Lucas 12, 49-53 – XX Domingo durante el año

Jesús dijo a sus discípulos:

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Palabra del Señor

Comentario

¿Por dónde empezar cuando las palabras de Jesús son tan difíciles? ¿Por dónde empezar cuando estamos tan acostumbrados a escuchar a Jesús hablar de paz y cuando todos nosotros necesitamos la paz interior, en nuestras familias y en la sociedad? ¿Quién desea la guerra y la división? Solo los que piensan que aplastar a los otros es el camino de la paz, puro engaño e ilusión. Sin embargo hoy Jesús, mientras va camino a Jerusalén en donde entregará su vida por todos, en donde será maltratado por odio a la verdad, nos habla de que vino  traer fuego al mundo, pero que será un fuego que dividirá, inevitablemente producirá división.

Antes de pensar y rezar con lo que Jesús dice hoy, pensemos en lo que vivimos hoy. Pensemos en nuestras familias, en nuestros trabajos, pensemos en el mundo en el que vivimos, en los ambientes que nos movemos. ¿No es verdad que muchas veces nuestras propias familias están divididas o enfrentadas por la fe y en el fondo por el mismo Jesús que nos ha dado la fe? Todavía no hagamos valoraciones, o sea el juzgar si está bien o mal esto que pasa, sino más bien aceptemos el hecho, simplemente pasa, nos guste o no. Cada uno tendrá en que pensar, tenemos para entretenernos,  pero  hay que reconocer que salvo pequeñas excepciones, en nuestras propias familias tenemos quienes buscan amar a Jesús y quienes son indiferentes; tenemos quienes nos aceptan por ser lo que somos y queremos ser y quienes nos rechazan justamente por ser lo que somos y queremos ser; tenemos quienes nos acompañan en nuestros deseos de servir más a Jesús y a la Iglesia y quienes se nos burlan por estar cerca de Él y de la Iglesia.

Diríamos nosotros que, tenemos de todo, de todo un poco. Los que creen y los que no creen; los que creen a su manera y los que creen como quiere Jesús; los que se “la creen” por creer y los que se jactan de no creer. Al mismo tiempo es extraño, porque hoy todo se tolera, pero…hasta ahí nomás. Se tolera lo que se quiere tolerar, se tolera lo que conviene para no hacer relucir la verdad.  El mundo está un poco loco. En este mundo de hoy, en el que supuestamente está todo bien “si te hace feliz”, o en el que supuestamente se “respeta todo”, en donde cada uno es “libre” de hacer lo que quiera con su vida mientras no se moleste  al vecino… bueno, en este mundo tan libre y civilizado, Jesús es el único que es relegado y nadie sale a “hacer una marcha” para defenderlo. Es raro, muy raro, pero tenemos que aceptarlo. La presencia de Jesús en este mundo, en tu vida y la mía, si es sincera y profunda, no pasa indiferente, no genera siempre lo que desearíamos que genere, paz y armonía. Pareciera ser que todo es aceptable, todo se tiene que tolerar, menos a Jesús, menos la fe en Él. Y es por eso que una madre se puede preocupar si su hijo “reza demasiado”, como me dijo una madre de hace unos meses: “Padre, estoy muy preocupada, mi hijo reza arrodillado al lado de la cama, no sé qué le pasa, parece más que un cura” Por adentro yo pensaba: ¿Se pondrá tan mal si su hijo se la pasa arrodillado frente a un televisor, frente a un cantante, frente a un ídolo de este mundo pasajero y engañoso, dedicándole tiempo, esfuerzo y plata? ¿Por qué estar al lado de Jesús produce a veces tantas preocupaciones? ¿Por qué estar cerca de Jesús produce tanta división? Podés ser fanático y vicioso de cualquier cosa, ahora… si estás rezando mucho, sos fanático, sos un poco exagerado, sos “chupacirios”, como se dice, sos “demasiado católico”, cuidado, que “mucho Jesús” te va a hacer mal, es casi el lema tácito del pensamiento del mundo. ¿Esto es de ahora? No, es de siempre.

Desde que “el fuego” vino a la tierra y enamoró a algunos y puso en evidencia a otros. Jesús vino a la tierra. Él es el fuego que ilumina y purifica. Él es el fuego que con su luz muestra el camino del bien y pone en evidencia lo que estaba oscuro. Jesús viene a traer la paz que proviene de la lucha interior que debemos librar día a día por amarlo en un mundo que no lo ama, que es indiferente y que muchas veces lo rechaza por ser la Verdad y mostrar la verdad. Jesús es el fuego que viene a enamorarnos para que no tengamos miedo al rechazo de los que todavía no lo conocen, porque lo rechazan o no lo aman, no siempre por maldad, sino porque en realidad todavía no lo conocen, no te inquietes, no lo conocen. Por eso, no te preocupes si tu padre, tu madre, tu hijo o tu hija, tu suegra (que es entendible) o tu nuera no te entienden o no siguen el mismo camino. ¿Vos estás feliz con Jesús? Esa es la pregunta clave. Preguntate eso, ¿Estás feliz con Jesús? Respondete vos mismo. Si estás feliz con Él, luchá por lograr la paz del corazón que proviene de amarlo a Él e incluso amar a todos los que no lo aman. Esa es la paz que viene a traer Jesús.

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