Lucas 14, 12-14 – XXXI Lunes durante el año

Jesús dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.

Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.

¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»

Palabra del Señor

Comentario

¿Qué tal si empezamos la semana no pensando tanto en lo que tenemos que hacer sino en lo que podemos dejar de hacer para no andar tanto a las corridas? ¿Qué tal si empezamos esta semana bajándonos de nuestro arbolito, como Zaqueo ayer, para dejar que Jesús se aloje en nuestra casa? Dejemos que hoy nos diga, “Bajá… bajá pronto que tengo que alojarme en tu casa”. ¿Qué tal si dejamos que la “ola” de esta vida demasiado vertiginosa, nos pase por encima sin tener que enfrentarla? Ojalá pudiéramos frenar un poco. Ojalá pudiéramos “bajar un cambio”, como se dice, un cambio del corazón para decir: ¿Vale la pena tanta corrida, tanta cosa de acá para allá? ¿Qué es lo que realmente vale la pena? Vale la pena escuchar un poco más a Dios Padre, con Jesús en el Espíritu Santo. Nada es más fecundo que eso para empezar esta semana. Nada te dará más tranquilidad al corazón. Si lo hacés, las corridas van a ser distintas. Correrás, pero tu corazón se mantendrá donde tiene que estar. En Jesús.

Sería lindo en estos días retomar la escena de Zaqueo. Es genial, nos enseña mucho. Sería lindo volver a poner ese encuentro de Jesús con este hombre rico y pecador en nuestro corazón, como si fuéramos nosotros. Dejemos de fondo esta escena, este encuentro, ese alojamiento de Jesús en la casa de Zaqueo, ese despojo material al sentirse salvado, esa salvación real que toco el corazón y el bolsillo de este hombre.

¿Te habías dado cuenta que para Jesús nunca hubo clases sociales? ¿Qué para Dios no hay unos mejores y otros peores? ¿Te habías dado cuenta alguna vez que la verdadera salvación se da cuando Jesús logra destruir todo muro de enemistad que a veces construimos entre nosotros? ¿Te diste cuenta que la lógica de este mundo lo único que hace y fomenta, es la división, es la “etiquetación”, es la comparación, es la discriminación? ¿Te das cuenta que este mundo nos divide y enfrenta y que sus “remedios” jamás nos pueden curar? ¿Nos damos cuenta que nosotros somos parte de ese mundo y que también colaboramos de alguna manera a todo esto?

Zaqueo se salvó no porque “tenía, como se dice, la vaca atada” por el dinero que tenía. Se salvó porque compartió lo que tenía, porque se sintió amado por Jesús incondicionalmente. Zaqueo no se salvó porque se encontró con Jesús y se quedó solo con Él, sino porque se encontró también con muchos hermanos para ayudar.

Lo mismo, de algún modo, nos propone Jesús en algo del evangelio de hoy. Nos enseña a ensanchar el corazón cuando nos dice que no hagamos caridad con aquellos que sabremos que tarde o temprano nos retribuirán. No hagamos las cosas buscando algo a cambio. Se puede esperar, es algo lógico, es humano, ahora… otra cosa es hacer el bien buscando eso, buscando solo la retribución, la recompensa del otro, e incluso llegar a enojarnos cuando no la recibimos.

Siempre me rio y al mismo tiempo me enojo, cuando veo los carteles que ponen en las calles nuestros funcionarios públicos, especialmente en tiempos de elecciones, no importa el partido y el color, mostrando todo “lo bueno” que hacen, jactándose de lo que, en realidad es su deber. Me hace reír, pero en el fondo me produce cierto enojo. ¿Para qué lo hacen? ¿Para qué gastan nuestros bienes en publicitarse a sí mismos? Bueno, no es muy difícil la respuesta, obviamente para que veamos lo que hacen y volvamos a votarlos y nos convenzamos de que ellos están haciendo el bien por nosotros. Sin embargo, creo que debería estar prohibido que hagan eso, porque en realidad es su deber, es lo que tienen que hacer con el dinero que es de todos. Es como pensar que una madre, o un padre, le dejen un cartel a sus hijos cada mañana antes de ir a la escuela, o a la tarde cuando vuelven diciéndoles algo así: “Hijo, hija, hoy fui a trabajar” O que los hijos le digan a sus padres: “Mirá que hoy fui a la escuela” Hacer el bien, hacer lo que tenemos que hacer y publicarlo, para ser retribuidos, es algo medio ridículo, pero que se hace mucho. El deber y el amor no se publicitan, es lo que tenemos que hacer. A veces puede pasar en la Iglesia también y es triste. Hacer caridad, estar con los pobres y después publicarlo en donde sea para que todos nos digan lo buenos que somos. ¡Qué increíble! Con los pobres no se lucra. No se busca recompensa y aplauso. Se ama por amor, no para que nos retribuyan. A veces criticamos a los funcionarios, pero nosotros sin querer podemos hacer lo mismo.

Mejor hagamos lo del evangelio de hoy. Invitemos a un pobre a comer… vayamos a la casa de un pobre a ayudar… demos limosna a alguien que no nos agrada tanto, sin esperar nada a cambio, sin esperar ningún “me gusta”, sin que nos vea nadie, incluso sin esperar que nos agradezcan. Si buscamos que nos vea alguien ya tenemos nuestra recompensa, el pasajero aplauso de los hombres. Si no nos ve nadie, nos ve Dios Padre, el único que nos conoce verdaderamente. ¿Necesitamos más que eso? si necesitamos más que eso es porque todavía la salvación no llegó a nuestro corazón.

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