Book: Mateo

Mateo 5, 13-16 – X Martes durante el año

Mateo 5, 13-16 – X Martes durante el año

By administrador on 9 junio, 2020

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor

Comentario

Las cosas lindas de la vida se consiguen poco a poco, lentamente, paso a paso, diríamos. No se sube una montaña en dos saltos, así no más. No es lindo llegar a la cima en helicóptero, ¿te imaginás? Si fuese tan fácil, en realidad, no sería lindo. Paradójicamente, lo difícil lo hace lindo. Es lindo andar en helicóptero y ver todo desde arriba, pero es más lindo esforzarse y llegar uno mismo a esa cima, a la felicidad. La felicidad es así. Es cuesta arriba, pero es linda. Todas las felicidades “fáciles”, o propuestas de felicidades “fáciles”, rápidas, inmediatas, hay que mirarlas de reojo. El esfuerzo y el sacrificio bien vividos tienen un lindo sabor, su buen gustito, no hay que rechazarlos así no más. Y el placer, por el placer mismo, el placer egoísta, sin mirar a los otros, también hay que mirarlo de reojo.

Así, vamos nosotros también, con esto de la palabra de Dios. Lentamente, después de haber escuchado ayer las Bienaventuranzas, esas promesas de felicidad que vienen de Dios, de lo Alto, del Cielo, iremos poco a poco escuchando el Sermón de la Montaña, en el que nuestro Maestro nos irá desgajando y abriendo su corazón, para enseñarnos lo que significa ser hijos, cómo llegar a ser hijos del Padre. Y eso irá haciéndolo, mostrándonos su corazón y mostrándonos nuestro corazón, para que sepamos quiénes somos realmente, para que nos veamos reflejados en su corazón. Te aseguro que, durante estas semanas vas a disfrutar mucho de la Palabra de Dios, de estas palabras de Jesús desde la montaña. Estas enseñanzas bajan de la montaña, nos llegan desde arriba, de labios de Jesús. La montaña por eso es signo de que esta sabiduría, no es sabiduría humana, sino que es sabiduría divina, es un saber que viene de lo Alto y viene a iluminar nuestra vida, a darle sentido, a mostrarnos la verdad. Semejantes enseñanzas solo pueden venir de un corazón divino-humano, del corazón de Jesús.

¿Sabías que muchas veces no podemos ser lo que queremos ser, porque en realidad no sabemos todavía lo que ya somos? Parece un trabalenguas, pero, pensá lo que te estoy diciendo. A veces, vivimos en un eterno “querer ser alguien en la vida”, porque parece que no lo somos y nos olvidamos que ya somos algo. Muchas veces privilegiamos en nuestra vida el hacer antes que el ser, el llegar a ser y no el ser, el presente. Esto nos pasa mucho. Nos cuesta muchísimo reconocerlo, reconocernos a nosotros mismos y por lo tanto no terminamos de amarnos bien, no terminamos de dar frutos en nuestra vida. Como discípulos, como cristianos también puede pasarnos esto.

Te hago una pregunta y me la hago: ¿Vos crees que ser buen cristiano es simplemente “hacer cosas buenas”, hacer muchas cosas por los otros, ser “buenos”? ¿Qué es para vos ser buen cristiano? Obviamente, que el cristiano debe y hace cosas buenas. Es obvio, es verdad, pero no toda la verdad, o es parte de la verdad. Porque cosas buenas, hacen muchísimas personas que no son cristianos, incluso a veces, hacen mejores que nosotros. Gente de bien hay por todos lados, son muchas las personas buenas en este mundo, que incluso, no creen, que hacen y viven para los demás, gracias a Dios. Seguramente vos y yo hacemos cosas buenas, pero… ¿no será que las hacemos porque en realidad ya tenemos algo de buenos? Entonces… ¿cuál es el distintivo de un cristiano? ¿Nos distingue algo de los demás, nos debería distinguir algo? ¿Somos especiales? ¿Qué es lo que Jesús dice que debe vivir un discípulo de él?

El Sermón de la Montaña nos irá dando la respuesta poco a poco. Te pido por favor, que estés atento, atenta. Te vas a sorprender. Te lo aseguro. Acordate que es el corazón del Evangelio, porque es el corazón de Jesús. Voy a insistir mucho en esto durante estos días, por ahí, hasta te voy a aburrir. Pero, hay cosas que hay que repetir y repetir, para que queden grabadas para siempre en el corazón. Recuerdo que conocí el Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas cuando entré al seminario, en mi primer retiro espiritual, y para mí fue todo nuevo. Había ido a misa toda mi vida, pero jamás había escuchado estas palabras de Jesús con atención, y jamás alguien me las había explicado con tanta claridad y luz, como el sacerdote que me dio ese primer retiro en el seminario. ¡Cuánto agradezco que se haya cruzado en mi camino!

Algo del evangelio de hoy nos dice: Ustedes son sal. Vos sos sal. Vos sos luz. Nosotros, los que escuchamos a Jesús, los discípulos de él ya somos sal y luz. Estas palabras no están dirigidas a todos, sino a los discípulos, a los que siguen de cerca a Jesús. Si te considerás discípulo, discípula, seguidor de Jesús, ya sos sal, ya sos luz. Jesús nos dice: ustedes son la sal, ustedes son la luz. No dice: deben serlo, deberían serlo, tienen que serlo. Ya somos la sal que sala el mundo, ya somos la luz que ilumina el mundo. Tenemos todo para ser luz y sal. ¿Estamos salando? ¿Estamos iluminando? ¿Para qué salamos e iluminamos? Salamos e iluminamos para que los demás den Gloria al Padre, no a nosotros. No hacemos filantropía, sino que deberíamos hacer caridad. Amamos para que otros amen al Padre, le den Gloria. Eso es lo que nos debe distinguir. No hacemos cosas buenas por ser buenos y para ser buenos, porque es lindo hacer cosas buenas. Hacemos cosas buenas, porque el Padre nos da esa fuerza y para que los demás descubran también, que son hijos, para que descubran que son niños, de alguna manera, que dependen de un Padre creador. Somos sal que sala, pero no se ve, una vez que se mezcla con la comida deja de verse. Somos luz que ilumina, pero que en realidad el generador de luz es Jesús. Somos hijos de Dios, que descubrimos la maravilla de ser hijos y vivimos en medio de un mundo, que no quiere depender tanto de Dios. Nosotros con nuestra vida, queremos que el mundo descubra que es lindo ser hijos, es lindo ser dependientes de su amor, es lindo tener tantos hermanos.

Mateo 5, 1-12 – X Lunes durante el año

Mateo 5, 1-12 – X Lunes durante el año

By administrador on 8 junio, 2020

 

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.»

Palabra del Señor

Comentario

Empezamos un nuevo lunes, una nueva semana, de la mano de la palabra de Dios. A levantar la cabeza y el corazón una vez más, que todavía falta. Todavía nos queda mucho por caminar. En realidad, no sabemos cuánto tiempo a cada uno, pero lo que sí sabemos es que vamos camino a la Vida eterna. Esa Vida eterna que empezamos a vivir desde ahora, cuando aceptamos las enseñanzas de Jesús y las vivimos, cuando creemos. Como decía el evangelio de ayer: «Todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna». El que cree que Dios es Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y cree, vive de una manera distinta. Sabe hacia dónde va. No le importa lo que pase en el camino, sino sabe y tiene claro hacia dónde va. Por eso, empecemos esta semana, una vez más, con un corazón bien grande y muchos deseos de caminar. Me imagino que alguna vez subiste a una montaña. ¿Hiciste alguna vez ese esfuerzo de caminar lejos, por lo menos, por el llano? ¿Experimentaste esa linda sensación de llegar, sentarte, tomarte algo, tomar agua y disfrutar de lo que alcanzaste? Seguro que sí. Seguro que todos tenemos esa experiencia, y es lindo hacerlo si no lo hiciste. Lamentablemente en nuestra forma de vivir moderna, especialmente hoy, esto se perdió mucho, pero es casi, te diría, necesario vivirlo. Todo hombre, como Jesús lo hizo también, tiene que experimentar que toda meta, todo horizonte implica un “moverse”, “salir”, “subir”, “trepar”, “caminar”, esforzarse para terminar alcanzando la felicidad. “La felicidad no es cuesta abajo, es cuesta arriba”, aunque nos quieran enseñar lo contrario.

Me acuerdo de esos campamentos que hacíamos en la adolescencia en el colegio y me acuerdo de que el que nos guiaba nos llevó a hacer esa experiencia de “hacer cumbre”, como se dice, o sea, de llegar a la cima de una montaña. No era muy alta, pero para esa edad era mucho. El cerro se llamaba “Navidad”. Se llama “cerro Navidad”, en Bariloche, al sur de la Argentina. No me olvido más de esa sensación de llegar, de alcanzar entre muchos, aunque nos peleábamos a ver quién llegaba primero corriendo al final del trayecto. Me acuerdo esa linda sensación y, además, me acuerdo de la sensación de estar disfrutando el paisaje al llegar. Con ganas de no bajar, de quedarse a mirar y a mirar, y a contemplar todo desde arriba. ¿Será así la experiencia de la vida? ¿Será así la experiencia de llegar al cielo? ¿Será que andamos también en nuestra vida ahora concretamente, cuesta arriba, esforzándonos por llegar a la cumbre y de ahí no nos bajaremos jamás?

Bueno, empecemos, como decía, esta semana, con otro corazón, con otras ganas. Y empezamos también cambiando de autor, de evangelista. Empezamos escuchando el gran Sermón de la Montaña del evangelio de Mateo y durante casi tres semanas, preparate. Tres semanas estaremos escuchando, leyendo, meditando los capítulos 5,6 y 7. En donde Jesús comienza este lindo discurso con las conocidas Bienaventuranzas. Será en este Sermón de la Montaña donde aprenderemos a ser hijos de Dios. Escuchá bien: aprenderemos a ser hijos de Dios. Donde Jesús nos abrirá su corazón para que aprendamos a vivir como él y ser hijos verdaderamente. ¡Qué lindo empezar estos días así! Jesús se llevó a la multitud y a sus discípulos a la montaña. Los sacó de donde estaban para que puedan escucharlo mejor. Nosotros, en estas semanas, intentaremos hacer lo mismo. Intentemos dejarnos llevar por la dulzura de sus palabras. Jesús sube a la montaña para que nosotros también subamos, salgamos de nosotros y nos sentemos a su alrededor y empecemos a escuchar estas palabras que salen de un corazón de Hijo, de un corazón grande, que siente como Hijo, que vive como Hijo y que quiere transmitirnos esa vida de los hijos de Dios a cada uno de nosotros.

Las Bienaventuranzas son el preámbulo a todo lo que vendrá. Son el corazón del evangelio, el rostro de Jesús. Son, en realidad, promesas que nos hace él para que podamos vivir como él. ¡Qué lindo! Promesas, no mandatos. Promesas de vida, de felicidad. ¿Cómo entender estas promesas tan particulares? ¿Cómo entender estas promesas que lo que menos parecen al comienzo es que hablen de felicidad? ¿Cómo comprender que seremos felices si somos humildes, misericordiosos, pacíficos, pacientes, afligidos, deseosos de santidad, puros e incluso perseguidos? ¿Cómo explicarle esto a un mundo que cree que ser feliz es ser poderoso, implacable, perfecto, estrictamente justo, haciendo lo que se quiere, e incluso buscando la propia felicidad a costa de los demás? La verdad que es difícil. No solo le costó a Jesús, le cuesta a la Iglesia, me cuesta a mí. Pero bueno, no renunciemos a intentarlo, a hacer el esfuerzo, a subir a la montaña. Es fácil quedarse abajo y no luchar. Es fácil ni siquiera hacer el intento. No lo vamos a lograr solo hoy, por supuesto, sino que durante estas semanas iremos lentamente “desmenuzando” el corazón de Jesús.

Para no hacerlo largo e ir terminando Algo del evangelio de hoy, te cuento que la clave para entender las Bienaventuranzas es el mismo Jesús. Porque él las vivió primero, porque él es el Maestro para vivirlas. Y por eso mirándolo a él, sabremos lo que es ser pobre de espíritu, paciente y manso de corazón, lo que es ser consolados, tener hambre y sed de justicia, ser misericordiosos, puro de corazón, trabajar por la paz y ser perseguidos. Mirándolo a Jesús no necesitaremos ser expertos en teología para comprender las bienaventuranzas y querer vivirlas, sino que nos daremos cuenta de que son el verdadero camino de la felicidad, que anhelamos y muchas veces no sabemos encontrar. Esa es la clave creo yo. Es verdad que podemos explicarlas una por una, pero para eso hay muchos libros escritos. Lo que podemos hacer nosotros en estos pocos minutos es rezar con esto, es mirarlo a Jesús para que él nos introduzca en este misterio de sabiduría divina que viene a liberarnos de nuestras falsas felicidades, que lo único que hacen, a veces, es que encontremos la infelicidad.

¿Vamos juntos a subir esta montaña?

Mateo 28, 16-20 – Solemnidad de la Ascensión del Señor

Mateo 28, 16-20 – Solemnidad de la Ascensión del Señor

By administrador on 24 mayo, 2020

 

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor

Comentario

“¿Por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir” dice la primera lectura de hoy. Los discípulos hicieron lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho, siguieron mirando a Jesús mientras partía. ¿Será que Jesús también los miraba mientras se iba? Seguro que sí. Creo que sí. Imaginá ese momento: Jesús ascendiendo a los cielos, el corazón triste de los discípulos al ver que su amigo se iba, Jesús bendiciéndolos y tratando de explicarles, de mostrarles que, en realidad, no se estaba yendo, que iba a permanecer de una manera distinta.

¿Recordás en tu vida, alguna vez, alguna de esas despedidas que te hizo quedarte mirando al que se iba? Siempre me acuerdo, cuando más de adolescente, más de la juventud, que viajaba en colectivo, en ómnibus, cuando iba a mi tierra y miraba las despedidas de la gente en las terminales. Cuando se estaba yendo el ómnibus y se saludaban por la ventana, se miraban y lloraban. Me imagino que recordarás o tendrás esa experiencia ¿no? Cuando no se mira, en el fondo, cuando veíamos una persona que no miraba, es porque no se quería sufrir demasiado, pero en el fondo se quiere mirar. Es triste ver en esas terminales o en los aeropuertos también, las despedidas de los familiares o amigos. En los ómnibus, como te decía, el que va arriba se queda mirando por la ventana, como queriendo abrazar a los que se quedan, y los que se quedan, saludan desde abajo, como queriendo retener al que se va. En los aeropuertos es distinto. Pero existen esas despedidas antes de embarcar al avión. Miradas que quieren retener el amor que parece que no vuelve. Más lejano. El avión es esa sensación de que será mucho más lejos. Podríamos imaginar algo así en este día de la Ascensión. Como te planteé al principio, una especie de partida, despedida, pero sin ómnibus ni aviones, con una gran diferencia, una despedida con permanencia asegurada. Qué extraño. Algo raro para nuestro entendimiento.

Retomando esto de los discípulos que se quedaron mirando al cielo, podríamos decir que seguir mirando al cielo pensando que Jesús no estará más entre nosotros, es no entender que el cielo en realidad, no es un lugar, es un estado del alma, un estado, una forma de vivir podríamos decir, una nueva forma de estar. Jesús ascendió, Jesús volvió a su “lugar”, pero en realidad su lugar hoy, es todo lugar, es estar en todo lugar. Esta es su promesa: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Fue una partida necesaria para quedarse siempre con nosotros hasta el final. Esa es la diferencia. Esa es la despedida con permanencia asegurada.

¡Señor, qué lindo es saber y creer esto! Estás en todo lugar y en todo momento. El cielo está en mi vida no cuando estoy en un lugar en especial, sino cuando creo que Jesús está donde yo estoy. Si Jesús es la Cabeza y nosotros su Cuerpo y él está “en el cielo” junto a su Padre, quiere decir que cada uno de nosotros está también un poquito “en el cielo”. Si estamos en el Camino, dijimos alguna vez, ya estamos un poco, por lo menos con el corazón, en el final del Camino porque nuestro corazón quiere ir hacia allá. El cielo comenzó a estar en la tierra desde que Jesús vino a pisarla, a estar con nosotros y la tierra está “en el cielo” desde que Jesús ascendió y nos llevó a todos con Él. ¿Creemos en esto?

Él ascendió a los “cielos” para estar a la derecha del Padre, para ser Señor del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible. El Padre lo premió por haber hecho su voluntad. Desde que él ascendió a los cielos, desde que él está en todos lados, millones de corazones comprendieron esto y dejaron que él reine en sus vidas. Porque Jesús reina aunque muchas veces no nos demos cuenta. Jesús reina en la medida que lo dejamos reinar. Él reina y reinará plenamente cuando venga glorioso al final de los tiempos.

Mientras tanto, tenemos que creer en esto: Él está a la derecha del padre para interceder por nosotros. Que Jesús esté en “el cielo” quiere decir que está y estará siempre, en todo tiempo y lugar. Quiere decir que ya estamos con él de alguna manera junto al Padre, nuestro corazón está con él, “en el cielo”. Finalmente, también quiere decir que es el Rey y quiere reinar en vos y en mí. Quiere que lo amemos para que, junto al Padre, él pueda vivir en nosotros.

Hagamos hoy el intento de mirar al cielo, simbólicamente, para cruzarnos las miradas con Jesús, que está en el cielo, pero está con nosotros. Mirémonos, pero sabiendo que no es una despedida total, sino que es despedida a medias. Miremos a Jesús que está en el cielo pero que está en cada hombre que lo ama y en cada ser humano que sufre. Jesús en realidad no se fue, se quedó para siempre especialmente en la Eucaristía, especialmente en los corazones de los que sufren, de los que creen y lo aman. ¿Creemos en esto? Por eso, no te quedes mirando al cielo como llorando, como creyendo que no está. Mirá el cielo de tu alrededor y confía que Jesús estará siempre con nosotros, hasta que vuelva. Mirá el cielo de tu corazón, hablale con confianza y date cuenta que él quiere reinar y quiere ayudarte a que reine el amor en tu vida.

Mateo 9, 35-38 – Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

Mateo 9, 35-38 – Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

By administrador on 27 abril, 2020

 

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»

Palabra del Señor

Comentario

En este día, en esta fiesta, donde recordamos a este gran Obispo de Lima del siglo XVI, me parece una linda oportunidad para reflexionar sobre la vocación al pastoreo, sobre el sacerdocio, ya que, además, él es el patrono de todos los obispos de Latinoamérica.

“¿Cómo te surgió la vocación? ¿Cómo te diste cuenta de que Dios te llamaba?” —nos preguntan muchas veces a los sacerdotes, jóvenes y a veces no tan jóvenes. Nos preguntan sobre el misterio de nuestra vocación, nuestra propia vocación; que en realidad tiene muy poco de propia y mucho de Dios, el Gran Pastor. Porque es Dios el que nos llamó. Es Dios el que nos eligió, es Jesús, y nosotros simplemente hemos dicho que sí. A veces, luchando, otras veces, más fácil, pero fue él el que nos llamó. La respuesta que doy muchas veces es también en forma de pregunta y suelo contestar así: “¿Tenés tiempo para que te cuente?” Porque no es una respuesta evasiva; es difícil explicar en pocas palabras toda una vida –la propia vida–, porque es cierto que el que se siente llamado por Dios puede detectar claramente que en su camino hubo de alguna manera un momento concreto en el que sintió especialmente el llamado. Pero al mismo tiempo también es cierto que el “tesoro de la vocación” –por llamarlo así– siempre estuvo escondido en el campo del corazón de aquel que fue elegido sacerdote. ¿Te acordás de la parábola del tesoro escondido? Y es por eso que para contar cómo lo hemos encontrado no basta explicar el momento de la “palada final” con la cual nos topamos con ese tesoro; sino todo el proceso de cómo se llegó a esa palada y eso es algo bastante difícil.

Por eso hoy, desde Algo del Evangelio de hoy, nos podemos preguntar: ¿por qué no pensar que la vocación, el llamado de los miles de sacerdotes de la historia, de los que están y vendrán; provienen de esta petición de Jesús de hoy? «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». Somos fruto del amor del corazón del Padre que ama a todos y que, al mismo tiempo, se deja conmover por la petición de sus hijos que le piden más trabajadores, más sacerdotes para la cosecha. Especialmente, de su Hijo con mayúscula.

Y por eso podemos pensar hoy en el porqué del sacerdocio o en el para qué del sacerdocio que Dios quiso para la Iglesia. Este sacerdocio a veces tan cuestionado por los de afuera y también por los de adentro. ¿Cómo pensás que Dios se las ingenia día a día para seguir recorriendo el mundo, las ciudades y cada lugar, enseñando su verdad, anunciando la buena noticia de su salvación, curando todo lo que enferma al hombre? Se las ingenia de la misma manera que se las ingenió siempre, desde que existe el mundo, no de manera “extraordinaria” o, por decirlo de otra manera, maravillosa, sino al modo humano, eligiendo instrumentos humanos para descubrir lo divino, para transmitir lo divino, para encontrarlo a él. Y alguno dirá por ahí: “¿No podría haber elegido algo mejor? ¿No podría haber elegido una manera más efectiva, por decir así? ¿Realmente es ingeniosa esta manera de hacerse presente Dios en el mundo?”. Como poder… la verdad que Dios hubiese podido cualquier cosa. Ahora, quiso otra cosa, quiso esto, quiso elegir el modo que seguramente diera más fruto y por eso decidió hacerse hombre como nosotros, para acostumbrarse a vivir como hombre y para que el hombre se acostumbre a vivir con Dios. Un gran misterio, pero una gran verdad que no podemos eludir. Y es por eso por lo que Cristo anduvo por la tierra como hombre, enseñando, anunciando y sanando, pero no quiso hacerlo solo. Este es también un gran misterio y al mismo tiempo una gran alegría, y lo que fundamenta el sacerdocio católico. Dios que se hace hombre y deja que el hombre participe de su misión, pide ayuda. De hecho, mientras él lo hacía, les encargó a sus discípulos que lo ayuden para poder llegar a todos los hombres posibles de su época, de su entorno.

Jesús necesita del hombre, necesitó de hombres para llegar a todos los hombres; necesitó de sus discípulos para cumplir su Misión, también de algunas mujeres, y les encargó a sus discípulos que continúen su Misión en su ausencia. Por eso el sacerdocio católico es el corazón, los ojos, los oídos, la boca, las manos y los pies de Jesús, extendidos a lo largo del tiempo para poder acoger, mirar, escuchar, hablar, tocar y acompañar a todos los hombres posibles a lo largo del tiempo y en todo el mundo. El sacerdocio es la respuesta del Corazón conmovido de Jesús al ver tanta gente que anda por el mundo sin guía, como “ovejas sin pastor”.

Los que fuimos elegidos para ser sacerdotes no sabemos explicar mucho el porqué. Lo único que sabemos explicar es lo que se vive y se siente. Lo único que podemos decir muchas veces es que la verdad, la cosecha es abundante y somos pocos, pero que siempre fue así –desde tiempos de Jesús–, lo único que podemos decir es que sigamos rezando todos para que haya sacerdotes que trabajen en serio. Podemos pedirle a Santo Toribio que interceda por nosotros, y nos ayude a ser santos. A ser, verdaderamente reflejo del amor de Jesús en este mundo.

Jesús nos enseñó a pedir “trabajadores”, sacerdotes trabajadores. A veces un sacerdote trabajador ayuda más que muchos otros que no trabajan tanto. Hay que rezar por todos.

Jesús no nos mandó a hacer grandes eventos de “atracción” sacerdotal. No nos pidió que hagamos cosas raras; nos pidió que recemos. Qué cosa mejor podemos hacer hoy todos nosotros: rezar juntos. Te propongo que hoy recemos juntos por todos los sacerdotes que han pasado por nuestra vida y recemos también para que él envíe más trabajadores para la cosecha. Lo necesitamos. Hoy más que nunca, hoy más que nunca.

Mateo 28, 8-15 – Lunes de la Octava de Pascua

Mateo 28, 8-15 – Lunes de la Octava de Pascua

By administrador on 13 abril, 2020

 

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos.” Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.»

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Palabra del Señor

Comentario

Feliz y santa pascua, para vos y tu familia, para tus más queridos. Feliz lunes, feliz semana de Pascua. Feliz y santa pascua también para los que no creen en Jesús, incluso los que no creen en Dios o ni siquiera en sí mismos. Creo que los cristianos deberíamos desearles una feliz pascua a todos, porque, en definitiva, aunque algunos no la sientan o ni siquiera crean, la Pascua de Jesús es un hecho que no se puede tapar, ni siquiera con una mentira. Aunque el que reciba el saludo no entienda lo que decimos, es bueno decirlo. Es lindo desearle a todo el mundo una feliz pascua, porque, además, tarde o temprano todos deberemos pasar por la muerte, hacia la nueva vida, todos vivimos “pascuas” cada día, y todos deberemos pasar la verdadera y definitiva pascua. Decile hoy a todo el mundo… ¡Feliz Pascua! ¡Feliz Pascua de Resurrección! No tengas vergüenza, sembremos semillas de pascua por todos lados, sembremos semillas de resurrección en donde estemos.

Empezamos a transitar unos de los tiempos más lindos de la Iglesia, me refiero a las lecturas que vamos a ir escuchando en los días que siguen. Todo tiempo tiene su encanto, pero el tiempo Pascual es un tiempo especial, es tiempo de alegría, de gozo, de seguir maravillándonos, la Pascua se prolonga, la Pascua sigue, no podemos parar de vivir ésta alegría. Durante cincuenta días disfrutaremos del tiempo Pascual, cincuenta días dedicados a asimilar semejante misterio, el punto central de nuestra fe, desde de donde todo parte y en donde todo confluye. A su vez esta semana es especial, hasta el domingo que viene vivimos lo que se llama en la Iglesia, la Octava de Pascua, un día estirado en ocho, un día tan importante que es necesario festejarlo y revivirlo por muchos días. En los evangelios escucharemos y disfrutaremos de las apariciones más importantes de Jesús Resucitado a los discípulos, una más linda que la otra. Todo para no olvidarse jamás. Te propongo que saborees cada evangelio de estos días y que además los acompañes con la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, si tenés tiempo, te va ayudar muchísimo porque al mismo tiempo verás como la Iglesia naciente fue creciendo en torno a la Resurrección de Jesús, en torno a los testimonios de los que vieron realmente a Cristo resucitado.

La invitación de hoy es a la alegría, a la alegría profunda y verdadera, la que no se va y perdura aun en el dolor. El saludo de Jesús a las mujeres es “alégrense”, estoy acá, soy yo.

La alegría de la Pascua, la alegría que viene a traer Jesús resucitado no se puede comparar con nada de este mundo, con ninguna chispita de un bienestar pasajero. Jesús resucitó para “meternos” en una vida de eternidad, nos abrió las puertas de la eternidad para que empecemos por acá, para sacarnos el miedo y devolvernos la alegría. Cuántas veces como sacerdote escuché que me dijeron: “Padre, desde que creo en Jesús, desde que me convertí ya no le tengo miedo a la muerte, al contrario, tengo unas ganas increíbles de encontrarme con Jesús”. Esa es la experiencia, la tensión del corazón que cree que lo de acá no es definitivo, y que lo que viene es lo mejor. Esa es la tensión del corazón que conoce a Jesús, pero quiere verlo cara a cara. Esa es la experiencia de la Pascua, una alegría profunda pero que al mismo tiempo se topa con la insatisfacción de ver que este mundo es poco comparando con lo que vendrá.

Por ahí te pasó alguna vez, por ahí todavía no te pasó. En eso estamos. Todos, vos y yo. Es necesario volver a vivir la pascua, la de Jesús y la nuestra. En eso andaremos este tiempo, escuchando las diferentes apariciones del resucitado que nos regalan los evangelios de cada día. Pero esas apariciones las tendremos que hacer nuestras. Todos tenemos que preguntarnos. ¿Dónde me encontró una vez Jesús resucitado en mi historia? ¿Te acordás cual fue tu Galilea? ¿Dónde lo encuentro a Jesús hoy, concretamente? ¿Cuál es tu Galilea hoy, tu lugar de encuentro?

Feliz Pascua de Resurrección. Felices pascuas para todos los que día a día intentamos reconocer y escuchar a Jesús vivo y presente en su palabra, en su palabra escrita que se difunde por estos audios y por tantos otros modos por todo mundo.

Mateo 28, 1-10 – Vigilia Pascual

Mateo 28, 1-10 – Vigilia Pascual

By administrador on 11 abril, 2020

 

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles.»

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Palabra del Señor

Comentario

El silencio y la oscuridad se van alejando. ¡No todo es Viernes Santo!, decía un gran Santo. ¡Menos mal! El silencio se romperá con el Pregón Pascual y la oscuridad desaparecerá con el cirio que ilumina todo. Si viviste al ritmo de la Iglesia la liturgia de estos días, todo esto tendrá su profundo significado en tu corazón.

En esta Noche Santa todo está preparado para que algo te ilumine y puedas escuchar a Alguien (con mayúscula). La Palabra de Dios se lee iluminada por Cristo (el cirio pascual) y se va contemplando la acción de Dios en toda la Historia de la Salvación. ¿Para qué? Para que comprendas que Dios no improvisó nada. Nuestro Padre todo lo tiene planeado, todo lo tenía planeado desde siempre y la historia re-cobra sentido por este día Santo. Tenemos que estar dispuestos a recibir el anuncio de este Evangelio, el anuncio de la Resurrección con la verdadera alegría del que cree. “Porque ha resucitado como lo había dicho.”

Las primeras palabras del ángel a las mujeres, las palabras que rompen el silencio de estos días son: “No teman”. Ya está, ya pasó lo peor, ya pasó el silencio de estos días. Ya pasó lo más difícil. Tenemos que llegar a la Vigilia de hoy sin temor, escuchando estas palabras. ¡No tengas miedo! La muerte ya pasó. Todo lo que te “hace morir”, lo que te hizo morir, lo que te da tristeza, lo que te frena para amar, lo que no te deja ser feliz, lo que te tiene preocupado, bueno… todo eso puede ser iluminado por él para que lo veas distinto.

La primera palabra de Jesús a las mujeres es: “Alégrense”. Ya está. Yo estoy y estaré siempre. ¿Te acordás lo del jueves en la Última Cena? “Nos amó hasta el fin, hasta el extremo” Nos ama hasta el extremo. El Padre lo ama y nos ama tanto que no podía morir para siempre, era imposible pensar en un final así. Es imposible pensar que nuestro corazón quede abrazad por la tristeza, cuando nos abraza el amor, cuando Cristo desde la cruz nos ha expresado todo su amor y, con la Resurrección, ha exaltado ese amor para toda la eternidad. Alegría que nace fruto de la certeza del Amor. ¿Todavía no estás alegre? Es porque todavía vivís con temor. Vivimos con temor y no nos dejamos encontrar por Jesús en el camino.  Que él siempre nos quiere encontrar por el camino. ¿Todavía no sabés donde encontrarlo? “Vayan a Galilea, y allí me verán” Galilea es el lugar en donde alguna vez te sentiste atraído por Jesús, el lugar en donde te encontraste por primera vez con él.  Volvé a Galilea. Volvé a tu corazón. No te olvides de eso. Cada uno debe preguntarse y recordar cuál fue su Galilea para no olvidar nunca que él está vivo y que nos ama “hasta el fin”.

No dejemos de retornar hoy a la Galilea. Pensá, pensemos cuál fue ese lugar lindo, donde, por primera vez, viste a los ojos a Jesús y te sentiste atraído por él, y te diste cuenta que no era una persona cualquiera. Y además, él está vivo, ahora, en este momento, él te grita y nos gritó durante la Cuaresma: “Levantate y salí del sepulcro”. Te quiero hacer volver a ver eso que no estabas viendo, quiero que tengas sed de mí, quiero que aprendas a pasar esos desiertos. Quiero que aprendas a descubrirme transfigurado en el medio de este mundo que vive en tinieblas.

Feliz Pascua de Resurrección, que vivas una Pascua verdaderamente gozosa y dichosa. Sabiendo que Jesús está vivo, que Jesús te consuela, que el oficio de él, lo que él desea de nosotros y para nosotros es consolarnos.

Sábado Santo

Sábado Santo

By administrador on 11 abril, 2020


Comentario al Sábado Santo

Hoy en éste sábado santo, no hay Evangelio, no hay Palabra de Dios para escuchar porque la Palabra se ha callado, la Palabra está muerta, en silencio, está a la espera. Nosotros también deberíamos seguir en silencio para aprender a escuchar lo que a veces no podemos escuchar. Eso nos propone la Iglesia en este día. Jesús está en el sepulcro. Estamos a la espera de la Resurrección, estamos en Vigilia esperando la Pascua.

Por eso la liturgia de la Iglesia permanece en silencio y no nos propone algo del Evangelio para meditar, para que podamos experimentar el vacío y así volvamos a escuchar con alegría el anuncio de la Resurrección. Todos sabemos y creemos que Jesús hoy está, está vivo, resucitado pero también sabemos y creemos que es necesario revivir ciertas cosas, para no olvidar lo que Él hizo por nosotros. Él murió, realmente murió,  permaneció en el sepulcro y al tercer día resucitó. Es por eso que intentamos vivir éste sábado santo de ésta manera, hasta la Vigilia Pascual en silencio.

Silencio fecundo, silencio de amor, silencio de los que quieren escuchar porque necesitan la voz del buen pastor que nos habla con su dulce voz al oído. Imaginando a Jesús en el sepulcro; imaginando a María quebrada, destrozada por el dolor por la muerte de su Hijo; reviviendo la angustia de las mujeres que amaban a Jesús y de golpe, se quedaron solas, intentando acompañar a los discípulos de Jesús. Sus amigos, que escaparon en el momento de dolor y estarían de alguna manera llenos de culpa sin comprender lo que estaba pasando cómo su amigo, aquel que hacía milagros, aquél que curaba a los enfermos, aquel que resucitó a Lázaro, no pudo librarse de la muerte, no pudo bajarse de la cruz y mostrar que era Dios.

Hay que rebuscársela en este día para que no sea un día más, sino que sea un día fecundo. Mientras muchísimos olvidan lo que pasó hoy, te recuerdo y me recuerdo, el para qué de este día. Los templos permanecen en silencio, las cruces tapadas, los altares despojados, las flores ausentes, la Virgen Dolorosa mirando a su Hijo, la Cruz puesta para ser adorada. Podemos rezar, escuchar el silencio, podemos volver a rezar un Vía Crucis, podemos volver a hacer cosas para no alejarnos del silencio.

Cuanto más silencio hagamos, más deseos tendremos de que llegue la Pascua, de que llegue la Vigilia. Si nunca fuiste a una vigilia no nos perdamos la oportunidad de esperar ésta vigilia con más ansias en el corazón. La Vigilia Pascual nos ayudará a experimentar lo que significó un mundo sin Jesús y lo que significa un mundo con Jesús, que es la luz que viene a iluminar las tinieblas con su resplandor porque él es la luz representada en el cirio pascual. Un mundo en silencio que empieza a escuchar la mejor música que puede escuchar el hombre, la Palabra de Dios. Que es como una sinfonía y que hay que aprender a escuchar.  Un mundo en pecado que es perdonado y redimido. Un mundo dividido que es congregado por Cristo en su espíritu, en un solo amor. Ojalá podamos vivir éste día y esperar con ansias la Vigilia Pascual, la resurrección del Señor que nos introducirá en la vida nueva, una vez más, una y otra vez. Hoy los católicos del mundo podemos renovar nuestro deseo de vivir como bautizados en cada Vigilia Pascual del mundo entero. Es la oportunidad para volver a ser fieles a su palabra, para volver a renovar nuestra alianza, para volver a poner nuestra confianza en aquel que nos dio la vida.

Mateo 26, 14-25 – Miércoles Santo

Mateo 26, 14-25 – Miércoles Santo

By administrador on 8 abril, 2020

 

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»

El respondió: «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.»

Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»

Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo, Señor?»

El respondió: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»

Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: «¿Seré yo, Maestro?»

«Tú lo has dicho», le respondió Jesús.

Palabra del Señor

Comentario

A medida que se acercan los días de la Semana Santa, a medida que avanzamos en esta semana central de nuestra fe, avanza también en la Palabra de Dios que vamos escuchando la tensión entre la traición hacia Jesús y su amor, su amor completo, total. Entre el amor de Jesús y la traición oculta y silenciosa de un supuesto amigo que echó todo a perder por unas monedas de plata, que al final, paradójicamente, irónicamente, nunca pudo usar. En definitiva, traicionar el amor de Dios por otras cosas; por el pecado, la ambición, la avaricia, el poder, la vanidad, la lujuria, la corrupción, es eso. Perdemos todo el amor de Dios por algo que, finalmente, no nos llena o no lo usamos, porque la angustia, la culpa, a veces nos hace recapacitar. Como le pasó a Judas que, finalmente, tiró las monedas y terminó ahorcándose. Eso le pasó a Judas. Las monedas eran muchas, pero la culpa fue mayor. El pecado es así, el amor propio, la tentación, el demonio nos atrae, pero al final nos quedamos solos. Nos acompaña hasta el precipicio, y después, tirate, te quedás solo. Quedate con tu amor propio, con tu ego, sin los demás. Jesús en ese momento está tratando de salvarnos, nos habla al oído y al corazón y nos dice que no, es nuestro acusador. En cambio, el demonio se transforma en nuestro amigo, pero cuando caemos, el demonio es el acusador, y Jesús es el abogado, el defensor. Pura misericordia que nos quiere perdonar, como intentó con Judas, pero, pobre Judas, no tuvo coraje para mirar a Jesús a la cara.

Algo de los evangelios de estos días, por ahí te están sorprendiendo con la figura de Judas, pero te invito a que nos sorprendamos más y nos maravillemos mucho más, con el amor inmenso del Corazón de Jesús. Judas hubo, hay y habrá siempre. Judas somos nosotros, vos y yo, también tenemos un pequeño Judas en el corazón, con nuestras traiciones grandes o pequeñas. Aunque a veces nos cueste aceptarlo, no podemos lavarnos las manos como lo hará Pilato el Viernes Santo. No. Somos parte de esta humanidad caída y traicionera, que se deja comprar muchas veces por poco o por nada. Pedro también prometió y no cumplió. No te olvides. ¿Cuántas veces nosotros prometimos todo y nos chocamos con nuestra propia fragilidad y debilidad en la primera esquina? La vida, nuestra vida de fe, muchas veces es así, por un lado, o, mejor dicho, al mismo tiempo; el deseo de amar, la entrega diaria, silenciosa, sacrificada, generosa; la presencia del Reino de Dios, de Jesús entre nosotros. Miles de lugares donde él se sigue entregando por medio de tantas personas que dan la vida por vos y por mí también. Pero también, a un ritmo diferente, la presencia del mal, del maligno, de personas que se dedican a hacer maldades, se dejan llevar por las tentaciones, por los atajos, cometiendo injusticias, traiciones, guerras, muertes, y tantas cosas más y por qué no, nuestras propias traiciones, infidelidades al amor de un Dios que es tan bueno, tan misericordioso, de Jesús, infidelidades a nuestras vocaciones, infidelidades a nuestros seres queridos y tantas cosas más. Es el drama de esta humanidad en la cual Jesús quiso meterse, hasta el fondo. El drama del corazón humano incapaz de amar y de doblegarse ante tanto amor, tanto amor de Dios- Y a veces, no nos podemos abrir a él. Por eso Jesús se metió, para vencer desde adentro, para enfrentarlo, no con las mismas armas que nosotros, sino con las armas de un amor extremadamente paciente y misericordioso que va penetrando el corazón de los más cerrados. ¿Qué otro milagro de paciencia pudo haber hecho Jesús que esperar hasta el final a este supuesto amigo que lo terminó traicionando por dinero? ¡Qué enseñanza nos deja Jesús a todos y en especial a los que tenemos el cuidado y guía de personas, de corazones! Paciencia extrema sin esperar nada a cambio. Esa es la fórmula. Eso hacé con tus hijos, con tus alumnos, con tus amigos.

Lo que parece un fracaso ante ojos poco profundos de este mundo, el más bueno de todos traicionado por un tonto ambicioso, es ante nosotros, el éxito del amor misericordioso de Dios, que respeta la libertad de sus hijos y que nos enseña cómo debemos actuar nosotros. Apostar siempre, siempre hasta el final. Puede haber luz al final del túnel. Siempre. Todo ser humano tiene la capacidad de amar y de convertirse. Nunca hay que rendirse. Solo el amor puro y sincero puede convertir a las personas más alejadas y renegadas, más reacias al amor. Sin embargo, hay algo que no hay que olvidar. Incluso haciendo todo lo posible ,siempre hay que dejar la puerta abierta a la posibilidad del rechazo, del olvido, de la traición. Si a Jesús le pasó ¿por qué pensás que no te puede pasar? No nos cansemos de hacer el bien y de buscar el bien de los demás. Elijamos a los menos amados y menos amables, para hacerles sentir el amor de un Dios que no se cansa de amar y esperar hasta el final.

Jesús hizo y hace lo mismo con cada uno de nosotros, con vos y conmigo. Eso es lo que nos tiene que maravillar. Alguna vez fuimos Judas, otras veces fuimos Pedro. ¿Por qué no animarnos a empezar de una vez por todas a ser como Jesús, que sabe amar, esperar y apostar siempre a la bondad de nuestros corazones?

Mateo 27, 1-2. 11-54 – Domingo de Ramos

Mateo 27, 1-2. 11-54 – Domingo de Ramos

By administrador on 5 abril, 2020

 

Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: «¿Tú eres el rey de los judíos?» El respondió: «Tú lo dices.» Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?» Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?» El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.» Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?» Ellos respondieron: «A Barrabás.» Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?» Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!» El insistió: «¿Qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!» Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.» Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos.» Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”.» También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.» Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»

Palabra del Señor

Comentario

No queda mucho más por decir después de escuchar la Pasión de Jesús. Hoy deben brillar más las palabras de Dios que las de un sacerdote. Se nos recomienda a todos los sacerdotes del mundo, especialmente en este día, que hablemos poco, que las homilías sean cortas, con la Pasión debería bastar. Además, en el audio, la verdad, que queda poco tiempo. Y te quiero dejar más tiempo para vos. Aprovechá para leerla de vuelta, escucharla de vuelta.

Empezamos la semana más santa de todas, la semana destinada a vivir lo mismo que Jesús, acompañarlo a él hasta la cruz, para resucitar. No entramos a la semana Santa para ver “una película”, desde afuera, desde la tribuna, sino que queremos entrar para revivir lo que pasó. Por eso, imaginate ser uno de los personajes de esta escena que acabamos de escuchar. Imaginate ser alguno. Alguno tiene que ser el que nos represente. Incluso podés ser el que ve todo. Podemos ser cualquiera de los que estuvo ahí. Por eso, es lindo revivirlo con Jesús. Jesús pasó su Pascua para ayudarnos a pasar las nuestras. Eso significa pascua. Él lo hizo por vos y por mí, por todos los hombres. Por todos. Absolutamente por todos. Con un amor incondicional. Él quiere que también podamos hacerlo por él y con él.

Te remarco algunos verbos de Algo del evangelio de hoy, que por ahí te ayudan a meditar. “Lo arrestaron, lo ataron, lo llevaron, lo entregaron, lo acusaron, lo azotaron, lo desvistieron, lo coronaron, lo escupieron, se burlaron, lo golpearon, lo vistieron, lo crucificaron, se repartieron sus vestiduras, lo insultaron, lo mataron” ¿Te das cuenta de todo lo que le pasó Jesús? Pascua entonces es pasar. Vos y yo también tenemos que pasar muchas cosas en la vida. Nos están pasando ahora cosas. ¿Vos creés que Jesús no las pasó antes? Vos te creés que él no te está acompañando. La pregunta que podemos hacernos hoy es: ¿Cuál es el modo de pasarlas? ¿Cómo puedo pasar estas pascuas, esos pasos que me tocan en la vida junto a Jesús? Animate a hacerte estas preguntas, hagámonos juntos estas preguntas. En estos días la seguiremos…