Lucas 17, 1-6 – XXXII Lunes durante el año

Jesús dijo a sus discípulos:

«Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. Por lo tanto, ¡tengan cuidado!

Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónalo.»

Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe.»

El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.»

Palabra del Señor

Comentario

Somos “hijos de la resurrección”, estamos hechos, “fabricados” para cosas todavía más grandes que las de este mundo y si esta verdad la aceptáramos cada día, cada lunes, antes de empezar la semana… ¡Qué distinto sería! ¡Cuántos problemas nos ahorraríamos! ¡Cuántas cosas dejaríamos de lado por ser transitorias, tan pasajeras! Qué lindo es empezar este día así, con estas ganas, con esta certeza, con este entusiasmo del corazón, de un corazón que se convence que nada de lo de este mundo puede quitarnos lo mejor que tenemos, el ser hijos de Dios, “hijos de la resurrección”. No son muchos los cristianos que creen verdaderamente en esto, que están convencidos de esto. Lo olvidamos o no lo sabemos muy bien. Alguien ayer me dijo, justamente hablando de este tema: “Pero… no era que para nosotros el alma es lo más importante, que el cuerpo no interesa”. ¡Nooooo, nada de eso! Es verdad que el alma le da vida a este cuerpo, pero también creemos en la resurrección de la carne y en la vida eterna, eso decimos cada domingo al rezar el Credo. Creemos que nuestro cuerpo, aunque algún día volverá al polvo de donde viene, lo recuperaremos de una manera real y misteriosa al resucitar como lo hizo Jesús. No seremos espíritus volando por ahí, no seremos ángeles, seremos nosotros mismos y nos reconoceremos como lo hacemos hoy.

Sabiendo y creyendo esto, ¿hay algo porqué temer o preocuparse? Es fácil decir que no, pero es difícil vivir ese no, es complicado día a día poner nuestro corazón en lo más importante, en lo que realmente vale la pena. Vivimos muchas veces preocupados, por lo que estamos viviendo o por lo que vendrá.      

“Señor Jesús… «Auméntanos la fe.» En este día aumentános la fe, danos un poco más de fe. Ayudanos a creer un poco más. Ayudanos a confiar en que tu Palabra es verdad, siempre, más allá de todo lo que nos ´pueda pasar. Queremos confiar en serio, no solo de palabra, sino de corazón, con la vida, con nuestras actitudes. Queremos empezar este lunes teniendo una mirada un poco más profunda, sabiendo que lo que nos proponés es posible”. Algo del Evangelio de hoy nos dice que es posible perdonar cuando se tiene fe. Es posible recibir y aceptar con humildad mil veces el perdón de un hermano que se equivoca y se arrepiente. Si tu hermano peca, si alguien que vive la fe, un cristiano sincero se equivoca y reconoce su error, perdónalo, ¿qué más necesitás para perdonarlo? ¿Tenés o no tenés fe? Con fe es posible perdonar. Si voy y yo pecamos, algo que nos pasa seguido a todos, tenemos que aprender a reconocerlo cuando alguien nos corrige y una vez corregidos nuestro deber es pedir perdón a quien sea necesario. “Si tuviéramos la fe de un grano de mostaza” viviríamos como “hijos de la resurrección”, sabiendo que en este mundo podemos equivocarnos todos, muchísimas veces, pero que para estar todos juntos en el que vendrá, en la vida eterna, no existe otro camino que el del perdón mutuo. ¿Vos crees que podremos estar todos juntos para siempre mientras quede un rescoldo de rencor, de ira, de odio, de menosprecio, de desprecio, de discriminación, de bronca y de tantas cosas más en el corazón que nos alejan día a día de tantos hombres y mujeres?

“Señor… aumentános la fe. Lo necesito. Lo necesitamos para vivir distinto, para ser distintos y que esa diferencia no nos aleje de los que no tienen fe, sino todo lo contrario, que nos haga más cercanos, más humanos, más normales, pero más resucitados, más vivos desde adentro, más alegres, más perdonadores, más comprensivos, más misericordiosos, más libres para amar. Danos un poco más de fe, la que Vos creas necesaria.

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