Lucas 11, 29-32 – XXVIII Lunes durante el año

 

 

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.»

Palabra del Señor

Comentario

Le pido al Señor que empecemos esta semana con muchos deseos de hacer lo que tenemos que hacer, en nuestro trabajo, en nuestras familias, pero teniendo siempre a Jesús como centro, como nuestro todo, sabiendo que solo Él puede darnos la verdadera alegría. La tristeza del corazón viene por decirle que “no” a Jesús, por no animarnos a darle todo, como le pasó al hombre del evangelio de ayer. Cada vez que le negamos el corazón a Dios, le damos lugar a la tristeza y la tristeza del mundo consumista que lo quiere todo, a costa de todo, en realidad surge por darle la espalda a Dios. Me dio pena escuchar ayer a un psicólogo en la televisión decir que la causa de la tristeza es la esperanza. Sí, así como lo escuchás. Y el periodista que lo entrevistaba lo escuchaba con una admiración sorprendente como si escuchara al mismo Jesús. Decía algo así: El que espera, se frustra porque nunca llega lo que espera, y por eso anda triste. Así era la lógica del argumento. Bueno, para los cristianos eso es ilógico, porque para nosotros tener esperanza, no es tener cosas, no es alcanzar sueños, no es un bienestar económico, sino que es Jesús, es una Persona, y por eso el mundo no lo entiende, y además nos roba una palabra nuestra y la vacía de contenido, pero bueno, es otro tema.

Durante los Evangelios de esta semana vamos a ver que aparece como trasfondo el tema del orgullo o la soberbia, aparece constantemente como una crítica que Jesús hace a los fariseos; por eso vamos a tomar como hilo conductor esta semana el tema del orgullo, de la soberbia, aunque nos caiga mal, es necesario.

La soberbia significa querer sobresalir, querer destacarse, querer “exhibirse”; y el orgullo significa también arrogancia, presunción, y también exceso de la propia estima, el buscar ser estimados, pero excesivamente. En definitiva, vemos que el orgullo y la soberbia son casi lo mismo; y la misma Palabra de Dios es muy dura con la soberbia en la que puede caer el hombre.

Dice el Antiguo Testamento: “La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres, el petulante no quiere que le corrijan por eso no va con los sabios”. Y en el Nuevo Testamento el mismo Jesús es muy duro con los fariseos y con los escribas cuando descubre en ellos la soberbia. Te acordás también esta parábola de los dos hombres que subieron a orar: el fariseo y el publicano, y también Jesús dice que “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

El mismo Magníficat –el canto de la Virgen– dice que “El Señor dispersó a los soberbios de corazón…”

Bueno, si hay algo que al Señor no le gusta es que seamos soberbios y orgullosos. Entonces vamos a ver esta semana cómo la soberbia y el orgullo se manifiestan muy sutilmente en nuestra vida; no hay que pensar que soberbio es aquel que se lleva todo por delante, que es arrogante en exceso o aparatosamente; sino que la soberbia es mucho más sutil y difícil de percibir. Lo difícil de la soberbia y el orgullo es que a veces no podemos percibirla. Somos soberbios y orgullos y no nos damos cuenta, esa es nuestra gran debilidad. La misma debilidad nos hace creer que no la tenemos, o bien que en realidad sea una virtud. Y para resumir un poco lo de hoy, podríamos decir que hay como cuatro especies de soberbia, para que vayas pensando y meditando en estos días y le pidas a Jesús que te ilumine…

Estos hombres del algo del evangelio de hoy le piden un “signo” a Jesús; son arrogantes, quieren “ver para creer” y no pueden ver más allá. Una forma de soberbia.

La soberbia en nuestra vida puede manifestarse por ejemplo en creernos que los bienes recibidos de Dios, los poseemos por derecho propio, que los conseguimos por nuestro propio esfuerzo. Casi que no son un regalo.

La otra forma de soberbia puede ser la de creer que los bienes que recibimos de Dios nos los merecemos, “seguro que lo merecíamos” –es ese pensamiento que a veces subyace en nosotros–, “lo merecíamos”. O bien decimos con respecto a otros… “se lo merece”

Otra manera de ser soberbio es pensar y decir que poseemos cosas que en realidad no tenemos. Decimos y pensamos que tenemos o hicimos tal cosa, cuando en realidad es mentira. Solo lo decimos para quedar bien, para que nos tengan en cuenta, en definitiva, para que nos quieran.

Y la otra forma de soberbia es llegar incluso a despreciar a los demás con el afán de que se fijen en nosotros. A veces despreciamos a otros para que nos miren a nosotros. Eso es lo peor.

Vamos a ir viendo esta semana esta sutileza con que la soberbia se puede manifestar en nuestras vidas; la iremos descubriendo en estos enfrentamientos que tendrá Jesús con los fariseos.

Que la Palabra de Dios nos empiece a iluminar el corazón para que podamos ir descubriendo qué formas de orgullo y soberbia tenemos en nuestra vida, que nos impiden abrimos a Dios y abrirnos a los demás.

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