Lucas 19, 45-48 – XXXIII Viernes durante el año

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»

Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Palabra del Señor

Comentario

En estos días estuvimos introduciendo la meditación al Evangelio de cada día con algunas palabras del Papa que creo nos ayudan a seguir día a día aprendiendo a rezar con Algo del Evangelio, a relacionarnos con más amor con Aquel que sabemos que nos ama, como dice Santa Teresa de Jesús. Hoy volvamos a escuchar el final de la frase del Papa: “Yo le dejo poner sus ojos sobre mí. Y siento, sin sentimentalismo, siento en lo más profundo de las cosas lo que el Señor me dice” Dejar que Jesús nos mire, para poder escucharlo. Dijimos que es muy difícil dejar que alguien nos mire, es muy difícil en la oración dejar que aquel que no vemos nos mire, aunque sabemos con el corazón que nos mira siempre. San Agustín dice algo muy lindo: “¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Amalo y se te acercará; amalo y habitará en ti”. Somos nosotros los que hacemos que el Señor no esté cerca, aunque en realidad siempre está. Somos nosotros que al dejar de mirar nos olvidamos y no percibimos que siempre está cerca. Mirar para descubrir que somos mirados es un lindo camino para dejar de “sospechar” de Dios, como dijimos el otro día, dejar de pensar que Dios es lo que nosotros pensamos. Y como dice el Papa Francisco, esto no es sentimentalismo, no es que tenemos que ir a rezar para “sentir”, no es ese el fin de la oración, pero por otro lado es lindo sentir algo en la oración, hace bien sentir un poco, los sentimientos ayudan a que las palabras puedan llegar profundo. No busquemos únicamente sentir, pero si sentimos algo, bienvenido sea el sentimiento para poder descubrir lo que Dios Padre nos dice.

Hablando de sentir, hoy vemos a Jesús que siente indignación al ver convertida la casa de su Padre en una casa de comercio. Ayer Jesús lloraba, hoy se indigna. ¿Ves que Jesús siente la vida, tiene sentimientos y además no quedaron ocultos en los evangelios? Esto no es sentimentalismo, es realidad, es la palabra de Dios. Jesús sintió como hombre. Como hombre sin pecado.  Pasaron por su corazón sentimientos que lo hicieron reaccionar ante diferentes situaciones, a veces llorando, otras indignado y seguro muchas riendo (aunque el evangelio no lo dice). Pero su corazón siempre estuvo ordenado, sintió, pero no fue esclavo de sus sentimientos, sino que sus sentimientos eran auténticos, mostraban perfectamente lo que su corazón vivía y pensaba. No tenía el corazón dividido como nos pasa a nosotros que a veces ni sabemos por qué sentimos lo que sentimos, ni entendemos porque muchas veces pensamos lo que pensamos.

Al expulsar los vendedores del templo se enojó cuando se tenía que enojar y en la medida justa en la que lo tenía que hacer, pero siempre manteniendo dominio de sí mismo. A nosotros nos cuesta muchísimo vivir el dominio de nosotros, a veces nos enojamos cuando no nos tenemos que enojar o nos enojamos demasiado para lo que realmente pasó o bien no nos enojamos cuando nos deberíamos enojar. El sentimiento de enojo no es malo en sí mismo, no hay que tener miedo al enojo, hay que aprender a escuchar el corazón y equilibrarlo. Una sacerdote una vez me dijo “no mates un mosquito con un cañón”, como diciendo no gastes demasiadas energías, ira, cólera en cosas que en realidad no son para tanto. ¿Cuánta energía y tiempo perdido en enojos sin sentido que en el fondo provienen de nuestro orgullo herido, nuestra soberbia? Y al contrario ¿cuánta pasividad y pusilanimidad ante las cosas que nos deberían mover un poco el corazón?

Esto te lo dejo para que lo pienses. En el fondo, en el fondo, nos enoja lo que nos interesa y nos resbala lo que no nos interesa. Esto es obvio. Ahora, nos podríamos preguntar ¿no será que lo que más nos interesa muchas veces somos nosotros mismos? Dios nos habla por medio de los sentimientos, lo decía al principio. Tenemos que aprender a leer que hay detrás de cada sentimiento. Sentir, sentiremos siempre, lo importante es saber interpretarlos, tanto para moderarlos, como para despertarlos. Podríamos decir tomando el evangelio de hoy, “dime que te enoja y te diré por dónde anda tu corazón” ¿Dónde está tu corazón? ¿Qué es lo que te enoja?

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