Lucas 11, 27-28 – XXVII Sábado durante el año

 

 

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: «¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!»

Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Algo del evangelio de hoy nos viene muy bien para hacer el repaso de esta semana, el intentar seguir el “hilo conductor” de lo que estuvimos escuchando estos días, de lo que intentamos remarcar y reforzar. Recordá algunas cuestiones que hablamos sobre el “adueñarse”. Porque si nosotros oímos la Palabra y la amamos, quiere decir que amamos al que nos habla, y si además hacemos lo que esa Palabra nos dice, entonces esa es la prueba más grande de nuestro amor.

No esperemos a perder lo que creíamos tener para valorar lo que tenemos. Valorar algo, amarlo, no es poseerlo, no es “hacerse los dueños”, sino es colocarnos en el lugar que corresponde, como participes de algo más grande que en realidad no es nuestro.

Vivir la vida como un don es el mejor remedio para, te diría, casi todos los problemas que nos surgen día a día. Si fuéramos más agradecidos, nos evitaríamos más amarguras, más quejas, más juicios temerarios, más angustias, más tristezas, más enojos y todo lo que puedas imaginarte vos mismo.

Hay formas y formas de adueñarse de las cosas, de los corazones, de lo que no es nuestro, de los regalos y de todo un poco, pero no hay peor cosa que “adueñarse” de la salvación y de lo que es de Dios. “A Dios lo que es de Dios…” dice la misma palabra de Dios.

¿Sabías algo? Cuanto más te querés adueñar de algo o de alguien, más fácilmente lo vas a perder y más sufrirás al perderlo. Toda una paradoja de lo que nuestro corazón se resiste a aceptar, porque tiende a querer adueñarse de las cosas como si fueran “creación propia”. Pero solo Dios es dueño, solo Dios es creador.

¿Sabés cuál es el modo de amar a las personas, a nuestros dones y a las cosas? Como ama Dios…, como amó Jesús… dando libertad. Algo tan difícil que no se aprende estudiando o leyendo, o por palabras, sino simplemente amando y rectificando cada día el rumbo dejándose moldear por la palabra de Dios, que siempre nos reorienta el rumbo.

Por eso hoy Jesús nos propone una fe que dé frutos, que se materialice en obras, que se transforme en vida; y que será la que nos dé la felicidad. Esa es la verdadera felicidad: poder llevar a la práctica lo que escuchamos.

Repasemos: acordate que ayer, viernes, escuchábamos que el diablo dividía, que el diablo nos hace “sospechar”. Por eso también sería bueno que hoy hagamos como una especie de examen espiritual de lo que vivimos esta semana…

¿Somos así a veces, sospechosos de todo? ¿Estamos sospechando de los pensamientos de los demás, de las actitudes de los demás, y criticando o dividiendo nuestra familia, nuestra comunidad? Cuidado porque por ahí estamos en esa actitud de “sospecha continua”.

El jueves veíamos como el Señor nos enseñaba a pedir; pedir el Espíritu Santo.

¿Cómo estamos rezando? ¿Qué estás rezando? ¿Qué estás pidiendo?

¿Estás pidiendo sólo cosas para vos; consuelos de Dios? O estás pidiendo al Dios de los consuelos para que te dé su Espíritu y puedas ser feliz?

El miércoles veíamos cómo el Señor nos enseñaba a orar. Nos enseñaba el Padre Nuestro. ¿Cómo estás rezando el Padre Nuestro? ¿Estás poniendo tu corazón al hacerlo? ¿Estás realmente rezando como un hijo que habla con su Padre y está atento a lo que Él le quiere decir?

Y el martes el Señor nos enseñaba también a elegir la mejor parte; acordate de María. ¿Estás eligiendo bien? ¿Estás eligiendo siempre lo mejor? ¿Estás eligiendo lo más importante de tu vida o te estás quedando con las pequeñeces? Corriendo por todos lados, saturado y agobiado por todo y dejando de lado lo más importante.

Y finalmente el lunes con la parábola del buen samaritano, cerramos el ciclo de esta semana. El Señor nos ha invitado a ser buenos samaritanos porque él había sido Buen Samaritano con nosotros. Él es el Buen Samaritano que se frenó en el camino, nos levantó, nos cargó sobre su montura, nos llevó a curar y además pagó por nosotros.

Que estas palabras de la semana te ayuden a hacer este examen espiritual que te propongo; deja que de tu corazón brote lo mejor hacia el Padre: pidiéndole, dándole gracias, ofreciéndole algo esta semana…

Que tu oración sea eso, que el Evangelio de hoy te ayude a rezar para que puedas ser feliz practicando la Palabra De Dios.

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