Lucas 2,16-21- Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

 

 

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor

Comentario

Empezamos un nuevo año; un nuevo año de la mano de Jesús, más de dos mil años desde que Jesús llegó al mundo para quedarse siempre entre nosotros. La historia de la humanidad no está ajena a lo que pasó hace más de dos mil años, aunque muchos no lo quieran reconocer, aunque a muchos no les importe o se olviden, Jesús está entre nosotros. Jesús estuvo junto a nosotros en el año que pasó y Jesús estará con nosotros en este año que empezamos juntos. Esa es la certeza de la fe, aunque no sepamos qué pasará, todo será distinto si estamos con Él, si nos dejamos amar por Él, si nos jugamos por Él.

En este año que comienza pedimos al Señor que nos bendiga y que nos proteja tomando lo de la primera lectura de hoy del libro de los Números; “Que el Señor te bendiga y te proteja, que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia, que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz”. Todos tenemos que pedir esto para nosotros, para nuestra familia, para la Iglesia, para el mundo entero; “Que el Señor nos muestre su rostro y nos conceda la paz”.

Esta es la oración de bendición que todos debemos desear para los otros, para los que no tienen paz, para los que la perdieron, para los que se les escapó de la mano la felicidad, por buscarse a sí mismos. Nosotros podemos pedirla para nosotros, para todos los que escuchan día a día la palabra de Dios, es lo mejor que podemos pedir.

Mientras tanto, pasan muchas cosas en nuestra vida y en la vida de la Iglesia, en la vida del mundo; mientras tanto el mundo sigue su curso como yendo hacia “quien sabe dónde”. Lo mismo le pasó a María en algo del evangelio de hoy: mientras ella había dado a luz a su hijo; los pastores iban a verla, los pastores contaban lo que escuchaban, igualmente fueron los magos de oriente. Y María mientras tanto qué hacía; dice la Palabra: “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” Mientras tanto, mientras vivía el misterio más grande que podamos imaginar, conservar su virginidad y ser Madre de Dios, ella conservaba y meditaba, guardaba y reflexionaba todo en su corazón. Hay cosas que nos tocan vivir que no tenemos tiempo de “digerirlas” y por eso hay que guardarlas, hay que conservarlas para poder meditarlas después más tranquilos, para poder rumiarlas mientras el tiempo no puede detenerse, mientras nosotros no podemos detenernos, por una cosa o por la otra.

Esto le pasó también a María. Un embarazo milagroso, una familia sagrada, un hijo de su vientre que también era Dios. Pero además María vivió cosas muy difíciles. La incomprensión de lo que Dios le pedía, el intento de abandono de José, el tener que dar a luz en un lugar indigno, el tener que huir a Egipto al poco tiempo de haber nacido Jesús por miedo a que Herodes lo mate, el tener que volver a su tierra natal por caminos y situaciones difíciles, el vivir en un pueblo sencillo y pobre durante toda su vida, el haber sido víctima de los comentarios ajenos y tantas cosas más. Lo bueno y lo malo viene junto, así es la vida de María, de José y Jesús, así es nuestra vida.

Demasiado como para poder comprenderlo todo en un día. Por eso mientras la visitaban los pastores y le contaban todo lo “todo lo que habían oído hablar del niño” ella guardaba con cuidado todas las palabras para poder recordarlas y volver a pasarlas por el corazón. Re-cordar significa “volver a pasar por el corazón” aquello que hemos vivido para poder sacar fruto, tanto de lo bueno como de aquello que fue difícil.

Terminando un año y comenzando otro, es lindo pedirle este don a María, Madre de Dios y Madre nuestra. Pedirle saber guardar, custodiar lo vivido, para después poder meditar recordando, rumiando tantas gracias vividas en este año, tantos regalos de Dios que a veces nos han pasado de largo sin darnos cuenta.

Recordar para agradecer. Sí, darle gracias al Señor por haber caminado junto a nosotros este año; darle gracias por todo y en todo.
Recordar también para aprender. Sí, para saber cuál es el camino correcto la próxima vez, para saber lo que Dios quiere en situaciones semejantes, para ser más fieles a su seguimiento.

Recordar para confiar. Sí, para poner el año que estrenamos en sus manos, porque hemos experimentado que no nos suelta de la mano, que nos acompañará y guiará como lo ha hecho este año que termina.

Recordar para pedir. Sí, pedir y suplicar porque nos sabemos débiles y temerosos y necesitamos su Presencia y su Gracia en nuestras vidas.

“Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.”

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