesús). El hombre se adueña de lo que es de Dios. Ese es nuestro mayor pecado, es el peor pecado que atraviesa toda la historia, la historia grande del mundo y la historia chiquita de cada uno de nuestros corazones.

Dios que nos busca y nosotros que no respetamos sus signos y enviados, los de cada día, sino que tantas veces los echamos de nuestra vida, los apedreamos para seguir en la nuestra. Esta historia se repite una y otra vez cuando no dejamos entrar a Jesús a recoger los frutos que le corresponden. Tenemos que tomar conciencia que nosotros estamos viviendo la mejor parte de la historia de la humanidad, no nos podemos quejar. Si nos quejamos quiere decir que todavía no entendimos. Muchos quisieron estar y vivir lo que nosotros estamos viviendo. Ya conocemos el final de la película, de la historia, que tarde o temprano va suceder. Jesús fue rechazado, es verdad, pero ganó en el silencio de la Resurrección y se quedó para siempre con nosotros. Esperando también recoger hoy, los frutos de tanto amor.

El rechazo de los hombres de ese tiempo y de nosotros; se transformó en el mayor triunfo de un Dios bastante particular, que hizo y hace lo inimaginable.

En lo concreto, tratá de darte cuenta en cada cosa, que no podemos negarle a Dios lo que le corresponde. No podemos negarle al Padre Dios lo que es suyo. Todo es por Él, de Él y para Él. Tu corazón y el mío. Y en la historia de este día concreto –del que nos toca vivir ahora– hay que dejarse encontrar por el que nos busca, no rechazar los enviados de Dios; tantos signos de cada día, y para eso hay que estar atentos.

Que no nos pase lo del rico de la parábola de ayer; que se adueñó de los bienes que había recibido y no supo compartirlos. Después; ya no habrá tiempo. Una vez que nos toque partir de este mundo; ya no habrá tiempo. Una vez que venga Él que va a cosechar y a recoger los frutos –Jesús al final de los tiempos–; ya no habrá tiempo.

El tiempo es ahora. Ahora tenemos que amar, ahora tenemos que mirar a ese que pasamos de largo, ahora tenemos que ir a perdonar al que no quisimos perdonar, ahora es cuando tenemos que ir a hablarle a ese abuelo o abuela, a ese tío, primo o hermano con el que no hablamos hace tanto; es ahora, es ahora. Aprovechemos este día para que Jesús se haga presente en nuestra vida y con su amor nos ayude a descubrir el amor que a veces tenemos guardado y no queremos entregar.