Lucas 17, 20-25 – XXXII Jueves durante el año

Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: «El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: “Está aquí” o “Está allí.” Porque el Reino de Dios está entre ustedes.»

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: “Está aquí” o “Está allí”, pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.

Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.»

Palabra del Señor

Comentario

Para vivir como “hijos de la resurrección” es necesario creer que se puede resucitar todos los días, en cada momento. Hoy podemos levantarnos con esta idea fija y llevarla a todos lados, en cada rincón donde nos toque estar. Las posibilidades son infinitas y solo las conoce Dios. Mientras el mundo sigue su curso, mientras todos opinan y se pelean un poco por ideas, proyectos, planes, políticas que en definitiva son pasajeras y se acabarán tarde o temprano. Mientras pasa todo esto, miles y miles andan “resucitados” por este mundo que a veces parece perder la cabeza.

La sangre de resucitados nos da vida todos los días, vida de hijos, aunque ni nos demos cuenta. La sangre resucitada es la sangre de la gracia de Jesús, de los hijos de Dios que viven gracias al Espíritu que habita en ellos. En tu corazón, en el mío. Seamos conscientes de esto, es lindo pensarlo.

Del evangelio de hoy Jesús nos deja una enseñanza profunda que muchas veces dejamos de lado y que se relaciona con lo que venimos meditando. El Reino de Dios ya está, ya llegó, pero también llegará algún día plenamente. La Resurrección ya se dio y se da en cada uno de nosotros, pero se dará plenamente al final de los tiempos.

No solo hay que esperarlo, no solo hay que saber esperar, sino que hay que saber mirar el hoy, el ahora. Solo podrá percibir su llegada cuando venga el final de los tiempos aquel que ha sabido encontrarlo ahora, entre nosotros. Aquel que está atento siempre y se empieza a dar cuenta de que el Reino no está allá o más allá, sino que está acá entre nosotros. Por ejemplo, ahora, mientras hacemos el esfuerzo por escuchar la Palabra de Dios, ahora mientras estás viajando y estás rezando interiormente para ver un mundo mejor, mientras estás viendo alguien necesitado y tenés ganas de ayudarlo, mientras llevás a tus hijos al colegio o la escuela, mientras entrás a trabajar y tenés la oportunidad de arrancar con una sonrisa. Miles de maneras de hacer presente el Reino de Dios. Porque en definitiva el Reinado de Dios está cuando hay un Rey y alguien que lo escucha, lo ama y lo sigue. Dios Padre Reina cuando alguien lo deja reinar y ese alguien hoy tenemos que ser vos y yo. No esperemos que sea otro. No vale la pena estar esperando que sean otros los que escuchen y amen a Dios. Somos nosotros, somos muchos los que escuchamos a Dios todos los días, somos muchos los que decidimos creer y seguir a Jesús. Todo un desafío, toda una oportunidad.

Dice Jesús que el Reino no vendrá ostensiblemente, no vendrá espectacularmente, no vendrá a lo Hollywood. No esperes la llegada del Reino como las películas apocalípticas de EEUU. Esa aclaración de Jesús vale tanto para la venida definitiva de Jesús (lo que a veces se llama terriblemente como el fin del mundo, pero para nosotros sería el inicio de la Vida con mayúscula) como para la experiencia del Reino que tenemos cada día. El que busca encontrar a Dios y su Reinado en lo ostensible, mejor que se dedique a otra cosa, porque le va a ir muy mal. Así como Jesús pasó casi desapercibido en este mundo e incluso cuando resucitó solo se dejó ver por algunos, de la misma manera hoy Jesús está, pero cuesta verlo. No le gusta el show, no le gusta lo espectacular. No le gustó estando acá, menos le gusta ahora. Sin embargo, nosotros a veces seguimos buscando lo ostensible.   También a Jesús le pasó estando con nosotros en la tierra, que muchos pretendían que se muestre a lo “grande”. Herodes le pedía que le haga milagros, y muchos le pidieron milagros para creer aun cuando sabían que había hecho muchos. Lo mismo se repite hoy, lo mismo puede pretender nuestro pobre corazón. No nos dejemos llevar por eso, aprendamos a seguir el estilo de Jesús.

Está siempre, pero no ostensiblemente. Está en la Eucaristía, en cada sagrario y en cada misa, está en cada uno de nosotros y especialmente en los pobres. Está, pero no corras a buscarlo, mejor frenate y aprende a encontrarlo en tu lugar.

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