Lucas 12, 8-12 – XXVIII Sábado durante el año

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.

Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir.»

Palabra del Señor

Comentario

GRACIAS. Señor, gracias por darnos la oportunidad de decir gracias. Gracias porque agradeciendo comprendemos que solo siendo agradecidos somos hijos y hermanos. GRACIAS es la palabra más linda que nos acompañó esta semana, la palabra que la misma palabra de Dios nos enseñó el domingo pasado, con ese gesto maravilloso del leproso que volvió, para dar gracias. Solo el samaritano volvió, solo el extranjero, el apartado, el excluido, el que no era tenido en cuenta, el que hubiese pasado desapercibido si no volvía a agradecer. Sin embargo, solo ese hombre agradeció como correspondía.

Muchas veces son los menos pensados los más agradecidos. Muchas veces son los más alejados los más agradecidos. Muchas veces son los más pobres lo más agradecidos. ¿Paradojas de la vida o enseñanzas de Dios? o, mejor dicho, paradojas de la vida y enseñanzas de Dios. Dios nos enseña a través de lo más insignificante, de lo más inesperado, lo más necesario, lo más esencial de la vida. Todos tenemos que aprender a decir gracias en estos días, todos tenemos que aprender de los otros día a día, todos podemos ser cada día más agradecidos con todos los bienes que recibimos de nuestro buen Dios.

No quiero ser muy reiterativo con el tema del agradecimiento, pero creo que es clave, también quiero que te ayude a reconocer en tu vida, gestos de amor y agradecimiento que otros tuvieron con vos, de los que Dios se sirvió para evitar que te olvides que la vida es don, que la vida es gracia y por eso hay que aprender a decirle gracias. No tenemos derecho a vivir sin agradecer. No tenemos derecho a terminar la semana sin descubrir y agradecer tanto que recibimos.

Algo del evangelio de hoy, tiene que ver de algún modo con lo que venimos hablando, porque dice Jesús que: “Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.” En cierta manera fue la actitud que tuvo el leproso al volver alabando y agradeciendo a Jesús, por lo que había hecho con él. Reconocer a Jesús abiertamente delante de los hombres quiere decir fundamentalmente ser agradecidos por todo lo que hizo y hace por nosotros. ¿Qué es ser cristiano si no es reconocer sin vergüenza que fuimos salvados por Jesús? ¿Qué es ser cristiano si no es alegrarse día a día con haber sido elegidos por Él para contarle a todo el mundo lo bien que hace seguirlo? Si tenemos miedo a hablar de Él frente a los demás, es porque todavía no nos sentimos curados y sanados, es porque todavía no reconocemos todo el bien que nos hizo, todo lo que nos ama. Si tenemos vergüenza de ser agradecidos, es porque todavía no caímos en la cuenta. ¡Qué lindo es no tener miedo a hablar de Jesús! ¡Qué lindo que es cuando estamos tan agradecidos que no nos importa nada lo que pueden pensar los otros, solo nos importa devolver el bien recibido!

Por eso, en este sábado, te propongo un remedio contra la soberbia, el orgullo y la arrogancia, esas enfermedades del alma que nos pueden invadir… el remedio es que de nuestros labios se caiga mil veces la palabra gracias y que cada uno le pueda poner rostros, situaciones y gestos.

Gracias por darnos la vida, gracias por darnos el ser y las ganas de vivir, aunque a veces nos cansemos. Gracias por dejarnos existir hasta hoy, por darnos tantos años y oportunidades para volver a empezar, para pedir perdón, para dejar que nos perdonen y nos sigan amando. Gracias por la familia que nos diste, por nuestros padres, hermanos y hermanas, hijos e hijas. Son nuestro mejor regalo, aunque se hayan equivocado y no siempre hayan hecho todo bien, son nuestro mejor regalo porque fue en nuestra familia donde aprendimos a amar y a ser amados. Gracias por el lugar donde nacimos y nos criamos, por la escuela o el colegio donde nos tocó estar y aprender, por los compañeros y amigos, por nuestros maestros y profesores, por cada una de las personas que nos ayudaron, con su esfuerzo y silencio diario, a ser lo que hoy cada uno es. Gracias por los dolores que nos ayudaron a ser fuertes en el amor, gracias por los dolores que nos golpearon para darnos cuenta que para amar es necesario entregarse. Gracias por el don de la fe que nos permite ver todo distinto en un mundo que se empecina por no creer y vivir al margen de Dios. Gracias por los sacramentos que recibimos y nos enriquecieron con su gracia, gracias por el alimento de la palabra que nos guía, fortalece y consuela siempre, gracias por las personas, sacerdotes, amigos y familiares que nos ayudaron a confiar en tu Amor, que siempre nos precede, que siempre se nos anticipa a pesar de nuestras caídas. Gracias por que cada día te las “ingeniás” para buscarnos, amarnos, perdonarnos, por alimentarnos a pesar de nuestras debilidades y olvidos. Gracias por darnos la oportunidad de decir GRACIAS. Gracias es la única palabra que deseamos que nos quede en el corazón en el momento que nos llames a tu encuentro. Gracias es la única palabra que vale la pena decir en el silencio de la oración. Gracias es la palabra con la que queremos terminar esta semana. Por TODO Señor, GRACIAS.

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