Lucas 21, 1-4 – XXXIV Lunes durante el año

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

Comentario

Comenzamos una nueva semana acompañados de las palabras que no pasan, que permanecen para siempre, aun cuando todo pase. Palabras de Dios, palabras que quedaron grabadas para siempre en la Sagrada Escritura y en cada corazón que las cree y las lleva a la vida. Hay palabras o frases de la Palabra de Dios que es bueno no dejarlas pasar fácilmente, que es lindo intentar seguir pasándolas por el corazón, porque son claves, son importantes, son palabras que engendran otras palabras, son palabras que hacen nacer actitudes distintas en nosotros, son palabras que nos ayudan a cambiar de pensamiento, son palabras que no pasan jamás, pero que hay que hacerlas revivir una y otra vez. ¿Cómo hacer para hacerlas revivir? Viviéndolas nosotros, llevándolas a la práctica, no dejando que caigan en corazones agujereados, sino en corazones dispuestos a hacerlas carne.

Por eso muchas veces te propongo repasar algo del evangelio de cada domingo durante la semana que sigue. Creo que es una ayudita más, un paso más que podemos dar. Si hay algo que me sorprendió del evangelio del ayer, del domingo, fue esta frase que se repitió tres veces de distinto modo: “Sálvate a ti mismo” Impresiona esa escena y todo lo que significa. Distintos personajes, sin saber bien a quién le hablaban, increpando a Dios, diciéndole que se “Salve así mismo”. La historia se repite. Los hombres siguen a veces burlándose de Dios y nosotros seguimos sufriendo la tentación de “bajarnos de la cruz” y salvarnos a nosotros mismos. Es una frase muy dura pero muy profunda, que de apoco iremos intentando rumiar en estos días, como hacen las vacas, que vuelven a masticar una y otra vez, el pasto para poder digerirlo. Con algunas frases de la palabra hay que hacer lo mismo, masticar y masticar.

Todo el evangelio es como un drama entre los que necesitan ser salvados y los que no necesitan salvación, lo tienen todo y no necesitan de nadie. Te diría que toda la historia de la humanidad es historia de los que se creen salvados por sí mismos, por el poder, por el dinero, por el prestigio, por la fama, por una religiosidad del cumplimiento, por sus propios planes y miles de cosas más… y de los que nunca se consideran salvados por algo humano, sino los que siempre manifiestan que la salvación es un regalo, que la salvación viene de lo alto y no de este mundo. Y Jesús en el medio de la historia, en todo sentido. Queriendo mostrarnos con su amor que la verdadera salvación no viene de los poderes de este mundo, sino que viene de su amor misericordioso, de su corazón que ama hasta el final y que desde la cruz nos sigue diciendo que no vale la pena “bajarse de la cruz”, que vale la pena amar hasta el fin.

La pobre viuda de algo evangelio de hoy dio más que nadie. La pobre viuda no quiso “salvarse a sí misma”, sino que con lo poco que tenía quiso ayudar a que otros se puedan salvar. No se miró a sí misma y cuidó lo poco que tenía, sino que confió en que dando con el corazón nunca sería abandona por Dios. Esa es la lógica del generoso. Dar sabiendo que nunca será abandonado, dar sabiendo que todo lo que se da se multiplica y que, así como yo pude ser generoso, siempre habrá alguien generoso conmigo.

La más pobre dio más que todos los ricos. Evidentemente Jesús no sabe mucho de matemática. ¿Cómo es posible que alguien que dio menos en cantidad sea en realidad el que más dio? Jesús no sabe mucho de matemática o por ahí lo que él mide y calcula pasa por otro lado, pasa por el corazón. Me inclino a pensar que, Él mira lo que a nosotros nos cuesta ver. Para Jesús dar mucho no es directamente proporcional a dar con el corazón y dar poco puede ser compatible con dar todo. Una cosa extraña para nuestra mentalidad que todo lo calcula, que todo lo mide y lo cuenta pensando que la vida del corazón es matemática pura, donde siempre 1+1 es 2. Menos mal que las cosas de Dios no son así, sino estaríamos todos muy complicados todos. La vida del corazón no es ciencia exacta, es ciencia, pero del corazón, va por otros carriles. Y mientras nosotros queremos encasillar y encajonar todo en cálculos y números, incluso la salvación, Jesús se encarga de “patear el tablero” y enseñarnos un modo nuevo de ver las cosas, de entender la realidad.

Intentemos hoy vivir y pensar, que la “salvación” de nuestra vida, de nuestra familia, no pasa por la cantidad de bienes que tengamos y acumulemos, sino que pasa, en el fondo, por la generosidad con la que vivamos, sea mucho o poco lo que demos, no importa, el cálculo mejor dejémoslo en manos de Jesús, que no sabe tanto de matemática. Aprendemos de la viuda, que supo dar todo, aunque nadie se había dado cuenta, solo Jesús.

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