Lucas 17,11-19 – XXVII Domingo durante el año

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».

Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.

Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor

Comentario

Buen día. Buen domingo. Espero que hayas empezado un lindo día del Señor para vivir en familia, para descansar un poco más para estar más atento, más atenta a la voz de Jesús.

Creer que tenemos todo y en el fondo no tener nada, creer que lo que tenemos lo merecemos, creer que lo que recibimos no necesita alguna  retribución, son todas desviaciones de los corazones desagradecidos o dicho al revés, sabés qué… pensalo. Pensémoslo. Somos desagradecidos porque no reconocemos todo lo que hemos recibido.

Es domingo de acción de gracias. Te propongo que este domingo del Señor sea un domingo de gratitud. No es un domingo solo para nosotros. No es domingo para “hacer la nuestra”. Dios no nos regaló este día para descansar de los demás y pensar que nos “merecemos” hacer lo que se nos antoja. Es Domingo para el Señor, para ir a agradecer, para volver como ese samaritano, el que menos parecía que tenía que agradecer porque era despreciado por los mismos judios. Volver, como ese samaritano y dar gracias a Jesús por todo lo que hizo y hace por nosotros.

La vida del agradecido es distinta. Cuando vos y yo somos agradecidos nos cambia la vida. La vida de los que saben reconocer que no somos artífices de nuestra propia vida, sino que la vida es don, regalo, maravilla, belleza. Así es cuando realmente la belleza se transforma en Vida, en vida con mayúscula. Lo demás es vida con minúscula, vida biológica, vida pobre, vida con poca vida, por decirlo así, vida con poca pila, vida egoísta, vida con frutos pasajeros que no permanecen para siempre.

¿Los otros nueve, dónde están? Dijo Jesús en Algo del Evangelio de hoy, dónde están todos los hombres amados por un Dios que dio la vida por todos? ¿Dónde estamos nosotros que nos llamamos y consideramos cristianos cuando llega el momento de agradecer, cuando tenemos que agradecer? Qué nos pasa que, cuando tenemos que pedir, estamos en “primera fila”, ahí, golpeando la puerta, pero, cuando hay que agradecer ni siquiera nos damos vuelta para mirar atrás y decirle a Jesús: gracias gracias por todo lo que hiciste por mí. Qué nos pasa.

Me sale decir ésto: Inconscientemente somos inconscientes. Inconscientemente no tomamos conciencia de tanto amor, de tanta sanación, de tanta curación que hizo Jesús en nosotros. Nos hemos ido convenciendo que Dios y los otros tienen el deber de “ayudarnos” a estar bien. Nos auto justificamos y terminamos creyendo que lo que nos dan es lo que nos corresponde. Si no… ¿Qué otra explicación tiene nuestra ingratitud, nuestros olvidos, nuestro poco amor? Demuestra mucho amor aquel que descubre mucho amor. Es agradecido aquel que se reconoce agraciado, o sea que sabe que recibió todo y que incluso no se lo merece y no se adueña de lo que recibe.

“Es de buen nacido ser agradecido” dice el dicho, se dice por ahí. Es cristiano, es de cristianos ser agradecidos, no es buen cristiano el que no se reconoce curado, sanado, salvado, perdonado. En realidad, te diría que nuestra vida es ir descubriendo tanto amor. Eso es ser cristiano. No es una carrera para ver quién hace cosas más buenas sino que, reconociendo todo lo bueno que hemos recibido, nos dedicamos a hacer cosas buenas como respuesta a tanto amor.

Jesús nos puede curar de muchas cosas, la lepra en el Evangelio representa muchas enfermedades del alma, pero lo que nos salva es la fe, o sea, es la aceptación de sus enseñanzas y seguirlas. Es el amor, es vivir como él nos amó. No una curación física únicamente, aunque puede darse.

Los diez leprosos fueron curados, pero solo uno fue salvado. Fíjate la diferencia: el agradecido, el samaritano. Nos salvamos, o sea vivimos en comunión con Dios, vivimos en paz amando, cuando aprendemos a devolver todo lo recibido, cuando descubrimos que no podemos vivir esperando que nos amen y conformándonos con que nos amen, sino saliendo a amar, volviendo, como hizo este hombre, a amar.

El agradecimiento, por eso, es una forma de amar, es una dimensión del amor que jamás podemos olvidar.

Seamos agradecidos con los amores humanos, con nuestros padres, nuestras madres, hijos, hermanos, amigos. Nos hace bien y les hará bien a ellos. Sin mucha vuelta, siempre hay algo para agradecer.

Seamos agradecidos con Jesús, con la Iglesia también, con tantos hermanos en Cristo que forman este gran templo que es la iglesia. La misa también te diría es acción de gracias. Te diría no… es acción de gracias. Eso significa. ¿Lo pensamos alguna vez? Una vez a la semana para agradecer tanto don recibido. ¿Nos parece mucho? La misa no debería ser la obligación por ser precepto, es deber de amor, de amor agradecido que no puede hacer otra cosa que volver a ver a Jesús cada domingo y decirle: GRACIAS. Gracias por entregarte otra vez por mi, gracias por darme otra oportunidad. Gracias por perdonarme. Gracias por sostenerme con tu amor.

Que tengamos un buen domingo lleno de alegría por tanto amor recibido y agradecidos por todo lo que Dios hace por nosotros.

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