Book: Mateo

XI Miércoles durante el año

XI Miércoles durante el año

By administrador on 15 junio, 2022

Mateo 6, 1-6. 16-18

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que, con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor

Comentario

Subir montañas cuesta, es lindo, pero cuesta. No hay que negar la realidad. Cuando uno sube una montaña a veces el camino se pone escabroso, no todo es fácil, cuanto más se sube, podríamos decir que más difícil se hace el andar. Esta imagen me sirve para decir esto: Estamos en la parte escabrosa del sermón de la montaña, en una de las partes más difíciles. La cuestión se pone difícil, se pone mucho más dura. Lo experimentamos ayer, porque no es fácil aceptar que hay que amar a todos, no es fácil entender que hay que amar incluso hasta a los enemigos. No es fácil creer en un Dios que es Padre de todos, de malos y buenos, y que cuando se trata de amar, no hace diferencia como lo hacemos nosotros.

No es fácil enamorarse de un Padre que mira con corazón de enamorado a todos, incluso al que vos y yo, por débiles, podemos despreciar o ignorar. Por eso no todos llegan a comprender este sermón, no todos saben vivir como hijos de Dios, no todos quieren llegar a la cumbre de la montaña, muchos abandonan por el camino, al ver que es difícil. Todos somos hijos, pero no todos queremos o pretendemos vivir como hijos.

No sé qué estarás pensando al escucharme, a veces me intriga lo que piensa cada uno de los que escuchan estos audios, pero sería imposible saberlo, no importa, pienses lo que pienses, te invito a que sigamos escuchando, sigamos subiendo, aunque se ponga difícil, aunque a veces nos cansemos y no queramos escuchar más. Lo escabroso pasa y lo lindo va llegando de a poco. No hay nada comparable a llegar a la cima de una montaña y poder ver todo desde arriba, con el corazón sereno, desde otra perspectiva.

En Algo del Evangelio de hoy, más allá de que Jesús habla de las tres famosas prácticas de piedad cristianas que reforzamos en la cuaresma, oración, limosna y ayuno, el corazón de la palabra está, me parece, en otro lado, contenida en esta frase: “Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos” Ahí está la clave. ¡Tengan cuidado! Eso quiere decir que el peligro siempre está presente, el peligro de equivocarse aun con buenas intenciones, aun haciendo cosas buenas.

Aun cuando rezamos, damos algo a los pobres, aun cuando podemos privarnos de algo por amor a los otros. ¡Tengamos cuidado! ¿De qué? Tengamos cuidado de no ser hijos vanidosos, o sea, de poner nuestra satisfacción en que vean lo que hacemos, que nos reconozcan, que nos tengan en cuenta, que nos palmeen la espalda como signo de reconocimiento. Un hijo de Dios en serio, un hijo de Dios no encuentra como primera medida, su satisfacción en que sus hermanos lo aplaudan y vean lo bueno que es. El buen hijo de Dios se alegra, se conforma, se reconforta con saber que su Padre lo ve y sabe todo, aun cuando nadie lo vea.

¿Sabés qué nos pasa cuando vivimos de cara a los demás, o sea vivir esperando ser reconocido por los otros, algo que hacemos incluso sin darnos cuenta? Nos pasa que nos podemos decepcionar muy seguido, porque no nos reconocen todo lo que creíamos que nos merecíamos o podemos quedarnos con muy poco, porque el reconocimiento humano es pasajero y muy cambiante. El que hoy nos reconoce, mañana nos puede desconocer.

Por eso Jesús, es el Hijo que no buscó otra cosa que la Gloria del Padre, Él mismo, nos enseña el camino de la felicidad interior, de la felicidad verdadera y duradera. Vivir de otra cosa, vivir de la recompensa secreta del Padre del Cielo. Vivir de la recompensa secreta del Padre. ¿Cuál es esa recompensa? Su amor, la satisfacción de saberse amado siempre, digan lo que digan, piensen lo que piensen los demás y la satisfacción de vivir intentando agradarlo a Él y a nadie más. Solamente a nuestro Padre que está en los cielos. Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará… Esto no quiere decir que nos dará “cosas” materiales, sino que nos da su mismo Amor.

Se nos dará Él mismo por medio de su Hijo y el Espíritu Santo, esa es la gran recompensa del que se siente hijo y vive como hijo. ¿Nos parece poco? Probemos hoy vivir de cara al Padre, probemos vivir haciendo todo sabiendo que nuestro Padre que ve en lo secreto nos recompensará. No andemos buscando la recompensa de los demás, no pretendamos que los demás sepan lo que hacemos solo por amor, porque en el fondo cuando pretendemos ser reconocidos estamos manifestando que no estamos haciendo las cosas por gratuidad, por amor puro.

XI Martes durante el año

XI Martes durante el año

By administrador on 14 junio, 2022

 

Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor

Comentario

Cuando se sube una montaña se experimentan muchas sensaciones. Lo habrás vivido alguna vez. Los comienzos siempre son para entusiasmarse, siempre es lindo empezar, es lindo emprender un viaje nuevo, una ruta nueva. Por eso, cuando se empieza a subir una montaña, a treparla, generalmente se empieza con ganas, mirando la cumbre, mirando el lugar donde queremos llegar, mirando la meta y eso, moviliza a caminar. La cumbre atrae, las ganas de estar ahí, anima a levantar la cabeza y a poner todas las fuerzas en cada paso. Imaginemos eso. Imaginemos eso mismo, pero siendo Jesús la cumbre, siendo Él mismo la meta. Él está en la cumbre, hablándonos, diciéndonos este sermón desde la montaña para darnos vida, para enseñarnos a amar con todo el corazón, para ayudarnos a que descubramos todo lo que podemos amar. Cuando se escucha la Palabra de Dios, se experimentan también muchas sensaciones, ojalá que estemos experimentando las ganas de escuchar, las ganas de subir para ver mejor y escuchar de cerca. Sin embargo, hay que reconocer, que cuando uno escucha las palabras de Dios de hoy, y piensa que la cumbre del amor, es el amor a los enemigos, nos puede también pasar lo contrario, no puede pasar que se nos vayan las ganas de subir, sobre algo de esto intentaremos hablar en esta reflexión.

Como decíamos ayer, no se puede ver bien sin subir, no se puede comprender la Palabra sin hacer un esfuerzo para salir de uno mismo. Mucho menos las palabras de Algo del Evangelio hoy, que parecen cada vez más difíciles e imposibles para nuestra pobre mente y nuestro corazón a veces tan mezquino, que no termina de comprender el infinito amor de Dios, que no hace distinción y hace llover sobre todos, malos y buenos.

Seguramente en nuestra vida oímos muchas cosas, quizás nos enseñaron muchas cosas, de algún modo fuimos adquiriendo muchas cosas, costumbres, modos de pensar y sentir, algunas muy buenas y otras no tanto. Todos fuimos aprendiendo a amar como pudimos, según lo que vimos, según lo que nos enseñaron y lo que supimos comprender. Muchas cosas las copiamos sin darnos cuenta, otras fuimos construyéndolas nosotros mismos con nuestro discernimiento.

En definitiva, lo que quiero decir es que no somos perfectos ni mucho menos, no amamos perfectamente, no sabemos y a veces no podemos, aunque queremos. Creo que no es necesario ser muy inteligente o humilde para reconocer esta verdad, incluso experimentarlo puede ser causa de sufrimiento interior, nos gustaría amar más y mejor, porque fuimos creados para eso, sin embargo, experimentamos nuestra debilidad y no nos alcanza nuestro pobre amor.

A pesar de todo esto, hoy Jesús nos habla del desafío más grande que podamos imaginar: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” Una propuesta que se estampa contra nuestra razón y el corazón. Es necesario que hagamos alguna aclaración previa para que no nos resulte todavía más difícil aceptar estas palabras de Jesús. No debemos confundir la palabra “perfección” con perfeccionismo, como una pretensión de no equivocarse nunca, como un perfeccionismo voluntarista, alcanzado por nuestra obsesión de no equivocarnos.

Jesús se refiere a otra cosa. En el fondo podríamos decir que nos está diciendo: “Amen como ama mi Padre, amen porque mi Padre los ama, hagan lo que hagan, amen a buenos y malos” Un hijo de Dios quiere amar como su Padre. Por eso seguimos con el tema de ser hijos y de vivir y amar como el Hijo de Dios. Porque si somos hijos ¿cómo vamos es posible que odiemos a un hermano? Si somos hijos de un mismo Padre que ama a todos, y no por un merecimiento ¿Cómo es posible que seamos capaces por ejemplo de negarle el saludo a alguien? El odio, el negar un saludo, el devolver con el mal al mismo mal recibido, son reacciones de los que todavía no se sienten hijos y hermanos de todos. De aquellos que todavía no tienen la fe suficiente.

Jesús nos pide estas actitudes, no solo por los enemigos, sino también por nosotros mismos. No solo porque todos son dignos de ser amados, sino porque nosotros tampoco somos dignos de odiar a nadie. El odio, no solo daña al que lo recibe, daña al que lo tiene. Nos hace mal a nosotros mismos. Por eso al perdonar a un enemigo, a alguien que te hizo algún mal, nos perdonamos a nosotros mismos. ¿Quiénes son nuestros enemigos? Podríamos preguntarnos. No solo los que alguna vez nos hicieron algún mal, sino también aquellos que nos cuesta amar, por distintos motivos, los que nuestro corazón rechaza por “una cuestión de piel” como decimos a veces. ¿Qué nos pide Jesús? ¿Qué seamos amigos a la fuerza? No. Lo que nos pide es otro tipo de amor, el que por lo menos no le neguemos el saludo, que recemos por esa persona, que no critiquemos, que no lo juzguemos y que por supuesto no le hagamos ningún mal.

Nuestro corazón está hecho para cosas más grandes. Somos hijos de un Padre que ama a todos y está deseando que sus hijos no se desprecien entre sí. Probemos hoy saludar al que no nos saluda, probemos rezar por el que no nos quiere. Vas a ver que no nos vamos a arrepentir.

XI Lunes durante el año

XI Lunes durante el año

By administrador on 13 junio, 2022

Mateo 5, 38-42

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Palabra del Señor

Comentario

Hay que subir a la montaña, es lindo subir una montaña. Seguro que alguna vez lo hiciste, seguro que alguna vez en algún campamento, de chico, te hicieron subir una montaña y tuviste esa experiencia, cansadora y gratificante al mismo tiempo, es inevitable, para llegar arriba hay que esforzarse. Es la propuesta de estas semanas, junto a Jesús, simbólicamente subir a la montaña, para estar con él y poder escucharlo para recibir la ley el Reino de los hijos de Dios, la nueva ley del Reino de Dios, la que ya no quedó grabada en piedras, como la Ley de Moisés, sino que quedó grabada en los corazones de los discípulos y desde ese día fue transmitiéndose de corazón a corazón, para llegar al tuyo y al mío.

En este comienzo de semana, te propongo hacer juntos el camino espiritual de ir subiendo, de que las palabras de Jesús nos vayan atrayendo tanto que tengamos ganas de subir interiormente una montaña. No hay otro camino para ver las cosas diferentes, para ver el paisaje desde arriba hay que subir. Solo desde arriba se puede disfrutar la vista de una manera nueva y única. Lo mismo pasa con las palabras del Sermón de la montaña, lo mismo pasa con la nueva ley de los hijos de Dios. Solo el que sube las comprende y asimila, solo el que se pone en camino para subir, para salir de uno mismo, de la comodidad de sus pensamientos y sentimientos puede aceptar que Jesús venga a decirnos: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo…». Solo él puede darle sentido pleno a la ley grabada en piedras frías y sin vida, solo él puede grabar la ley del amor verdadero en corazones con vida.

El Sermón de la Montaña a veces genera controversias, enojos. De hecho, en estos días alguien nos escribió enojada, porque no le gustó, en el fondo, lo que dijo Jesús en el Evangelio. No pusimos otra cosa en esa imagen que lo que Jesús dijo y, sin embargo, una persona se enojó, porque aquel que no es capaz de subir, en el fondo, choca contra sus pensamientos y sentimientos e incluso la nueva ley de Dios parece ser más imposible que la antigua. Por eso, subamos, no nos enojemos, escuchemos lo que Jesús nos dice y abramos nuestro corazón.

Vamos a subir juntos esta semana, vamos a escuchar la ley de los hijos del Padre que tiene que ser «superior», «mejor» a la de los escribas y fariseos, mejor a la de los que creen que por cumplir están salvados, están con la conciencia tranquila, están agradando a Dios. Un hijo siempre quiere más, un hijo verdadero no calcula, un hijo entrega su corazón.

Como tantos hombres a lo largo de la historia que escucharon estas palabras de Jesús, seguramente te sorprenderás, te asustarás o bien te enojarás porque te parece una locura semejante pedido de Jesús o te parece incluso injusto e ilógico. Pero vuelvo a decirte lo que dije muchas veces: para comprender hay que creer, para aceptar hay que amar las palabras de Jesús y para comprenderlas y aceptarlas hay «subir a la montaña», hay que salir de uno mismo, hay que esforzarse un poco para no creérsela, para no considerar que nosotros tenemos la verdad. Se necesita humildad y para ser humildes hay salir del Yo.

«Yo les digo… Yo les digo…», nos dice Jesús. Yo les digo que el mal no se soluciona con otro mal, a eso se refiere Jesús. No podemos responder al mal con el mal. Yo les digo que el fuego no se apaga con alcohol, que lo mojado no se seca con agua. Yo les digo que el mal solo puede ser vencido por el bien. Yo les digo que la mejor arma para destruir y afrontar el mal es el amor y la verdad, y la verdad es que el amor es el remedio al dolor, a la violencia, es el remedio al odio, a la mentira, es la respuesta a la ira, a la violencia, a la insensatez, a la corrupción, al engaño, a la tristeza, a la hipocresía y así podríamos seguir.

Presentar entonces la otra mejilla…Escuchemos bien: presentar la otra mejilla, dar el manto, acompañar más de la cuenta si nos pidieron, no es ser tontos, no es dejarse aplastar por el mal y no hacer nada. Es responder con bien. Vuelvo a decir, no es ser tontos y dejar que el mal triunfe dejándome pegar, dejando que la injusticia gane la pulseada. ¡¡¡NO!!! Eso no es cristiano, no es de hijos de Dios. Poner la otra mejilla, es responder con un bien y que eso incluso nos exponga a recibir otro mal a causa del bien. El que ama se expone amando. El que ama se expone a sufrir por amor, no por masoquismo. Por eso hay que entender bien las palabras del Evangelio de hoy, para que no te pase como esta persona que se enojó en estos días, porque en el fondo no pudo escuchar; no por mala, no pudo escuchar. O escuchamos a nuestra manera, ponemos el oído y no profundizamos.

Probemos vivir estas palabras llenas de sabiduría de hoy en lo sencillo de nuestras vidas. Respondamos con una sonrisa alegre al saludo amargo del lunes por la mañana de tu compañero de trabajo, del que maneja el colectivo, el medio de transporte. Respondamos dejando el asiento a otro o a otra aunque a vos te lo hayan negado. Respondamos dando más de lo que nos pidieron, para ser generosos, demos más de lo estrictamente necesario, de lo que nos deja la conciencia tranquila. Respondamos llamando al que nos quiere y nosotros estamos esperando que nos llame. Hay miles de formas de probar las palabras de Jesús de hoy. Probemos, no nos vamos a arrepentir. Amar no es de tontos, es de inteligentes. Amar es la única manera de romper la cadena de mal que a veces nos enreda y no nos deja vivir en paz. El mal siempre estará cuando un corazón en vez de responder con el bien, responde con el mal. El mal en el fondo está en nosotros cuando no sabemos elegir el mejor camino, el que Jesús nos enseñó.

X Sábado durante el año

X Sábado durante el año

By administrador on 11 junio, 2022

Mateo 5, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

Palabra del Señor

Comentario

Podemos aprovechar este sábado para ver el camino recorrido, para ver si hemos subido o no a la montaña con Jesús.

Esa era la invitación de esta semana en el comienzo del Sermón de la Montaña; Jesús sube a la montaña para hacernos subir con Él, para que vayamos a recibir la Ley del Reino de los hijos de Dios, la Ley de la gracia; para que aprendamos a comprender verdaderamente el sentido profundo de los Mandamientos.
Jesús sube a la montaña para que nosotros también subamos; por eso miremos hacia atrás y fijémonos si en esta semana hemos subido un poquito más la montaña…

Las Bienaventuranzas decíamos que son el rostro de Jesús, son en realidad promesas que Él nos hace para que podamos vivir como Él, como hijos de Dios.

¿Y cuál era la clave de las Bienaventuranzas? La clave de las Bienaventuranzas es Jesús mismo, es su mismo Corazón. Él las vivió primero porque Él es el Maestro para poder vivirlas eso es lo que decíamos el lunes.

El martes nos hacíamos esta pregunta tan profunda: ¿Cuál era el distintivo de un cristiano?, ¿Qué es lo que finalmente nos hace ser cristiano, nos distingue algo de los demás, nos debería distinguir algo? ¿Qué es lo que Jesús dice que debe distinguir a un discípulo de Él?

El Sermón de la Montaña de a poquito nos va llevando a encontrar esa respuesta…

Nos íbamos a sorprender, nos dábamos cuenta que finalmente el distintivo del cristiano es querer glorificar a su Padre, es descubrir que el único sentido de la vida es querer glorificar al Padre, amándolo y amando a todos sus hijos; amando a los demás como hermanos.

Y por eso el miércoles, Jesús nos explicaba cuál era la relación entre el nuevo modo de vivir de los hijos de Dios; y el modo anterior de vivir, bajo la ley del Antiguo Testamento…

¿Cómo es? ¿Este nuevo modo anula el anterior?  -preguntábamos- ¿Este nuevo modo excluye lo antiguo?: ¡No!, al contrario; este “nuevo modo” llevará a su plenitud al anterior.

Jesús nos enseñará a que tomemos los Mandamientos y descubramos su VERDADERO sentido, Jesús no puede borrar con el codo, lo que el Padre escribió con su mano.

Jesús vino a cumplir los Mandamientos, pero también vino a algo mucho más grande; a ayudarnos a cumplirlos y a darnos la fuerza y la gracia para poder cumplirlos.

El jueves, afirmábamos que el que es hijo “en serio”, no se preocupa entonces únicamente por “cumplir” la Ley en su literalidad, no se preocupa únicamente en no matar físicamente a su hermano: “padre yo no maté a nadie” -nos dicen a veces a los sacerdotes-; sino que además un hijo no quiere matar a nadie con el corazón y tampoco matar el corazón de nadie. El que se siente hermano de los demás, jamás va a querer herir al otro, jamás va a querer herir a otro hijo de Dios.

Por eso nos preguntábamos si esto no es lógico, ¿no es lógico que Dios como Padre, desee que todos sus hijos se lleven bien y que no se hieran?, ¿no pretendés vos lo mismo con tus hijos? ¿O sos feliz si tus hijos se pelean entre ellos?

No alcanza entonces con no matar, no podemos ser tan mediocres de “conformarnos” con no matar a nadie. Jesús vino a enseñarnos algo más: a AMAR a los demás, no matar a nadie con el pensamiento, con el corazón, no matar a nadie con los ojos o con tus palabras.

Y el viernes, finalmente Jesús nos volvía a decir: “Han oído que se dijo … Yo les digo…”

Yo les vengo a enseñar que tienen que mirar a todos como hermanos, mirar a mujeres y varones como hermanos; todos somos hijos de Dios, y por eso decía que desear a alguien con el corazón es ya de alguna manera, cometer aquello que nuestro deseo busca.

Entonces, fijémonos si esta semana hemos subido un poquito más la montaña; subamos para recibir la Ley del Reino de los hijos de Dios, subamos para que Jesús nos abra su Corazón y podamos comprender un poco más cuál es la voluntad del Padre para cada uno de nosotros.

X Viernes durante el año

X Viernes durante el año

By administrador on 10 junio, 2022

Mateo 5, 27-32

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Palabra del Señor

Comentario

El sermón de la montaña que venimos escuchando en estos días y que seguiremos escuchando durante algunas semanas, es el sermón que da vida a aquellos que lo escuchan con corazón de hijos. ¿Qué significa esto? Quiere decir que solo las puede entender aquel que se siente hijo del Padre y como hijo, jamás quiere ofender a su Padre en lo más mínimo, pero no como por una especie de puritanismo o moralismo centrado en uno mismo, sino por amor al que le dio la vida. El hijo que ama verdaderamente a su Padre sabe que cualquier ofensa a otro hijo, es motivo de dolor para su Padre. El hijo de Dios que va reconociendo el amor del Padre, sabe que Jesús, el Hijo con mayúscula, es el que nos vino a enseñar el verdadero sentido de la ley y el que vino a interpretarla en profundidad. Por eso, escucharemos varias veces: Ustedes han oído que se dijo… Yo les digo. Como si nos dijera: “Ustedes escucharon y aprendieron los mandamientos en su infancia, en su juventud, está bien… Ahora Yo se los vengo a explicar, Yo vengo a descubrirles el espíritu de lo que el Padre les enseñó. Yo vengo a que no se queden en la letra, en la literalidad de las palabras y vayan más allá, y descubran que el mandamiento no es solo una prohibición, sino una invitación al amor, una invitación a vivir plenamente”.

¿Cuántas cosas en nuestra vida “hemos oído que se dijo”? Podríamos decir que muchas cosas en nuestra vida se basan en un “escuché que se dijo” o “esto fue lo que aprendí o me enseñaron” o “siempre se hizo así o todos lo hacen así” Bueno, Jesús quiere sacarnos de ese esquema rígido que muchas veces nos hace acomodarnos a nuestra conveniencia. No podemos escudarnos en que “a mí me lo enseñaron así” “esto lo hago porque todos lo hacen”. Tenemos que escuchar a Jesús desde la montaña. Imaginamos que en nuestra vida empecemos a decir: Yo escuché lo que Jesús dijo, yo quiero vivir según lo que Jesús dice, porque lo que Jesús dice es lo que el Padre quiere, y lo que el Padre quiere es lo mejor para mí y para la humanidad, para todos. Si todos escucháramos lo que Jesús nos enseña, en definitiva, todos viviríamos como hermanos, todos nos sentiríamos hermanos, y en caso de herirnos, como nos pasa tantas veces porque somos débiles, aprenderíamos a perdonarnos. Ese es el deseo del Padre para toda la humanidad, es recrear una nueva humanidad, la de los verdaderos hijos de Dios. Qué bueno sería. ¿Qué dice hoy Jesús en algo del evangelio para que podamos escuchar y seguir aprendiendo? ¿Qué dice el Padre?

Bueno, hoy es evidente que el Padre quiere cuidar el amor entre sus hijos, el amor entre el hombre y la mujer, fundamentalmente la familia, porque nos creó varón y mujer, por más que hoy ciertas ideologías quieran dictatorialmente imponernos que podemos renegar de nuestra naturaleza. Al Padre no le gusta la lujuria, sabe que nos hace mal. El creó la sexualidad para nuestro bien, para expresar el amor mutuo y engendrar vida, dos fines que no se pueden separar. Por eso, no le gusta, no desea que nos usemos como si fuéramos objetos. Quiere que sus hijos se miren con ojos de hermanos, como Jesús, con ojos puros. Los hijos de Dios se miran mutuamente, tanto el varón a la mujer, como la mujer al varón, como hermanos y no como objetos de deseo y satisfacción personal. Por eso mirar con deseo de tener alguien que no nos pertenece y que no es un objeto, sino un hermano o hermana, o mirar deseando que lo que miro sea una realidad para mí, es ya de alguna manera lograr lo que deseo. No somos dos realidades diferentes, somos una unidad. Somos cuerpo y corazón, cuerpo y espíritu, no podemos separar nuestra mirada de los que sentimos y pensamos, aunque a veces lo intentemos. Una cosa alimenta a la otra y al revés. “La lámpara del cuerpo es el ojo” dice Jesús, es por la mirada por donde entran al corazón las imágenes que nos mueven para desear lo que nos hace bien o mal, y desde el corazón salen los deseos que nos hacen mirar aquello que alimentan ese buen o mal deseo.

Por eso podemos ofender al Padre con los ojos, y los ojos pueden transformarse en inicio de malos deseos en el corazón. Esto vale tanto para los varones como para las mujeres. Tanto por mirar con deseo, como por provocar que los otros nos miren con deseo desordenado. Los verdaderos hijos de Dios no buscan mirar con deseo de poseer a nadie, ni tampoco les interesa que los miren con deseo, deseos de vanidad. Pidamos al Padre que nos enseñe a mirarnos como hermanos, mirarnos como Él nos mira, mirar como Jesús miraría, como la Virgen nos mira.

X Jueves durante el año

X Jueves durante el año

By administrador on 9 junio, 2022

Mateo 5, 20-26

Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Palabra del Señor

Comentario

Poco a poco la idea es, que vayamos subiendo a la montaña junto a Jesús para escuchar sus palabras, para escuchar su gran sermón, para dejarnos cautivar por su sabiduría divina que quiere introducirnos en el Reino de los hijos de Dios, en el Reino de los hermanos que se sienten hijos, de los hijos que no se olvidan que tienen hermanos. Porque no es el Reino tuyo o mío, sino que es el Reino de Dios y sus hijos, Dios tiene muchos hijos, es padre de millones y por eso nunca tenemos que olvidar que no somos hijos únicos, no somos hijos exclusivos, aunque somos siempre especiales para Él, sino que somos hijos y hermanos.

Decíamos ayer que Jesús, no vino a abolir la ley, no vino a borrar con el codo lo que Dios Padre había escrito con su mano en las tablas de la ley que le dio a Moisés. Y la ley fundamental de Dios para con su pueblo, es el amor hacia Él y al prójimo, como a uno mismo. Jesús vino a cumplir hasta el último detalle del mandamiento principal de su Padre. No podía ser de otra manera. Lo nuevo no puede destrozar lo antiguo, sino que le da un nuevo sentido para poder vivirlo en plenitud. Por eso Jesús no destruye lo anterior, sino que enseña a vivirlo desde el corazón.

Desde ahí también comprendemos lo que dice en Algo del Evangelio de hoy: “Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” Me parece oportuno poder comprender en un lenguaje sencillo y adaptado a nuestro modo de pensar, ésta frase que necesitamos incorporarla al corazón. Por eso, un modo de comprender mejor es decirla de otro modo, imaginando que la dice el mismo Jesús: “Les aseguro que, si su manera de obrar no es distinta, no supera a la de los escribas y fariseos no podrán vivir como hijos en esta tierra, se perderán de vivir en este Reino de los hijos de Dios que se empieza a disfrutar acá en la tierra, cuando se sale del esquema del cumplimiento, cuando es superado por el amor” También podría ser algo así: “No obren por cumplir, no obren solamente para quedarse en paz consigo mismos y mucho menos para aparentar ante los demás, sino que obren con deseos de glorificar al Dios Padre, de amarlo y complacerlo a Él, porque esa es la actitud amorosa de los hijos de Dios, así es como obro Yo”.

Debemos recordar que los fariseos eran los que obraban así, para cumplir, pensando que, simplemente por cumplir la ley agradaban a Dios, olvidándose del alma de la ley que era el amor. Por eso eran capaces de olvidarse del amor al prójimo bajo pretexto de amar a Dios, por eso eran capaces de “lapidar” a los pecadores bajo apariencia de bien, creyendo que agradaban a Dios, por eso fueron capaces de matar al amor, a Jesús, en nombre de una supuesta verdad. Muchos cristianos sin darse cuenta obran así, a nosotros nos puede pasar lo mismo. Son los cristianos que hacen las cosas para calmar sus conciencias, para no quedar mal, para no pecar, para cumplir con los preceptos de la Iglesia, pero lo hacen o pueden hacerlo sin corazón, sin verdadero amor. Todas pueden ser buenas razones, pero no las que nos propone Jesús. Muchos de nosotros, a veces hacemos las cosas así, sin alma, sin corazón, y lo hacemos sin darnos cuenta. No vivimos como hijos, vivimos como esclavos obedientes que obran movidos por otros deseos. Cuando vivimos así, es más lo que nos perdemos, que el mal que hacemos. ¡Cuánto amor nos perdemos! Por ahí no hacemos mal, al contrario, podemos hacer bien, pero nos perdemos lo mejor, la libertad de los hijos de Dios.

Por eso, retomando las palabras de hoy, el que es hijo de corazón no se preocupa únicamente en no matar físicamente a su hermano, sino que, además, no quiere matar a nadie con el corazón, con el pensamiento, con la mirada, ni tampoco matar el corazón de nadie. El que siente a los demás como hermanos, a pesar de cualquier diferencia, jamás querrá herir al otro, jamás estará en paz si alguien lleva una ofensa en el corazón y por eso se sentirá un hipócrita si se presenta frente a Dios sabiendo que alguien tiene una queja contra él. Esto que parece una utopía irrealizable, ¿No te parece lógico? ¿No es lógico que Dios como Padre desee que todos sus hijos se lleven bien y que no se hieran? ¿No pretendemos nosotros lo mismo con nuestros hijos? ¿O somos felices si nuestros hijos se pelean entre ellos? No alcanza con no matar, no podemos ser tan mediocres de conformarnos con no matar a nadie, Jesús vino a enseñarnos algo más.

No matemos a nadie con el pensamiento, ni con el corazón, ni con los ojos; no matemos a nadie con nuestras palabras. Así seremos verdaderos hijos de Dios en la tierra y empezaremos a vivir la alegría de las bienaventuranzas desde ahora, hasta que lleguemos a la eterna felicidad.

X Miércoles durante el año

X Miércoles durante el año

By administrador on 8 junio, 2022

Mateo 5, 17-19

Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor

Comentario

Si vivimos como hijos empezamos a iluminar, si vivimos como hijos empezamos a sazonar, a salar todo lo que vamos tocando con nuestro corazón, con nuestra presencia. El mundo necesita hijos de Dios que quieran glorificar a su Padre, necesita hijos que no busquen su propia gloria, ni siquiera la gloria mundana de la Iglesia como primer fin, sino la gloria del Padre, de ese Padre al cual le rezamos cada día en la oración de los hijos de Dios, ese Padre que es Padre tuyo, mío y de todos. Ese Padre que necesita ser conocido cada día más. ¿Qué hijo que ama a su padre no desea que su padre sea conocido? ¿Qué hijo se avergüenza de un padre que es bueno siempre con todos?

Esta semana empezamos el sermón de la montaña con esta idea, con esta exhortación de Jesús a que definitivamente seamos lo que somos, aunque parezca redundante. Somos luz y sal y si no estamos iluminando y salando es porque no terminamos de darnos cuenta la dignidad de hijos que Jesús nos dio. Él vino a crear una nueva humanidad, la humanidad de los nuevos hijos, nacidos de lo alto, nacidos del Espíritu de Dios que viene a recrear todas las cosas, entre ellas, tu corazón y el mío. Aprovechemos a pedirle con el corazón, a elevar nuestro corazón de hijos e hijas con sinceridad, rogando nacer de nuevo, rogando ser conscientes de tanto regalo, rogando ser luz y sal.

¿Conociste alguna vez un cristiano que vive realmente como hijo, un cristiano que vivió como hijo? ¿Qué iluminaba, salaba cada lugar y corazón que conocía? Qué lindo es conocer cristianos hijos, no cristianos de nombre, o de apellido. Cristianos que iluminan y no opacan, hijos del Padre que se mezclan con el mundo, con las cosas y como la sal, le dan sabor sin dejar de ser sal, aunque aparentemente no se vean. ¡Cuántos cristianos hijos faltan en nuestro mundo! ¡Cuántos cristianos que glorifiquen a Dios Padre hacen falta en nuestras parroquias, en nuestras familias, en nuestros grupos de oración, en nuestros movimientos, en cada rincón de este planeta lleno de tinieblas, insípido de tanto olvido de Dios! Son pocos los hijos de la luz, son pocos los hijos del Padre que se dan cuenta de esta invitación de Jesús. Pensemos que clase de cristianos somos, ¿hijos consientes y maduros, o adolescentes que se creen totalmente independientes de su amor?

Jesús, nuestro hermano mayor… queremos ser hijos de corazón, queremos empezar de una vez por todas a vivir y a sentir como hijos. Queremos formar parte de este nuevo Reino de los hijos de Dios. ¿Qué es el Reino de Dios sino el Reino de los hijos? Dios tiene miles y miles de hijos, pero no todos los hijos lo aceptan como Padre. El Reino de Dios es el reino de los que aceptan al Padre como rey y quieren glorificarlo en todo.

Hoy, en Algo del Evangelio, Jesús nos quiere ayudar, como intentó hacerlo en ese tiempo a los que lo escuchaban, que no siempre hay que oponer para encontrar la solución, sino que muchas veces es necesario integrar. Al enseñar algo nuevo, en este caso la nueva ley, la ley de la gracia, nuestra mente y nuestro corazón automáticamente intentan desechar lo antiguo, la antigua ley, como queriendo encontrar una solución a la imposibilidad de poder vivirla, sin embargo, Jesús es claro: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir…” “No piensen que por decir algo nuevo, o decirlo de otro modo, quiero desechar lo anterior, como si fuera que no sirve, sino por el contrario, quiero ayudarlos a comprenderla, para que puedan vivirla”. Todos corremos ese riesgo, la Iglesia también lo corrió muchas veces, “tirar lo viejo para traer algo nuevo”, por el solo hecho de que lo nuevo parece mejor. Sin embargo, el esfuerzo debe ponerse en cómo vivir lo viejo con corazón nuevo, con mirada distinta.

Jesús de alguna manera, en este pasaje, explica qué relación hay entre este nuevo modo de vivir de los hijos de Dios y el modo de vivir anterior, bajo la ley del antiguo testamento. ¿Cómo es? ¿Este nuevo modo anula el anterior? ¿Este nuevo modo excluye lo antiguo? ¡No! Al contrario, lo incluye. Este nuevo modo, llevará a la plenitud el anterior si aprende a asumir lo antiguo. Jesús no puede borrar con el codo lo que Padre escribió con su mano. Él vino a cumplir los mandamientos, a vivirlos, a enseñarnos su corazón escondido bajo la letra fría de la ley. Pero, además, algo mucho más grande, vino a hacernos capaces de cumplirlos, de vivirlos, vino a darnos la fuerza y la gracia para cumplirlos. Esa es la novedad. Vino a enseñarnos a cumplir los mandamientos, pero no solo por el hecho de cumplirlos, sino a vivirlos como hijos del Padre, con corazón de hijos.

Cumplirlos por amor, con amor y desde el amor. Eso nos hará grandes. Eso nos hace grandes, justamente lo pequeño e imperceptible, como la sal. ¿Qué nos hace grandes? El ser hijos, aunque nadie lo sepa, y el enseñar a ser hijos a los demás. Jesús invierte todo!! Da vuelta todo para que aprendamos a ser hijos en lo sencillo y desconocido por los demás. ¿Qué nos va haciendo cada día felices y plenos en lo que hacemos? Glorificar a nuestro Padre del cielo haciendo su voluntad o complacernos a nosotros mismos y a los demás cumpliendo las cosas con frialdad.

X Martes durante el año

X Martes durante el año

By administrador on 7 junio, 2022

Mateo 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor

Comentario

Lentamente, después de haber escuchado las Bienaventuranzas, las promesas de felicidad que vienen del cielo, iremos poco a poco escuchando el Sermón de la Montaña, en el que nuestro Maestro nos irá desgajando su corazón para enseñarnos lo que significa ser hijos, cómo llegar a ser hijos del Padre. Y eso lo irá haciendo mostrándonos su corazón y mostrándonos nuestro corazón, para que sepamos quienes somos realmente. Te aseguro que durante estas semanas vas a disfrutar de la Palabra de Dios, de estas palabras de Jesús desde la montaña. La montaña es signo de que esta sabiduría no es sabiduría humana, sino que es sabiduría divina, saber que viene de lo alto y viene a iluminar nuestra vida, a darle sentido, a mostrarnos la verdad.

Muchas veces no podemos ser lo que queremos ser, porque en realidad no sabemos todavía lo que somos. Muchas veces vivimos en un eterno querer ser alguien y nos olvidamos de lo que ya somos. Muchas veces privilegiamos en nuestra vida el hacer antes que el ser. Esto nos pasa mucho. Nos cuesta muchísimo reconocernos a nosotros mismos y por lo tanto no terminamos de querernos bien, no terminamos de dar frutos en nuestra vida. Como discípulos, como cristianos también puede pasarnos esto. Creemos que ser buenos cristianos es simplemente “hacer cosas buenas”, hacer muchas cosas por los otros, ser buenos. Es verdad, pero no toda la verdad o es parte de la verdad. Cosas buenas hacen muchísimas personas, gente de bien hay por todos lados, son muchas las personas buenas en este mundo que hacen y viven para los demás. Nosotros hacemos cosas buenas seguramente, pero ¿no será que hacemos porque en realidad ya somos?

Entonces… ¿cuál es el distintivo de un cristiano? ¿Nos distingue algo de los demás, nos debería distinguir algo? ¿Qué es lo que Jesús dice que debe vivir a un discípulo de Él? El sermón de la montaña que empezamos a escuchar ayer nos irá dando la respuesta poco a poco. Te vas a sorprender. Te lo aseguro. El sermón de la montaña es el corazón del Evangelio porque es el corazón de Jesús. Voy a insistir mucho en esto durante estos días. Hay cosas que hay que repetir para que queden grabadas para siempre en el corazón. Recuerdo que conocí el Sermón de la montaña y las bienaventuranzas cuando entré al seminario en mi primer retiro espiritual, y para mí fue todo nuevo. Había ido a misa toda mi vida, pero jamás había escuchado estas palabras de Jesús con atención y jamás alguien me las había explicado con tanta claridad y luz como el sacerdote que me predicó ese primer retiro en el seminario. Agradezco que se haya cruzado en mi camino.

Vos sos sal. Vos sos luz. Nosotros, los que escuchamos a Jesús, los discípulos de él ya somos sal y luz. Estas palabras no están dirigidas a todos, sino a los discípulos, a los que siguen de cerca a Jesús. Si te considerás discípulo, seguidor de Jesús, ya sos sal, ya sos luz. Jesús nos dice: ustedes, son la sal, ustedes son la luz. No dice: deben ser, tienen que ser. Ya somos la sal que sala el mundo, ya somos la luz que ilumina el mundo. Tenemos todo para ser sal y luz. ¿Estamos salando? ¿Estamos iluminando? ¿Para qué salamos e iluminamos? Salamos e iluminamos para que los demás den Gloria al Padre.

Eso es lo que nos debe distinguir. No hacemos cosas buenas para ser buenos, porque es lindo hacer cosas buenas. Hacemos obras buenas para que los demás descubran que son hijos, para que descubran que son niños y que dependen de un Padre. Somos sal que sala pero no se ve, una vez que se mezcla con la comida deja de verse. Somos luz que ilumina pero que en realidad somos iluminados. Somos hijos de Dios que descubrimos la maravilla de ser hijos y vivimos en medio de un mundo que no quiere depender de Dios. Nosotros con nuestra vida queremos que el mundo descubra que es lindo ser hijos, es lindo ser dependientes, es lindo tener hermanos.

X Lunes durante el año

X Lunes durante el año

By administrador on 6 junio, 2022

Mateo 5, 1-12

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.»

Palabra del Señor

Comentario

Alguna vez, alguien recién convertido, uno de esos que Jesús “atrapa” a mitad del camino de la vida, uno de esos corazones tocados por el Espíritu Santo, por un Dios que no cesa de obrar y obrar a lo largo y ancho del mundo, comentaba en grupo sus sensaciones desde que estaba siguiendo a Jesús más comprometido y decía algo así: “Desde que estoy en el Camino, desde que sigo más de cerca a Jesús, no paro de sorprenderme, es como estar subiendo una montaña, es como cuando llegas a una cima y de repente ves otros picos más, subís esa otra cima y aparecen muchos más… nunca dejás de maravillarte y sorprenderte” ¿Te pasa eso a vos de alguna manera? ¿Te pasó alguna vez? Es lo que deseo que nos pase a todos, a vos y a mí, a vos escuchando, a mí predicando y escuchando. Debemos pedir nunca dejar de maravillarnos, nunca dejar de sorprendernos de un Jesús que viene a saciar nuestra sed y nuestra hambre, que no pueden saciarse con cualquier cosa, sino que solo con Él.

Empezamos en esta semana, queriendo subir la montaña, una montaña tras otra, escuchando el llamado sermón de la montaña del Evangelio de Mateo. Durante casi tres semanas escucharemos el capítulo 5,6 y 7 de este evangelio; Este sermón, Jesús lo comienza con las famosas bienaventuranzas, y durante este tiempo aprenderemos a ser hijos de Dios, será un tiempo en donde Jesús nos abrirá su corazón para que aprendamos a vivir como Él y ser hijos del Padre.

Por eso te propongo disponernos y disfrutar mucho de estas palabras que nos acompañarán; así como Jesús subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron quedándose junto a Él; de la misma manera nosotros podemos subir simbólicamente la montaña para estar junto a Él.

Jesús sube a la montaña para que nosotros también subamos, para que salgamos de nosotros mismos, nos sentemos a su alrededor y empecemos a escuchar estas palabras que salen de un corazón de Hijo, que siente como Hijo, que vive como Hijo, y que quiere transmitirnos esa vida de los hijos de Dios a cada uno de nosotros. Las bienaventuranzas son, de algún modo, el rostro de Jesús; son en realidad, promesas que nos hace para que podamos vivir como Él. Podríamos preguntarnos ¿Cuál es la clave de las bienaventuranzas? ¿Cuál es la clave para poder comprenderlas? Porque no dejan de tener algo enigmático o de difícil de comprender. La clave de las bienaventuranzas, la clave para comprenderlas es, Jesús mismo; porque Él las vivió primero, porque Él es el Maestro para vivirlas.

En Algo del Evangelio de hoy se las menciona a todas, por eso podemos hacer un repaso, comparándolas con Jesús. ¿Quién es el “pobre de espíritu”?: Jesús. ¿Quién es el “manso de corazón”?: Jesús -“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”- ¿Quién es el que “llora”?: Jesús lloró sobre Jerusalén, lloró por su amigo Lázaro. Jesús también es el que siempre tuvo “hambre y sed de justicia”; cuando dijo a la samaritana: -“Dame de beber”- ¿y qué le pedía?: justamente en ella, en esta mujer, le pedía a toda la humanidad, el amor. También Jesús dijo en la Cruz: “Tengo sed”, ¿sed de qué?; de nuestro amor. Jesús también dijo: “Yo tengo una comida que ustedes no conocen”, el hambre de Jesús es hacer la voluntad del Padre. “Bienaventurados también los misericordiosos” Jesús es el Pastor misericordioso que carga sobre sí a la oveja y si se le pierde, sale a buscarla.

¿Quién es “limpio de corazón” sino Jesús¡; que tiene un corazón puro, que transparenta la imagen del Padre. “Felices los que trabajan por la paz”; Jesús pacificó todas las cosas con la sangre de su Cruz. Él es “perseguido por causa de la justicia”; quién más que Él.

Por eso, si Jesús vivió primero las bienaventuranzas pidámosle que nos ayude a poder vivirlas nosotros. Nos propone su propio ejemplo, su propia vida; nos propone vivir como su corazón: -“Bienaventurados los que viven como Yo”- podríamos decir así, -“Bienaventurados los que viven como mi Corazón enseña”-

Cada bienaventuranza tiene una promesa, por eso cada una dice: “Felices… porque ellos poseerán, ellos serán saciados, ellos alcanzarán misericordia”. Son promesas que el Padre nos hace a todos. Así tenemos que empezar a vivirlas; no como nuevos mandatos que brotan desde afuera, sino como una promesa que nos dará la felicidad del cielo.

Lunes de la Octava de Pascua

Lunes de la Octava de Pascua

By administrador on 18 abril, 2022

Mateo 28, 8-15

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos.” Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.»

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Palabra del Señor

Comentario

Empezamos a transitar unos de los tiempos más lindos de la Iglesia, me refiero a las lecturas que vamos a ir escuchando en los días que siguen. Todo tiempo tiene su encanto, pero el tiempo Pascual es un tiempo especial, es tiempo de alegría, de gozo, de seguir maravillándonos. La Pascua se prolonga, la Pascua sigue, no podemos parar de vivir ésta alegría. Durante 50 días disfrutaremos del tiempo Pascual, 50 días dedicados a asimilar semejante misterio, el punto central de nuestra fe, desde donde todo parte y en donde confluye. A su vez esta semana es especial, hasta el domingo que viene vivimos lo que se llama en la Iglesia, la Octava de Pascua, un día estirado en 8, un día tan importante que es necesario festejarlo y revivirlo por muchos días. Por eso si vas a Misa en la semana volverás a escuchar el canto del gloria, volverás a vivir cada celebración como si fuera un domingo, y en los Evangelios escucharemos y disfrutaremos de las apariciones más importantes de Jesús Resucitado a los discípulos, una más linda que la otra. Todo para no olvidarse jamás.

Te propongo que saborees cada evangelio de estos días y que además los acompañes con la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, si tenés tiempo, te va ayudar muchísimo porque al mismo tiempo verás como la Iglesia naciente fue creciendo en torno a la Resurrección, en torno a los testimonios de los que vieron realmente a Cristo resucitado con sus propios ojos. No es una linda historia para contar nomás, no es un invento de algunos locos, sino que es realidad que cambió la historia. ¿Cómo es posible que 11 hombres temerosos y vacilantes ante la muerte del Señor, se hayan transformado milagrosamente en 11 testigos incansables por el mundo entero? ¿Cómo es posible que mujeres simples y sencillas hayan tenido tanto coraje para salir a su mundo conocido a decir que Jesús estaba vivo? ¿Qué historiador puede explicar semejante cambio en la historia si no es por un acontecimiento totalmente nuevo y que no proviene de este mundo?

Desde el principio, junto a la resurrección existió la corrupción, desde el principio quisieron tapar la resurrección con una mentira, difundiendo una mentira. Pero no se puede tapar el sol con la mano, no se pudo tapar esta verdad con mentiras que valieron unos pesos. Se puede decir que Jesús no resucitó, lo que es imposible es demostrarlo. Lo mismo es al revés, se puede creer que Jesús resucitó, pero es imposible demostrarlo con el rigor de la ciencia moderna, aunque se puede mostrar con la vida, con la tuya y la mía, con la de miles de personas que no son iguales desde que Jesús se les “apareció” en la vida, como a estas mujeres, atemorizadas, pero llenas de alegría.

La alegría de la Pascua, la alegría que viene a traer Jesús resucitado no se puede comparar con nada de este mundo, con ninguna chispita de un bienestar pasajero. Jesús resucitó para “meternos” en una vida de eternidad, nos abrió las puertas de la eternidad para que empecemos por acá, para sacarnos el miedo y devolvernos la alegría. Cuántas veces como sacerdote escuché que me dijeron: “Padre, desde que creo en Jesús, desde que me convertí ya no le tengo miedo a la muerte, al contrario, tengo unas ganas increíbles de encontrarme con Jesús”. Esa es la experiencia, la tensión del corazón que cree que lo de acá no es definitivo, y que lo que viene es lo mejor. Esa es la tensión del corazón que conoce a Jesús pero quiere verlo cara a cara. Esa es la experiencia de la Pascua, una alegría profunda pero que al mismo tiempo se topa con la insatisfacción de ver que este mundo es poco comparando con lo que vendrá.

Por ahí te pasó alguna vez, por ahí todavía no te pasó. En eso estamos, todos, vos y yo. Es necesario volver a vivir la pascua, la de Jesús y la nuestra. En eso andaremos este tiempo, escuchando las diferentes apariciones del resucitado que nos regalan los evangelios de cada día. Pero esas apariciones las tendremos que hacer nuestras. Todos tenemos que preguntarnos. ¿Dónde me encontró una vez Jesús resucitado en mi historia? ¿Te acordás cual fue tu Galilea? ¿Dónde lo encuentro a Jesús hoy, concretamente? ¿Cuál es tu Galilea hoy, tu lugar de encuentro?

Feliz Pascua de Resurrección. Felices pascuas para todos los que día a día hacemos el intento de reconocer y escuchar a Jesús vivo y presente en su palabra.